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Las mil historias del Tavelli: la icónica cafetería que resiste el paso del tiempo y reúne desde escritores y artistas hasta personalidades del mundo político

Lejos de los cafés de especialidad y otras hierbas que en la actualidad desvelan al rubro cafetero, esta tradicional cadena de cafeterías santiaguina ha logrado forjar a lo largo de los años un perfil que la hace realmente única. Con las sucursales más tradicionales del Drugstore y Manuel Montt, donde se reúnen desde artistas y escritores, hasta políticos y deportistas. Un punto de encuentro en la capital. Aquí, su gerente general y personajes habituales narran numerosas historias que han vivido en ese lugar.

Por 1 de Junio de 2024
Fotos: Felipe Figueroa
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Cualquier persona que visite la ciudad de Santiago y tenga un mínimo sentido de observación se dará cuenta que en diversos puntos de la urbe es posible encontrarse con sucursales de la cadena de cafeterías Tavelli. De hecho, están repartidas por diversas comunas del sector oriente, pero también en Quilicura, Maipú, San Miguel y La Florida. En total son dieciocho locales en la Región Metropolitana más uno en Viña del Mar.

Pero mientras las cadenas de todo tipo de servicios, desde restaurantes de comida rápida hasta farmacias, tratan de ofrecer un puñado de sucursales lo más parecidas posibles y con un servicio altamente estandarizado, en los diferentes Tavelli pareciera que el asunto es todo lo contrario.

Hay sucursales que están al nivel de la vereda, otras que cuentan con estacionamientos y también algunas que funcionan al interior de malls y centros comerciales. Además, no todas son de las mismas dimensiones.

Sin embargo, lo más característico de “los Tavelli” es que la gran mayoría de sus locales responden a una clientela bien identificada y, por lo mismo, muchos de estos lugares han desarrollado un perfil propio y ampliamente reconocido por clientes y ciudadanos en general. Así las cosas, podríamos decir sin temor a equivocarnos ni ser exagerados, que el Tavelli y sus cafés son ya parte del paisaje santiaguino.

Un lugar de encuentro

Así reza el slogan de esta cadena y la verdad es que eso es justamente lo que sucede en buena parte de sus sucursales. Es que prácticamente en todos los Tavelli se genera una verdadera comunidad entre los clientes que visitan el café prácticamente a diario y el personal que los atiende. “Nuestros empleados son los que hacen la diferencia en cada local”, explica Jesús Selman, gerente general de Tavelli, quien agrega que “inevitablemente nacen lazos entre el personal y los clientes, porque en muchos casos se trata de clientes que visitan los cafés todos los días. Y así, nuestro personal termina conociendo los gustos de los clientes y hasta sus nombres”.

Además de esta cercanía entre clientes y personal que se da en las cafeterías, otra particularidad de esta cadena es el perfil propio que muchos locales han ido tomando con el paso de los años. “Mientras los locales de Apoquindo o Nueva Las Condes son más de reuniones de oficinistas que trabajan en esos sectores, la cafetería de Manuel Montt tiene un perfil más político y el del Drugstore es más bohemio, porque ahí llegan muchos escritores y periodistas”, relata Selman.

¿Cómo se llegó a todas estas particularidades en una cadena de cafeterías? La verdad es que la historia es larga. Esta empresa partió como tal hace más de cuarenta años en manos de las familias italianas Tavelli y D’Alessandri, en un local emplazado en Avenida Las Condes a la altura del 7.000, y en el que en su subterráneo funcionaba la fábrica de los productos que ofrecía la cafetería.

Ese local ya no existe debido a un proyecto inmobiliario que se pretende desarrollar en ese paño y que -dicen- volvería a albergar a la emblemática sucursal del Tavelli una vez que se concrete la construcción de dos torres de diez pisos con destino habitacional.

Más allá de esta historia, lo cierto es que con el paso de los años Tavelli fue creciendo con varios más locales en el sector oriente de Santiago y eso fue una de las cosas que llamó la atención a la familia Selman, que compró la compañía en 2003.

“Nosotros veníamos del mundo de las farmacias, así que en un principio crecimos mucho, llegamos a tener como treinta locales, pero luego nos dimos cuenta que esto era un negocio distinto y llegamos al tamaño actual”, cuenta Jesús Selman, agregando que dejaron el modelo de franquicias tradicional y adoptaron “uno más particular, en el que la mayoría de los franquiciados somos familiares y, además, tenemos un sistema de gestión centralizado”. 

Jesús Selman, gerente general de Tavelli.

Cada Tavelli tiene su cuento

Según cuenta el propio Jesús Selman, la sucursal número uno en ventas de la cadena Tavelli es en este momento la de la calle Manuel Montt. Sin embargo, más allá de este aspecto, lo cierto es que esta sucursal es conocida por ser bastante concurrida por políticos de todos los sectores. Así las cosas, no es raro encontrarse en sus mesas con gente como la actual concejala y exalcaldesa de Providencia Josefa Errázuriz o con Jorge Saint-Jean, expresidente de Evópoli.

“Es un lugar muy piola e ideal para hacer reuniones políticas. Primero, porque es amplio, así que te puedes instalar en alguna mesa sola en algún rincón y puedes conversar sin problemas ni temor a ser escuchado”, explica un personero de oposición, quien destaca que “también se valora que tiene un estacionamiento que nunca está muy lleno, lo que es muy útil para los que llegan en auto. Y por otro lado, este mismo estacionamiento sirve como barrera visual para los peatones que pasan por la vereda de Manuel Montt y no logran ver quiénes están adentro”.

Alguien que fue muy asiduo a este Tavelli durante décadas pasadas fue el médico, escritor y exembajador de Chile en Canadá, Francisco Rivas. “Vivía en Ñuñoa, así que me quedaba bastante cerca esa cafetería, que era un lugar agradable y con buen café, ideal para juntarse a conversar”, rememora Rivas desde el puerto de San Antonio, donde reside actualmente, y agrega que “solía juntarme ahí con amigos como Germán Salvo y Poli Délano”.

Otro habitué del Tavelli de Manuel Montt es el cientista político y panelista de radio y televisión Alfredo Joignant, quien reconoce haber partido frecuentando el local ubicado en el Drugstore, pero que ya lleva más de quince años afincado en esta sucursal.

“Me queda muy cómodo, porque vivo a pocas cuadras de ahí y me es un lugar ideal para poder desarrollar mi pasión por la lectura y la escritura. Además, atendido por garzones que conozco”, relata.

Por lo mismo, se comenta -medio en broma y medio en serio- que varios de sus libros y publicaciones tienen como lugar de origen el Tavelli de Manuel Montt. Ahora bien, más allá del perfil político de esta sucursal, muchas personas asocian este lugar con un hecho relacionado con el deporte.

En noviembre de 2011 los entonces seleccionados nacionales Jorge Valdivia y Jean Beausejour llegaron a eso de las nueve de la mañana junto a un par de amigos a tomar desayuno en un estado que -según declararon clientes a la prensa- evidenciaba que habían estado de fiesta la noche anterior. Obviamente el hecho se transformó en un escándalo que trascendió del periodismo deportivo y -de paso- puso al Tavelli en el centro de la atención. 

La joya de la corona

Más allá de las cifras en ventas o los metros cuadrados de cada local, lo cierto es que el Tavelli ubicado en la galería Drugstore de Providencia es, sin duda alguna, el más icónico de la cadena. Y por lo mismo, la que concentra mayor cantidad de historias a su haber. Es que en este lugar la mezcla entre escritores, políticos, periodistas, escritores y artistas en general es más que amplia y sostenida en el tiempo.

De hecho, aquí Alfredo Joignant Muñoz, exIntendente de Santiago y director de la Policía de Investigaciones durante el gobierno de la Unidad Popular (y padre del antes mencionado cientista político Alfredo Joignant Rondon) solía juntarse en este lugar con viejos amigos del Partido Socialista hasta no mucho tiempo antes de su muerte, ocurrida en junio del año pasado.

Sin embargo, probablemente el más famoso de los parroquianos de este Tavelli que ya no está es el dramaturgo Jorge Díaz, quien durante muchos años caminó desde su departamento en la vecina calle Padre Mariano para llegar a instalarse en una mesa medio arrinconada en la terraza del Drugstore, donde -siempre acompañado de un expreso doble- atendía a actores y periodistas, además de trabajar en sus obras.

De hecho, uno de sus últimos trabajos -falleció en 2007- fue una pieza teatral que estaba dedicada a los garzones del Tavelli, tal como rezaba un afiche de la misma y que fue instalada, era que no, en una de las vidrieras de la cafetería.

Pero más allá de estos recuerdos, lo cierto es que cada vez que uno visita este Tavelli, a la hora o el día que sea, siempre se topará con alguien más o menos conocido. Desde el actor Adriano Castillo resolviendo crucigramas en una mesa al interior del local, pasando con gente tan diversa como el abogado Francisco Javier Leturia del Consejo para la Transparencia, el exembajador Carlos Parker, el escritor Rafael Gumucio, el crítico de arte Justo Pastor Mellado o el también escritor y cronista Roberto Merino. Aunque este último suele ser también habitué del vecino café Sebastián.

Sin embargo, según se comenta, cuando debe trabajar en un texto opta por el Tavelli, ya que está más tranquilo y -muy importante- hay muchos enchufes disponibles para el computador. 

“Es un lugar agradable y fácil de llegar para los que vivimos por el sector”, define a esta cafetería el sociólogo Jaime Ensignia, quien desde los años 90 se junta todos los sábados por la mañana con un grupo de personas relacionadas con el mundo de la política internacional. “Los sábados son fijos para mí acá, pero igual en la semana suelo pasar varias veces”, agrega Ensignia.

Otro que no falla en este Tavelli es el abogado y relator de fútbol Alejandro Lorca. “Hace unos veinticinco años que visito ese Tavelli con cierta frecuencia. Recuerdo que partí porque quería tener una hora al día para la contemplación de la gente y la lectura, y como me quedaba cerca de mi oficina, comencé ahí esta rutina. Y así con el paso de los años fui conociendo gente y la lectura también dio paso a las conversaciones con los que uno llama los amigos del café”, explica Lorca, destacando en ese grupo a gente como el ya fallecido Erick Polhammer, el exárbitro internacional Iván Guerrero y el periodista Nelson Osses.

“Incluso me junto ahí con algunos compañeros de colegio con los que aún tengo contacto”, dice Lorca, agregando que “el Tavelli le queda cómodo a todos, es un punto de encuentro de Providencia. Por eso se ve de todo: políticos activos y retirados, periodistas, actores… de todo”. Aunque también, aclara Lorca, “lo uso para trabajar.

Por lo general mi primera reunión con un cliente es en el Tavelli y no en mi oficina. Es que muchas veces las consultas no dan para un caso y menos para cobrar, así que por lo menos que me inviten a un café”, explica el también relator de fútbol, quien reconoce que visita esta cafetería por lo menos unas tres veces por semana y que lo seguirá haciendo mientras “el tiempo y la economía me lo permitan”. 

Más historias

Una nota de El Mercurio fechada el 29 de enero de 1993 muestra al escritor Ariel Dorfman recibiendo a un periodista del diario precisamente en el Tavelli del Drugstore para explicarle cómo le había exigido al director del montaje neoyorquino de “La muerte y la doncella”, Mike Nichols, que la actriz Glen Close respetara un diálogo en que su personaje debía decir: “¿Quieres que después nos encontremos con él en el Tavelli?”, respondiéndole a la petición de su marido, para que liberara al médico que la había torturado en prisión y que ahora mantenía cautivo en su hogar.

“El Tavelli queda porque es el lugar donde yo imaginé que alguna vez podría ocurrir este tipo de encuentros”, le dijo Dorfman a Nichols. Un encuentro nada de agradable fue el que tuvo el profesor universitario Patricio Rivas en el Tavelli de la Avenida Príncipe de Gales, en La Reina. Fue un domingo de octubre por la mañana a inicios de la década del 2000. Rivas se juntaba siempre en ese horario con Luis Torres, por ese entonces rector de la Universidad ARCIS, donde Rivas hacía clases.

“Recuerdo que en otras mesas estaban José Miguel Insulza con su familia, el economista Manuel Riesco y más apartado el entonces senador Guido Girardi”, cuenta Rivas desde Ecuador, donde actualmente reside, y continúa: “En un momento Maño (Manuel) Riesco me dice que el Brigadier (Pedro) Espinoza está desayunando en un rincón de la terraza, que le funemos”.

Vale la pena aclarar que en ese momento Espinoza estaba bajo el régimen de prisión preventiva en el Comando de Telecomunicaciones del Ejército en Peñalolén, por lo mismo, su presencia ahí era totalmente irregular.

“Maño llega a la mesa de Espinoza y lo increpa por asesino y también por estar ahí. Él nos pregunta quiénes somos, yo le digo que los que nos salvamos del Informe Rettig y mira sin comprender mucho. Le insisto en la respuesta y Maño le dice asesino. Sus dos escoltas con su pelo corto y tarjes formales ponen cara de no querer estar ahí. La mayoría de la gente del café miraba con interrogación y sonrisas, un sector menor con reprobación. Pero el clima general era de sorpresa”, relata Rivas y destaca que “luego, de forma rápida y confusa irrumpe, otro orden de los hechos. Riesco empuja a los escoltas, estos toman a Espinoza casi de la mano y se van lento mirando hacia nosotros. Le sugiero al Maño que se vaya en su bicicleta por la vereda, en dirección contraía al tránsito, y yo salgo a tomar un taxi”.

Palabras al cierre

Así, poniendo atención a las rutinas de los distintos locales del Tavelli y quienes los frecuentan podríamos seguir sacando perfiles e historias de manera infinita. Por ejemplo, nos enteraríamos de que el antes mencionado Tavelli de Príncipe de Gales es también un centro de reunión para numerosos apoderados del vecino colegio The Grange School.

En ese mismo local se puede ver prácticamente a diario al “Rey del Metro Cuadrado”, Carlos Humberto Caszely, quien en realidad ha sido también habitué de otras sucursales como Manuel Montt o la original de Las Condes. “Ha pasado por varios locales”, reconoce Jesús Selman.

También está el Tavelli de La Concepción, tal vez una de las sucursales más quitadas de bulla de la cadena. Sin embargo, en este lugar es muy común toparse con exparlamentarios, operadores políticos y asesores. ¿La razón? En el edificio vecino a la cafetería funciona una importante empresa de lobby, por lo que este Tavelli suele funcionar como sala de espera para las no pocas reuniones que en esa empresa se agendan diariamente.

Y algo que muestra que, en los Tavelli, como alguna vez dijo Marcelo Bielsa, “siempre pasa algo”, es lo que algunas versiones de prensa dicen en relación al reciente escándalo por la colusión de las empresas de gas Linde e Indura.

¿Qué pasó? Que algunas de las reuniones de ejecutivos de las compañías aludidas en este caso se habrían llevado acaso, justamente, en el Tavelli de Las Tranqueras. Al final, no todo, pero muchas cosas -y personas- pasan por “los Tavelli”.

De esta forma, más allá del brebaje mismo y todo lo que se ofrece en los locales de esta cadena, la forma en que sus clientes vuelven una y otra vez a sus distintas sucursales es al final su principal activo. Un activo que varios otros actores del rubro ya se lo querrían. 

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