“Gracias Fernando. estoy hospitalizado. nunca pensé que los hospitales rusos fuesen tan aceptables. saludos cordiales”.

Este fue el último email que recibí de Sebastián Alarcón el 05 de junio pasado. Yo le había escrito avisándole que viajaría a Moscú en el mes de marzo y que nos veríamos después de varios años para saber de nuestras vidas, disfrutar del buen vodka y conocer sus nuevos trabajos. Al llegar lo llamé y no tuve respuesta, lo busqué, pero no me fue posible encontrarlo. No respondía a los mails ni el teléfono. Le dejé un mensaje diciendo que partía a Samarcanda y que me hubiera gustado que me contara más cosas de esa ciudad que él amaba. Pensé que podría estar filmando en algún lugar apartado en la Rusia profunda pero no, estaba ya hospitalizado. Me respondió recién el 22 de marzo, cuando yo ya estaba en Uzbekistán, para decirme que le hubiese gustado acompañarme en ese viaje, pero no podía, estaba mal. Me recomendaba lugares para visitar, comer plov –el plato nacional uzbeco- y comprar alfombras turkmenas, que se conseguían a muy buen precio.

A Sebastián lo había conocido en Santiago, a finales de los años 90, cuando junto a su esposa Svetlana, decidió probar suerte en su patria desde donde había partido en 1969 a la Unión Soviética. Estudió cine en el VGIK (Instituto Estatal Ruso de Cinematografía) el más prestigiado centro en esa área y el más antiguo del mundo, fundado en 1919, dos años después del triunfo de la revolución y desde donde han salido los más destacados cineastas soviéticos, rusos y de otras nacionalidades. Un legado importante audiovisual dejó Sebastián con los varios documentales y más de 10 largometrajes que llegó a realizar de los cuales, al parecer, tres fueron rodados en Chile.

Su trabajo cinematográfico se puede revisar en los sitios web y en lo que ha publicado la prensa. Yo quisiera destacar que Sebastián pasó a ser parte del mundo artístico ruso estableciendo amistad con algunos de los más importantes cineastas de su país de adopción, como lo atestigua la presencia en sus funerales de destacados personajes de la vida artística rusa. En la ceremonia, efectuada en la Casa del Cine de Moscú, se proyectaron escenas de su documental “Los 3 Pablos” (Neruda, Picasso y Casals) y más de 20 personalidades hicieron uso de la palabra incluyendo a uno de sus alumnos del Instituto de Cine y Televisión (GITR) donde era profesor, así como los representantes de dos asociaciones de chilenos que agrupan a 150 connacionales residentes en la capital rusa, según me señalara la Cónsul, Javiera Herrera, quien estuvo presente en el responso.

En una visita mía a Moscú, en 2009, cuando Alarcón y su familia ya habían regresado a vivir a Rusia, me presentó a uno de los más destacados cineastas a nivel mundial, Nikita Mikhalkov, con quien lo unía una larga amistad. Actor, director y personaje increíble en su versatilidad, cultura y generosidad, actual presidente de la Asociación de Cinematografía Rusa, ganador del Festival de Cannes en 1994 y del Oscar a la mejor película extranjera por “Quemado por el sol” (Burnt by the sun), le tenía estima y aprecio, según pude percibir. Mikhalkov, junto a otro grande del cine ruso, Karen Shajnazarov, fueron condecorados ese mismo año por la Presidenta Michelle Bachelet en su visita oficial a Rusia, en una concurrida ceremonia en la sede de la Embajada chilena. Naturalmente, el apoyo de Sebastián Alarcón fue decisivo para la entrega de estos reconocimientos. También mantuvo amistad con el actual Canciller ruso, Sergei Lavrov, así como con otras personalidades de la época soviética por su trabajo y apoyo en la lucha contra la dictadura de Pinochet y la recuperación de la democracia.

Su película “La noche sobre Chile”, filmada en 1977, cuando Sebastián tenía solo 28 años, es una ficción que merece la pena revisar. Dirigida por Alarcón -quien es autor del guion- junto a Aleksander Kosarev y con música de Pato Castillo (Quilapayún) filmada en la entonces Unión Soviética, con actores y extras de ese país y hablada en ruso, es un relato muy real de los horrores cometidos por los militares chilenos contra mujeres y hombres en el Estadio Nacional, luego del golpe de Estado de 1973. El guión seguramente fue armado en base a las historias de las atrocidades que lograban conocerse y que llegaban al exterior, junto a estremecedores relatos y también anécdotas de esos largos días en el principal campo deportivo de Santiago, donde se concentraron miles de prisioneros. Muchos perdieron la vida, otros fueron torturados, enviados a campos de concentración y solo algunos recuperaron la libertad. A la luz de lo que se sabe hoy respecto a lo sucedido ahí, la película a pesar de su crudeza es solo un destello del drama horrible que sufrieron las chilenas y chilenos que por allí pasaron y también muchos extranjeros.

Como tantos artistas chilenos que han hecho su carrera fuera del país, Alarcón sentía esa extraña mezcla de amor y resentimiento hacia Chile. El mundo real del regreso a la patria es duro, no solo para ellos si no para tantos y tantas que en las más diversas actividades han dejado en alto el nombre de Chile y que, consciente o inconscientemente, han esperado o esperan el reconocimiento a su trabajo. En palabras de Sebastián Alarcón: “Soy uno de los directores chilenos más desconocidos, pero seguramente el más visto”, dice en una entrevista, porque la película, “La noche sobre Chile”, reproducido en mil quinientas copias –cifra normal en la entonces existente Unión Soviética— y mostrado en salas de todo ese inmenso país, más la televisión nacional, fue vista por más de ochenta millones de personas.

El drama del golpe de Estado chileno caló hondo en todo el mundo. El fin del sueño de Allende, de socialismo y democracia, junto a las atrocidades sin límites de la dictadura militar, hicieron el resto. En la ex Unión Soviética, cuando se estrenó “La noche sobre Chile” en 1977, habían transcurrido menos de 30 años desde el término de la Segunda Guerra Mundial. Es decir, había toda una generación viva que había conocido los horrores del nazismo y también del estalinismo.

La muerte sorprendió a Sebastián cuando se aprontaba a finalizar una nueva película, “Los oposicionistas”, que al parecer será completada en Rusia por el prestigio, respeto y afecto que por él sentía la comunidad artística.
Sebastián Alarcón, descansa en paz.

Roma, julio de 2019.