Opinión
23 de Febrero de 2025
Caso crypto y Milei: que $LIBRA nos libre
Por Gabriela Villalobos
La columnista de The Clinic, Gabriela Villalobos, escribe sobre el escándalo de $LIBRA y las implicancias tanto para el presidente Javier Milei como la industria, las inversiones riesgosas y la falta de educación financiera.
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Todo comenzó con un empresario y actual autoridad promocionando un criptoactivo por redes sociales. No, no me refiero al presidente de Argentina Javier Milei y su polémico mensaje en X e Instagram sobre $LIBRA. Ha sucedido varias veces antes con reconocidos personajes del sector público y del sector privado que han alimentado verdaderos rallies financieros que luego se esfuman. Una montaña rusa que no sólo deja una sensación de nauseas, sino también la destrucción de patrimonio.
Para quienes han estado desconectados: el viernes 19 de enero el presidente argentino Javier Milei publicó en X y en Instagram un mensaje sobre una nueva criptomoneda, llamada $LIBRA. No solo eso. También publicó el link donde se podría acceder a la compra. Hasta ese momento, cada una costaba US$0,000001 y el 70% del circulante estaba en mano de los fundadores. Pero a horas de la publicación de Milei, miles de argentinos habían adquirido el activo y la alta demanda llevó a que el precio de multiplicara por la extraordinaria cantidad de 5,2 millones de veces. Los fundadores fueron los que pudieron aprovechar el salto. Pero al momento de tocar el valor peak de US$5,2, comenzó la venta masiva que provocó que el valor se desplomara 85%. Decenas de miles de inversionistas sufrieron la caída de su patrimonio. Algunos conocedores ya han advertido que $LIBRA fue creada únicamente para provocar este salto beneficiando a los creadores y de paso, perjudicando a los que llegaron más tarde. Una estafa, de esas que es imposible evitar incluso con regulación.
Milei borró el mensaje de sus redes sociales aludiendo a $LIBRA, pero el daño ya estaba hecho. “No estaba interiorizado de los pormenores del proyecto y luego de haberme interiorizado decidí no seguir dándole difusión (por eso he borrado el tweet)”, dijo el presidente. Las explicaciones no quedaron allí, incluyeron también una polémica entrevista editada en la que él reconoció no saber cómo funcionan los cryptoactivos.
La verdad es que es difícil entrar en el sustento que mueve a las criptomonedas, pero acá una explicación. La mayoría se promociona por la tecnología que representan. En el caso del bitcoin, la crypto más famosa, se trata del blockchain, un mecanismo que permite la circulación de dinero de manera descentralizada, donde cada transacción puede ser registrada. La información queda almacenada entre bloques unidos, por lo que toda la información está conectada. Este tipo de tecnología permite desde registrar patentes hasta validar la entrada a un concierto. Su aplicación es casi ilimitada. Pero eso no necesariamente significa que el valor del bitcoin se mueva en base a las aplicaciones del blockchain.
La verdad es que los movimientos que se han producido de manera más pronunciada tienen que ver con temas de oferta y demanda. Anuncios de nuevos fondos que se han creado para invertir en cryptoactivos, movimientos de tasas de interés que aumentan el dinero circulante y que llevan a que haya más inversionistas dispuestos a comprarlos. El valor del bitcoin se ha movido más por flujos o especulación si le quitáramos la connotación negativa a esa palabra.
Se trata de una inversión riesgosa. Esto no significa que se deba prohibir. Invertir en acciones también puede provocar pérdidas. Lo importante siempre, en cada transacción, es que las decisiones se tomen de manera informada para asegurar que existe conocimiento de los riesgos que se están asumiendo. ¿Significa que con esto se están coartando las libertades?
Lo sucedido con $LIBRA no es sólo un caso judicial si se logra demostrar que hubo dolo en la creación del activo. Muestra una de las grietas del movimiento libertario. Si existiese la misma educación financiera para todos, no habría problemas en facilitar la compra o de activos riesgosos. Lamentablemente esto no es así y por ello se debe actuar con responsabilidad para quienes están menos expuestos a estos temas. Las cifras son brutales. Según el último estudio sobre el tema, publicado en 2017 por el Centro de Políticas Públicas de la UC, 46% de la población en Chile maneja el concepto de diversificación de las inversiones. Es decir, que poner los huevos en distintas canastas reduce el riesgo de perder todo lo ahorrado por una mala decisión. Si como sociedad no conocemos este concepto, es esperable tener cierta regulación que nos proteja de estafas o incluso malas decisiones.
Ser libre significa tomar decisiones sin ser cohesionado para ello. Implica que deberíamos tomamos decisiones sin perjudicar al otro, sino afectaríamos la libertad de nuestro entorno. ¿Recomendar un activo riesgoso es perjudicial? Ciertamente sí, porque no estamos actuando con responsabilidad frente a la sociedad.
Las personalidades públicas tienen un deber adicional, porque su nivel de conocimiento entre las masas les entrega cierto halo de credibilidad. Por eso se entienden las masivas estafas que circulan en redes sociales donde famosos supuestamente promocionan inversiones. Se trata de noticias falsas que a veces utilizan imágenes alteradas con poco uso de tecnología. En un mundo donde con inteligencia artificial se pueden generar videos replicando voces, el riesgo es todavía más alto.
Por eso es de toda lógica que la Comisión para el Mercado Financiero exija que los creadores de contenido se certifiquen a la hora de entregar recomendaciones. Aunque la línea entre la promoción y la difusión de contenido financiero también suele ser difusa (como lo ha demostrado el caso de $LIBRA con Milei asegurando que no publicitó sino “solo” informó).
Las estafas son más viejas que el hilo negro. La promoción de inversiones que terminan siendo ganancias sólo para los fundadores, también. Pensemos en Alberto Chang o Rafael Garay, ambos investigados por estafa. En el caso de Garay, condenado, mientras que Chang continúa eludiendo la justicia desde Malta.
También hubo otros casos de promoción de activos puramente especulativos que no terminaron bien. En 2019, el empresario Elon Musk (actual partícipe del gobierno de Donald Trump) publicó en Twitter la frase: “Dogecoing podría ser mi cryptomoneda favorita. Es bastante cool”. Se trataba de un activo que tenía como símbolo el meme de un perro de raza Shiba Inu y que había sido creado con el único objetivo de burlarse del mundo crypto. Pero con Musk en el panorama, el chiste se hizo serio, la moneda se disparó y multiplicó su valor por dos en un par de semanas. Claro, después vino el proceso de ajuste y la divisa perdió la mitad de su precio en cosa de meses.
Han pasado seis años desde ese episodio. Musk pasó de empresario a empresario/autoridad y Doge ya no sólo es el nombre de su crypto favorita, sino de las siglas en inglés del Departamento de Eficiencia Gubernamental que dirige bajo el mandato de Donald Trump. Un presidente que a días de asumir también promocionó un cryptoactivo que llevaba su nombre que se convirtió en pocos días en una de las 25 más valiosas del mundo. Sin embargo, desde su peak ya ha perdido el 50% de su valor. Nuevamente, otro paseo en una montaña rusa.
Es imposible asegurar que con regulación podremos evitar que ocurran fraudes. Poner ciertas restricciones para la promoción de activos sofisticados, como se hace en nuestro país parece tener sentido. Tal vez incluso podríamos delimitar todavía más qué es educación e información y lo qué es publicidad. Incluso si eso significa ceder algo más de libertad.



