Carlos Ruiz, ideólogo del Frente Amplio, a dos años del 18O: “Estas puertas no se abrieron por la iluminación de la clase política, las abrió la Revuelta”

Pese a advertir de que Chile se encuentra en un "momento complejo de fuerzas que protagonizan un esfuerzo de obstrucción de las transformaciones", el sociólogo y académico de la Universidad de Chile se declara "optimista" frente al cambio histórico que abrió el Estallido Social y que gatillara el Proceso Constituyente. ¿Dónde radicaría un inminente nudo institucional? "Cualquiera que sea el nuevo gobierno, no va a tener más de dos o tres meses de paciencia de la sociedad", previene.

Carlos Ruiz Encina, sociólogo y académico de la Universidad de Chile, tiene una vasta trayectoria política. En 1992 creó el movimiento La Surda, que trataba de plantear una alternativa a la Transición desde la izquierda extraoficialista, y que recién en el 2006 ganó la presidencia de la Fech. Dos años después, pasó a llamarse Izquierda Autónoma

Con este último movimiento, el ahora candidato presidencial de Apruebo Dignidad, Gabriel Boric, llegó a la presidencia de la misma organización estudiantil. Por esto, y por todo lo que compartió Ruiz con el abanderado en los años que siguieron, se le considera como uno de sus mentores y también uno de los ideólogos del Frente Amplio.

Hoy en día, Ruiz mantiene su puesto como académico del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile y director de su fundación, Nodo XXI. Sin embargo, a principio de año se aventuró con una candidatura a constituyente en el distrito 10 en cupo de Comunes, la que -según explica- no pudo sacar adelante por haberse contagiado de Covid-19.

La tarde del pasado viernes 15 de Octubre, tras terminar su jornada laboral, Carlos Ruiz conversa con The Clinic para abordar el segundo aniversario del Estallido Social del 18O, la Convención Constitucional que surgió como respuesta institucional a la Revuelta y el acalorado e incierto escenario presidencial.

-A dos años del Estallido, ¿ha visto algún cambio significativo respecto a las demandas de ese momento?

-Las cosas no se han resuelto, hay que partir por ahí. Todavía tenemos ciertos sectores de élites política y empresariales que están tratando de pasar de un ‘no lo vimos venir’, a una especie de ‘aquí no ha pasado nada‘, teniendo una actitud de obstrucción a los procesos de cambio. Por ejemplo con agresión al proceso constituyente, intentando deslegitimarlo, sobre todo, por la prensa oligopólica. Más allá de eso, diría que sí hay cambios, pero que estos se van abriendo paso.

-¿Se refiere a que los cambios van a su ritmo?

-El proceso de ascenso de las luchas sociales es bastante más gradual. Por lo menos venían desde el 2006 con los pingüinos. Siguieron en 2007 con los trabajadores subcontratistas, después están los conflictos regionales y medioambientales que eran anti extractivistas, sumado a las oleadas crecientes de feminismo y los reclamos por malas pensiones. O sea, era un crescendo que no había que tener ningún doctorado para reconocerlo.

-Pero a dos años del Estallido, esas demandas no están resueltas…

-Lo diferente del 18O es que se junta todo. Por eso es que no hay una demanda que lo presida, porque es todo. Entonces, lo que se confronta es la institucionalidad en su totalidad, es el desborde de lo político: una expresión sin banderas y que no va presidido por identidades políticas, pero tampoco por las viejas organizaciones sociales. Por eso yo he insistido en que es una nueva geografía sociocultural la que explota.

“El 18 de Octubre se convirtió en una sola asonada que no tiene representación política. Por lo tanto, se instala una demanda de reconocimiento que se configura como ‘dignidad’”.

-¿Cómo así?

-Todo el proceso de transformación de la sociedad, de toda la geografía social y cultural chilena, ya no tenía reconocimiento dentro de la institucionalidad. La gente terminaba usando créditos como la extensión de su salario. Eso, más el abuso elitario que se iba acumulando, configuraban una olla de presión que terminó de hacer confluir a todos los movimientos. El 18 de Octubre se convirtió en una sola asonada que no tiene representación política, que no tiene presión en la institucionalidad, y que se siente negada por esta. Por lo tanto, se instala una demanda de reconocimiento que se configura como ‘dignidad’.

-En su libro Octubre Chileno, usted habla de “el nuevo pueblo”. ¿A qué se refiere?

-A esta nueva geografía social y cultural. Las identidades fundamentales como bases sociales de los proyectos políticos del siglo XX, eran el obrero industrial y aquel profesional burócrata estatal. Hoy ninguna de esas dos identidades tuvo la relevancia de aquel tiempo. Hoy es otro tipo de trabajador; de los servicios, nómade, y los nuevos profesionales que están en una situación socioeconómica en que, si se enferma un familiar, pueden caer cuatro deciles. Eso es el nuevo pueblo.

-¿Y este nuevo pueblo sigue vigente y activo?

-Es que yo me refiero a la geografía que adopta una sociedad en un momento dado, que es distinta a la del siglo XX. Ahí se generaron otras capas subalternas que terminan configurando un nuevo sujeto popular. 

Ahora, hacia dónde va a enfilar ese sujeto popular, cómo va a empujar una transformación del régimen político y del modelo de desarrollo, eso aún está absolutamente por verse, recién está empezando. 

-¿Y qué pasa con las protestas que siguen en Plaza Dignidad? ¿Cómo ha mutado el espíritu de estas y de quienes asisten? A propósito de la agresión que sufrió la convencional Giovanna Grandón (Tía Pikachu) hace unos días, siendo que fue símbolo del 18 de octubre.

-No sé si ha cambiado el espíritu de las protestas. Yo creo que este lunes lo vamos a ver realmente. Y si no hay provocación, espero que pueda ser una celebración pacífica y masiva. Ahora, lo que sí hay de fondo es que este proceso todavía no tiene una representación política y, por lo tanto, cualquier intento de atribuírselo, de momento, es rechazado.

-¿Eso explica lo que le pasó a Giovanna Grandón?

-Lo primero es decir que esa agresión no tiene justificación. Ahora, sí creo que existe un exceso de atribuirse la representación de este proceso, cuando es muy heterogéneo. Por supuesto que es innegable que ella representa a ciertos sectores de este proceso, pero si alguien se atribuye la representación de este proceso, lógicamente va a ser foco de crítica de algunos sectores. Eso aplica también para quienes la agredieron.

“Ya no existen esos cheques en blanco de los años 90”

-Viéndolo desde la perspectiva presidencial. ¿Cree que Gabriel Boric y Apruebo Dignidad tienen la capacidad para canalizar a este “nuevo pueblo” post Estallido?

-Eso es muy difícil de ver, y no es que esté eludiendo la pregunta. Porque también es una responsabilidad compartida, más allá de Gabriel, al nuevo gobierno. Yo creo que, cualquiera que sea el nuevo gobierno, no va a tener más de dos o tres meses de paciencia de la sociedad. Con una sociedad tan propensa a la movilización, va a estar impelido de tomar medidas prontas. Ya no existen esos cheques en blanco de los años 90. El desafío del Frente Amplio y de Apruebo Dignidad, es ampliarse hacia los movimientos sociales de una manera que no lo hizo, por ejemplo, en las listas para la elección de constituyentes.

“Yo creo que, cualquiera que sea el nuevo gobierno, no va a tener más de dos o tres meses de paciencia de la sociedad. Con una sociedad tan propensa a la movilización, va a estar impelido de tomar medidas prontas”.

-Ese análisis dice que Apruebo Dignidad debería ampliarse hacia la izquierda. Pero el relato de la campaña de Boric apunta más hacia la centro izquierda, particularmente con el electorado PS ¿Qué le parece esa dirección de su campaña?

-Más que ponerlo en el eje izquierda-derecha, lo que trato de decir es que tiene que abrirse hacia las expresiones sociales porque forma parte de una esfera política que fue desafiada por la Revuelta Social, eso incluye a la izquierda. Yo diría que hacia esa dirección hay que avanzar para encauzar este malestar social.

-Pero a Boric se le ve apostando por impulsar transformaciones de la forma más institucional y buscando apoyo de los partidos clásicos, como el PS, en vez de apoyarse más fuertemente en los movimientos sociales

-Claro, ahí sí estoy de acuerdo. Porque si te estás corriendo hacia el lado del PS o hacia el lado del PC, sigues corriendo en una banda que está desanclada. Entonces, ahí es donde todos estos actores sociales tienen que tener una participación relevante. Me parece que eso es escuchar, reajustarse como izquierda o como Frente Amplio frente a lo ocurrido y a lo que vamos a conmemorar en este proceso.

Ahora, esto no solamente es un problema del nuevo gobierno, sino también de la propia Convención. Ambos procesos van a ir en línea y representan la posibilidad de que se recupere alguna confianza en que pueda haber un procesamiento institucional, a través de una deliberación racional democrática de las demandas existentes.

-En la última CEP se dice que la gente valora los acuerdos en la Convención, prefiriendo un discurso moderado. ¿Cree que la impronta del 18 de Octubre se mantiene o se ha moderado?

-Creo que todavía la gran mayoría popular, excepto en el plebiscito del 25 de Octubre, no se ha manifestado. Insisto que estamos en un contexto de mayorías políticamente inexistente, por lo tanto, quien asuma todavía lo va a hacer con respaldos políticos débiles, a menos que ocurra que una fuerza política se abra a la amplitud social. Hubo casi un 57% de abstención en la elección de constituyentes, ahí tienes una enorme mayoría silenciosa que no sabemos de qué manera va a expresarse.

-¿Esa mayoría silenciosa no conecta con la política?

-Bueno, ese es el tema. O más bien al revés: es la política la que no conecta con esa mayoría. Aquí se exageró mucho una suerte de utopía elitaria que dominó la Transición, que fue una suerte de política sin sociedad. Entonces, muchas de las transformaciones para que alcancen realmente niveles de legitimación, se va a demandar participación vinculante, no consultiva.

-El próximo gobierno se va a topar con un Estado deslegitimado, en crisis sanitaria, económica y política. ¿Cómo se pueden compatibilizar las transformaciones con la crisis?

-Insisto: si abres las formas de participación, si abres las estructuras de tu política y no la sigues manteniendo como burocracia cerrada y distribuciones de cargos, obviamente que vas a enfrentarte a una situación compleja amparado en una legitimidad muy precaria: vas a ser desafiado, obviamente, por la protesta. Si tú te enfrentas de manera abierta, incorporando a esos actores para resolver una situación que es de todos, es distinto.

-¿Qué postura tiene sobre el acuerdo del 15 de Noviembre por la nueva Constitución? ¿Qué opina de la posición de Boric, que lidera una coalición donde no todos apoyan ese acuerdo que él firmó?

Mira, voy a empezar al revés. La posición que en este relato tiene Gabriel como candidato presidencial, se resolvió democráticamente en unas primarias. Por lo tanto, no tiene una conexión con que haya sido o no el responsable de la apertura del Proceso Constituyente y las condiciones en que se hizo esa apertura constituyente. 

-¿Y cuál es su visión del acuerdo?

-Hay que recordar el contexto de esa fecha. Estábamos en una situación que yo no sé si resistía 24 o 48 horas más. Tengo la impresión de que ahí hubo una derecha muy lúcida, en el sentido de sus propios intereses, que la encabeza Coloma en ese momento, que dice que hay que hacer una oferta ya para producir alguna señal. Eso genera una situación que yo defendí desde el principio, porque no eran las condiciones que podríamos haber deseado, pero se abrió un pedazo de la puerta y había que meter la pata, para terminar de abrirla. No podemos esperar que los sectores que han dominado el país con un neoliberalismo que tiene casi 50 años ya, vayan a entregar la posibilidad de desmantelar ese modelo de una manera tan sencilla.

Hay que recordar que el Congreso no estaba sólo bajo presión, estaba completamente sitiado en un momento de suma fragilidad de la institucionalidad. Porque eran 24 o 48 horas que seguían que podrían haber sido muy complejas. Al menos eso sí lo vio venir cierta derecha, la misma que dice que no vio venir nada.

Nueva Constitución política: “Estamos ad portas de un gran cambio histórico”

-Entrando en la Convención, hasta ahora lo que hemos visto han sido temas de reglamento. ¿Qué le hubiese gustado que pasara con el quórum de dos tercios?

-Creo que estamos en un proceso en que no nos podemos dar gustos. Por lo tanto, no podemos esperar que las cosas sean de inmediato todo lo democráticas que quisiéramos que pudieran ser, como por ejemplo con una mayoría simple. Ahora, estamos en un momento complejo de fuerzas que protagonizan un esfuerzo de obstrucción de las transformaciones, el conservadurismo en este país es muy fuerte.

Por ejemplo, la posibilidad de democratizar las instituciones que dirigen el modelo de crecimiento genera una resistencia empresarial brutal, entonces hay una gran dificultad para abordar muchos temas. Si ese obstruccionismo se impone, va a generar un vacío en términos de capacidad de institucionalizar las demandas y de generar un procesamiento político democrático de todo lo que ha estado nutriendo a la Revuelta. 

Estamos en un proceso en que no nos podemos dar gustos. Por lo tanto, no podemos esperar que las cosas sean de inmediato todo lo democráticas que quisiéramos que pudieran ser, como por ejemplo con una mayoría simple“.

-Con ese preámbulo, ¿para usted los dos tercios están bien aplicados o no?

-Tengo la impresión de que este Proceso Constituyente se abrió con ciertas restricciones democráticas y que todavía no están dadas las condiciones para abrirlo más, eso se va a ir construyendo en el camino. Pero todavía estamos sometidos a la fuerza de ese ímpetu conservador, que no es sólo de la derecha, también ahí están los tipos cómo (Felipe) Harboe y otros más.

-En el sentido de que esto se vaya abriendo de a poco. ¿Cree que los plebiscitos dirimentes son una alternativa para esa apertura?

-Tal cual. Es una alternativa más, digamos. También creo que pueden haber consejos consultivos y otras formas de que la gente pueda participar.

-Usted fue candidato a la Convención…

-Sí, pero ahí yo caí con Covid.

-¿En el periodo de campaña?

-Sí, ahí me quedó la tendalada. Todavía estoy con tratamiento.

-Usted tuvo la chance de estar en la Convención. ¿Cómo ve la organización de las fuerzas en la Convención, pensando que el FA y el PC han votado de forma diferente, a pesar de ser coalición en Apruebo Dignidad?

-Mira, antes de hablar de la geografía interna de la Convención, yo creo que lo que sí se demanda es un gran debate de actualización de la izquierda.

-¿En qué sentido?

-Que se redunde la construcción de un programa de transformación, que no sea un listado de política públicas parciales. Eso todavía se sigue expresando a veces en desajustes en los apoyos. Aquí te estoy respondiendo lo que no había respondido en la pregunta anterior: es un problema de apropiación de las nuevas condiciones que está planteando la sociedad.

Respecto a las formas de alineación en la constituyente, recién ahora vamos a ver realmente la voluntad transformadora efectiva que existe o la de obstrucción que se pueda manifestar allá adentro. Cuando aparezca la posibilidad de empezar a democratizar las instituciones que dirigen el modelo de crecimiento, por ejemplo, y que salgan del nivel de colonización empresarial en el que están sumidas, ahí vamos a ver qué gallos cantan.

-¿Qué es lo que espera de la discusión de fondo en la que va a entrar este lunes 18 la Convención?

-Hay un gran elemento hacia el cual tienen que dar un salto histórico, en general, las fuerzas transformadoras. Eso es concebir un proceso de ampliación de la democracia donde no todo sea simplemente oferta de más Estado, sino de más participación social. 

Yo soy optimista y creo que estamos ad portas de un gran cambio histórico. El 18 de Octubre, quieran o no, marcó el fin de una etapa y recién ahora estamos entrando en cómo se va a construir esa nueva etapa histórica. Hay que recordar que estas puertas no se abrieron por la iluminación de la clase política: las abrió la Revuelta.


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