El sastre de los presidentes recuerda a Sebastián Piñera a un año de su muerte: “Pagábamos el pato los sastres por las mangas y todo, pero él lo pedía así”
Samuel Ugarte fue el sastre de Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Sebastián Piñera, en sus dos gobiernos. Está convencido que si Piñera apostaba por una tercera candidatura, hubiese seguido trabajando con él. Calcula que le hizo diez trajes, más un frac y un esmoquin, y si bien afirma que no era exigente, tampoco era fácil diseñarle trajes. "Lo tenía frente al probador y de repente se daba vuelta y llamaba al acompañante, pedía el teléfono, que llámame aquí, llámame allí", recuerda sobre su experiencia con el mandatario.
Por Agustín Morel 6 de Febrero de 2025
Compartir
El año 2009, tras el triunfo de Sebastián Piñera en las elecciones presidenciales, Samuel Ugarte Zúñiga (79) recibió un llamado sorpresivo: le pidieron que fuera el sastre del mandatario electo.
Tampoco era algo demasiado inesperado para él, que desde la vuelta a la democracia ya había trabajado con las máximas autoridades del país. Le hizo trajes a Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, y Ricardo Lagos, a la par que trabajó con varios políticos y autoridades del país.
De hecho, algo que comparten estos ex gobernantes, es que los trajes con los que posaron en sus retratos presidenciales fueron todos diseñados por Sastrería Ugarte.
Durante los dos gobiernos de Piñera, Don Samuel no tuvo un relación cercana con el jefe de Estado, pero de a poco generaron un vínculo.
“A mí me contactaron con él desde la presidencia, en su primer mandato, y de ahí seguí atendiéndolo. No era muy empático al principio, pero ya después uno se soltaba con él. Y no era exigente, lo único que él pedía era que la ropa fuera muy amplia”, comenta.
Hoy, a un año de la partida de Piñera comenta sobre el accidente del ex jefe de Estado. Su relación concluyó junto al fin de su mandato, y el último traje que le diseñó fue a un año de que cediera el poder. Pero de todas formas lo lamenta.
“Lamento mucho lo que le sucedió. Y también lo lamento por haber perdido un cliente. Si hubiese estado hoy, yo creo que iría a la tercera presidencia y hubiese seguido vistiendo al presidente. Así que, bueno, solamente buenos recuerdos y el orgullo para mí de haberlo vestido”, afirma.
Los trajes de Sebastián Piñera, cabe decir, no pasaron desapercibidos. En más de una ocasión fue cuestionado el largo de sus mangas, o lo suelto de sus hombros. Pero Ugarte explica que “pagábamos el pato los sastres de que andaba con las mangas largas y todo, pero él lo pedía así. Él lo pedía por el problema que tenía en su movimiento en el cuello. No le gustaba que nada le topara el cuello. Por eso es que se le veían las chaquetas sueltas, la ropa suelta. Traté de hacer algo mejor, pero no hubo caso”.
Así, explica Don Samuel, le gustaban los trajes de una o dos tallas más grandes. Eso durante el primer gobierno, porque ya para el segundo llegó con otra actitud.

“En el segundo gobierno vino la secretaria de él primero y me dijo ‘mire, don Samuel, va a venir el presidente. Él le va a pedir la ropa amplia, yo lo conozco. Dígale que sí, pero usted haga la ropa a su gusto. Dígale que sí nomás'”, recuerda el sastre con más de 60 años de trayectoria
El cambio sirvió, asegura Ugarte. En su perspectiva, hubo un cambio de look notorio. Para los sastres y su familia, al menos, porque el propio mandatario, no se percató.
—¿Lo notó el presidente, cree usted?
—No. Por eso bien me dijo la secretaria que iba a pedir dos tallas más grandes, pero que yo hiciera como hago las cosas y no diga nada. Y efectivamente, después cuando vino, se probó la chaqueta y se la llevó. Otra gente llega, se mira, se mira la caída de las mangas, el cuello, el detalle. Él no, decía “está bien, vamos”.
“Le gustaba que la ropa fuera cómoda, pero era exigente con el pago”
Samuel Ugarte calcula que le hizo más o menos diez trajes al mandatario en sus dos gobiernos. Además, le hizo un frac cuando Sebastián Piñera tuvo que viajar a un encuentro con la monarquía española, y un esmoquin cuando tuvo que ir a la Casa Blanca. Ambos viajes en su primer mandato.
“En esa oportunidad le hice frac y cuando fue a Estados Unidos le pedían esmoquin. Así que le hice toda la ropa de etiqueta a él, que se sentía muy cómodo con frac, se veía muy bien”, recuerda.
Las preferencias del jefe de Estado eran claras, de trajes oscuros y marengo, y una tendencia marcada a las corbatas rojas.
“Se nota a la vista que mejoró su look en el segundo gobierno. Era de traje oscuro, azul y marengo y de corbatas rojas. Perdí la cuenta de cuántas corbatas rojas se llevó de acá. Porque le gustaban mucho las corbatas rojas”.
Al sastre de los presidentes le gusta recordar que tuvieron un contacto bastante agradable y reiterar que “no era exigente en la ropa. Le gustaba que fuera cómoda. Lo que era exigente era en el pago. Defendía los precios a ultra. Siempre me rebajaba los precios. La verdad que nunca me pagó lo que yo le pedía, siempre me quitaba esto, me quitaba eso, me sacaba la cuenta. Pero en fin, llegamos a acuerdos al final”, comenta entre risas.

A otros mandatarios, Sastrería Ugarte le hacía solo los trajes, pero Piñera a veces pedía un poco más, camisas y corbatas.
“Sabía elegir, sabía lo que era bueno, una tela buena. Le gustaban las telas livianas, no una franela, por ejemplo. Que no le pesara en el cuerpo. No soportaba un traje que le molestara el cuello. No le gustaba esto para nada”, agrega.
La diferencia de Sebastián Piñera y otros presidentes
—¿A usted lo contactaron porque había trabajado con Aylwin, Frei y Lagos también?
—Yo creo que sí, porque había trabajado con tantos presidentes, entonces se iba corriendo la voz. Ya me conocían. A veces lo iba a atender a La Moneda, pero más veces venía él para acá. Venía tarde, en la noche, cuando se desocupada. No tenía problema con la visita de él.
Samuel Ugarte empezaba a notar durante el día cuando se aproximaba una visita de Sebastián Piñera. En su sastrería, ubicada en la calle Alonso de Córdova, llegaban carabineros de civil a revisar el perímetro y a preguntar si habría gente en la tienda cuando llegara el mandatario.
“Y muchas veces se encontró con gente, con otros clientes. Lo saludaban y él no tenía problema en cruzar palabras con ellos. Era sencillo, muy sencillo en ese sentido”, cuenta.
En su oficina dentro de la sastrería, posan en la pared los retratos presidenciales de los presidentes que vistió, cada uno con una dedicatoria. “Para Samuel, con aprecio. Sebastián Piñera”, se lee en el recuadro del difunto mandatario.


Lamenta hasta el día de hoy no haber trabajado junto a Michelle Bachelet, única jefa de Estado de quien tiene afiches de su campaña y fotografías en la sala de confección. También lamenta no haber recibido un llamado del Presidente Boric.
—¿Cómo era Sebastián Piñera en comparación con otros presidentes?
—Don Sebastián no era de muchas palabras. A él le gustaba hablar preciso, directo, al grano. En cambio, con los otros presidentes te preguntaba por la familia, una cosa protocolar. No es que no era cordial, pero era más seco, más preciso.
Entre 2010 y 2022 no le tocó ir mucho a La Moneda. Como decía Ugarte, era Piñera quien lo visitaba a él. A veces de día, pero generalmente pasada las 10 de la noche. Y a veces, con pedidos de urgencia
—¿Alguna vez llegó con el mensaje “necesito un traje para mañana”?
—Ah, bueno, sí. Era así, todo lo quería para mañana, todo para mañana. Así que llegaba él y teníamos que dejar de lado otras cosas y hacerla y terminarla. Atendí a sus hijos también para los matrimonios de los dos hijos. En una oportunidad vino la señora Cecilia, me acuerdo, a comprar corbatas rojas para él.
—Pero usted solo trabajó con él como presidente.
—Sí. Yo creo que él se hacía ropa por lo que representaba, por lo que le exigía, el protocolo. Pero él de buena manera hubiese andado con jeans, con pantalones cómodos, chaqueta azul, sueltas. La ropa para él no era una cosa importante, digamos.
“Era muy inquieto, difícil tenerlo ahí para una prueba, pero había que adaptarse”
Las visitas de Sebastián Piñera como presidente a la sastrería eran rápidas. No tenía mucho tiempo de prueba, por lo que Samuel Ugarte no tuvo muchas anécdotas con el mandatario. Pero si recuerda una en particular que tuvo lugar en La Moneda.
“Fui a la moneda, y sacó de su clóset de allá una chaqueta de tweed muy antigua y muy usada. Me dijo ‘mire, quiero que me arregle esta chaqueta’. Yo la vi y estaba en muy mal estado la chaqueta. Entonces le tomé del brazo y le dije ‘presidente pero esa chaqueta no es para usted’. Y se da vuelta mirándome con una mirada muy intensa y me respondió ‘¿Lo arregla, sí o no?’ No me quedó otra porque me perforó con la mirada y se lo arreglé. Nunca lo vi con esa chaqueta después, en casa le deben haber dicho que no era para usarla”, recuerda riendo el sastre.
Lo que si lo marcó, es que no eran fáciles las pruebas del presidente. Comenta Ugarte que el probador, para los hombres, es como un confesionario, y una instancia para que se miren en detalle y vean sus defectos. Tienen que quedarse quietos mientras le toman las medidas, por lo que es una instancia especial. Pero eso no se aplicaba para Sebastián Piñera.
“La persona tiene que estar quieta. Bueno, él no. Lo tenía frente al probador y de repente se daba vuelta y llamaba al acompañante, pedía el teléfono, que llámame aquí, llámame allí“, cuenta.
“En una oportunidad le estoy probando, se agachó a abrocharse los zapatos y perdí toda la prueba. ¿Qué le iba a decir? Se agachó, se abrochó los zapatos y pues siguió. Inquieto, muy inquieto. Difícil tenerlo ahí para una prueba. Pero bueno, había que adaptarse”, comenta.
Ante todo, recuerda con orgullo haber trabajado con él. “Lo atendí muy bien, le hice bastante ropa y lo atendí en sus viajes internacionales, en sus viajes de Estado. Me quedé muy conforme con haberlo vestido y haberlo conocido”, concluye Samuel Ugarte.



