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Ex árbitro Loustau, a 30 años del Maracanazo: “Estoy seguro de que eso no nació de los jugadores”

Tres décadas. Como si el tiempo no pidiera permiso, el capítulo más oscuro de la historia del fútbol chileno vuelve a cumplir años. Juan Carlos Loustau, árbitro argentino de aquel imborrable partido entre Brasil y Chile, dice que en primera instancia nunca creyó por completo el incidente del “Cóndor” Rojas.

El tiempo pasa como si nada. El Maracanazo, la mancha más sucia de la historia del fútbol chileno, cumple 30 años. Juan Carlos Loustau, árbitro argentino de aquel cotejo entre Brasil y Chile, habló con La Tercera sobre el engaño de Roberto “Cóndor” Rojas, en plena disputa de la clasificación al Mundial de Italia 90′. Chile perdía por 1-0 en suelo carioca y Rojas sacó un as bajo la manga. En realidad no fue un as, porque todo el mundo le creyó hasta que la verdad se hizo inevitable.

El ex réferi reconoció que no se acuerda de la efeméride: “Estuve en la cancha, sé lo que pasó, pero no me di cuenta del tiempo que pasó. Me enteré por el llamado, pero si no, qué se yo…”. Según Loustau, siempre sospechó que la bengala lanzada por Rosenery Mello no había impactado en Rojas.

“La FIFA declaró el partido como de alto riesgo, envió veedores europeos, sudamericanos. Recuerdo que estaba (Eduardo) Rocca Coutoure. Ellos siempre estuvieron conmigo, pero nada hacía presagiar, ni el mismo partido, que podía terminar pasando lo que pasó. El mundo del fútbol es impredecible. Apareció esa bengala. Taffarael la pone en juego. La pelota la tenía Astengo cuando cae Rojas. Vi que la bengala había tomado altura, pero que no impactaba en el cuerpo de Rojas. Lo que no podía saber era si alguna esquirla lo había golpeado”, sostuvo Loustau.

Apenas vio a Rojas en el suelo, el árbitro fue a verlo. “Yo estaba cerca, pero no lo suficiente. Cuando llegué, los jugadores de la Selección lo estaba rodeando. Les pedí que me dejaran pasar, pero habían formado un cerco. La camiseta y la cara de Rojas estaban supuestamente con sangre. Yo en ese momento no puedo pensar en otra cosa. Lo que puedo ver por arriba de ellos es eso. Después, el médico y sus compañeros deciden retirarlo. Yo les dije que lo retirara con la camilla y me dijeron que no. La autoridad en la parte médica era el médico y yo no lo iba a contradecir”, relató el argentino.

Dadas las presuntas circunstancias, a Loustau no le quedó otra opción que suspender el partido. Según contó, los jugadores manifestaron que no estaban en condiciones para reanudar la brega. Incluso, tuvo que realizar “en solitario” el informe a la FIFA: “Como fue una cosa tan inesperada, no podía pedir colaboración a mis jueces de línea, porque cuando los consulté, había visto más que ellos. Estaba perpendicular a la bengala. Mi percepción fue mejor que la de ellos. Cuando se decidió que el partido no continuara, el informe lo hice solo”. El juez no podía acreditar si la bengala lo había golpeado o alguna esquirla, por lo mismo sugirió que la FIFA revisara al “Cóndor” en Suiza y confirmara el incidente. Loustau fue a declarar 48 horas después, pero Rojas nunca llegó a la cita médica. Ahí es cuando el árbitro se sintió engañado.

Al consultarle cómo definiría este suceso, Loustau dijo: “Es un hecho que jamás se me hubiese pasado por la cabeza. Al árbitro no se le puede pasar nunca por la cabeza que alguien que conduce a una selección sepa que no es real lo que pasó y lo quiera hacer pasar como real dando un informe al árbitro diciendo que no podía seguir jugando, cuando Rojas después reconoce lo contrario. Chile tenía jugadores de primerísimo nivel. Rojas, sino el mejor, estaba en el podio de los mejores jugadores de Sudamérica (…) Al sano deportista que no está inducido por un mal dirigente jamás se le hubiese ocurrido. Yo estoy seguro de que esto no nació de los jugadores“.

¿Por qué tiene esta sospecha? Loustau comentó: “Si nace una decisión de ese tipo de un futbolista, el dirigente inmediatamente tiene que hacerlo reflexionar y hacerle ver la equivocación, porque la bengala no produjo lo que ustedes me dicen que produjo. ¿Quien organiza un viaje, donde se hospedan, a qué hora se sale para la cancha? ¿Los jugadores? Cuando aparece una situación atípica, es el dirigente el que tiene que hacerles entender que la sicología más sana es seguir jugando y que el resultado se debe definir en la cancha y no en el peor escenario, el escritorio”.

Sobre Roberto “Cóndor” Rojas, contó que cuando le tocó dirigirlo, “fue totalmente correcto. Inclusive en ese partido. Nada hacía presagiar esto. El partido se estaba disputando totalmente en forma normal”. Por último, el juez consideró que este tipo de hechos es “lo más desagradable que pueda hacer un futbolista. La finalidad del juego no es engañar al árbitro. Y lo que hizo Rojas no entra ni siquiera en ese plano. El engaño cómplice, tratando de ganar a cualquier costo, es trampa. Supera todos los márgenes tolerables. El deporte es siempre saludable cuando el resultado pasa por lo que sucede dentro del campo de juego. Si traspasa eso, deja de ser deporte“.

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