Ciudad
15 de Enero de 2025“Esto es tierra de nadie”: Vecinos del barrio Lastarria alzan la voz por el avance del comercio ambulante y los delitos en el sector
En menos de 10 años, el barrio Lastarria pasó de ser uno de los sectores más atractivos de Chile a convertirse en el epicentro del comercio ambulante. Aquí, vecinos y locatarios narran sus rutinas y los conflictos que enfrentan debido al comercio irregular. Algunos incluso se arrepienten de haber comprado propiedades en el sector: "Me lo advirtieron, pero no hice caso y me cambié igual".
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Al salir del metro Universidad Católica, un miércoles a las 12:30 horas, al lado del Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) no se observa ningún vendedor ambulante. Tampoco se ve gente consumiendo alcohol ni mucho menos fumando marihuana en la vía pública. Lo que sí hay son numerosas patrullas de seguridad ciudadana del municipio de Santiago, custodiando el Barrio Lastarria.
Repartidos por la calle José Victorino Lastarria, los funcionarios municipales marcan su presencia ubicando una patrulla cada 30 metros. Uno de los trabajadores de seguridad ciudadana comenta que operan desde las 7:00 hasta las 20:00 horas, y su instrucción directa es “no dejar que nadie se instale en la calle a vender”. El día de ayer, The Clinic publicó un artículo en el que expone la situación actual del barrio.
Alrededor de las 15:00 horas, el panorama del barrio Lastarria comienza a cambiar. Empiezan a aparecer los primeros manteles con ropa y mesas plegables con anillos artesanales. También aparecen de a poco los comerciantes de comida informal con sándwiches, alcohol e incluso “queques mágicos” con cannabis.
El panorama empeora a medida que avanza la hora, pero a eso de las 21:00 horas llega el peak del desorden, ya que los funcionarios municipales desaparecen por completo y, como señalan los mismos vecinos del sector, “es tierra de nadie”.
La presencia de cientos de ambulantes con sus manteles convierte a el barrio Lastarria en una multitud de gente, ya que los precios de la ropa usada que se vende son atractivos. El problema de esto, que es la cara que no se ve del comercio ambulante desatado, es la convivencia de los ambulantes con su entorno.
Porque a esa hora, el comercio ambulante se mezcla con microtráfico de drogas, que se concentra especialmente en la intersección de calles Lastarria y Merced, donde también son habituales los lanzazos para robar celulares.
Un sueño destrozado por el comercio ambulante en Lastarria
Claudia Merino cuenta que en su juventud siempre soñó con llegar a vivir al barrio Lastarria, pues lo veía como un lugar bohemio, pero tranquilo. Ahora, cuatro años después de haber comenzado a arrendar un departamento en la esquina de Lastarria con Merced, dice que se arrepiente totalmente de su decisión.
En 2020, Claudia Merino se mudó desde el sector de Los Héroes a su departamento en el barrio Lastarria, para también arrendar un local en la calle Merced donde vende ropa usada. Según sus propias palabras, “me lo advirtieron, pero no les hice caso y me cambié igual”. Actualmente Merino vive con su hijo y su madre de 80 años, y para ambos significa una serie de problemas vivir en el sector.
A solo días de haberse mudado, se dio cuenta de cómo funcionaba el sector, donde todas las tardes las calles son tomadas por los ambulantes y no hay quien los mueva del lugar. Conflictos con transeúntes, con vecinos del sector e incluso entre ellos mismos se viven día a día en el barrio Lastarria. Todo esto le causa múltiples problemas a la emprendedora.
Lo primero que notó Claudia Merino al comenzar su negocio de ropa en el sector fue que todas las tardes, cuando se instalan los ambulantes, le es imposible vender, ya que sus precios no tienen forma de competir contra los de los comerciantes informales. Además de la diferencia de precios, el desorden general que se produce con el comercio irregular a las afueras de su local también aleja a los clientes, pues mucha gente opta por evitar el barrio en las horas de descontrol.
Esta problemática la aborda Alfonso Molina, presidente de la Asociación Gremial de Barrio Lastarria. Según el representante de los comerciantes formales, el comercio irregular les “perjudica de sobremanera, porque atraen un público que no compra en los locales comerciales establecidos, y el público que sí compraría en estos locales se ve reticente a venir al barrio porque cuesta caminar”. A esto, el representante suma que el desorden que causan los vendedores ambulantes puede transformarse en incivilidades, lo que espanta a los clientes.
Pero el desagrado que le causa el comercio ambulante a Merino no acaba ahí, pues a las afueras de su edificio también se instalan diariamente con sus manteles, obstaculizando las escaleras de la entrada de la edificación. Es por esto que tuvieron que tomar la medida de amarrar una cuerda en la escalera para que nadie se pueda sentar.
La conserje del edificio, quien por miedo a la agresividad de los ambulantes prefirió no dar su nombre, dijo a The Clinic que “es horrible, aquí se invadía de gente que se sentaba en la entrada a comer o a tomar y no dejaban ni entrar a la gente que vive”. La mujer, que lleva más de tres años trabajando en el lugar, critica que “la mugre, las botellas y el olor a orina que hay cuando llego en la mañana es horrible”.

Un desorden interminable
Al no poder instalarse temprano y depender de la salida de los funcionarios municipales, la salida de los ambulantes es tardía, muchas veces significando que se quedan hasta la 1:00 o las 2:00 am. Según el relato de los vecinos, el consumo de alcohol y drogas incrementa considerablemente a medida que anochece, y con esto la música fuerte, el ruido y la violencia.
“Aquí después de las 19:00 esto es tierra de nadie, entre los ambulantes y los músicos no hay respeto por nada”, dijo una vecina del sector de 70 años que tampoco quiso revelar su identidad por temor. Según detalla la mujer, “antes con mi marido salíamos a la terraza en la noche y jugábamos cartas, ahora es imposible”.
El administrador de un local ubicado en José Victorino Lastarria que, al igual que las anteriores testigos, pidió a The Clinic mantener su identidad en privado por miedo a los vendedores ambulantes, reitera el punto planteado por Claudia Merino, y es que, según comenta, “el entorno que se forma en las tardes, con alcohol, peleas y la presencia de drogas, deja de ser atractivo, ya que a la gente le da miedo venir acá”.
“Uno paga patentes, arriendos y sueldos, ellos no pagan nada. Yo creo que hasta ganan más que uno”, comenta el locatario, quien explica que es imposible competir con los precios de los ambulantes, ya que estos no pagan ninguna de las cosas que menciona.
Si hay un punto en el que todos los locatarios y vecinos concuerdan, es que el comercio ambulante se desató después del estallido social de 2019.
Intento fallido de sacar a los ambulantes
Alfonso Molina, presidente de la Asociación Gremial de Barrio Lastarria, explica que durante el mandato de la exalcaldesa Irací Hassler se intentó regular la situación de los vendedores ambulantes contratando a guardias privados. Para esto se llegó a un acuerdo con la municipalidad en el que se establecía que el pago del servicio se iba a pagar entre el municipio y los locatarios.
El presidente de la asociación de locatarios explica que el sistema de guardias privados funcionó a la perfección, pero el acuerdo duró aproximadamente tres meses, hasta que, según explica, el municipio dejó de entregar su aporte del 50% para mantener a los guardias, por lo que se volvió insostenible.
Según detalla el representante de los locatarios, otro grupo que se ve afectado son los vendedores ambulantes formales, quienes pagan su permiso para vender en la calle, ya que cuando los funcionarios municipales se retiran y los vendedores informales comienzan a instalarse, son los primeros en ser desplazados. “Ellos nos han pedido ayuda para poder reordenar esto y que no los expulsen, porque ellos tienen su espacio físico determinado por el municipio pero nadie lo respeta”, agrega Molina.
Alfonso Molina añade que hace tres semanas tuvo una reunión con el actual alcalde de Santiago, Mario Desbordes, en la que abordaron el tema del comercio ambulante. Según Molina, en la reunión propuso retomar el sistema que se intentó durante la antigua administración, lo que le, según él, le interesó al actual alcalde, por lo que espera que se retome ese sistema.



