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Columna de Paz Milet: La elección peruana más allá de las cifras

En la práctica los resultados de esta elección son resultado de la confluencia de tres procesos: la centralidad de Lima y las deficiencias del proceso de regionalización, la erosión que ha experimentado en los últimos años la institucionalidad política en Perú y la pandemia y sus consecuencias de carácter multidimensional.

La contienda electoral en Perú a simple vista es resultado de la confrontación de dos extremos políticos, que tienen visiones contrapuestas respecto al proyecto país. Pero, al profundizar, se evidencia que es expresión de disputas de alcance mayor, de quiebres profundos a nivel identitario en Perú.

Permanentemente se hace referencia a las dificultades que han existido en este país para generar una identidad compartida, una idea de nación y la reciente elección ha evidenciado más que nunca estas profundas diferencias.

Mientras Keiko Fujimori representaba la continuidad de un modelo y los postulados de una elite minoritaria a nivel poblacional, que concentra el poder político, económico y social; Pedro Castillo rescató los idearios del Perú profundo, el que se ha sentido tradicionalmente desplazado por la concentración del poder en la institucionalidad limeña y que ha experimentado los costos de la pandemia, en un país que es uno de los con mayor nivel de contagio a nivel mundial.

“Permanentemente se hace referencia a las dificultades que han existido en este país para generar una identidad compartida, una idea de nación y la reciente elección ha evidenciado más que nunca estas profundas diferencias”.

En la práctica los resultados de esta elección son resultado de la confluencia de tres procesos: la centralidad de Lima y las deficiencias del proceso de regionalización, la erosión que ha experimentado en los últimos años la institucionalidad política en Perú y la pandemia y sus consecuencias de carácter multidimensional.

De acuerdo con diversos estudios sociológicos, el 11 % de la población peruana- principalmente de origen europeo- es la que detenta el poder, el resto- aunque en los últimos años ha experimentado avances en su nivel de vida, a partir del crecimiento económico de Perú- aún no alcanza niveles de desarrollo adecuados.

Antes de la llegada del Covid-19, ya las cifras eran alarmantes. Más del 50 % de la población subsiste de la informalidad y si extrapolamos eso a nivel regional las condiciones se agravan, hay áreas del territorio- como el VRAEM- que tienen una insuficiente presencia estatal. Esto repercute en un divorcio de las regiones con la elite centralista, que creen no lee adecuadamente sus necesidades y no logra darles una adecuada respuesta política.

Este cuestionamiento a la clase política se ha profundizado en los últimos años, producto de los escándalos de corrupción en que se han visto involucradas las principales fuerzas políticas y la difícil convivencia que ha existido entre los principales poderes del Estado.  No hay que olvidar que cuatro ex Presidentes peruanos han sido vinculados con la trama de corrupción de las constructoras brasileñas, al igual que la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, a quién se le ha solicitado una condena de treinta años de prisión.

Esto se une a las permanentes tensiones evidenciadas entre los poderes del Estado, especialmente durante el último período presidencial, que en la práctica supuso la presencia de cuatro presidentes en la dirección del país y la disolución del Congreso. Estas dificultades incrementaron el descontento de la población respecto al modelo político y a la capacidad de la clase política de gestionar las demandas sociales.

“Este cuestionamiento a la clase política se ha profundizado en los últimos años, producto de los escándalos de corrupción en que se han visto involucradas las principales fuerzas políticas y la difícil convivencia que ha existido entre los principales poderes del Estado”. 

Esta disconformidad ha adquirido diferentes ámbitos de expresión. En el año 2020 a través de las masivas movilizaciones que solicitaron la salida de Moreno del poder y este año, se canalizó en el voto a Castillo, quién es visto como un outsider, sin vinculación directa con los casos de corrupción.

A Keiko Fujimori no sólo se la relaciona con la corrupción, sino también con el tipo de oposición que realizó desde el Congreso cuando Fuerza Popular tenía mayoría y se le responsabiliza en gran medida de la crisis política desarrollada en los últimos años.

Sin embargo, el factor determinante que habría agudizado la necesidad de un cambio en la población que apoyo a Castillo es la crisis de la pandemia. Esta no sólo evidenció las desigualdades a nivel país, sino también dio cuenta de deficiencias estructurales persistentes.

Entre otros factores, la incapacidad de prevenir el desarrollo del covid-19 y gestionar oportunamente las vacunas han generado la profundización del descontento en la población y han planteado cuestionamientos respecto al desarrollo futuro del país.

En este escenario de amplias dificultades, la gestión del nuevo presidente peruano experimentará grandes desafíos de corto, mediano y largo plazo. Primero, generar alianzas que le permitan obtener la aprobación del Congreso a su programa de gobierno; segundo, la gestión de la pandemia y tercero y más importante, avanzar a nivel de gobernabilidad, para no sólo garantizar su permanencia en el poder, sino también la superación de las fisuras en la sociedad peruana de cara al establecimiento de un nuevo pacto social ya sea a través de una nueva Constitución o de otras vías, que permitan dar un real espacio de expresión al Perú profundo.

“Sin embargo, el factor determinante que habría agudizado la necesidad de un cambio en la población que apoyo a Castillo es la crisis de la pandemia. Esta no sólo evidenció las desigualdades a nivel país, sino también dio cuenta de deficiencias estructurales persistentes”.

*Paz Milet es académica del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile con más de 20 años de experiencia como investigadora y docente de las áreas de los estudios internacionales y la ciencia política. Se especializa en América Latina Contemporánea, política exterior chilena, relaciones vecinales de Chile y seguridad en Latinoamérica.

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