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El documento ya está en manos del Ministerio de Ciencia

¿Qué tan lejos estamos de la rebelión de las máquinas?: Las claves del borrador que contiene la política chilena de Inteligencia Artificial

Películas como "Terminator" y series como "Black Mirror" y "Westworld" nos han advertido de los peligros que podría ocasionar un desarrollo descontrolado de la Inteligencia Artificial. En Chile, este es un tema que se viene discutiendo intensivamente en los últimos tres años. El resultado de estos debates fue un documento de 81 páginas que busca preparar al país para alcanzar un estándar OCDE en esta materia de aquí al año 2030. The Clinic conversó con Andrea Rodríguez-Tastets, integrante del comité de expertos convocado por el Ministerio de Ciencia, para desmenuzar las claves más importantes de esta iniciativa.

A partir de las recomendaciones de la OCDE para alcanzar un estándar internacional en esta materia, el Presidente Sebastián Piñera le encargó al Ministerio de Ciencia la elaboración de una Política Nacional de Inteligencia Artificial (IA) con los lineamientos estratégicos que debe seguir el país por los próximos 10 años.

La iniciativa tuvo un despliegue importante a partir del año 2019: Se organizó un comité interministerial, luego un comité de expertos y finalmente distintas mesas de trabajo, algunas autoconvocadas y otras impulsadas por las Seremías en todas las regiones del país. De acuerdo a la propia cartera, participaron más de 1.300 personas provenientes de la academia, la industria, el sector público y la sociedad civil.

La pandemia paralizó momentáneamente los avances de este trabajo, sin embargo, a fines del 2020 finalmente se presentó el primer borrador, un documento de 81 páginas que delinea esta hoja de ruta.

Andrea Rodríguez-Tastets, integrante del comité de expertos en Inteligencia Artificial. Foto: U. de Concepción

Entre diciembre y enero, este fue sometido a una consulta pública. Dichas observaciones actualmente están siendo revisadas por la cartera que encabeza Andrés Couve y se espera la entrega de un informe definitivo a mediados de marzo.

The Clinic conversó con una de las cuatro mujeres que integraron el comité de expertos, Andrea Rodríguez-Tastets, doctora en Ingeniería y Ciencia de la Información Espacial de la U. de Maine, investigadora del Instituto Milenio Fundamento de los Datos (IMFD) y académica del Departamento de Ingeniería Informática y Ciencias de la Computación de la U. de Concepción, sobre los alcances de este proceso y la relevancia de la Inteligencia Artificial en el país.

EL CORAZÓN DEL BORRADOR

El borrador recoge la definición de Inteligencia Artificial elaborada por la U. de Montreal: “Es el conjunto de técnicas informáticas que permiten a una máquina (por ejemplo, un computador o un teléfono) realizar tareas que, por lo común, requieren inteligencia tales como el razonamiento o el aprendizaje”.

Si bien el concepto comenzó a ser trabajado en los años ’50, su desarrollo como tecnología sólo ha sido posible en la última década gracias al explosivo aumento de datos disponibles, la capacidad de cómputo y el avance de tecnologías complementarias como machine learning y deep learning.

Más allá de estas disquisiciones contextuales que aparecen en el inicio del documento, su corazón está en los tres ejes que delinean esta política. Primero están los llamados factores habilitantes, que son: infraestructura tecnológica, capital humano y datos.

Rodríguez-Tastets pone especial acento en el segundo de ellos, ya que implica la “formación de una masa crítica” a todo nivel. “No se trata sólo de formar doctores y especialistas, sino que incorporarla en el trabajo profesional de varias disciplinas a nivel de pregrado y postgrado, y en las capacidades de pensamiento computacional que traigan los escolares. Hay que proyectarla desde el nivel más básico”, subraya.

El segundo eje es el desarrollo de la Inteligencia Artificial, a través de una articulación de las distintas instituciones, desde las universidades y los centros de investigación hasta la industria y el Estado.

El tercero tiene que ver con los distintos aspectos regulatorios, la ética y el impacto socio-económico que puede tener una política de esta magnitud, que abarca desde los ámbitos del trabajo y el consumo hasta cuestiones como la ciberseguridad, la propiedad intelectual y el género.

LA BRECHA DIGITAL

Una de las metas esenciales de la política es disminuir la desigualdad que hay en términos digitales. Para Rodríguez-Tastets, es fundamental darle un empuje importante a la infraestructura y al desarrollo de plataformas que permitan su desarrollo.

“Es importante decir que todavía hay brechas que tenemos que cubrir, como tener disponibilidad de acceso a internet en todo el país. La pandemia forzó un poco más la digitalización de distintos sectores, pero aún así se notó que hay brechas territoriales”, añade.

Pese a su diagnóstico, la especialista destaca que este proceso no comienza a escribirse sobre una hoja en blanco. “Hay 12 programas de postgrado donde explícitamente se habla de una línea de IA. Existe un grupo de investigadores pequeño, pero que es bien productivo comparativamente a nivel internacional”, resalta.

EL MODELO A SEGUIR

Rodríguez-Tastets explica que la principal razón para tener una Política Nacional de Inteligencia Artificial surge de la necesidad de “sumarnos a una tendencia global que no nos haga tan dependientes de desarrollos que se hacen en otras partes”.

“El desarrollo de la IA ha hecho que otros países marquen una diferencia y tengan un impacto económico y social importante. Puedes medirlo desde un punto de vista del impacto en términos brutos en la economía, pero también tiene una valorización de cuanto de esto nos puede ayudar a mejorar servicios comunes para la sociedad, como salud, comunicaciones, y distintos aspectos sociales que pueden existir”, subraya.

A su juicio, “lo importante es que esto no sea la política de un gobierno, porque para pensar estratégicamente estas cosas tiene que ser en el mediano y largo plazo, que trascienda el gobierno y busque el desarrollo consensual a través de todos los sectores. Estratégicamente, el país necesita poner esfuerzos en donde todos estemos convencidos”.

Fuente: Borrador de la Política Nacional de Inteligencia Artificial

En ese marco, relata que durante estos últimos dos años han estado evaluando distintas experiencias internacionales que hay en esta materia. “Para serte bien sincera, no hay nada tan novedoso en ninguna parte. Todos apuestan a mejorar las capacidades de capital humano, la infraestructura y poner recursos para activar el desarrollo del área entre la empresa, el sector público y las universidades. Es decir, establecer los vínculos que permitan una relación virtuosa para fomentar el desarrollo de la IA. Casi todos están en eso”, detalla.

Sin embargo, aclara que “en parte, las diferencias entre los países van a estar en cuántos recursos se van a poner. Francia va a poner una cantidad de plata que para nosotros es imposible. Nosotros no vamos a estar al ritmo de China, ni Estados Unidos, ni Alemania, ni Francia. Tenemos que pensar más en Latinoamérica, queremos liderar en el continente. México ya se nos adelantó, definió su política un poquito antes que nosotros y está dirigiendo esfuerzos en esto”.

LOS PUNTOS MÁS CONFLICTIVOS

Para Rodríguez-Tastets, uno de los puntos más conflictivos serán los recursos que se destinen, entendiendo que todos van a querer ser áreas prioritarias, y también aspectos regulatorios de la Inteligencia Artificial, que involucren procesos de trazabilidad, auditorías y acreditaciones.

“Se habla de generar ciertas gobernanzas que garanticen el desarrollo de la IA bajo ciertos estándares éticos. ¿Quién será la entidad que supervise si una IA cometió un error? ¿Un observatorio de la IA, una especie de Sernac o algo así? ¿Será una institucionalidad paralela o integrada al gobierno digital? Va a haber una discusión que no va a ser tan fácil”, detalla.

La especialista explica que “los sistemas de IA entrenan con datos y hay que asegurarse que esos datos no tengan un sesgo. ¿A quién le reclamas cuando un sistema de IA toma una determinada decisión?. Por otro lado, se van a tener que hacer auditorías de la IA, mediante procesos de acreditación, por ejemplo”.

Rodríguez-Tastets entiende este proceso como parte de un cambio cultural que implique que los distintos usuarios tengan la capacidad de hacer una trazabilidad de los datos. “Esa es la cultura que tenemos que insertar en nosotros, entender que la tecnología está con nosotros en todas partes, de manera que nosotros seamos críticos de los sistemas que estamos usando, sino vamos a estar a expensas de cualquier persona inescrupulosa que nos quiera manipular a través de la tecnología”.

¿QUÉ TAN CERCA ESTAMOS DE LA REBELIÓN DE LAS MÁQUINAS?

El documento hace una distinción entre dos tipos de Inteligencia Artificial: La IA estrecha, capaz de ejecutar tareas en forma más eficiente y precisa que las personas; y la IA general, capaz de emular la versatilidad de la mente humana.

Sin embargo, esto último aún se ve como algo lejano. Rodríguez-Tastets reflota una pregunta que le hicieron el año pasado a Gabriel Skantze en Congreso Futuro, donde profundizaba sobre los avances precisamente de esta IA general. Aún así, ella asegura que “todavía nos falta para llegar a un sistema en la cual los robots puedan dominar a las personas”.

A su juicio, “hay otros temores primero que tenemos que cubrir. Por ejemplo, qué va a pasar con los niveles de automatización y reemplazo de mano de obra, que obviamente tendrán un impacto social, que esperamos que no sea tanto, en la medida que se implemente un proceso de conversión y formación”.

“Yo no veo a corto plazo que tengamos un sistema que reemplace las capacidades humanas. Es más, yo soy una creyente en las capacidades humanas, siempre pienso que si creamos algo que sube su calidad y nos empieza a alcanzar, vamos a ser capaces de reinventarnos y crear algo más. Si evolucionan las máquinas, también vamos a ir evolucionando nosotros”, añade.

En ese sentido, llama a perder el temor a la Inteligencia Artificial porque “no es una caja negra, hay que romper ese mito. La idea es que nosotros seamos capaces de hacer trazabilidad y auditoría de los sistemas que tenemos. Alguien programó eso, es un software que usa datos, extrae información y genera ciertas decisiones. Pero esas son cosas hechas por seres humanos que crearon esos procedimientos”.

Puedes revisar el borrador de la Política Nacional de Inteligencia Artificial a continuación.

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