Jubilada desclasifica las movidas que hacía Iris Salaberry para quedarse con la plata de emprendedoras

“A la que le pedía más plata era a mí. A veces 150 mil pesos por una feria que nunca se hizo. Me debe más de 600 mil pesos y nunca me los ha pagado”, cuenta Eugenia.

Eugenia, emprendedora en el rubro de las joyas en Ñuñoa, relató a Radio Bío Bío las jugadas y estrategias que realizaba Iris Salaberry para quedarse con la plata de una serie de personas negociantes que buscaban quedarse con un cupo en diferentes ferias de la comuna.

De acuerdo a su relato, “Iris (Salaberry) tiene una personalidad sicopática. Era tan amorosa y te contaba sus problemas. Entonces uno caía redonda, a través de estas simpatías; ella te hacía sentir que tú eras muy amiga de ella. Ella usaba todos los métodos posibles, desde la coquetería hasta el hostigamiento“.

Añadió que “a la que le pedía más plata era a mí. A veces 150 mil pesos por una feria que nunca se hizo. Me debe más de 600 mil pesos y nunca me los ha pagado”.

En otros pasajes, Eugenia afirmó que “yo dejé de trabajar hace algunos años. Lo hacía como gerente (en dos revistas) y así me acerqué a la municipalidad porque comencé a hacer joyas. Le conté que era jubilada, que vivo con mi mamá que tiene 90 años, con una pensión de 250 mil pesos y un hijo con problemas. Son gastos altos y participar en las ferias y hacer joyas era mi única entrada. Para mí era una necesidad”.

Fue así como esta emprendedora cuenta a Bío Bío que “me llegué a sentir muy amiga de ella, porque sentí que lo que ella decía era verdad. Hasta que me dí cuenta de que en realidad era una sencilla forma de pedirme plata y las ferias no se hacían. Allí ya no nos cupo duda con mi marido. Incluso muchas veces yo no tenía plata y por eso el depósito está a nombre de mi marido, porque él me prestaba”.

También precisó que “me decía Eugenia, la feria está llena, pero pásame 150 mil pesos y vemos qué podemos hacer. Yo le depositaba en su cuenta corriente y después nada. Lo que es horrible e inadmisible es cómo puede abusar tanto de gente pobre”.

Eugenia relató, además, que “recuerdo que había una señora que vendía pañuelos usados, hartos y bien bonitos y entonces como ella no podía cooperar con plata, ella pagaba con pañuelos. Y eso era con todos los artesanos. Había un señor que vendía sombreros preciosos de cuero. La Iris (Salaberry) se los probaba y le decía en un rato más te vengo a pagar y nunca más se supo. O pasaba a mi stand y me decía: ¿me puedes prestar unas treinta lucas para comprar algo allá? Y nunca más se supo. O me puedes dar plata porque hay que encargar unas cosas para la feria y no era verdad. Fuimos siete artesanos los que caímos en ese juego. Nunca pensamos que pudiera ser mentira”.

Fue por esta razón es que la protagonista de este relato decidió denunciar los hechos ante la Muni de Ñuñoa junto con otras compañeras.

Los coletazos de esta denuncia fueron que Salaberry renunció a la jefatura de Fomento y a su pega en planta durante 17 años.

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