Peleas, ambulantes y esfuerzos municipales para quitar la concesión: el nublado presente de Caleta Abarca, la playa más popular de Viña del Mar
Comercio ilegal en pugna con carabineros y guardias, basura, malos olores, áreas clausuradas y menos superficie por las recientes marejadas. El tradicional balneario de pasado industrial enfrenta el cambio climático y el deterioro, en contraste con su orgulloso pasado plagado de instancias históricas y el cariño de sus vecinos. La alcaldesa Macarena Ripamonti promete un giro deportivo a la playa más popular y acontecida de Viña del Mar. Y detalla que “mantenemos una contienda jurídica a propósito de esta concesión para caducarla definitivamente, una vez que se conozca la resolución en términos legales”.
Por Marcelo Contreras 18 de Enero de 2025
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Es una tarde abochornada de sol reacio en este flamante verano 2025 en Caleta Abarca. 20 grados, suave oleaje tras varios días de violentas marejadas, poco público y restos de basura, cotillón y hedores, cuando había pasado una semana desde el Año Nuevo. En escasos segundos, el ambiente se tensiona y estalla en el balneario. Los veraneantes se agolpan curiosos en el remate de un pasaje informal de comercio ambulante, ante la irrupción de carabineros motorizados y otros a pie, secundados por un grupo de guardias de negro a rostro cubierto. Un parche con letras en amarillo identifica a los funcionarios como “Inspector Municipalidad de Viña del Mar”.
Los vendedores gritan desaforados, hay empujones, forcejeos, improperios y mercaderías desparramadas, mientras un perrito chascón permanece impertérrito en medio del caos, echado entre unas cajas. Un niño de un par de años irrumpe en llanto y se lo llevan en brazos, mientras un quinceañero notoriamente alterado planta carrerones profiriendo garabatos y amenazas a la autoridad, hasta que encuentra un motivo para descargar su furia: una moto policial estacionada. La patea con dificultad, la tumba y coge una piedra con sus brazos de puro pellejo y hueso, dañando ligeramente el vehículo con débiles golpes. Pronto se cansa.
El efectivo de la motocicleta regresa, el chico huye y el uniformado levanta el vehículo, cuando aparece un tipo descamisado con gruesa cadena y reloj dorado, bramando a escasos centímetros del rostro del motorista.
“¡Nosotros pagamos 72 lucas mensuales -chilla con la yugular marcada- por trabajar en esta huevada!”.
Otro tipo con polera de la U reitera lo mismo, a menos revoluciones. “Estamos trabajando, no estamos robando”, repite. Una mujer se suma descontrolada -“¡para eso pagamos!”, grita una y otra vez-, en tanto el enfrentamiento se traslada hacia la zona de los jardines. Los vendedores lanzan sus propios productos a las fuerzas de seguridad -botellas, latas, lo que sea-, y se abalanzan en desordenado ataque, disuelto apenas un carabinero arroja gas pimienta.
Una veraneante argentina -”Eva, de Mendoza”-, clama a viva voz lo inconcebible del episodio; pregunta dramática dónde están los medios y por qué no se hace viral el incidente, hasta consultar estentórea por el dueño del perrito, que sigue inmutable observando el lío con indiferencia como si estuviera acostumbrado. Tras un sorbo de gaseosa, un niño responde soltando un flato -discutible gracia celebrada por su entorno-, que “el Benji” pertenece a uno de los vendedores.
“Me siento segura en Chile -dice Eva- siempre lo he pasado muy bien. Pero esto no lo había visto nunca, que sacaban a la gente así, que golpeaban con impunidad”.
“Me da mucha impotencia el trato -sigue-. Entiendo con quien roba, no con los que trabajan. Hay gente que ha pagado por estar acá”.
“La verdad no tengo idea de cómo es la interna -remata-, pero no me parece la forma”.
Los puestos quedan arrasados, excepto un toldo azul del que cuelgan algunas pelotas de playa. Los vendedores arrojan al interior de una camioneta los restos de mercadería. El tipo descamisado y bling bling que aseguraba pagar 72 mil pesos con expresión desquiciada, camina y maldice por el estacionamiento. El intento por ahondar en la supuesta cuota termina en un conato de agresión y acusaciones.
—¿Andai sapeando conchetumare?
Cuatro días más tarde, una pelea en la playa captada en video se vuelve viral, hasta escalar a la prensa y convertirse en noticia acaparando titulares. Los medios de comunicación repiten las imágenes y algunos datos confusos del incidente, reportando en tono amarillista “20 detenidos y heridos”, según un matinal.
Los hechos: un vendedor ambulante advirtió la presencia de un grupo familiar conocido en el balneario por dedicarse al robo. Uno de los miembros de la familia se dio por aludido y acusó de “sapo” al vendedor a punta de garabatos. Según declaró a C13 Emilio Ormeño (“director sindicato Caleta Abarca” en la nota), “el ladrón sacó una cortapluma y le propinó cuatro puñaladas a la persona, al trabajador”.
“De acuerdo a la dinámica -explicó a las cámaras el mayor Pedro Zapata de la prefectura de Viña del Mar-, terminan dos hombres lesionados de 32 y 37 años, los cuales son detenidos”. El oficial detalló que “mantienen lesiones por herida cortopunzante, uno tiene la lesión en el tórax y otro en su mano izquierda, además de contusiones”.
Ambos, con antecedentes “por corte y consumo de droga, robo en lugar no habitado, receptación y amenazas”, quedaron en libertad con citación al tribunal.
El miércoles 15, en una actividad convocada en Caleta Abarca, Carabineros recibió siete radiopatrullas y 24 furgones.

Asesinatos y confesiones
La municipalidad de Viña calificó como “operativos cotidianos” la acción de la policía y sus propios guardias sobre los comerciantes apostados en Caleta Abarca. Reconocen la autorización para la oferta de artículos de playa, pero el permiso fue suspendido por la llegada de otros ambulantes dispuestos a transar “de todo”, amenazando a los establecidos.
Max, vendedor de palmeras, barquillos y cabritas, luce lentes tornasolados y viste una cotona blanca que no ha visitado la lavadora hace rato. Cuenta que trabaja por más de 30 años en el lugar, y que en esta temporada hay más argentinos que de costumbre. Caleta Abarca, asegura, “ha cambiado bastante”.
—¿En qué sentido?
—La misma gente, en todo, en las ventas también.
—¿Cómo ha cambiado la gente?
—No hay respeto en nada.
—¿Cómo se advierte eso?
—Cada uno vive en su metro cuadrado.
Algo similar opina Rodrigo Trincado, un exvecino del próximo cerro Recreo que se crió en la playa -allí aprendió a nadar-, y que a pesar de vivir en Santiago aún frecuenta el balneario. Cree que no dejaría ir a su hijo solo a la playa, como él lo hacía en los 80 y 90 con una veintena de amigos, que frecuentaban Caleta Abarca entre diciembre y marzo. “No sé si lo dejaría hacer las cosas que yo hice”, reflexiona.
Tal como en Reñaca, la playa se subdivide históricamente en grupos socioeconómicos y etarios. “De la mitad a la derecha, hacia el (hotel) Miramar -explica- es como el sector, entre comillas, cuico. Y a la izquierda, hacia la avenida España, más popular, gente con ollas”.
Es también la zona más abandonada de Caleta Abarca. Ahí se encuentra la piscina y una desvencijada sección para practicar deportes -ambos inoperantes-, lo mismo la discoteca, todo inerte en pleno verano, mientras en una esquina de la playa se acumula basura.
Más allá, en las bases del puente Capuchinos, hace largos años se practica acrobacia en telas. La zona es siniestra. Allí ocurrió el último crimen de los psicópatas de Viña. El 1 de noviembre de 1981 violaron y asesinaron a Roxana Venegas, de 22 años. Su pololo Jaime Ventura, muerto a tiros, tenía 18.
Días más tarde, patrullando en Caleta Abarca, el cabo de Carabineros Juan Quijada encaró al cabo Jorge Sagredo por el asesinato de ambos jóvenes, tras escuchar una conversación con su cómplice Carlos Topp Collins, también policía, que dejaba en evidencia el conocimiento detallado de los crímenes. Sagredo confesó de inmediato. “Estaba tiritando. Como que se estaba desahogando”, recordó años más tarde el cabo Quijada. Sagredo y Topp Collins fueron los últimos condenados a muerte en Chile, fusilados en Quillota el 29 de enero de 1985.
Caleta Abarca ha sido escenario de instancias históricas más amables. “El 26 de marzo de 1853 -cuenta Renzo Vacarezza, “Librepensador, italo-chileno”, como se presenta en X-. desembarcó desde el bergantín de origen peruano ‘Carmen’ el General Giuseppe Garibaldi, uno de los mayores protagonistas de la unificación Italiana. Fue recibido por los miembros de la colonia italiana de Valparaíso”.
“Garibaldi vino en dos oportunidades (…) -agrega-, en 1851 y 1853. Esta última es la más conocida”. Un monolito en el sector recuerda la ilustre visita.
También en Caleta Abarca, en lo que hoy es la abandonada disco, una temprana encarnación de Los Jaivas -los High & Bass- se fogueó. Samuel León, vecino histórico de Recreo que acostumbraba a nadar por las mañanas a la desaparecida balsa de la playa, cuenta que el padre de un amigo de toda la vida, fue fotógrafo del quinteto en sus inicios. “Al principio, cuando arman el grupo -relata- vendían animación de matrimonios y de eventos”.
“Era una rareza, una exclusividad en esos tiempos -explica-, con juegos, canciones y chacoteos. Los contrataban mucho”.

Niños a la deriva
Uno de los accesos hacia la playa a un costado de las rejas que mantienen la clausura de la discoteca, combina un fuerte hedor a orina y la sal propia del agua marina. Allí, familias más humildes se arremolinan pegadas a la pared del exrecinto nocturno, devorando bandejas con comida. Otros ocultan sin mucho esmero entre quitasoles y pertenencias un clásico eterno de la costa chilena en verano: el melón con vino.
Ara, una salvavidas de 31 años, observa atentamente a los bañistas en ese tramo, mayoritariamente menores de edad, que corren de acá para allá con movimientos intempestivos, sin espacio a distracciones.
“Los niños están muy abandonados”, observa. “El otro día un compañero tuvo un rescate allí -apunta hacia unas rocas-, y salió todo rasmillado. La gente es como tonta, vacía, poco consciente”.
Este es el primer verano de Ara en Caleta Abarca después de trabajar varios años en el balneario de Caleta Portales en Valparaíso. Se aburrió, dice, de socorrer a borrachos, drogadictos, gente en condición de calle y suicidas.
“La base de esto es la prevención y acá estamos al debe -observa-. En Brasil y Argentina, por ejemplo, hay educación acuática. Nosotros vamos en retroceso”.
Profesora de educación física, Ara cuenta que en un día normal trabajan tres salvavidas en Caleta Abarca, y que la paga por jornada es de 73 mil pesos. Para ser salvavidas, cuenta, “hay que rendir una prueba teórica ante la autoridad marítima donde preguntan de banderas, las reglas de la playa, qué es la pleamar, la bajamar, el comportamiento del mar y los tipos de oleaje; si es mar calmo, rizado, marejadas y de qué tipo”.
La prueba práctica, explica, consiste en “correr diez metros, pasar atrás de un cono, ir a buscar a la víctima que generalmente es un buzo de la Armada, y arrastrarlo; hacer el remolque a mano o con marcas por 75 metros”.
“Una vez que está en la orilla -prosigue- arrastrarlo diez metros a una zona más segura, donde la arena esté seca. El práctico se da todos los años para demostrar que estás en condiciones”.
—¿Hay una edad límite para ser salvavidas?
—Los más antiguos que conozco tienen 70 años.
Caleta Abarca “guarda una excepcionalidad”, revela la alcaldesa de Viña del Mar Macarena Ripamonti. “La propiedad está bajo la jurisdicción del municipio, y no de la Armada, como ocurre en el resto de las playas”. La jefa comunal apunta que el balneario fue concesionado “mucho antes de nuestra llegada” en 2021 y que “ha vivido situaciones de abandono (…)”.
La autoridad asegura que en su primer periodo hubo “una fiscalización constante de la concesión”. “De hecho -sigue-, tenemos un amplio dossier con toda la información de parte de Carabineros y de los procesos fiscalizadores. Es así que en octubre de 2024 se clausuró la discoteca por incumplimientos”.
La alcaldesa detalla que el término de la concesión fue votado “por parte del Concejo Municipal, ya que nuestra estrategia como municipio es tomar las riendas y sacar provecho a Caleta Abarca, porque esta era una concesión larguísima que duraba más allá del año 2030”.
“Mantenemos una contienda jurídica a propósito de esta concesión para caducarla definitivamente -precisa-, una vez que se conozca la resolución en términos legales”.
Ripamonti asegura que pretenden convertir a Caleta Abarca en una “Playa del Deporte”.
S&A Consultores, a cargo de la concesión del balneario, declinó hacer declaraciones a The Clinic sobre el tema.

Efecto calentamiento
Emi, de piel curtida por el sol y el mar, está sentado mirando la playa echado hacia atrás. A su lado, Oziel quita con un filo la arena adherida a la aleta de una carreteada tabla de surf. Emi cuenta que tiene más de 40 y que desde los ocho visita Caleta Abarca. Oziel trabajó varios años en Reñaca como salvavidas, y se cambió porque las condiciones resultan más favorables para las prácticas deportivas náuticas, la actividad que ambos desarrollan en el balneario mediante instrucción.
“Es la playa más tranquila que hay para hacer clases de natación y deportes acuáticos -observa Emi-. Reúne todas las condiciones que no poseen otras. Por ejemplo, la playa de la recta Las Salinas, que es abierta. Esta, por ser doble herradura, merma un poco la masa de agua, generando la condición para poder hacer natación, surf, velas, y kayak”.
“Acá llega de todo”, interviene Oziel, “es muy dispersa la playa”.
—¿Cómo así?
—Extranjeros, de todo tipo de gente. Un día puedes encontrar la playa sin parlantes, tranquila, y otro día llegai y los hueones están con parlantes chupando y la embarrá’. Es muy dispersa la playa.
“Es una playa popular -sintetiza Emi-. Un balneario popular”.
“Este es el más popular de Chile”, asegura Oziel, sin dejar de quitar la arena con la afilada herramienta. Luego asegura que en un mes se puede aprender a nadar en Caleta Abarca “con dos clases a la semana, a 10 lucas la hora, y 13.500 la de stand up paddle”, el deporte acuático de moda en las últimas temporadas.
Las fuertes marejadas entre Pascua y Año Nuevo que afectaron a la costa Pacífico, causaron ligeros estragos en el balneario. La arena cubrió todo el primer nivel donde hay restaurante a precios accesibles y diversos puestos con la típica oferta playera, incluyendo venta de churros y golosinas, masajes, y el arriendo de quitasoles y reposeras.
La impresión inmediata es que debido al furioso oleaje la playa se achicó.
“Creo que es un mal concepto -interviene Emi-. No se achica, ni se agranda, queda en la misma. Lo que pasa es que la playa, al generar marejada, sube la masa de agua”.
El profesor Patricio Winckler de la escuela de ingeniería oceánica de la Universidad de Valparaíso, y doctor en ingeniería civil de Cornell University (EEUU), clarifica varias dudas, partiendo si estas marejadas respondieron al calentamiento global. Reconoce que si bien el cambio climático afecta a las playas a largo plazo, principalmente por el aumento del nivel del mar, cambios en el régimen de marejadas y la reducción de los caudales de ríos -efectos pueden llevar a una erosión costera crónica y una reducción del ancho de las playas-, y que las marejadas son más frecuentes, se requieren complejos análisis estadísticos para atribuir eventos individuales al cambio climático.
“Y esos estudios son complicados y también tienen limitaciones -comenta-, por lo que atribuir un solo evento al cambio climático, no es una aproximación rigurosa”.
El especialista explica que las playas tienen un ciclo de vida periódico “que hace que durante el verano sean bastante más anchas que en invierno”. “En invierno usualmente ocurren marejadas con olas de gran altura que son capaces de tomar las arenas de la zona energía de la playa y transportarlas a mayores profundidades, generando barras”.
“Durante el verano -continúa- el oleaje es más suave, esas arenas migran a zonas más altas y recargan las playas. Por eso hablamos del ciclo de vida de las playas”.
El profesor Winckler dice que, en el caso de Caleta Abarca, en marzo o abril la playa podría recuperar parcialmente su arena con una salvedad. “En el caso que el movimiento de arenas haya sido muy masivo, y esas arenas se hayan depositado más allá de las zonas de rompientes, entonces se corre el riesgo de que en los próximos meses o incluso años la playa no logre recuperar su superficie emergida”.
En el contexto del cambio climático, “las playas podrían perder entre cinco y 15 metros de ancho promedio hacia mediados de siglo, debido a un aumento moderado del nivel del mar”.
“A finales de siglo, con un posible incremento de hasta un metro en el nivel del mar -agrega Winckler-, la erosión costera será más severa, afectando principalmente a playas con poco volumen de arena. Ejemplos históricos, como la desaparición de la playa Miramar por construcción costera, evidencian el impacto humano en este proceso”.

Pasado metalero
El aspecto actual de Caleta Abarca responde a trabajos realizados a partir de 2009, en el segundo periodo de la alcaldesa Virginia Reginato. Las obras, que pretendían un aire más moderno con toscos resultados, dialogaron escasamente con el diseño original del balneario, cuyos usos previos no guardan relación alguna con la actividad turística.
“En la época prehispánica, era una ensenada utilizada por habitantes originarios”, cuenta el periodista e investigador histórico Piero Castagneto. “En 1711, José de Abarca plantó un viñedo en la Hacienda Las Siete Hermanas, complementando la Viña de la Mar, origen del nombre de Viña del Mar”.
En 1883 se instaló en Caleta Abarca la fundición Lever, Murphy y Cía., pionera en su rubro en Chile, fabricando “rieles, locomotoras, carros, puentes y materiales para la Armada, incluyendo el escampavía Meteoro en 1901. Cesó actividades en 1936, marcando el inicio de la transición al uso recreativo”.
A comienzos del siglo XX, el borde costero viñamarino privilegiaba un uso industrial. El muelle Vergara por ejemplo, cuya estructura se hizo en la fundición de Caleta Abarca, operó durante décadas con la Compañía de Refinería de Azúcar de Viña del Mar, la desaparecida CRAV.
La diseñadora Karla Silva, coautora de Viña del Mar Moderna (2022) junto al historiador Daniel Briones, relata que el devastador terremoto de Valparaíso en 1906 provocó la partida de familias desde el Puerto, “transformando a Viña en un lugar más urbano y apreciado por su paisaje”.
“La migración inglesa y el desarrollo del Sporting Club impulsaron su vida social -detalla-, mientras que el tren conectó a Viña con Santiago, facilitando el turismo y la recreación”.
A partir de 1920, “con leyes laborales que fomentaron el turismo y otorgaron vacaciones -continúa-, y un empréstito municipal para obras públicas como el Casino, hoteles y piscinas, Viña se encamina como balneario internacional”.
Caleta Abarca dejó atrás definitivamente su periodo como maestranza y astillero hacia la década del 30, “cuando fue renovada como parte de las obras públicas financiadas por el empréstito municipal”.
“Se construyó infraestructura como el paseo costero hacia el Casino, el Cap Ducal y la conexión con la avenida España en 1922 -detalla la diseñadora-, que modernizó el acceso desde Valparaíso y fomentó el turismo”.
No deja de ser paradójico que pese a la cercanía con el señorial cerro Castillo sede del palacio presidencial, el hotel de categoría que históricamente remata la playa -hoy el Sheraton Miramar-, mansiones de corte europeo y el residencial cerro Recreo, el balneario Calera Abarca sea un reducto popular en el más amplio sentido.
“Aunque rodeada de arquitectura exclusiva, su ubicación central y fácil acceso, la hicieron popular frente a playas más alejadas como Reñaca y Concón”, reflexiona Piero Castagneto.
“Era una playa perfecta”, evoca Samuel León cuando repasa su infancia y adolescencia en Caleta Abarca como parte de la cotidianidad, excepto cuando “te agarraba una ola y te hacía una lavadora, y te dejaba claro que había que irse con cuidado”.
Rodrigo Trincado recuerda una zambullida digna de un dibujo animado. “Voy todo campeón, agarro vuelo, me tiro y caigo arriba a una roca”.
Cuando logró incorporarse medio aturdido, sus amigos lo miraban atónitos: era una llaga desde el pecho hasta los pies. “Con el agua salada y más encima que me limpiaron con toallas con arena, mal. Un piquero inolvidable”.
En rigor, Rodrigo se estrelló con los restos de ese pasado industrial de Caleta Abarca, las bases del muelle. Sólo fueron removidas en 2015.



