Opinión
19 de Julio de 2024
Columna de libros de Silvana Angelini | Cómo las lecturas de la adolescencia determinan la relación con el amor
Silvana Angelini, columnista literaria de The Clinic, se pregunta cómo podría influir el plan lector de los colegios en la relación con el amor que van formando los adolescentes. "La pregunta es cómo uno aprende a amar a través de los libros, cómo a partir de ellos se forjan estos imaginarios, de qué manera se crea esta educación sentimental, si estas lecturas aumentan la sensación de soledad, desamor o añoranza en la adolescencia", escribe.
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Recuerdo que a los trece años , leí “El túnel” de Ernesto Sábato, que era parte del plan lector del colegio. Creo que nadie de nuestro curso quedó indiferente con la personalidad del protagonista, quien en la primera página del libro cuenta: “Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne Hunter; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona”.
Castel y su relación de amor tortuosa, de cierta manera marcó a una generación, y los comentarios en mi clase se extendieron durante todo el año. ¿Será que los libros que leímos en la adolescencia definen la relación que tenemos con el amor?
“El túnel” era un libro obligatorio en la asignatura de castellano (hoy lenguaje y comunicación) y que sigue leyéndose en varios colegios. En Chile los planes lectores lo decide finalmente cada colegio. Existe una gran gama de lecturas sugeridas por el CRA que se pueden revisar y complementar con los planes lectores de varios colegios. A pesar del tiempo transcurrido, se mantienen muchos de los que se leían hacen 20 años o más.
El primer punto a revisar, en relación a cómo influyen o no estas lecturas (en particular en temas relacionados al amor), es que existe un canon, un ente rector que regula qué se lee y qué no. “El túnel” de Sábato está en ese plan.
El imaginario, la forma tortuosa de ver el amor, está determinado por un grupo de personas que decide qué tipos de libros son acordes a esta edad. No sé si el autor argentino, que escribió esta novela en 1948, estaba pensando que su público sería en gran parte adolescentes en Chile. ¿Cuáles son los criterios de selección de estos libros donde el amor y desamor construyen un imaginario?, ¿iluminan o oscurecen la visión del amor?

Esto mismo sucede con ejemplos que se leen en la misma época como “Demian” de Herman Hesse (escrito en 1919, que sumerge al protagonista en una adolescencia atormentada y con otro amor acongojado con Beatrice); “Jane Eyre” de Charlotte Brontë, “Mujercitas” de Louisa May Alcott; “La Tregua” de Mario Benedetti; “La amortajada” de María Luisa Bombal; “Francisca yo te amo” de José Luis Rosasco.
Sobre este último, este mismo diario realizó una nota con “Los peores párrafos de ‘Francisca yo te amo’, el libro de 1988 que te cagó la adolescencia”, donde mencionan varias frases como esta: “Nadie escoge su amor, nadie el momento, ni el sitio, ni la edad, ni la persona (…) la añoranza que siento por ella se me transfigura y renace del recinto suyo de mi memoria, cada vez más, como una evocación amorosa y tierna que me hace bien, y que viene y se va, y viene y se va y viene, y viene y se va… y se va y viene…”.
La pregunta es cómo uno aprende a amar a través de los libros, cómo a partir de ellos se forjan estos imaginarios, de qué manera se crea esta educación sentimental, si estas lecturas aumentan la sensación de soledad, desamor o añoranza en la adolescencia. A su vez, está la pregunta sobre quién conforma y elige las lecturas, cuál es el criterio, o por qué se da por descontado que son buenas o beneficiosas para esta edad.
Se habla mucho de las “novelas de formación”, libros que alumbran el paso de la niñez a la adolescencia y a la vida adulta (donde aparecen varios de los mencionados arriba), el concepto significa literalmente “novela de formación” o “novela de educación” y se acuñó en 1819.
Básicamente esta noción es el viaje del o la protagonista donde debe vencer las dificultades de la partida de su hogar y comodidades. Todo esto es propio de las novelas que se leen en la adolescencia. Me pregunto a dónde llevan estas novelas de formación, qué transforman, con qué sensación quedan los jóvenes después de leerlas y si determinan o no la mirada, acercamiento, y relación que tenemos con el ideario romántico.



