Columna de Camilo Herrera: Dialogar como un fin en sí mismo

Dialogar implica poner el cuerpo, darse el tiempo para escuchar desde la rabia hasta el miedo y estar disponible para la vulnerabilidad. Entonces, surge esa empatía transformadora que nace desde el encuentro con otro al que desconozco.

De un tiempo a estos días, cada vez resuena más la palabra diálogo. Miremos por donde miremos, escuchemos por donde escuchemos, una creciente mayoría de voces se refieren a la necesidad de establecer diálogo. Este llamado constante al diálogo nos habla de dos cosas, al menos. Primero, nos dice que el diálogo es una práctica escasa en Chile actualmente (si lo hubiera, no se lo invocaría con esta ansiedad). Segundo, indica que hay dolores para los que el diálogo parece ser el tratamiento más adecuado.

Así que cabe preguntarse: ¿Es cierto que no estamos dialogando? Y ¿cuáles son los dolores que debiera calmar el diálogo?

Para la primera pregunta, acudimos a Alfredo Zamudio, quien dice que “el diálogo es para los valientes’’. Precisamente en esa frase se concentran varios aspectos que son trabas para el diálogo.

“Este llamado constante al diálogo nos habla de dos cosas, al menos. Primero, nos dice que el diálogo es una práctica escasa en Chile actualmente (si lo hubiera, no se lo invocaría con esta ansiedad). Segundo, indica que hay dolores para los que el diálogo parece ser el tratamiento más adecuado”

En Chile, los niveles de confianza bajan sostenidamente, se afianza la cultura de la sospecha y se han instalado profundas diferencias. Lo que algunos quieren recuperar o defender es precisamente lo que otros nunca han tenido. Aquí también hemos creado burbujas donde solo habitan otros iguales a los míos y estamos expuestos a un torrente de información (y algoritmos) que nos confunde y nos atrinchera cada vez más con nuestros afines. Así, no es raro que parezca que vivimos en mundos distintos, incluso cuando compartimos algunos espacios de la vida cotidiana. Dialogar implica poner el cuerpo, darse el tiempo para escuchar desde la rabia hasta el miedo y estar disponible para la vulnerabilidad. Entonces, surge esa empatía transformadora que nace desde el encuentro con otro al que desconozco. Obviamente no es fácil y es para valientes.

En 3xi hemos identificado esa distancia en la que vivimos y hemos asumido el compromiso de trabajar en reparar la confianza, porque creemos que es el primer paso para conocernos y encontrarnos. Buscamos derribar barreras y prejuicios, escucharnos, cuestionarnos y comprendernos. Con esta visión, hemos reunido -durante los últimos cinco años- a pares improbables para encontrarse y conocerse. Reunimos a personas que difícilmente podrían haber coincidido para intercambiar visiones, sin tener una agenda de objetivos que lograr durante la conversación.

“En Chile, los niveles de confianza bajan sostenidamente, se afianza la cultura de la sospecha y se han instalado profundas diferencias. Lo que algunos quieren recuperar o defender es precisamente lo que otros nunca han tenido”.

Hace unos días, invitamos a un grupo diverso de personas relacionadas con el ámbito de las comunicaciones para reflexionar sobre lo que escuchamos, entendemos y comunicamos en tiempos de ruido. El diálogo nos permitió hacernos conscientes de la responsabilidad de los comunicadores, no solo con lo que se dice sino también con lo que gatillamos en quien confía en esos mensajes que recibe. Considerando la complejidad del modelo de negocios de los medios y sus incentivos, es imprescindible que los propios actores del sistema asuman una actitud de corresponsabilidad para detener — o al menos disminuir–, la rueda absurda en que estamos. Porque el costo de la polarización actual tendrá consecuencias en los próximos 30 años y porque comprendemos que la ausencia de guerra no es sinónimo de paz, sino de una sociedad con dolores profundos.

Cómo avanzar en este sentido para no hacernos parte del ruido. Es necesario ser valientes y no temer al conflicto, avanzar con decisión y reconocer la diversidad de nuestras biografías, la existencia de intereses contrapuestos y sesgos culturales. No se trata de anular diferencias, muy por el contrario; necesitamos ponerlas en primer plano para probar que en la diversidad se puede construir confianza y lograr la colaboración que necesitamos para llevar adelante los procesos de transformación.

El segundo punto que planteábamos es el para qué acudimos al diálogo. Hoy, el diálogo aparece vinculado a la necesidad de llegar a acuerdos y a la necesidad de negociar. Y es lógico que así sea porque Chile está enfrentado a decisiones en las que los distintos actores tienen diferentes puntos de vista y objetivos.

“El costo de la polarización actual tendrá consecuencias en los próximos 30 años y porque comprendemos que la ausencia de guerra no es sinónimo de paz, sino de una sociedad con dolores profundos”.

En 3xi no buscamos el diálogo como un medio para llegar a acuerdos ni para negociar intereses contrapuestos. El diálogo es el fin en sí mismo, porque es la forma que adopta la cultura del encuentro. Lo que buscamos es contribuir a instalar una manera de relacionarnos que esté basada en reconocer en el otro a un legítimo otro, como nos enseñó el profesor Maturana.

Quienes participamos de ese encuentro, nos regalamos mutuamente una invitación a mirar y actuar responsablemente en el impacto de nuestro quehacer. Y aunque en el camino es probable que queramos abandonar la misión, es necesario persistir, para que desde esta nueva forma de relacionarnos comience a instalarse en distintos niveles. El diálogo no es una herramienta reservada exclusivamente para los líderes o los decisores. Por el contrario, necesitamos que esta forma se extienda en el día a día de todos nosotros, necesitamos conversaciones genuinas en las que aspiremos a escuchar a otros no para complacernos en la coincidencia o en el logro de la persuasión, sino para reconocernos y volver a confiar en que en el encuentro con el otro puede no existir más objetivo que ese: encontrarnos.

El diálogo es una forma de hacer las cosas entre los humanos y, en esa medida, es el objetivo en sí mismo.

“El diálogo no es una herramienta reservada exclusivamente para los líderes o los decisores. Por el contrario, necesitamos que esta forma se extienda en el día a día de todos nosotros”.

* Camilo Herrera es Ingeniero Comercial de la Universidad Católica y Director Ejecutivo de 3xi, una corporación privada sin fines de lucro fundada en 2017 por un grupo de personas pertenecientes a cinco organizaciones: la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), la Asociación de Emprendedores de Chile (ASECH), la Comunidad de Organizaciones Solidarias (COS), el Sistema de Empresas B y el Centro de Innovación UC con el objetivo de mejorar la base de confianza mutua en Chile.

Comentarios
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