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¿Obligatoria o voluntaria?: Dos expertos hablan de la crucial decisión sobre la vacuna contra el coronavirus

El Código Sanitario chileno le entrega la facultad al Presidente de la República de decidir si quiere forzar a alguien a vacunarse, incluso obligarlo con el apoyo de la fuerza pública. Sin embargo, pese a las enormes atribuciones que le da la ley, se ha desechado esa ruta y se ha optado por seguir la línea de la OMS, es decir, que se vacune el que quiera vacunarse. The Clinic conversó con dos expertos en salud pública para ahondar en los conflictos éticos que subyacen en esta decisión y en la trascendental disyuntiva entre libertades individuales y derechos sociales.

Durante esta semana, un grupo de diputados de la Democracia Cristiana presentó un proyecto de ley que pretende incluir las distintas fórmulas para crear una respuesta inmune contra el Covid-19 en el listado de vacunas obligatorias, poniendo en jaque la decisión del Gobierno que desde un principio la estableció como “voluntaria”.

De acuerdo al artículo 32 del Código Sanitario, sólo el Presidente de la República tiene la atribución de “declarar obligatoria la vacunación de la población contra las enfermedades transmisibles”. Asimismo, las autoridades sanitarias podrán disponer de todas las medidas necesarias para llevar a cabo esta orden, incluida la posibilidad de solicitar la intervención de la fuerza pública.

Sin embargo, el Ejecutivo desechó esta posibilidad y optó por seguir los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de “fomentar la aceptación voluntaria de la vacuna”. El epidemiólogo de la entidad, Bruce Aylward, manifestó que “queremos que las personas entiendan los beneficios de las vacunas y su calidad, más allá de que sea algo requerido o mandatorio”.

Frente a esa decisión, los legisladores alegan que pone en peligro el bien común. El diputado Matías Walker (DC) argumentó que “nosotros creemos en una sociedad de derechos y deberes, la libertad de una persona termina donde empieza la del otro. Efectivamente, el vacunarse o no tiene efectos en la salud individual, pero también en la salud de la comunidad. Al hacerla obligatoria, como política de Estado, vamos a darle una señal política a la ciudadanía de que vacunarse es importante para la salud de todos, es generar confianza en la población”.

LIBERTADES VS BIEN COMÚN

Para el dr. Rodrigo López, anestesiólogo y magíster en Bioética de la U. Católica, la discusión en torno a la vacuna esconde un debate entre las libertades individuales y los derechos sociales. Frente a esa disyuntiva, no hay un punto medio.

“Si algo nos ha demostrado la pandemia es que no tenemos el control absoluto de lo que nos pasa. Nos dimos cuenta que no podemos tenerlo todo. Pretender que se pueden conservar todos los derechos en términos de libertades y, además, tener un sistema de salud que pueda hacerlo todo, no da. No se pudo en Alemania, ni en Suecia, ni en ninguna parte”, puntualiza.

En su opinión, países que tienen un sistema político, social y cultural que no valora tanto la libertad o la autonomía, como China o Corea del Sur, han podido tener un mayor control de la enfermedad. “Nosotros tenemos una mentalidad mucho más individualista. Guste o no guste, nuestro sistema económico, político y social nos lleva a pensar más en los derechos individuales”, puntualiza.

El dr. Marcos Vergara, doctor en Salud Pública y académico de la U. de Chile, tiene una apreciación similar, pero asegura que la OMS ha optado por una visión más pragmática y no entrar en un debate, por ejemplo, con el movimiento antivacuna.

En ese sentido, a juicio del especialista, la entidad está pensando en que “los objetivos sanitarios se pueden conseguir vacunando al 80% de la población. La tranquilidad descansa en que hay muchos que sí se vacunan. No importa que unos pocos no lo hagan, porque si se alcanza la inmunidad de rebaño, las posibilidades de contagio son muy bajas”.

LEY DRACONIANA, APLICACIÓN PRUDENTE

El Código Sanitario en Chile es uno de los cuerpos legales de mayor tradición. Su primera versión fue publicada en 1918 y la última reformulación importante la sufrió en 1967. Durante la Dictadura se realizaron algunos ajustes, siendo el más importante de ellos la derogación del aborto terapéutico.

El dr. Vergara explica que muchas de estas disposiciones se pueden considerar autoritarias y son “de los tiempos de la policía sanitaria, como se le llamaba en esos años”. Sin embargo, aclara que si bien el uso de la fuerza está presente en el Código Sanitario, en la realidad siempre se deja como el último recurso.

Así ocurre no sólo en procesos de vacunación, sino también por ejemplo en la implementación de las Unidades de Control de Aislamiento (UCA) del Ministerio de Salud, para forzar a personas que no quieran cumplir su cuarentena a hacerlo en residencias sanitarias.

“Aquí en Chile se pudo haber sido más duro, pero no están las condiciones”, subraya el dr. Vergara. “No sólo por razones culturales, sino por el tremendo aparato que se necesita y que está a años luz de lo que tenemos hoy en Chile. Nuestras Seremis andan al tres y al cuatro”.

Misma opinión tiene el dr. López, quien a su vez apela a los procesos políticos e históricos que se están viviendo para dotar a las personas de una mayor conciencia social: “Me parece que sería una muy mala política hacer que la vacuna sea obligatoria de entrada. Si el proceso que estamos teniendo es real, deberíamos alcanzar altas tasas de vacunación”.

Si bien el Estado podría implementar vacunaciones forzadas, está intentando no ejercerlo por razones políticas. Por todo lo que ha pasado el último año, está optando por no obligar a la gente a hacer algo. Confía en que la gente va a tomar la mejor decisión para proteger a los más vulnerables. Sería lamentable que, pasando todo lo que ha pasado, la gente no lo haga pensando en su propio interés”, concluye.

VACUNA OBLIGATORIA: ¿PARA ALGUNOS?

Pese a todo, ambos especialistas concuerdan en que se podrían tomar medidas para hacer que la vacuna sea obligatoria para ciertos grupos, por ejemplo, el personal de salud. El dr. Vergara señala que “si hay personas trabajando en un hospital, público o privado, se deben vacunar todos, sean médicos, enfermeras e incluso los administrativos”.

Por su parte, el dr. López relata que él mismo participó en el estudio de una vacuna, donde le podrían haber inoculado la fórmula o un placebo. “Si yo, como individuo quiero beneficiarme del avance de la ciencia, tengo el deber moral de poder participar en el avance de la ciencia en la medida que pueda”, subraya.

Además, sostiene que, si no se alcanzan las tasas esperadas de vacunación, “podrían requerirse medidas más forzosas en algunos grupos específicos. Pero yo quiero creer que la gente sí va a tener conciencia social y va a querer vacunarse de manera voluntaria”.

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