Opinión
2 de Junio de 2024
Columna de Marco Moreno: El sistema roto
Según la encuesta Data Influye del pasado mes de mayo, la percepción de que el gobierno se encuentra muy desconectado o desconectado alcanza el 48%. Para Marco Moreno, columnista de The Clinic, existe una sensación de que el sistema está roto. "Esta desconexión entre los ciudadanos y el sistema político puede tener consecuencias significativas para la salud de la democracia al correlacionarse con los sentimientos de un sistema fracturado", escribe. Para los ciudadanos la solución sería cambiar las figuras que representan esta fractura. "Esta visión simplista deja fuera del análisis la complejidad inherente de los sistemas sociales y políticos", señala Moreno.
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Más allá de los anuncios que dejó la última cuenta pública del Presidente Boric y su correlato de argumentos a favor y en contra, la gente (principal audiencia de esta rendición de cuentas presidencial) está cada vez más ausente de esta disputa que solo reafirma la idea que la política está desenfocada de los problemas de la gente. Esta desconexión parece estar en la base del actual descrédito de la política.
El politólogo Peter Mair acuñó el concepto de “gobernar en el vacío” en su libro “Gobernando el vacío: la banalización de la democracia occidental”. Esta expresión describe un fenómeno donde los gobiernos y las élites políticas operan cada vez más desconectados de los ciudadanos, lo que incide en la creciente desafección política. Esta desconexión entre los ciudadanos y el sistema político puede tener consecuencias significativas para la salud de la democracia al correlacionarse con los sentimientos de un sistema fracturado.
En un texto de Antoni Gutiérrez-Rubí (de cuyo título me valgo para esta columna) que tiene como base el informe “Ipsos Global Advisor 2021” plantea que la expresión “Sistema Roto” se refiere a la percepción generalizada de que las estructuras políticas, económicas y sociales existentes no están funcionando de manera efectiva o justa para la mayoría de las personas.
En muchos lugares se acrecienta la percepción de que el sistema político y económico está roto. Esto tiende a estar acompañado por sentimientos populistas y pulsión anti-élite, junto con un creciente nativismo que está alentando la búsqueda de soluciones por fuera del sistema. Como sabemos, muchos países (entre ellos Chile) no están inoculados frente a la amenaza populista que se muestra como antídoto frente al sentimiento de fractura del sistema.
El informe “Ipsos Global Advisor” para Chile en 2024 arroja luz sobre una realidad inquietante: el sentimiento de que el sistema está roto está ganando terreno.

La encuesta “Data Influye” del mes de mayo muestra que un 72% de los encuestados afirma que el Congreso está “muy desconectado/Desconectado de los intereses y prioridades ciudadanas y apenas un 8% considera que está “Muy conectado/Conectado”. Cifras que en el caso del gobierno llegan a 48% y 30% respectivamente.
A mayor abundamiento la última “Encuesta Bicentenario” revela datos significativos que apoyan la percepción de que el sistema político en Chile está fracturado. Algunos puntos clave incluyen: desconfianza en las instituciones; percepción de corrupción; insatisfacción con la democracia y, baja participación electoral.
Frente a este escenario nuestras élites creen de forma autocomplaciente que la solución pasa por parchar el sistema roto y/o cambiar las piezas defectuosas. La metáfora de buscar la pieza rota y tratar de reemplazarla se refiere a una tendencia común en el enfoque de solución de problemas, donde se identifica a personas individuales o elementos específicos como responsables de los fallos en el sistema.
En el ámbito político, esta idea se manifiesta cuando se culpabiliza a un líder específico o a un partido político por los problemas del país. Se cree que, cambiando a estas figuras, se resolverán automáticamente los problemas estructurales del sistema. Esta visión simplista deja fuera del análisis la complejidad inherente de los sistemas sociales y políticos.
La metáfora del tornillo que falla o la revisión de mantenimiento que no se realiza ilustra cómo a menudo se busca una causa única para los problemas, sin tener en cuenta los factores sistémicos más amplios que contribuyen a ellos. Este enfoque puede llevar a soluciones superficiales que no abordan las causas basales de los problemas, lo que resulta en una resolución incompleta o temporal. Es la tentación cada vez más recurrente de nuestra élite política de ofrecer respuestas simples a problemas complejos.
Frente a este panorama desafiante, es crucial reconocer que la idea de que el sistema está roto no es simplemente una expresión de descontento, sino una llamada de atención a la élite del poder para la acción. Chile necesita un cambio profundo y significativo en sus políticas y estructuras institucionales para abordar las brechas y restaurar la confianza en el sistema.



