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Opinión

2 de Febrero de 2025
Sandro Baeza / The Clinic

¿Qué habría hecho Jaime?

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

Fue en el mundo del guzmanismo -UDI, cercanos a la UDI y ex UDI devenidos en republicanos- donde se suscitó la mayor batalla ideológica por la reforma de pensiones. Banderas enarboladas: “Convicción a secas” o “pragmatismo con convicción”. ¿Quién fue fiel a la doctrina? La responden un grupo líderes de opinión. (La pregunta complica más de lo que pensamos. Muchos se negaron a responder).

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Fue en el mundo del guzmanismo -UDI, cercanos a la UDI y ex UDI devenidos en republicanos- donde se suscitó la mayor batalla ideológica por la reforma de pensiones. Banderas enarboladas: “Convicción a secas” o “pragmatismo con convicción”. ¿Quién fue fiel a la doctrina?

En esa línea, un grupo líderes de opinión respondieron a la pregunta: ¿Qué habría hecho Jaime Guzmán (máxima figura ideológica de la derecha tradicional) con la reforma de pensiones?

Francisco Moreno Guzmán. Abogado. Sobrino de Jaime Guzmán E.

Asumir el papel de “exégeta” del pensamiento político de Jaime aplicándolo a la coyuntura política presente de la reforma de pensiones, exige necesariamente transparentar en lo que hoy estaría Jaime si es que esas manos asesinas del Frente Manuel Rodríguez no hubiesen apretado sus gatillos aquel 1° de abril.

Para desconsuelo de muchos – especialmente para aquellos que lo hicieron militar de manera virtual en un partido político hace algunos días – Jaime no se habría enterado de la tramitación del proyecto de pensiones, ni mucho menos del interés del Partido Republicano de contarlo entre sus militantes. Lo cierto, es que habría terminado su período senatorial en 1998 y desde aquel entonces se habría retirado de la política sumergiéndose en su verdadera vocación: la vida religiosa contemplativa. Eso fue lo que confidenció a su círculo más cercano. No está claro si como benedictino, franciscano o carmelita descalzo. La extrema izquierda se encargó de que esa disyuntiva nunca existiera.

Por eso resulta equivocado juzgar a un partido respecto a su actuar presente en función de lo que habría hecho, definido o resuelto su fundador. A diferencia de una organización religiosa – donde lo anterior si es relevante – los partidos políticos se deben evaluar en función de qué tan capaces son de avanzar en consolidar su ideario dispuesto por su fundador en las políticas transformadoras y que generan impacto en un país. El hecho de que la capitalización individual se haya aumentado y por lo tanto consolidado en la actual reforma es, sin duda, un triunfo de la sociedad libre y de los postulados de la responsabilidad y libertad individual. Es, indirectamente, un “triunfo guzmaniano”. 

Que para alcanzar lo anterior se haya tenido que incluir un préstamo forzoso al Estado que genera entendibles dudas de futura incobrabilidad en función del endeudamiento récord que enfrentamos, es algo que se debiese haber meditado, estudiado y debatido con otro nivel de profundidad del que fuimos testigos en su tercer trámite constitucional.

Isabel Plá. Militante UDI. Exministra de la Mujer

Sin haberlo conocido, remitiéndome a su visión de la política al servicio de Chile y no de otros intereses, creo que Jaime Guzmán habría entendido que el país no podía postergar una reforma previsional, que se ajustara a la realidad laboral, distinta a cuando se creó el sistema; enfrentara los déficits acumulados por años; y contribuyera a la paz social y a la estabilidad, a las que daba la mayor importancia. Habría alentado el diálogo – lo estimaba inherente a la democracia – y celebrado este acuerdo, con condiciones que aseguran la libertad del sistema, sin la intromisión de la ideología.

Esa visión, pragmatismo en un sistema democrático y una sociedad en constante cambio, está expresada en una columna que escribió en La Segunda, en octubre de 1983, tras fundar la Unión Demócrata Independiente: “…Los democrataindependientes hemos manifestado el imperativo de un mayor pragmatismo político, en el cual las transacciones se acepten como inherentes a la vida democrática, distinguiéndolas de las meras componendas politiqueras”.

Agrega, más adelante: “Los principios fundamentales enunciados por la UDI no pretenden constituir una formulación acabada de las bases de una sociedad libre. Están abiertos a ser perfeccionados, enriquecidos y desarrollados”.

Marcela Cubillos, fundadora de la UDI, partido en el que militó hasta 2013. Exministra

Ante cualquier situación era capaz de anticipar aristas que nadie detectaba, por eso no se puede hablar por él. Pero después de haber sido su alumna y haber trabajado junto a él en los inicios de la UDI me atrevo a decir 4 cosas:

Primero, no habría justificado una decisión, escudándose en una figura fallecida o atribuyéndose su interpretación. Lo habría hecho afirmado en sus propios argumentos. Por eso me llamó mucho la atención que la UDI (o una parte de ella) para salir a apoyar esta reforma hayan tenido que decir que lo hacían “siguiendo el legado de Jaime Guzmán”.

Segundo, no toleraba el trabajo mal hecho ni la frivolidad. Jamás habría aceptado votar informes que no se hubieran alcanzado a analizar y estudiar con detención.

Tercero, creía en un partido político con posiciones claras y siempre predecible. Los acuerdos que promovió, y se suelen citar como ejemplo, fueron instrumentales, nunca haciendo concesiones sobre sus convicciones, como cuando cedió la presidencia del Senado.

Por último, jamás habría argumentado con descalificaciones personales, mentiras, o acusando a todos los que no piensan como él de extremistas o bots. Lo habría hecho desarmando, con inteligencia, cada uno de los argumentos de quienes le rebatían.

Jorge Barrera

Jorge Barrera. Abogado. Militó en la UDI y en el Partido Republicano

 Yo creo que hay dos errores que cometen ambos lados desde la perspectiva de Jaime Guzmán: 

1) La clave para ser graníticos era primero acordar con los tuyos para tener una pura línea. Jaime Guzmán hubiese logrado una acuerdo de las derechas para ir con una sola voz. Eso esta vez no pasó ni en la UDI, que tuvo diputados desmarcados. Como político, Guzmán entendía que había que maximizar posiciones, pero acordando internamente primero. Por lo mismo, siendo conservador y más vinculado a sectores nacionalistas y corporativistas en sus inicios, igual terminó acordando con los Chicago Boys. “Ustedes se encargan de la economía y déjenme a mí lo valórico. PERO el acuerdo es completo y suficiente, tanto así que yo defiendo lo suyo como si fueran convicciones mías, y ustedes defienden lo mío tal como si fueran convicciones suyas.

2) Luego de ese acuerdo interno que fija las “líneas rojas”, estas líneas son las únicas intransables. No hay reformas completamente malas ni completamente buenas. Los acuerdos se construyen en el margen de lo que se puede ceder; como hay una sola voz (por el punto 1) o se acuerda o no hay acuerdo, pero por detalles analizados en conjunto. 

En resumen la gracia de Jaime Guzmán es que entendió que el juego colectivo era más importante que los votos y que ser inteligentes. Si eres una roca, si eres granítico como grupo y no hay forma que te infiltren, eres invencible.

Gonzalo Cordero. Militante UDI. Analista político

Creo que esa pregunta es imposible de responder. Hacerlo me parecería pretencioso y expresión de una tremenda soberbia. Jaime Guzmán es la persona más brillante que he conocido. Para mí, hablar con él era equivalente a que alguien prendiera la luz en una habitación oscura; te señalaba elementos, interacciones, causas y consecuencias que yo no habría siquiera vislumbrado. La pregunta que me haría, por lo tanto, mucho más que lo que él habría hecho, es qué habría visto él que yo no estoy viendo. Entonces, por definición no puedo pretender deducir lo que habría hecho.

Tengo claro, en todo caso, que tenía una muy pobre opinión de los políticos chilenos en el siglo XX. Consideraba que, casi sin excepción, eran irresponsables e ignorantes y que la principal causa del desastre de nuestro país, en todo sentido, durante el siglo pasado había sido la demagogia endémica de los partidos políticos y el Congreso. No puedo imaginar qué habría pensado hoy de un proyecto específico.

Bonus track: Daniel Mansuy. Columnista y escritor.

Me parece que Jaime Guzmán habría aprobado el acuerdo en pensiones; en rigor, no sólo lo habría aprobado, lo habría promovido y celebrado. Jaime Guzmán confiaba en que el libre mercado, y todas sus instituciones, alcanzarían arraigo en el país con el pasar del tiempo. Su profecía no se cumplió del todo, pero tampoco fue totalmente equivocada. Después de todo, los chilenos parecen apegados a la capitalización individual y a la propiedad sobre sus fondos (con el gentil auspicio de la izquierda pro-retiros). Sin embargo, es evidente que el sistema tenía problemas de legitimidad.

Este acuerdo -detalles más, detalles menos- viene a consolidar el régimen de capitalización individual, con votos de toda la izquierda. ¿Si eso no es un triunfo cultural, qué podría serlo? Si fue necesario entregar algo a cambio, Guzmán no habría tenido problema en hacerlo: en estas cuestiones, era completamente pragmático (y estuvo dispuesto a entregarle la presidencia del senado a Gabriel Valdés, que en esa época era una figura menos consensual de lo que parece hoy). 

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