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30 de Octubre de 2024La pelea por el espacio en el transporte público: una incomodidad entre piernas y mochilas que no encuentra solución
El espacio entre los cuerpos no existe en el transporte público a la hora punta. "En Santiago, acceder a su transporte público equivale a acoplarse a él. Hay costos que se inscriben en el cuerpo, y que nos obligan a enfrentarnos a nuestros propios límites y diferencias", dice Daniel Muñoz, sociólogo de la Universidad Católica.
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“En Santiago, acceder a su transporte público equivale a acoplarse a él. Hay costos que se inscriben en el cuerpo, y que nos obligan a enfrentarnos a nuestros propios límites y diferencias”. Así dice un ensayo publicado en Plataforma Urbana por Daniel Muñoz, sociólogo de la Universidad Católica.
Sandro (31) -quien pidió reservar su apellido para esta nota-, dice: “Como persona que mide 1.85 y pesa casi 100 kilos, puedo decir que hasta yo sé que hay que respetar el espacio del otro en el metro“. Lo aprendió de una forma extrema, eso sí.
Recuerda que una vez se sentó en los asientos laterales de la micro con las piernas abiertas y la mujer que estaba a su lado lo increpó. “Hasta me dijo que no era su culpa que yo fuera gordo y no pudiera hacer entrar mis piernas en el asiento. Me dio mucha vergüenza por que sé que tenía mis rodillas en su espacio. Nunca más lo volví a hacer”, dice.
Por otro lado, hay hombres que expresan molestia “cuando las mujeres cruzan las piernas en el metro y ocupan espacio en el pasillo del vagón”. También, hay mujeres que dicen que hay “hombres que cruzan las piernas de forma mucho más abierta, como si fueran señores que leen el diario en el living de su casa, incomodando a quien sea que se siente al lado”.
Álvaro Besoain, académico del departamento de Kinesiología de la Universidad de Chile, explica que cuando se trata del uso del cuerpo en los espacios públicos, “el análisis de la mecánica del cuerpo no tiene tanto que ver con lo biológico. Más bien, se trata de cómo hemos aprendido a usar el cuerpo en el espacio público sin invadir el espacio ajeno”.
El ensayo de Muñoz continúa hablando sobre la ineludible diversidad de cuerpos que entran al transporte público día a día. “La cercanía de los cuerpos diversos plantea un escenario complejo de miradas de extraños, conversaciones ajenas y roces inesperados, que acaban por perfilar una experiencia en la que el cuerpo busca recogerse, resguardar un mínimo de espacio íntimo (…) Los cuerpos frágiles, en la práctica, no resultan admisibles ni a nivel sistémico ni infraestructural”.
Ante ese escenario, Besoain enfatiza en cómo se ha aprendido a usar el cuerpo en los espacios de transporte público. “Para los chilenos es complejo generar conciencia de como usar el cuerpo porque hay un horario punta donde hay muy pocos espacio. Pero de igual forma, las políticas contra el acoso han ayudado mucho a que esto se regule y a poner límites conductuales y de percepción del propio cuerpo”, dice.
“Manspreading” y mochilas en el transporte chileno
“De verdad no entiendo cómo todavía no aprenden a cerrar las piernas”, dice Augusta Fantuzzi (29). Cuenta que en la micro es más difícil que en el metro, porque “cuando quedas al lado de la ventana y te toca bajar en tu paradero, tienes que pararte y sí o sí rozar la pierna del otro si es que las tiene muy abiertas”.
En 2015 el diccionario de Oxford definió el concepto inglés de “manspreading”. “Es un comportamiento que “alude a la manera de sentarse de algunos hombres. En especial en el transporte público, con las piernas abiertas, invadiendo el espacio de los asientos adyacentes“. Esto, después de que en 2014 se iniciara el movimiento contra este comportamiento en el metro de Nueva York.
Desde Metro de Santiago se refieren a este tema para The Clinic. “Constantemente estamos desarrollando campañas e iniciativas que buscan que los usuarios adopten buenas prácticas de convivencia. Tanto al interior como al exterior de las estaciones. Buscan sensibilizar respecto a las complejidades que generan este tipo de actitudes en la experiencia de viaje de los usuarios”.
Entre esas actitudes, están no considerar el espacio ajeno. Por eso, sobre el “uso del espacio en los asientos”, desde Metro aseguran que “constantemente se están realizando revisiones de conducta de pasajeros. No se descarta que este tipo de situaciones pueda ser incluida en una campaña a futuro”.
Al kinesiólogo Álvaro Besoain se le pregunta si es biológica y kinéticamente necesario que los hombres abran las piernas cuando se sientan en el metro o la micro. Opina que “no es algo que el hombre requiera. A no ser, de que hayan elementos biofísicos que lo propicien. Pueden ser problemas al estómago o al riñón. Pero de igual manera, estamos hablando de ocupar un espacio mucho más pequeño que el que se ocupa en el ‘manspreading'”.
Existen servicios de transporte público en como el mundo que han realizado campañas y señaléticas para abordar el problema. El metro de París, el de Madrid y el de Estambul son ejemplos.
En Madrid, la alcaldía puso en 2015 casi 2.000 autobuses con una pegatina que mostraba un hombre de color rojo abriendo exageradamente sus piernas, e invadiendo el asiento de al lado. Luego, desde 2017, la campaña se convirtió en una señalética oficial y se extendió al servicio de metro.
“La mujer, como cuerpo, es un individuo que puede tener menos libertad de acción para viajar que un hombre. Al amparo del horario nocturno o en el escenario del vagón repleto, ella se comprende como un cuerpo vulnerable. Ha vivido o teme vivir atropellos de diversa índole y gravedad”, relata el sociólogo Daniel Muñoz en su ensayo.
Un contraste al “manspreading” es el movimiento del “shebagging”. El diccionario británico Collins lo define como “la práctica de una pasajera en el transporte público de colocar una bolsa en el asiento de al lado. Negándosela así a otro pasajero”.

El tema de las mochilas y los bolsos es muy relevante. La empresa nacional de seguridad Support comparte consejos para viajar seguro en Metro. Uno de ellos, dice que “en hora punta, cada espacio cuenta. Es imposible hacer entrar 250 personas por vagón y tu mochila de camping que paga pasaje individual de lo grande que es. Ahorra en espacio entre tus pertenencias y no viajes con bultos innecesarios”.
El equipaje en el viaje, es una arista que a veces no se podrá transar. No hay otra forma de viajar. A la vez, el tipo de cuerpo que se tiene es algo que definitivamente no va a desaparecer al momento de subir a un vagón.
Por eso, Álvaro Besoain dice que es importante que haya un diálogo sobre el uso del espacio público. “Hay que poner estas discusiones sobre la mesa para diseñar un transporte público amigable y que se sostenga en el tiempo. Sino, este tipo de conflictos no se van a resolver de otra forma”.
En los aviones también pasa y es peor
No es transporte público, pero no es sorpresa que el problema del espacio en el avión se haya agrandado. Esto, mientras las cabinas y los asientos se achican en las aerolíneas más económicas. Lo relevante, es que pasar varias horas en un asiento a más de 10.000 metros de altura es más incómodo que cualquier viaje cotidiano.
La agencia de viajes FareBoom consigna las medidas de los asientos en vuelos internacionales. La mayoría de las aerolíneas tienen una distancia entre asientos de 79 cm en “Clase Económica”. Mientras que el ancho de los asientos, puede variar entre los 40-45 cm.
“Soy una mujer pequeña”, parte diciendo Catalina del Fierro (30) para este relato. La semana pasada se subió a un avión para viajar desde Santiago hasta Lima, en un vuelo que dura casi cuatro horas. Compró un pasaje en clase económica y como viajaba sola, no gastó en escoger un asiento antes del vuelo. Cuando llegó, la aerolínea le había asignado el asiento de al medio.
A su izquierda, se sentó un hombre “corpulento” que abrió las piernas para dejar su mochila entre medio de ellas en el suelo. A la derecha, llegó otro hombre que se sentó y levantó el reposabrazos. “No me importó tanto que lo levantara, entiendo que los aviones a veces son pequeños para las personas. Pero al segundo, tenía su hombro y su brazo ocupando un cuarto de mi asiento. Cuando intenté desplazar mi cuerpo y girarme hacia el otro lado, mi muslo rozó con la rodilla del hombre que estaba a la izquierda”, relata.
Quedaba una hora para aterrizar. Catalina del Fierro cuenta que se armó de valor y le pidió al hombre que estaba hacia la ventana que “por favor respetara su espacio”. El hombre, se giró hacia el vidrio para quedar con el cuerpo ladeado. Pero unos minutos más tarde, su rodilla volvió a abrirse hacia el asiento de al medio. “No soy una persona conflictiva y me intimida un montón pedir estas cosas. Honestamente fue uno de los peores viajes que he tenido”, remata del Fierro.



