Brasil, que anualmente atrae a miles de turistas por sus paradisíacas playas y exóticos paisajes, alberga en el litoral del estado de Río de Janeiro una central nuclear.

Compuesta por dos plantas actualmente activas y una tercera en construcción, la instalación “Almirante Alvaro Alberto” (CNAAA) está ubicada a orillas de la playa de Itaorna, en Angra do Reis, un lugar de ensueño elegido hace pocas semanas patrimonio mundial y cultural de la humanidad por la Unesco.

Las tonalidades de azul en sus aguas, la suavidad de la arena en sus playas y la agreste vegetación de sus montañas son las características de la región que alberga esta central atómica junto a un exquisito balneario que sirve de refugio a multimillonarios y “galácticos” del fútbol como el brasileño Neymar.

Pese a que el concepto de “nuclear” acarrea un cierto temor, éste no ha frenado la construcción de lujosos complejos turísticos ni gigantescas mansiones en la región.

Y es que el asunto es simple. Es mayor la inquietud que se ha creado alrededor del tema que la que representa en realidad, según los responsables por la instalación brasileña.

Para Leonam Gumaraes, presidente de Eletronuclear, la entidad pública que opera la central, la mayoría de las conocidas tragedias fueron causados por errores o procedimientos equivocados.

“La seguridad de las plantas nucleares está demostrada por un récord histórico muy positivo. Cierto que ocurrieron dos accidentes significativos: el de Chernóbil (1986) y el de Fukushima (2011). Sin embargo, la mayoría (de los accidentes) no fueron causados por la radiación sino por los procedimientos y, en cierta medida, por el miedo que la radiación despierta en las personas”, declaró.

Tan así, que si se presenta una alarma por radiación en alguna de las plantas de la mencionada instalación en Brasil en el 99,9 por ciento de los casos la situación se soluciona con agua y jabón.

Así lo garantiza Jefferson Borges Araújo, jefe inspector residente de la CCAAA durante una visita guiada para corresponsales extranjeros en Brasil a la planta Angra 2.

Araújo asegura que la posibilidad de que ocurra un accidente hoy en día en alguna de las 436 plantas nucleares del mundo es mínima, y Brasil no es la excepción.

Según el funcionario, las causas que pueden llevar a que ocurra una tragedia se deben más a factores externos, como ocurrió con la de Fukushima en Japón, que fue destruida por un maremoto.

“En el caso de Brasil, la posibilidad de un maremoto es prácticamente nula” -explicó a Efe-, pero si sucediera, la central cuenta con dos barreras, una natural que es Isla Grande, situada a pocos kilómetros de la planta y una barrera construida especialmente para contener olas de gran alcance.

Además, toda la construcción de la central está levantada a seis metros por encima del nivel del mar, frente a los cuatro de Fukushima.

A pesar de ser muy segura, es evidente que la obra en sí es una afrenta visual en medio del exhuberante paisaje de montaña y mar que la rodea. Pese a lo agreste que pueda resultar para el espectador, no es capricho que esté construida allí.

Su ubicación, en Angra dos Reis, es estratégica porque está cerca de Río de Janeiro y Sao Paulo, las dos mayores ciudades del país y los principales centros de consumo de energía del gigante sudamericano.

Y el que esté cerca del mar, rodeada de abundante agua, ayuda a mantener frío el sistema de reactores, crucial para su funcionamiento.

A pesar de su situación, la CNAAA no daña el entorno porque la producción de energía nuclear no genera gases de efecto invernadero y es un complemento necesario a las energías renovables.

Actualmente, la central crea el tres por ciento de la energía eléctrica consumida en Brasil, gracias a sus más de 2.000 megavatios: 640 en Angra 1 y 1.350 en Angra 2.

Según el presidente de Eletronuclear, el primer semestre de 2026, cuando está previsto que entre en operación la planta Angra 3, se sumarán otros 1.400 megavatios a la producción total.