EDITOR DE REVISTA ORSAI

Hernán Casciari: “El elitismo del conocimiento me parece un asesinato, una falta de respeto”

Su historia está llena de hitos, cambios y períodos cruzados. Regala sus libros y la revista que creó en PDF y contracorriente sigue haciéndole el aguante al papel en tiempos en los que todo se digitaliza. Hace unos años, bajó el ritmo de la escritura y agarró los cientos de escritos que tenía y se puso a contarlos.

Su mundo siempre fue lo digital. Antes de los streaming y el boom de las redes sociales, el escritor Hernan Casciari ya irrumpía la web con su blog “Diario de una mujer gorda”. Esos textos en formato de entrada pasaron a libro -después a obra de teatro- y pudo conocer a las grandes editoriales con las que siempre tuvo una relación tirante. Se aburrió, cortó su vínculo con ellas en 2010 y desde ahí, se empecinó en crear sus propias reglas. Un año después, instalado en España y junto a su amigo Christian Basilis, fundó Orsai, revista que se vende en preventa, sin publicidad ni subsidio estatal, que se imprime en papel caro y que reúne a las mejores plumas de habla hispana. Un lujo trimestral de 200 y tantas páginas o también, una locura en tiempos donde ya se hablaba sobre la crisis del papel. Y que si quiere, el lector también puede leer gratis en PDF.

El 2015 se quedó por tiempo indefinido en Buenos Aires luego de un infarto que lo hizo abandonar todo tipo de vicios. En plena crisis, se desconectó de la escritura y retomó la vieja dinámica de leer sus textos al público, contar sus historias aunque ahora ya no solo en la radio o la televisión, sino también en el teatro, frente al público. Paralelamente, tras una pausa de cuatro años, el 2017 editó la segunda temporada de Orsai, la que hasta el día de hoy vende cerca de 10 mil ejemplares a lo largo del mundo.

Ese proyecto madre ahora es una editorial, una revista, una fundación y una comunidad de 19 mil personas. A todos les habla Casciari. Una cartera de amigos, como prefiere decir, que ha cultivado durante los últimos años y que, reconoce, es lo único que tiene. “Empecé escribiendo en internet, y lo primero que tuve fueron lectores que leían en tiempo real los relatos que escribía, que los comentaban en tiempo real y que yo los comentaba con ellos. Lo que hago ahora se parece muchísimo a eso, es como la evolución de eso mismo”, dice al otro lado de la pantalla, desde su oficina en la capital Argentina.

Hernán Casciari – Crédito: Gaspar Kunis

Ya sea de forma escrita -pues quien quiera puede descargar los PDF de sus libros o revistas-, escuchándolo por Spotify mientras lavas la loza o viéndolo frente a una pantalla en un streaming transmitido a distintos países, Casciari sigue contando historias. Este próximo viernes 12 y 19 de febrero mostrará dos shows en vivo para Chile: “Nostalgias” y “Tragedias”, donde presentará espectáculos con tonos distintos que acompaña con la música en vivo de Cucuza y Zambayonny, respectivamente.

“Nunca fui un escritor de madrugada, que entrega los textos en una editorial y se desentiende de su público; nunca fui eso. Además, me parece que lo que hago ahora es lo que me permite la tecnología. En el año 2000 hacía lo mismo, pero la tecnología no nos permitía el streaming, no teníamos la suficiente banda ancha para conectar así, pero si hubiera existido en el 2000, yo habría estado haciendo streaming en esa época, obvio”, reflexiona.

¿Qué es lo que te gusta de la interacción con la gente?

-A mí lo que me gusta es charlar, mostrarles lo que hago, leerles lo que hago o que lo lean ellos, pero sobretodo la conversación posterior. En esos streamings, que están muy bien o qué sé yo, lo divertido es que la gente está ahí y yo estoy todo el tiempo con el teléfono escuchando sugerencias, respondiéndoles. No está muerto ese texto, está completamente vivo, está ocurriendo en ese momento. A mí la parte que más me interesa de todo este asunto es poder emocionar, hacer reír, reflexionar, ahí, con todos al mismo tiempo. Entonces no hay una diferencia, no es que vengo del mundo de Shakespeare. A mí me parece que, si vamos un rato, tanto vos, yo o cualquiera, a los siete, ocho o nueve años de nuestra vida, al principio de la infancia, jugar con gente es más divertido que jugar solo. No es nada más que eso, me divierte de verdad. No es que tenga una gente de marketing que me diga “tenés que ser cercano con tu audiencia”, no es eso, esto me pasó siempre. Me divierte mucho más la reunión que la práctica de la literatura. Pasa que mi excusa es la práctica de la literatura, si fuera guitarrista mi excusa sería tocar canciones. 

¿En qué crees que radica la fidelidad que tiene tu público con tu trabajo? Se descargan tus libros, ven tus streaming, compran la revista que editas, te escuchan por Spotify… 

-Hay algo que es muy natural creo yo. Si vos estás en tu casa y tenés ganas de estar con tus amigos, tenés dos maneras de invitarlos a tu casa, mandarles un Whatsapp, decirles “ché vengan, hice pizza y tengo cerveza”, o mandás a tu representante, a tu editorial, y que ellos lo hagan. Eso para mí es ridículo. Yo creo que el gran problema, no quiero decir de los autores, porque también le pasa a los músicos y también le pasa a los actores, de quien crea contenidos es creer que no puede solo, que necesita sí o sí de un representante que se lleve el 15%, de una editorial que lo edite y que haga publicidad de lo que hace. Lo único que se consigue con ese sistema es que vos nunca vas a tener el teléfono particular de la gente que te sigue. Ese contacto lo tiene otro, lo tiene requisado una editorial, una discográfica. El día que te pegan una patada en el culo, esa editorial, esa discográfica, se queda con tus amigos y no tenés más la opción de estar con ellos. O se quedan con esa cartera de clientes, si querés que lo pongamos en jerga marketinera.

Hernán Casciari – Crédito: Gaspar Kunis

Según tú, ¿cuál es el valor de la autogestión?

-Creo que la gran diferencia de ser autogestivo es que tenés una agenda hermosa. Mi único capital es el contacto de mis lectores, es todo lo que tengo, no es dinero. Yo empiezo a hacer cosas nuevas y puedo llamar a todos los de Lima, por ejemplo. Les escribo a todos los que alguna vez vieron un espectáculo mío, compraron una revista Orsai, me compraron un libro o se descargaron algo. Los busco en una base de datos y les digo “ché, voy a estar el 14 en tal lado”, y ya está. El que tiene ganas viene, el que no tiene ganas no viene, pero lo mismo con todos. Y a esta altura son cientos de miles en 15 años y después te das cuenta también que hay evoluciones tecnológicas que te dicen “ché, si este tipo tiene un correo de hotmail, andá actualizándole”. Bueno, eso también es un trabajo, es un trabajo lento, de comunicación, de charla, hay que aprender un montón a charlar con mucha gente al mismo tiempo sin ser un bot, es todo un trabajito. 

Sostener un modelo así, tan personal y tan directo, debe ser tremendamente desgastante.

El crecimiento tiene que ser equilibrado por ambas partes, yo siempre supe que hasta con seis mil personas podía conversar yo solo. Cuando tenés 12 mil necesitás a una persona más y cuando tenés 18 mil a otra persona más. El crecimiento de la gente que trabaja en Orsai es directamente proporcional a las personas que hacen uso de las herramientas, de los libros, de las revistas, etcétera. Hoy somos un equipo grande de trabajo, absolutamente familiar y amistoso. O sea, todas las personas que trabajan conmigo son o parientes o amigos de toda la vida, y siempre fue así. Ellos saben exactamente de qué se trata esto, es muy orgánico el proceso. Les digo “ché, mirá, no estoy dando abasto con determinada cosa” y  ya sé a quién llamar, cómo pedírselo, qué tipo de trabajo tiene que hacer.

“Yo creo que el gran problema, no quiero decir de los autores, porque también le pasa a los músicos y también le pasa a los actores, de quien crea contenidos es creer que no puede solo, que necesita sí o sí de un representante que se lleve el 15%, de una editorial que lo edite y que haga publicidad de lo que hace”

¿Cuáles son los “principios”o “lineamientos” en ese diálogo con el público?

-Hay un espíritu en medio de todo. Uno es que es a las personas se les contesta una por una, nadie es un cliente, todos son amigos y eso lo hacemos incluso en la logística de entrega de libros a todo el mundo, o sea si alguien pierde un libro siempre la razón la tienen ellos, nunca preguntamos dos veces, lo mandamos de vuelta, porque no es un tema económico. Es un tema de que la experiencia del usuario tiene que ser satisfactoria siempre, como cuando el blog era solamente un blog y éramos 500 personas, tiene que ser lo mismo. 

Hernán Casciari – Crédito: Gaspar Kunis

Aunque existen versiones pagadas, liberaste todos tus libros y las revistas Orsai al público. En la madrugada, por Telefé, lees textos que te gustan de distintos autores como Borges, Cortázar y Kafka, has sido un detractor del Copyright… ¿Dónde surge tu interés por liberar esos contenidos, hacerlos accesibles al público?

-Creo, con sinceridad, que esta es más una pregunta de terapia. Porque yo si voy a buscar, a buscar, a buscar, me parece que tiene que ver con mi viejo y con su desapego hacia las cosas que más me gustaban. Necesito que no haya solemnidad en la literatura porque cuando yo tenía 11 años mi viejo no entendía esa solemnidad, pero en cambio entendía un buen chiste y un buen chiste también es literatura. Yo empecé a escribir simple para que él me entendiera y después la simpleza hace que quieras que todo sea simple. El tema del copyright o de lo exclusivista, el asunto del elitismo del conocimiento me parece un asesinato, una falta de respeto. Me gusta que las cosas más lindas del mundo sean compartidas, porque a mí realmente me gustan esas cosas que comparto, me parece muy divertida una historia de Guy de Maupassant o de García Márquez y pienso que son cosas que cualquiera puede entender.

Pero, ¿qué es lo que buscas con ello?

-A mí me parece que la ausencia de solemnidad lo primero que propicia es que más gente llegue, si más gente llega, más gente conoce un cuento de Guy de Maupassant. Si más gente conoce esos cuentos más gente disfruta de eso y a mí me parece que un mundo donde mucha más gente disfruta de un cuento de Gabriel García Márquez es un mundo mejor, donde nadie disfruta de eso porque es intelectual. Porque otros placeres, otros entretenimientos más básicos, más horribles, ocupan un lugar en esa gente también. Si a vos te gusta un cuento de García Márquez y después vas al libro y te das cuenta que es buenísimo, y seguís por ese lado, muy difícilmente después te vas a sentar a ver un programa de televisión pedorro. Entonces ese programa de televisión tendría menos espectadores y un día aparecería un programa de televisión a esa hora con historias, con gente que cuenta historias y creo que sería mejor el mundo. 

Suena un poquito utópico…

-No, se trata de querer compartir lo que más te gusta. Le pasa a mucha gente con la comida: alguien descubre un plato excelente, pero todo el mundo dice “no, es pescado crudo”, “bueno, pero es excelente, te va encantar”, “no, pero ¡está crudo!”. Lo que pienso es que bueno, sacáte ese prejuicio de la cabeza, probálo y te va a gustar. Creo que tiene que ver con sacar un prejuicio, el prejuicio de que la literatura es aburrida. En la noche leo cuentos en el canal de más audiencia de la Argentina y que eso tenga audiencia es todo un trabajo, y que se mantenga esa audiencia es una utopía, pero creo que de a poquito se puede ir llegando a esos lugares. Los cuentos que leo no son para la gente que lee, es para una vieja que no lee, a esa hora no hay gente que lee mirando televisión. Le estoy inculcando por primera vez Kafka, y no lo hago leyendo literalmente esos cuentos, los agarro, les saco las palabras difíciles y se los cuento, y ellos dicen: “ah, eso era Borges, mirá, no era tan complicado”.

TIEMPO DE CRISIS

De alguna manera parte de tu trabajo se asocia al periodismo. Creaste Orsai, una revista con escritores, periodistas y cronistas de renombre, que pese al tiempo, sigue siendo rentable. En tiempos en los que el cierre de los medios es un fenómeno a nivel mundial, ¿cuál es tu diagnóstico?

-Ahí hay una cosa que es lo tradicional primero. Yo soy un medio de comunicación, le pido a las empresas que pongan dinero de publicidad y a cambio de eso les doy un montón de gente que está mirando ese medio. O sea, las personas son moneda de cambio, no son importantes. Habla el dueño del medio con la gran empresa: “Ché, tengo un millón de personas mirándome, ponéme publicidad”, ese es el sistema tradicional. Frente a eso, varias cosas: para empezar ya no hay más de un millón de personas mirando lo mismo, eso ya no existe. El primer engaño se da entre empresarios, el público no tiene nada que ver. El público se dispersó, empezó a ver internet, a ver Netflix, no está mirando todo el tiempo los dos diarios que leía en 1990, pero los dueños de esos dos periódicos necesitan seguir mintiéndole al empresario para que pongan el dinero en las páginas. Por otro lado, el empresario se da cuenta y empieza a poner dinero en otro lado, en un portal independiente, en Instagram, en Facebook, y así baja el dinero del empresario, pero el empresario tiene ya una estructura de 200 personas trabajando y entonces los tiene que echar, precarizar o pagarles menos. El que hacía deportes tiene que hacer deportes, economía y actualidad al mismo tiempo.

Hernán Casciari – Crédito: Gaspar Kunis

¿De quién es la responsabilidad de la crisis?

-Acá me parece que el problema está en el trabajador. Es el trabajador el que tiene saber que ahora el dinero está en otro lado, el empresario a mí no me importa. Nosotros, los que trabajamos somos los que tenemos que saber que ahora no está en ese papá. El papá ahora es el público directamente, sin intermediarios, los empresarios que se sigan mintiendo entre ellos, que sigan buscando métricas y rating, nosotros podemos estar haciendo las cosas desde otro lugar hablándole pura y exclusivamente al que nos va a escuchar. 

“Necesito que no haya solemnidad en la literatura porque cuando yo tenía 11 años mi viejo no entendía esa solemnidad, pero en cambio entendía un buen chiste y un buen chiste también es literatura”.

¿Cuál fue el modelo que implementaron en Orsai?

-Un día le dije a un montón de gente que me seguía en el blog “ché, ¿no están un poco hartos de las revistas, que lo primero que tienen son 30 páginas de publicidad y recién después te empiezan a hablar?, ¿No les gustaría un medio que no tuviera publicidad?, ¿Que pudiéramos organizar entre nosotros?, ¿Pagarías un poquito más por un medio que te hablara de verdad a vos? Y todos dijeron que sí, y ya está. Y la revista hace diez años que existe, es rentable, funciona, sale y es de una calidad tremenda.  No únicamente por nuestro trabajo, sino por el papel que elegimos, la tipografía, el sentido, el propósito de la revista. Del otro lado hay gente que la quiere, la gente que está trabajando hoy en día en un períodico de papel sabe que del otro lado no hay gente, hay empresarios que ponen páginas enteras de publicidad de supermercados, pero nadie lee ese papel, es un papel para envolver verdura. 

¿Cómo devolverle el valor a ese papel?

-Es que ya nadie lo lee y el que trabaja todos los días en ese lugar lo sabe y es tristísimo. Es muy triste saber que lo que estás escribiendo no vale, que es solamente un juego entre empresarios. Ahora, cuando vos sabés que lo que estás escribiendo lo está esperando fervientemente un grupo de gente, o ese programa de radio, esa revista, ese disco, ese cortometraje, esa película, el placer con que se hace no tiene precio, porque es volver a una época donde todos queríamos lo que estábamos haciendo. ¡Y es una muy buena época! Lo que pienso es que hay que tratar de hacer un pequeño mundo en donde esa época sea posible de vuelta. 

¿Qué relación tienes hoy con el periodismo?

-Tengo mucha curiosidad respecto a cómo van evolucionando y cambiando los paradigmas. Tengo el cuero muy duro respecto a la sensibilidad de lo que pasa. Vos me decís empieza una pandemia mundial y yo empiezo a anotar los cambios de la gente, cómo se saluda, no me importa que se mueran los viejos, no tengo mucho interés en la coyuntura. Vos me decís que en Argentina hoy hay un golpe de Estado y yo me pongo a anotar cómo funciona eso en la sociedad, no lo sufro. Vienen los extraterrestres, matan a todos los ecuatorianos y yo me pongo a escribir sobre eso, a ver qué pasa, cómo es el mundo sin Ecuador. Me pasa más que el mundo me parece una ficción, todo me parece una ficción muy divertida, no tengo esa relación ideológica o sensible con la realidad, supongo que en ese punto soy un poco sociópata. 

Hernán Casciari – Crédito: Gaspar Kunis

¿Qué es lo que capta tu atención en esta coyuntura pandémica que nos atraviesa a todos? 

-Sacando el costo social, eliminando ese ítem de zozobra y de padres y abuelos que mueren sin el abrazo de su familia, a mí me parece que lo está dejando la pandemia, sobre todo en nuestros países, que son países que estaban hace un tiempo con una brecha tecnológica muy abismal respecto a los países centrales, nos están acercando a muchas generaciones nuevas a la tecnología. Maestros, profesores, empleados de oficinas, hay un montón de gente que sabe pagar por internet y hace un año no. Yo vi una vieja el otro día en el supermercado comprando rúcula y pagó con QR. Un verdulero y una vieja se pagaron con moneda electrónica medio kilo de rúcula, y la vieja se fue moviendo el culo, maravilloso. Eso no hubiese pasado nunca, 12 años más tarde hubiese pasado eso. En Latinoamérica adelantamos 12 años, Suecia no adelantó tanto. La pandemia propició esto y en eso me parece que ganamos. Estamos automatizados en hacer las cosas mal, que ahora todo el mundo dice “ché, me quedo en casa haciendo el excel” y el jefe le dice “sí, quédate, yo cierro la oficina” y la calle del centro ya no tiene tanto tráfico. Bueno, un montón de cosas van a cambiar, pero no porque seamos mejores o hayamos aprendido, sino porque somos estúpidos. La única cosa que nos hace cambiar son las grandes tragedias, no nos hace cambiar la inteligencia.

“Es muy triste saber que lo que estás escribiendo no vale, que es solamente un juego entre empresarios. Ahora, cuando vos sabés que lo que estás escribiendo lo está esperando fervientemente un grupo de gente, o ese programa de radio, esa revista, ese disco, ese cortometraje, esa película, el placer con que se hace no tiene precio, porque es volver a una época donde todos queríamos lo que estábamos haciendo”.

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El escritor se presentará por streaming con su show “Nostalgias” y “Tragedias”, este viernes 12 y 19 de febrero, respectivamente. Entradas a la venta a través de Puntoticket. 

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