Ciudad
15 de Octubre de 2024El relato de una persona asaltada por una turba en la Alameda: “Nunca había tenido tanto miedo, me tiraron al piso, me golpearon y gritaron”
Pasadas las 4 de la mañana del domingo, un poco más de una hora antes del asesinato de un hombre de 29 años en plena Alameda, Cristóbal de 33 años sufrió un asalto casi idéntico al que terminó con la vida de Edwin de la Jara.
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Cerca de las 6 de la mañana, en plena Alameda, Edwin de la Jara, hombre de 29 años, murió atacado con un arma blanca tras ser asaltado por una turba de personas. Su asesinato generó revuelo, por las características de este delito.
Una hora antes, una persona sufrió un asalto casi exactamente igual, según pudo conocer The Clinic. Pasadas las 4 de la mañana, Cristóbal, periodista de 33 años -quien no quiso que su apellido fuera publicado por motivos de seguridad-, transitaba en casi la misma intersección, en Irene Morales con Merced. Venía de vuelta del sector oriente de Santiago -desde el Arrayán-, y debía cruzar Bellavista para llegar a su casa. Ahí fue abordado por un grupo de varias personas, quienes lo asaltaron, lo agredieron y lo dejaron tirado.
“Me bajé en Plaza Italia, en el paradero que está después de Irene Morales. Apenas me bajé de la micro, me di cuenta que el lugar estaba muy oscuro, muy inhóspito. Muchos autos con las luces apagadas, poca gente transitando y no me atreví a pedir un Uber. Dije, ‘me voy a mover de acá porque esta cancha está como muy peluda'”, cuenta.
Había vivido en ese sector antes, por lo que confió que no iba a pasar nada si caminaba hacia el Parque Forestal. “Tampoco lo pensé tanto y doblé por Irene Morales hacia Merced, con el fin de buscar un lugar más seguro. Crucé al Parque Forestal porque encontré que estaba más iluminado y en realidad no alcanzó a pasar un minuto desde que me bajé de la micro hasta que fui atacado por un grupo de hartas personas“, relata Cristóbal. Y agrega: “todas tenían acento extranjero”.

“Menos mal a mí no me pasó nada más grave, pero es lamentable”
La descripción del evento calza casi perfecto con el asesinato de Edwin de la Jara. Salvo que este último iba acompañado, no así Cristóbal, quien al ser abordado, optó por entregar todas sus pertenencias sin poner resistencia. Entre estas su celular, su computador, y prendas.
“Por lo que le pasó a él, por un lado digo, bueno, menos mal a mí no me pasó nada más grave, pero es lamentable. (…) Ocurrió en una cuadra de distancia, prácticamente en el mismo lugar. Entonces sí, la verdad es que me da susto pensar que hayan sido los mismos sujetos“, agrega.
Sobre el perfil de los asaltantes, afirma que fueron “hartos sujetos, todos hombres. Pero tampoco pude identificarlos a todos porque me dio miedo. De hecho, nunca había tenido tanto miedo, me tiraron al piso, me golpearon y me gritaban. Lo único que recuerdo fue que les dije, así, tranquilo, ‘les voy a pasar todo’. Porque en realidad me sentí en una situación de vulnerabilidad grande”.
Extranjeros y jóvenes
Al día siguiente, y aún superando el impacto, Cristóbal vio la noticia del asesinato en la Alameda. Lo primero que se le vino a la mente fue que le pudo haber pasado a él, y que eran el mismo grupo.
“Lo pensé inmediatamente porque las características eran muy similares. Eran jóvenes, no sé si estudiantes, me da la impresión de que eran de alrededor de 20 años, y que atacaban en turba. Además que también pedían los datos de los celulares, que es lo mismo que me ocurrió a mí”, señala.
No recuerda si es que hubo armas de por medio, pero si que fue rodeado por un grupo de más o menos siete personas. Y por el acento se percató que eran extranjeros. “Lo que los escuché, eran extranjeros. No me atrevo a decir de qué nacionalidad, tampoco puedo identificar tan bien el acento. Sí, podría haber sido colombiano, venezolano”, aclara.
Luego de entregar sus pertenencias, uno de los asaltantes le exigió la contraseña del teléfono. Luego del asalto, lo dejaron tirado. Y cuenta que “una de las cosas que más me dejó choqueado fue eso. Que me asaltaron, me dejaron tirado y se fueron caminando“.
Tras el episodio cruzó para ir a su casa, y en Avenida Perú recién vio a un carabinero. “Fue súper amable conmigo, me tomó los datos, pero no sé si la denuncia fue ingresada”. El funcionario le dio a entender que estaban en otro procedimiento, y que estaban con alta demanda.
Al día siguiente, al intentar acceder a la página del banco, se percató de que su contraseña había sido bloqueada. Menos mal, dice, quienes lo asaltaron no lograron acceder a su cuenta.



