Patricio Vera

Bajo la lupa: Las propuestas de los candidatos para actualizar el sistema de pensiones

Los candidatos presidenciales incluyen en sus programas distintas propuestas para enfrentar el acalorado debate en torno a las pensiones. Aquí las visiones de expertos sobre estas propuestas que podrían encauzar el sistema previsional del país. Coinciden en que faltan miradas a largo plazo.

El sistema de pensiones fue, sin lugar a dudas, uno de los mayores blancos de críticas durante el estallido social; y el reclamo no se ha detenido desde entonces.

En las calles, en las redes sociales, en debates y varios otros espacios se ha criticado que el sistema actual deja a muchos jubilados con escasos fondos para subsistir. La preocupación no ha sido sólo de los adultos mayores, sino que también ha hecho eco entre jóvenes que están a décadas del retiro, pero que en muchos casos han visto a sus padres o abuelos sufrir carencias y no quieren el mismo destino.

En el período de pandemia, las críticas no hicieron más que crecer. Se llevaron a cabo los controvertidos retiros de 10% de los fondos, medida que según expertos es un paso peligroso: afectarán las pensiones futuras, aumentarán la carga fiscal del Estado para compensar las jubilaciones y, de paso, repercute en la tendencia inflacionaria.

El gobierno de Sebastián Piñera impulsó el desarrollo de un proyecto de reforma al sistema, aunque éste lleva meses estancado en el Congreso. Antes de eso, la exmandataria Michelle Bachelet ya había presentado un plan de reforma sobre el tema, pero no obtuvo los apoyos necesarios en el Parlamento.

La materia, por supuesto, se ha convertido también en pieza clave de los programas de los candidatos presidenciales que se me medirán en las elecciones del 21 de noviembre. Algunos proponen terminar con el modelo actual y otros apuestan sistemas mixtos. Aunque todos coinciden en incluir una pensión básica universal, los matices diferenciadores están respecto a si los aumentos deben dirigirse a cuentas individuales o al fondo solidario.

La preocupación no ha sido sólo de los adultos mayores, sino que también ha hecho eco entre jóvenes que están a décadas del retiro, pero que en muchos casos han visto a sus padres o abuelos sufrir carencias y no quieren el mismo destino.

El debate se anuncia álgido. “Hay pocos consensos en la sociedad respecto al sistema de pensiones. No es que haya en la sociedad un sistema idealizado o perfecto, yo creo que estamos llenos de contradicciones, de preguntas, de dudas y de muy pocas certezas. Pero, si hay una certeza instalada en la sociedad es que las pensiones hoy día no alcanzan”, estableció el director de Criteria, Cristián Valdivieso en el debate “Desafíos y propuestas presidenciales para un sistema de pensiones sostenible”, organizado por la Cámara Chilena Norteamericana de Comercio (AmCham Chile).

Mercedes Benz”

El sistema de pensiones privados fue ideado por José Piñera -hermano del Presidente- y nació en 1981, durante la dictadura de Augusto Pinochet. Se trata de un modelo pionero en la capitalización individual y que obliga a cada trabajador a aportar un 10 % mensual de su sueldo a un fondo gestionado por las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) del que luego puede disponer cuando se jubila. Su creador lo apodó el “Mercedes Benz” de las pensiones.

Las AFP -que tienen miles de millones de dólares en inversiones en Chile y el extranjero y cuyo valor total equivale al 80% del PIB del país– prometían un sistema de capitalización individual más sostenible que el anterior, de reparto, que suponía financiar a los más viejos con fondos de los que estaban aún trabajando activamente.

Los jubilados, a quienes se les prometió recibir un 70% de sus salarios finales, usualmente reciben un monto muy inferior: según datos de la Fundación Sol, la mitad de los contribuyentes recibe menos de 215.000 pesos al mes.

Es que, en la práctica, muchas personas no son capaces de aportar lo suficiente como para recibir un pago adecuado. Según cifras oficiales, un tercio de los chilenos trabaja en empleos informales (y, por ende, cotizan de forma voluntaria). Esto, sumado a los desempleados y a muchas personas (en su mayoría mujeres) que dejan su trabajo para cuidar de sus hijos, hace con que el ahorro que se acumula en las cuentas individuales sea insuficiente para financiar una pensión acorde a lo esperado.

En el modelo actual, además, la participación del Estado es mínima y se da a través del llamado Pilar Solidario, dirigido a quienes tienen las pensiones más bajas. Se trata de algo que fue implementado recién en 2008 por la entonces Presidenta Bachelet. “El principal grupo beneficiario fue el de las mujeres dueñas de hogar, que se quedan en la casa al cuidado de los hijos, que es una labor no remunerada y que, por lo tanto, no tenían cotizaciones de pensiones”, explica José Luis Ruiz, PhD en Ciencias de la Gestión y Economía Aplicada de la Universidad de Pensilvania y académico de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Chile.

Los jubilados, a quienes se les prometió recibir un 70% de sus salarios finales, usualmente reciben un monto muy inferior: según datos de la Fundación Sol, la mitad de los contribuyentes recibe menos de 215.000 pesos al mes.

Por otra parte, quienes defienden el esquema de las AFP aseguran que el problema no es el sistema en sí, que en su momento impulsaron un auge económico interno al llevar liquidez al mercado de valores, sino los bajos sueldos, un mercado laboral débil y una población que envejece cada vez más.

“Las bajas pensiones son el resultado de los bajos niveles salariales, y el período de retiro es demasiado largo en relación con el período de trabajo”, dijo el presidente de AFP Habitat, Cristian Rodríguez, en un evento en agosto de 2020.

¿Seguir o no con las AFP?

En medio de la discusión de fondo de cambio al sistema de pensiones y de la contingencia puntual de los retiros paulatino de esos dineros, los programas de los candidatos presidenciales exhiben sus propuestas sobre el tema.

Los cuatro principales candidatos -que ocupan los primeros lugares en las encuestas- hablan de reformas importantes en el sistema de pensiones, pero en ningún caso se eliminarían las AFP.

En el caso del candidato de Apruebo Dignidad, Gabriel Boric, estas instituciones pasarían a ser parte de un Pilar de Ahorro Voluntario. En su programa se habla de una propuesta previsional basada en tres pilares: uno, un Pilar No Contributivo con una Pensión Base Universal; dos, un Pilar Contributivo de Seguridad Social de Contribución Definida con cotización de trabajador y empleador que van a cuentas previsionales individuales que generan interés del ahorro y del crecimiento de los salarios; y tres, un Pilar de Ahorro Voluntario.

En opinión de José Luis Ruiz, economista de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, el punto dos de la propuesta es lo equivalente a crear una cuenta nocional: esta consiste en un registro contable individual, integrado por las cotizaciones realizadas durante la vida activa de la persona y los rendimientos teóricos de estos aportes.

Su estructura es similar a una cuenta de capitalización individual, sólo que la rentabilidad obtenida es hipotética y se vincula principalmente a la variación de los ingresos por una variable económica -en el caso del programa de Boric, los salarios- que asegure también la sostenibilidad del sistema. Por eso, el experto sostiene que se trata de una propuesta que representa “un gran compromiso a nivel de Estado”, por lo que es clave “que hubiera un acuerdo transversal de la clase política de comprometerse a respetarlo”.

En medio de la discusión de fondo de cambio al sistema de pensiones y de la contingencia puntual de los retiros paulatino de esos dineros, los programas de los candidatos presidenciales exhiben sus propuestas sobre el tema.

Para Ingrid Jones, economista del Instituto Libertad y Desarrollo, el gran problema de la propuesta del candidato es que “no se especifica cómo se gatillará el cambio del sistema de las AFP”.

En el caso de la candidata de Unidad Constituyente, Yasna Provoste, se propone avanzar a un sistema mixto con financiamiento tripartito (trabajador, empleador y Estado). Esto significaría incluir un pilar básico con impuestos y se espera que el monto llegue a sobre la línea de la pobreza. Sobre las AFP, detallan en su equipo que seguirán existiendo, pero más como “gestoras de inversión”, con el objetivo de entregar rentabilidad, pero regulando los actuales multifondos.

“Las AFP entregarán servicios de gestión financiera, pero todo lo que tenga que ver con la recaudación y pago de pensiones hay que aprovechar las economías de escalas, y ahí la entidad pagadora puede ser el Instituto de Previsión Social”, explicó Hernán Frigolett, asesor económico del equipo de Provoste, a La Tercera.

Al respecto, Ruiz sostiene que se trata de una idea poco eficiente y que tiene un problema de “viabilidad de autofinanciamiento”. Como en el caso de la propuesta de Boric, sostiene, “el Estado tendría que colocar más recursos en algún momento”.

La propuesta del candidato Sebastián Sichel mantiene un sistema de capitalización individual, sólo que con la instalación de una pensión básica solidaria que apunte sobre la línea de la pobreza. Pero, como explicó el asesor del equipo de Sichel, Patricio Rojas, están abiertos a que haya más instituciones, ya sea privadas o sin fines de lucro a cargo.

Por último, el plan del candidato republicano José Antonio Kast es “profundizar y mejorar el sistema de capitalización individual”, pero no indica cómo hacerlo. Al menos en términos de si sigue existiendo o no el sistema de AFP, la respuesta es sí.

Pensión básica universal

Según el programa de Boric, la ampliación gradual del gasto público para la Pensión Básica Universal eventualmente podría pasar del 3,7% del gasto público que se destina actualmente a un 5,2% en el año 2030.

Los analistas consideran que dada la magnitud de recursos que se requieren y las restricciones fiscales actuales, la propuesta del candidato es muy ambiciosa, de lenta aplicación, y probablemente generaría un mayor nivel de deuda en el mediano plazo.

Desde Unidad Constituyente, el programa de la candidata Provoste detalla que habría una Pensión Básica Universal de 225.000 pesos para el 90% de la población mayor de 65 años, que se implementaría en los 100 primeros días del gobierno.

Jones sostiene que esta medida en 2022 se ubicaría en 2,3 veces el gasto del pilar solidario de 2020. “Esto es un esfuerzo fiscal importante que se incrementa en el largo plazo, por lo tanto, es necesario garantizar su financiamiento y aún no tenemos certezas respecto de los caminos que se plantean, ni qué proporción de la tasa de cotización va a ahorro individual o colectivo”, dice la economista, añadiendo que esto es lo equivalente a reformar el sistema en función de lo que se defina en la Convención Constituyente sobre seguridad social.

En la misma línea, para el economista Víctor Valenzuela, la pensión básica universal que proponen Boric y Provoste tiene un gran costo que es difícil de financiar: “Dicen que estará asegurada por 50 años, pero para hacer eso ¿cómo se completa? Teniendo que tomar todos los fondos actualmente que hay, metiéndole más aporte fiscal, que es aumentar impuestos, a empresas y personas. Esa es la forma en que se completan los fondos y, si lo dicen así, los números podrían cuadrar, siempre y cuando logren recaudar lo que dicen que van a recaudar cobrando impuestos. Pero esto es algo que pongo en duda, porque en ninguna parte lo han logrado”, explica.

Sichel plantea una pensión básica solidaria de $178.000 para todos quienes nunca hayan cotizado, y por otro lado a quienes sí tengan algún ahorro previsional, se le suma el aporte previsional solidario de $178.000 hasta que alcance el salario mínimo líquido de $270.000. Luego de esto, para quienes tienen más ahorros, el aporte previsional solidario empieza a disminuir hasta que la pensión total queda en alrededor de los $600.000. Más allá de eso, toda pensión se basaría en lo que cada individuo alcanzó a ahorrar con sus cotizaciones individuales.  

https://www.theclinic.cl/2021/10/19/columna-de-manfred-svensson-en-reflexion/

Jones considera que, en comparación con las propuestas de Boric y Provoste, ésta “es más conservadora y más responsable fiscalmente, lo que es favorable en el corto plazo pensando en las restricciones fiscales que tenemos actualmente y la hace más sostenible a largo plazo”. Ruiz coincide: “Es una idea que tiene realismo de lo que va en el avance del país”.

Kast también se propone incorporar una Pensión Básica Universal para todos los mayores de 65 años que permita llegar a una pensión mínima de $337.000, financiándolo con parte del IVA. Sin embargo, tanto Jones como Ruiz creen que esto podría llevar a un mayor nivel de deuda, por lo que el éxito de la medida depende directamente de un mayor crecimiento económico, reasignaciones de gasto público y búsqueda de una mayor eficiencia de éste.

Ruiz añade que “hay países que han hecho esto y no han mostrado muy buenas cifras para la economía en general porque hay un efecto multiplicador: si tú aumentas el IVA, le estás quitando poder de gasto a la gente, porque en el fondo todo es más caro”.

Otras ideas

Todos los candidatos coinciden en que se debe aumentar el porcentaje de cotización. Boric y Sichel lo establecen en 16% (10% trabajador y 6% empleador); Provoste de 16 ó 18% (10% trabajador y 6 u 8% empleador) y Kast 14% (4% extra a cargo del trabajador).

De acuerdo con distintos economistas, si todos mantuvieran el sistema de capitalización individual, esas cifras generarían cambios positivos para los pensionados, porque mientras más plata se aporta a dicha cuenta, mayor es el monto de la pensión.

Sin embargo, cuando se aumenta la cotización de los empleadores, se encarece la generación de empleos o los aumentos de sueldo, lo que puede traducirse en un incentivo para disminuir la base imponible de las remuneraciones.

Otra propuesta que aparece, pero solamente en el programa de Kast, es el aumento de la edad de jubilación de las mujeres. “A las mujeres que entran a la fuerza de trabajo en 2022 se les podría subir la edad de retiro a 61 años. A las que entran en 2023 se les subiría a 62 y así hasta igualar la edad de retiro con la de los hombres (65). Esto es fundamental para dar la señal de corregir una discriminación negativa que hoy existe en contra de las mujeres”, dice en su programa.

Todos los candidatos coinciden en que se debe aumentar el porcentaje de cotización.

No obstante, Ruiz advierte que en los países que se ha propuesto cambiar la edad de jubilación se ha desatado una ola de críticas.

Problemas a la vista

En opinión de los expertos consultados para este reportaje, el mayor problema de las propuestas de los candidatos es que son cortoplacistas.

“Yo veo poca maduración de muchas propuestas para la realidad chilena y eso es muy preocupante. Sobre todo en propuestas de largo plazo que son tan clave. Me gusta una frase de José Ramón Valente que dijo: ‘buenas intenciones y malas políticas públicas son un desastre para el país’. Hay políticas que suenan muy bien, pero no es así en la realidad”, sostiene Ruiz.

Osvaldo Larrañaga, economista y académico de la Universidad Católica plantea, en la misma línea, que “el desafío que enfrenta la política pública en esta materia es reformar la arquitectura del sistema de pensiones a objeto que cubra de modo mucho más eficiente y equitativo la provisión de ingresos en la vejez, y que ello sea sostenible en el tiempo”.

Se trata de un desafío al que se enfrenta Chile y varios otros países, porque la población y el mercado laboral va constantemente mutando, y sin actualizaciones razonables, todo sistema queda obsoleto. Especialmente, coinciden los expertos, considerando el ritmo en que actualmente envejece la población. Para 2030, se espera que el 17% de la población chilena sea adulta mayor.


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