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Olivia Rodrigo en Lollapalooza Chile. Foto: Francisco Paredes The Clinic

Tiempo Libre

22 de Marzo de 2025

Olivia Rodrigo en Lollapalooza, un talento en plena evolución

La artista ícono juvenil brindó un enérgico show en el cierre de la primera jornada de Lollapalooza. Olivia Rodrigo pasó de las canciones melancólicas a su faceta más rockera en 90 minutos, con un ritmo incansable que fue celebrado por el joven público que llegó al Parque Cerrillos.

Por Felipe Rodríguez
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Suele pasar con todas las estrellas infantiles de Disney que terminan siendo lo mismo. Revisar las carreras de Demi Lovato, Selena Gomez o, incluso más atrás, Britney Spears, siempre remite a inquietudes similares. Una estudiada madurez y tratar de demostrar que son las mejores chicas de su generación, ajenas a potenciales vicios destructores como el alcohol y las drogas.

Olivia Rodrigo, la más reciente figura de esa escuela de diseño llamada Disney, posee particularidades que la hacen distinta a sus colegas. De partida, llama la atención que su banda está compuesta exclusivamente por mujeres y personas no binarias. Una situación atípica que, sin embargo, no disminuye su poderío artístico. Más bien, es un plus.

El debut de la cantante estadounidense-filipina en Lollapalooza tuvo su correlato con la audiencia del primer día del festival. Aunque hubo presentaciones destacadas de artistas como Michael Kiwanuka y JPEGMAFIA, convincentes en el soul sicodélico y el rap aguerrido y metalero respectivamente, el fuerte de la jornada estaba centrado en las mujeres. Especialmente, adolescentes y veinteañeras.

Por lo general, la música de cantantes que pasan de la actuación a los estudios de grabación equivale a melodías calculadas en exceso, con ese tufillo puritano típicamente estadounidense y donde la principal idea es hacer canciones standarizadas, que en lo posible hablan de amores idealizados. Rodrigo, en cambio, vestida con un traje rojo ceñido que resaltaba su figura, arrancó desde una posición atípica. Interpretó Obsessed, una canción sin dulzura y con expresividad grunge, que habla de la obsesión que le provoca a la protagonista, la pareja de su ex.

Luego, para seguir con su inspiración rockera, la solista continuó con Ballad of a Homeschooled Girl, un tema que contiene una evidente similitud con Cannonball, el clásico de The Breeders, la banda de la ex bajista de Pixies, Kim Deal. Esos guiños en la música de Rodrigo no son nuevos. En su primer álbum, Sour (2021), la cantante no quiso tener problemas. Cuando le mencionaron que algunos temas tenían injertos de canciones de Taylor Swift y Paramore, lo arregló de manera rápida y eficaz. Compartió las regalías de esas canciones con la estrella y la banda para no seguir escalando un probable conflicto y recibió el apoyo de artistas como Elvis Costello, quien dijo que todos los músicos sacan cosas de colegas para crear algo nuevo.

Olivia Rodrigo en Lollapalooza Chile. Foto: Francisco Paredes The Clinic

Justo cuando el show iba tomando fuerza y el coro femenino opacaba en cierta forma la voz de Olivia, vino el silencio. Las aglomeraciones en un sector del recinto obligaron a suspender el concierto por unos minutos que el auditorio, felizmente, lo tomó con humor. No hubo molestias y le hicieron bromas al tipo que pedía distancia entre las personas para prevenir accidentes.

En la reanudación, el primer gran karaoke llegó con Drivers License, el tema que inició el largo camino al éxito de Olivia Rodrigo, y que trata sobre una ex pareja que se involucra con una colega. Los años de experiencia en Disney fueron perfectos para la mujer de 22 años. En el escenario muestra un aplomo y seguridad en sí misma sobresaliente. Charla con el público como si estuviera en el living de su casa y dirige el espectáculo con propiedad. Convencida que su repertorio es de calidad.

Si en sus álbumes, sus canciones huelen a un punk pop que la acerca a nombres como Offspring y Green Day, en vivo la música muta a un rock tradicional, enérgico, donde sus letras de angustias existenciales y de constantes frustraciones linkean con músicos que conocen su oficio y le dan una espesura a los temas que la distancia completamente del espíritu cándido de las intérpretes femeninas juveniles.

Aunque le acomoda el rol de entretenedora con esa lógica del espectáculo puramente estadounidense con bailarines que coreografían con ella, visuales donde aparece caminando en una cuerda floja para ejemplificar su inestabilidad emocional y riffs en momentos específicos, Olivia Rodrigo nunca brinda un show plano ni agotador. Sus cerca de noventa minutos muestran agilidad, aventura, diversas sensaciones humanas -de la tristeza a la alegría, de la meditación a la expresividad- que respiran genuina sinceridad.

Olivia Rodrigo en Lollapalooza Chile. Foto: Francisco Paredes The Clinic

Hubo varios puntos altos. La representación de Jealousy, Jealousy, con la cantante pintando sus labios de forma intensa y escribiendo “Love you” con el lápiz labial en el suelo y dejando estampado un beso. Traitor, una feroz crítica a un ex novio que se olvidó rápidamente de ella, donde dice “no me engañaste, pero sigues siendo un traidor!”. Bad Idea Right?, otro de los peaks, donde cuenta con humor como se acostó con una ex pareja.

La emotividad de Happier, con otro de los grandes coros del público, y su cover de Don’t Speak de No Doubt, sola y con guitarra, que confesó le fascinaba en su adolescencia. Olivia Rodrigo representa el espíritu de su generación. A veces, con frustraciones y falta de confianza y, en otras ocasiones, con exceso de alegría y seguridad en el futuro. Es una artista en plena evolución y que, de seguro, llegará a territorios artísticos innovadores. Tiene talento, capacidad y ganas. Atributos escasos en un pop actual cada vez más similar.

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