Libros
5 de Julio de 2024Una selección en 100 palabras: cuentos sobre películas, voces en off, cortometrajes y el Normandie
Todos los viernes The Clinic presenta una selección de cuentos que han participado en el evento literario Santiago en 100 palabras. En esta ocasión, la temática de inspiración es sobre las películas.
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Como ya es habitual todos los viernes, The Clinic y Santiago en 100 palabras presentan una selección de los mejores cuentos que han participado del evento literario. Hoy son seis los relatos, inspirados en películas.
Normandie
Mariana y José eran como el día y la noche, tan distintos que en los cuatro años que llevaban en la universidad jamás habían intercambiado palabra. Pero una tarde de lluvia que se encontraron en la boletería del Normandie, descubrieron que tenían muchas cosas en común y decidieron entrar juntos a ver una película antigua. La mayoría de las butacas estaban vacías en la fría sala de cine y los compañeros se sentaron, por primera vez, uno al lado del otro. Cuando apagaron las luces, José miró a Mariana y ella le sonrió segundos antes de que la película comenzara.
Soledad Rodillo, 32 años, Las Condes.
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La última película
No sabíamos que sería nuestra última película. De ser así, lo habríamos hecho más recordable, no como una película más de Tardes de cine. El film terminó. Mi mamá le ofreció once, pero él no quiso. Lo último que supimos es que llegó a la esquina de General Velásquez con la Alameda, se le acercó un auto pequeño, lo metieron a la fuerza y nunca más nadie lo volvió a ver. Hoy en Netflix pusieron la película. Es de las menos vistas. Yo planeo verla en nombre de él y de tantos. No sé me ocurre qué más hacer.
Viviana Gallardo Henríquez, 32 años, Estación Central.
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Sueño de película
Que apenas apagaran las luces se me apareciera la Sophia Loren, de vestido bien apretado. Que yo la invitara a caminar bajo los plátanos orientales. Que no fuera alérgica. Que tomáramos unas cervezas con chorrillana. Que hubiera ketchup, un platillito con pebre, servilletas chicas de las que se lleva el viento y copones con la estampita del Colo. Que después nos sentáramos en la placita. Que el banco no tuviera caca de palomas. Que yo confirmara que la Loren tiene las caderas anchas. Que cuando encendieran las luces Sophia, por esta única vez, no desapareciera en la pantalla.
Federico Gana Johnson, 78 años, Ñuñoa.
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Me gustan las películas con voz en off
Imaginar que alguien explica mis actos cuando guardo silencio. Me gusta ponerme audífonos, cerrar los ojos, sentir que tengo mi propia banda sonora, y que el que está a mi lado es sólo un personaje de ésos sin nombre. Me gusta imaginar que al salir del vagón hay un mundo esperando, que cuando subo a la calle la cámara está fija mientras me alejo, que la gente pasa rápido y gris frente al lente. Yo, en cambio, le doy la espalda. Un paisaje sin mucho contraste, suena una guitarra, una voz áspera… No hay créditos, simplemente la imagen se desvanece.
Jennifer Navarro, 23 años, Rancagua.
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Otro día de la marmota
Mi hermano estaba en su pieza, teletrabajando, así que sólo me asomé y le dije: “Pancho, ¿hai cachado que esto de la cuarentena es como El día de la marmota?”. “¿El día de la marmota?”, respondió, “¿Qué es eso?”. “Es una película de un loco que vive todos los días el mismo día”. “Creo que ya me lo contaste”. “Tení razón, creo que te lo conté el martes”. “Sí po, lo contaste el jueves. Pero bueno, tampoco es tan importante, si al final todos los días son iguales, como los de la película El día de la marmota, ¿la cachai?”.
Roberto Arance Ibieta, 25 años, Las Condes.
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Un corto en el metro
“Volví con el Boris”, dijo él, y la mujer que estaba de espaldas se volteó como si el demonio la llamara. Yo escuchaba deliberadamente y no podía dejar de mirar toda la escena. Era como un pequeño cortometraje que se me mostraba gratuitamente y sin dilación. Las frases pronunciadas me llamaban a destajo. El Metro, pensé, es uno de los pocos lugares donde el cuerpo da derecho a sapear sin culpa alguna. “Volví con el Boris, era cuestión de tiempo”, susurró él, emocionado. La señora tembló, pavorosa. Y yo, director de películas aficionado, me bajé del vagón.
María Victoria Guerra, 33 años, Maipú.



