Columna de Stephanie Alenda: Cosmovisiones conservadoras y política

Agencia UNO

Columna de Stephanie Alenda: Cosmovisiones conservadoras y política

“Si bien desde el partido Conservador, la UDI hasta el Partido Republicano (PR), se defiende la existencia de un orden moral objetivo anterior y superior al Estado, una de las especificidades del PR radica en su menor tolerancia hacia diferentes tipos de familia”.

Con miras a las primarias presidenciales del 4 de julio se reabrió el debate sobre las familias existentes al interior de las derechas e izquierdas del país (socialdemócratas, socialcristianos, conservadores, liberales…), que justificarían la exclusión o inclusión de determinadas fuerzas políticas. 

En Anatomía de la derecha chilena (FCE, 2020), evidenciamos la existencia de tres familias en Chile Vamos: liberal, conservadora y socialcristiana. Abordamos también la cosmovisión propia de la derecha a través de una definición mínima: la derecha se diferenciaría fundamentalmente de la izquierda por su defensa del orden natural (la familia, la vida), enraizada en una concepción tradicionalista y/o religiosa del mundo (Alenda, Le Foulon, Suárez-Cao, 2020). 

En la columna a la que aluden Claudio Alvarado y Manfred Svensson (The Clinic, 15.01.21), no reniego de esta definición. Sigo considerando que existe una antropología cristiana en la que se reconocen no solo las formaciones conservadoras, sino también los partidos demócrata-cristianos. Dirijo específicamente el foco hacia las ideas presentes en Chile Vamos que pudieran chocar con ésta. De ahí mi referencia a las posiciones liberales presentes en particular en la declaración de principios de Evópoli, que, si bien identifican a la familia como el núcleo fundamental de la sociedad, reconocen y respetan una pluralidad de formatos.

“La historiografía sobre el catolicismo chileno muestra que no existe una forma única de ser conservador y que esas variaciones dependen de las vicisitudes de la vida política nacional e internacional

Sin embargo, es posible reparar en la existencia de matices relativos a esa antropología al interior mismo del mundo conservador, entendiendo la noción en el sentido amplio de quienes asumen posiciones moderadas respecto a los cambios. La comparación entre las familias conservadora y demócrata-cristiana no deja de ser un buen punto de partida para ilustrar esos matices: los primeros han sido tradicionalmente asociados con la defensa de los intereses de los pudientes, mientras los segundos se han plantado en defensores de los intereses de la religión en el campo político, ocupando una posición intermedia en el clivaje propietarios-trabajadores. La raíz cristiana es la misma, pero no así la concepción de un orden social sostenido por los valores y principios católicos.

En la misma línea, la historiografía sobre el catolicismo chileno muestra que no existe una forma única de ser conservador y que esas variaciones dependen de las vicisitudes de la vida política nacional e internacional. Durante el siglo XIX, cuando surge el socialcristianismo en respuesta a la cuestión social, un pensamiento progresista católico entra en pugna con la cosmovisión tradicionalista dominante. Diferentes fracciones aparecen atribuyéndose cada una la representatividad de la doctrina social de la Iglesia: en 1938, los Falangistas se escinden del Partido Conservador; en 1949, el Partido Conservador se divide en Partido Conservador Tradicionalista y Partido Conservador Socialcristiano (que propugnaba reformas sociales más profundas y urgentes que su par, no obstante adscrito al “orden social cristiano” desde 1901). A partir de los años 50, la influencia creciente de congregaciones religiosas conservadoras reactivaría la pugna entre reformismo y conservadurismo tradicional. 

Las declaraciones de principios de estos partidos reflejan en parte esos matices. Si bien desde el partido Conservador, la UDI hasta el Partido Republicano (PR), se defiende la existencia de un orden moral objetivo anterior y superior al Estado, una de las especificidades del PR radica en su menor tolerancia hacia diferentes tipos de familia. Su candidato presidencial expresó también su voluntad de derogar la Ley de interrupción voluntaria del embarazo en tres causales, aunque los Chilenos estén mayoritariamente favorables al aborto en casos especiales. En este sentido, las declaraciones del Partido Republicano parecen retrotraernos a un catolicismo tradicionalista, más extremo que las posiciones asumidas por dirigentes emblemáticos de Chile Vamos que se preguntan cómo sincronizar la creencia de un orden social fundamentado en la religión con la existencia de una sociedad abierta y pluralista que ha dejado de dar cabida a verdades absolutas.

*Stéphanie Alenda es doctora en sociología política de la Universidad de Lille; profesora asociada y directora de Investigación de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Andrés Bello. Editora del libro Anatomía de la derecha chilena: Estado, mercado y valores en tiempos de cambio (FCE, 2020). Integrante de la Red de Politólogas.

Comentarios
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