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Encomendados a Balmaceda: el rito de los estudiantes que van a dejar cartas a la tumba del exmandatario en el Cementerio General

Cientos de estudiantes y personas en búsqueda de ayuda van a dejar misivas al mausoleo del exmandatario José Manuel Balmaceda. ¿A qué se debe esta tradición? Según los historiadores, es una cábala proveniente del siglo XX causada por la trágica manera en la que murió y el relato popular que se creó tras su fallecimiento. Mientras tanto, los familiares que aún cuidan y limpian el mausoleo, alegan no saber qué hacer con tantas masivas y solicitan ayuda para mantener al lugar.

Por 14 de Julio de 2024
Fotos: Felipe Figueroa
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“¡Gracias, presi, por ayudarme a pasar mi tesis! Soy ingeniera gracias a ti”. “Querido Presidente Balmaceda, por favor, ayúdeme a pasar mi primer año de U y sacarme adelante con todo lo que venga. Muchas gracias”. “Ayúdame a seguir con mi pololo y ser muy felices juntos y mucho tiempo. Gracias, presi <3”. Son algunos de los mensajes escritos en las paredes de mármol del Mausoleo del presidente José Manuel Balmaceda en el Cementerio General. 

Esos rayados, escritos con plumones de colores, son lo primero que se ve al subir los escalones que dan a la entrada de la edificación. Si bien la puerta está cerrada con candado, entre las rejas se puede ver su interior: abajo de los sarcófagos del exmandatario y su esposa, hay tres baldes y una caja de madera llenas de cartas. A primera vista, son más de cien.  

Los mensajes y las misivas dan cuenta de una creencia popular entre estudiantes y personas necesitadas de ayuda: si se le pide un favor al expresidente Balmaceda, este lo concederá. Así, desde la segunda parte del siglo XX, el sitio donde descansa el político se convirtió en una cábala de alumnos que buscan lograr el éxito académico.

Para entender el origen de esta tradición, es necesario remontarse al gobierno del presidente Balmaceda, entre los años 1886 y 1891. Desde un inicio, el mandatario buscaba financiar un gran proyecto que modernizara el país. De hecho, durante su período, el político realizó grandes obras: expandió las vías férreas, como el Viaducto de Malleco, un puente ferroviario que 347 metros de largo y cien metros de alto. Además, fomentó la creación de varios proyectos educacionales, como la fundación del Instituto Pedagógico y abrió varias escuelas. También, permitió la entrada de las mujeres a la universidad –aunque sólo podían ingresar a ciertas carreras, como a medicina-.  

Sin embargo, todos estos proyectos no podían avanzar sin la aprobación de la Ley de Presupuestos de 1891. Debido a rencillas que el presidente Balmaceda tenía con el Congreso, no fue aprobada. Esta respuesta fue el punto de inflexión: el mandatario estableció por decreto la prórroga de los presupuestos del año anterior y clausuró al parlamento. Aquella acción fue descrita como inconstitucional, lo que causó que Balmaceda fuera tachado como un dictador por las esferas políticas y la población popular.  

Este evento marcó el quiebre del Congreso y el mandatario. Así, en febrero de 1891, inició la Guerra Civil, entre las fuerzas que apoyaban al parlamento y al mandatario. El conflicto duró seis meses y acabó con la vida de más de 4 mil chilenos, un saldo mayor de muertes que de la Guerra del Pacífico. Finalmente, Balmaceda y sus adeptos fueron vencidos.  

Una vez derrotado, el mandatario se escondió en la Legación Argentina, mientras los hogares de los balmacedistas eran incendiados y saqueados. Allí, escribió su testamento y dejó cartas a sus familiares, y esperó el término de su mandato hasta el 19 de septiembre de 1891. Ese día, Balmaceda tomó una revólver y se suicidó.  

Ni siquiera en su muerte consiguió paz: sus detractores lo siguieron buscando con la intención de destruir su cuerpo. Por eso, la familia Arrieta, que en ese entonces dirigía el Cementerio General de Santiago, escondió su cuerpo en uno de sus mausoleos. No fue hasta tres años después, en 1983, que Balmaceda pudo ser enterrado en el mausoleo de su familia.  

Esta misma muerte, su suicidio, fue lo que lo convirtió en un santo y que las personas le pidieran favores. “Se entiende, dentro de la población popular, que las muertes violentas significan que quedó algo abierto. Entonces, la gente cree que esta alma queda en pena, dando vueltas, y que hay que encauzarla para que pueda seguir su camino. Y para eso, se le piden favores”, explica Nicolás Llantén, historiador y extrabajador de la Fundación Balmaceda.  

El historiador Cristóbal García-Huidobro, de la Universidad de Santiago de Chile, también cree que esta fue una de las razones por la que la imagen del presidente Balmaceda se santificó. Además, agrega que se debió al retrato popular que se le dio al exmandatario tras su muerte.  

“Tiene que ver con el mito de que él era un presidente del pueblo y para el pueblo, y eso no era cierto (…) De hecho, hay un artículo que habla del mito del Balmaceda popular. En él, se llegaba a la conclusión de que esto era más una creación de la historiografía posterior a su gobierno, porque cuando tú miras las fuentes de la época, te das cuenta que a Balmaceda no lo querían mucho”, indica García Huidobro, historiador de la Universidad de Santiago de Chile.  

De hecho, el libro Balmaceda: su gloria y su falta de Soledad Reyes, rescata uno de los primeros rayados en su mausoleo de 1984, que hace referencia a su muerte y lo que significó para la población popular:  

“Tu sacrificio cruento, enaltecido 
Hoy se ve por los triunfos de la gloria 
Y tu nombre, mil veces bendecido,  
Brilla en páginas de oro en nuestra historia” 

Así, la tradición y la imagen popular del presidente Balmaceda continuó durante el siglo XX, y durante su segunda mitad, según García-Huidobro, su imagen se masificó entre la población. “Nadie sabe cómo, yo se lo he preguntado a la gente que lleva 50, 60 años trabajando en el cementerio, que en 1970 las personas empiezan a tirar papelitos en la tumba de Balmaceda (…) Empezó con alumnos de liceos que comenzaron a tirar cartas para pasar sus cursos. Y esto se acentuó en la década de los 90”, cuenta García-Huidobro.  

Los estudiantes adeptos a Balmaceda

Katherine Ceatón (25) supo de esta tradición desde 2015, cuando su curso realizó un tour por el Cementerio General de Santiago. Al llegar a la tumba de Balmaceda, su profesor le explicó que era considerado como “el santo de los estudiantes”, y que lo que se le pidiera, él lo concedería. Así, Ceatón arrancó una hoja de su cuaderno y escribió a mano su primera petición. En ella, le pidió ingresar al liceo técnico Manuel Montt A-60 para poder estudiar telecomunicaciones.  

Meses después, el favor fue concedido y pudo entrar al establecimiento educacional. Como tuvo éxito, le contó a su hermano menor sobre la petición que realizó. “Mi hermano también necesitaba apoyo académico, y él fue con la pura fe, porque no cree mucho en estas cosas. No sé bien qué pidió, pero después le empezó a ir súper bien”, cuenta Ceatón. Desde su primera petición, la joven y su hermano van todos los años a dejarle flores a la tumba del exmandatario.  

Durante el 2018, la joven hizo una segunda petición. Al igual que la primera vez, escribió una carta donde le solicitaba al mandatario poder extender sus estudios de telecomunicaciones en el instituto INACAP. Y así como la vez anterior, la petición se cumplió. Sin embargo, un par de años después, la joven decidió cambiarse de carrera a diseño gráfico. “Yo creo que terminando esta carrera y cuando tenga que hacer el portafolio de título, voy a ir de nuevo para que me vaya bien”, dice Ceatón.  

Benjamín Díaz (19) supo de la tradición por conversaciones de pasillo en su liceo, cuando uno de sus amigos le contó que fue a la tumba del exmandatario a dejarle a una carta. Así, dos días antes de la Prueba de Acceso a la Educación Superior, decidió escribirle una carta al presidente Balmaceda, en la que le pidió tener un buen puntaje para entrar al Instituto Pedagógico y convertirse en profesor de historia.  

Al mes después, recibió los resultados y se dio cuenta que la petición se cumplió. Así, el joven fue a matricularse a la universidad, y el mismo día, se dirigió al cementerio a visitar el mausoleo del presidente Balmaceda. Con el mismo papel de la matrícula, escribió en el reverso lo emocionado que estaba por entrar al establecimiento y le agradeció por el favor concedido.  

Díaz cuenta que, debido a la presión que sentía por parte del liceo y de sus papás de entrar a la universidad, se encomendó al presidente Balmaceda con esperanza. “Siempre tuve esa pequeña esperanza de que iba a funcionar. Como uno está nervioso por dar la PAES y le dicen que es una de las pruebas más importantes que tiene que dar en la vida, yo igual confié desde el primer momento de que podía tener esa ayuda de Balmaceda”, cuenta Díaz.  

El culto bajo la mirada de los descendientes del exmandatario  

Tomás Domínguez Balmaceda, tatarasobrino del expresidente, es quien se hace cargo del panteón desde inicios de este año. Antes, el lugar había estado abandonado desde 2018, y las cartas de los estudiantes y personas necesitadas de ayuda se acumulaban dentro del mausoleo. Eso mismo provocó que, en diciembre de 2023, los papeles se incendiaran producto de una vela que quedó encendida. Desde ese momento, Domínguez visita el lugar tres veces a la semana para despejar el piso y que el accidente no se repita.   

Como arquitecto de profesión, el hombre también se dedica a la restauración y mantención de varias tumbas del Cementerio General de Santiago, entre ellas el mausoleo de Balmaceda. Por ejemplo, por fuera de una de las ocho paredes de la edificación, hay un grafiti que dice “asesino”. Además, debido a que tiene más de cien años de existencia, varias de las paredes están hinchadas por la humedad y la pintura está resquebrajada. En mayo de este año, incluso, una de las cornisas del lugar cayó al suelo por las lluvias.  

Por lo mismo, Domínguez ha tratado de contactarse con varios de los parientes de su familia para que lo ayuden con la restauración. Actualmente, quienes lo ayudan monetariamente son Pablo Balmaceda Ureta y Eugenio Balmaceda Hobbins.  

Debido a los trabajos que hay que hacer para mantener la edificación, Domínguez cuenta que el lugar es una carga. “Resulta para la familia un poco incómodo que exista esto, pero al mismo tiempo, todos entendemos perfectamente que Balmaceda trascendió a su familia y a la sociedad. Su manera de morir hace que trascienda en el tiempo, y que la gente lo reconozca como alguien importante. Eso generó el culto”, explica Domínguez.  

Una vez que pinten la fachada del lugar, el arquitecto planea iniciar un proyecto para restaurar el lugar. Para eso, quieren pedirle financiamiento al Consejo de Monumentos y a la Presidencia de la República. Sin embargo, dice que el abandono de los mausoleos y tumbas es algo común en el cementerio. “Esto es lo que pasa con todos los mausoleos pasando de la tercera generación, como que quedan en tierra de nadie”, concluye Domínguez.  

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