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Opinión

23 de Junio de 2024

Perfil del canciller Alberto Van Klaveren: El paciente holandés. Por Kike Mujica

Foto: AgenciaUno

¿Está a sus anchas Alberto Van Klaveren en La Moneda en medio de estas controversias?, es la pregunta que se hace Kike Mujica en su perfil de hoy en The Clinic. “'Alberto Van Klaveren tiene una paciencia infinita. Es un gran diplomático”', me dicen cercanos al oficialismo. 'Muchas de los problemas que han surgido son a contrapelo de él. Pero está a sus anchas en el cargo', agrega. 'El canciller es una gran persona, tiene talento y sentido común, algo no tan común. Su debilidad es que evade los conflictos, lo cual es bueno pero sólo hasta cierto punto. Esto se agrava, porque no tiene fuerza política dentro de este gobierno', me dice un excanciller", escribe Mujica, tras una semana en que se ha cuestionado la permanencia del embajador de Chile en España, Javier Velasco. "Quizá esto de no sacar a Velasco le puede haber generado una molestia, pero no se enrolla con cosas pequeñas", argumenta un cercano al oficialismo.

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Precuela de Alberto Van Klaveren: junio de 2022. Gabriel Boric viaja a Canadá para tener la cita cool del momento: él y Justin Trudeau. La dupla de los novísimos vientos de izquierda de la década. La imagen de los dos tomando una cerveza -descorbatados- en un bar cualquiera es un exitazo. Luego, el Presidente sigue a Los Angeles, a la Cumbre de las Américas. En medio del lanzamiento de la coalición de Países por la Protección de los Océanos, sube al escenario. Con tono seguro y tajante interpela: “Estados Unidos, que no está aquí presente, como la Unión Europea, como China y como India, tienen el deber de hacer más esfuerzos para proteger nuestro medioambiente”.

John Kerry, uno de los nombres más importante de la política exterior estadounidense, sentado a un metro del mandatario chileno, mira con cara de póker. Los asesores chilenos, los que sí identifican a Kerry, se espantan. Un papel llega a manos del Presidente: algo así como “Kerry está al lado”. Kerry, viejo zorro, la devuelve con sorna: “Muchas gracias, señor Presidente Boric, a cada Presidente y cancilleres”. Y dirigiéndose a Boric dice: “Sólo tengo una pregunta: ¿Dónde está la cerveza?”.

Lo que parecía una definición de principios de Boric -algo así como más Canadá, menos Estados Unidos, la versión cosmopolita de los Craig y Fontbona- termina en bochorno. Un paso adelante -Trudeau-, dos pasos atrás -Kerry-, un mal que ha afectado a este gobierno en episodios de su política exterior.

Fierro caliente

Alberto Van Klaveren nació en Amsterdam, Holanda. A los dos años su familia -judíos que huyeron de los nazis en la Segunda Guerra Mundial- viajó a Chile. Estudió en la Universidad de Chile e inició un largo viaje -plagado de galardones- en el mundo diplomático: embajador, subsecretario de RREE durante el primer gobierno de Michelle Bachelet y académico de fuste.

Alberto Van Klaveren no fue el plan original de Boric: llegó en marzo de 2023 a reemplazar a la conflictuada Antonia Urrejola. Se unió a los próceres de los 30 años que desembarcaron en La Moneda: Tohá, Elizalde, Marcel. Él es cercano al PPD.

No era tarea fácil. Inmediatamente, este gobierno había elevado -con ruidos varios- a la agenda pública su política exterior, que, salvo excepciones, había pasado más bien inadvertida en las administraciones anteriores. Dentro de las filas oficialistas cundían posiciones discordantes respecto de los derroteros que Chile había tomado de cara al mundo. Tratados internacionales, por ejemplo. Neutralidad en el conflicto del Medio Oriente, también. “Hay asesores que al principio tomaron posiciones de trinchera”, dice un oficialista.

Israel, Putin, Boluarte, Ortega, Maduro, Ucrania, Gaza, han sido tema, entre otros, en los discursos internacionales del Presidente. Es el primer mandatario que ha enarbolado posiciones públicas en diversos ámbitos de la política internacional. Inédito y peliagudo, muchas al borde la cornisa. Un ejemplo: julio de 2023. Un entusiasta y enfático Boric interpela a la Celac para que condene la invasión a Ucrania. Un mosqueado Lula se la devuelve sin anestesia: “La falta de costumbre de participar en estas reuniones hace que un joven tenga más prisa”.

Sumemos otra peluca a esta sopa: la performance de algunos embajadores que en vez de ser aspirinas se han convertido en migrañas. Por ejemplo, Javier Velasco, representante en España, quien contra todo lo que aconsejan los manuales de la diplomacia correcta, se ha hecho famoso. Un embajador debe ser “ligero como el estornudo de una paloma” y no “un elefante en la cristalería”.

Nadie dijo que sería fácil

¿Está a sus anchas Alberto Van Klaveren en La Moneda en medio de estas controversias?, es la pregunta.

El columnista Daniel Mansuy agitó las aguas cuando escribió que el canciller parecía ausente y demasiado silencioso frente a los gaffes reiterados. Un silencio que podría asociarse a que navega en aguas que no le son confortables, tanto en forma -en diplomacia, es sagrada- como en el fondo.

“Alberto Van Klaveren tiene una paciencia infinita. Es un gran diplomático”, me dicen cercanos al oficialismo. “Muchas de los problemas que han surgido son a contrapelo de él. Pero está a sus anchas en el cargo”, agrega.

Sorpresivamente en este Chile donde nadie quiere reconocer nada del adversario, en su defensa pública vino Benjamín Salas, un hombre que se encumbró en el círculo cercano de Sebastián Piñera. “Lo conocí porque mi primer trabajo después de terminar la Universidad fue en la Cancillería, en el equipo de Chile ante La Haya en los casos con Bolivia. Ahí, Alberto Van Klaveren tenía un rol importante y, por lo tanto, fue uno de mis primeros jefes hace casi 10 años. Aprendí muchísimo de él”, dice.

Le pregunto sus razones por esta defensa pública: “Estoy convencido de que en el Estado tienen que estar los más capacitados. No importa si uno es del oficialismo o la oposición. Alberto Van Klaveren es un diplomático de excelencia y ha hecho un buen trabajo, impulsado una agenda nutrida en materia internacional. En la medida que, en mi opinión, esté haciendo una buena gestión, voy a estar feliz de defenderlo públicamente”.

“El canciller es una gran persona, tiene talento y sentido común, algo no tan común. Su debilidad es que evade los conflictos, lo cual es bueno pero sólo hasta cierto punto. Esto se agrava, porque no tiene fuerza política dentro de este gobierno, por lo cual su única fuerza es su talento y la necesidad del gobierno de no tener más fallas y cambios en este campo”, me dice un excanciller.

“No sé como se han dado sus relaciones con Boric, pero no me extrañaría que fueran creando lazos más cercanos y de confianza, porque Alberto es alguien en que es fácil confiar”, agrega un exministro de RREE.

“Creo que ha ido de menos a más. Dada la poca brillantez de los asesores en temas internacionales, el canciller ha ido cada vez siendo más influyente en el Presidente. Alberto Von Klaveren respeta mucho al Presidente, además”, señala un cercano al oficialismo.

El embajador ruidoso

Cuando el canciller dice públicamente que “esperamos que no haya otro error… fue una afirmación que no fue muy feliz… fue un comentario innecesario”, léase como una reprimenda sobria -estilo Alberto Van Klaveren- pero definitiva para el embajador más ruidoso de la comarca. La amistad y militancia compartida con el Presidente lo tienen en el ojo del huracán.

“Quizá esto de no sacar a Velasco le puede haber generado una molestia, pero no se enrolla con cosas pequeñas”, argumenta un cercano al oficialismo. “Creo que feliz sacaría al embajador en España, pero prefiere no tener ese conflicto, por carácter y por falta de poder político”, agrega un excanciller.

El argumento de Alberto Van Klaveren para defender a Velasco -o más bien no defenestrarlo- fue que las relaciones con España son óptimas. Era que no: si más encima Velasco echaba a perder algo que fluye, sería una hemorragia de ineptitud. Salvo por el infantil episodio con el Rey en el cambio de mando, existe un gobierno de izquierda hermano del socialismo chileno, el partido Podemos -potencial ruido por la cercanía con el frenteamplismo- está en decadencia y se goza de una sólida relación económica. Un cóctel virtuoso, nada que ver, por ejemplo, con la realidad donde debe moverse sutilmente -vaya que sabe hacerlo- el embajador Viera Gallo en Argentina.

Alberto Van Klaveren, tal como los próceres de los 30 años, navega en aguas no calmas, pero tampoco turbulentas. Convencen y ceden. Miran para el lado cuando es necesario y saben que hoy son garantía para el Presidente. Tratan de que sean dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás, y no viceversa. Alberto Van Klaveren es un diplomático, en la amplia acepción de la palabra.

Quizá donde más se nota la cintura de Alberto Van Klaveren -es noticia en desarrollo en todo caso- es la complicada relación del gobierno con Israel. Él es judío. Nunca había habido en Chile un Mandatario que tomara posiciones tan pro palestinas. Alberto Van Klaveren actúa con sigilo, sin que su origen determine la acción del gobierno, que él hace suya públicamente. Muchos critican precisamente eso. Que su mano política y de convicción se note poco. Quizá ahí está la gracia. Alberto Van Klaveren forma parte de una generación de diplomáticos y políticos de izquierda que tuvo que abogar -defender para muchos- por Pinochet. Todo un posgrado de realpolitik que hoy tanto le sirve al paciente holandés.

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