Tiempo Libre
25 de Abril de 2025Nicole y los 30 años del disco “Esperando nada”: “Siento que tenía que demostrar el doble para que me tomaran en serio”
Nicole pone fin a su gira "Dame Luz", que celebra los 30 años de su icónico álbum, con su primer concierto en el Movistar Arena, marcando así un nuevo hito en su extensa trayectoria, la que comenzó cuando era una adolescente. Lejos de poner una pausa en su carrera, la artista nacional sostiene que quiere seguir lanzando nueva música e incluso anticipa una gira internacional.
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En la víspera de su primer Movistar Arena, Nicole responde a The Clinic desde la sala de ensayo y estudio que tiene montada en su casa. Entusiasmada, cuenta que Farid Abdul, un antiguo guitarrista que trabajó con ella en sus inicios, le escribió para contarle que recuperó un disco duro con 30 horas de material en bruto de las primeras giras de la cantante. Con una cámara Panasonic, el excompañero de banda registró los primeros pasos de la artista en la escena local. Ahora, ese material está siendo procesado para mostrar una parte.
Las grabaciones van desde conversaciones en bares hasta un teloneo que hicieron a La Ley. “No me acordaba de las discotecas, de los lugares más pequeños… y también de los grandes. Él le pasaba la cámara a alguien del público para que nos grabara. Están todas esas presentaciones registradas”, dice la cantante.
El llamado llegó justo en medio de la gira de Dame Luz, que la ha llevado a lo largo de todo el país y que la tiene celebrando 30 años de uno de los álbumes más importantes del pop femenino chileno, “Esperando Nada”. “Este disco, para mí, no solo significó conectar con mucha gente, sino también empezar a trabajar en serio, cantando de verdad”, dice sobre el trabajo que hoy celebra tres décadas.
La gira tendrá su gran final este 10 de julio, con la cantante sobre uno de los escenarios más importantes del país. Una deuda pendiente, pero que, asegura, no le generaba ninguna presión: cada cosa llega a su tiempo. Una mirada optimista que Nicole intenta transmitir en todas sus respuestas.
—Dijiste que este concierto en el Movistar iba a ser la última vez que tocarías Esperando Nada completo. ¿Es así de definitivo?
—No sé si siempre es como la última, pero por lo menos ya vengo en esta gira de teatro que hice el año pasado tocándolo entero. Obviamente las canciones como Dame Luz, Extraño ser, Esperando nada, las he venido tocando todos estos años. Pero hay muchas otras que no tocaba hace como 20 años. Y es muy loco ver también esos conciertos que grabó el Farid. Entonces voy cachando, oh, hacíamos ese teclado que ahora no suena… y me ha servido como para llevarlo a que suene igual, pero más moderno, con la misma energía. Como con esa sonoridad de ese tiempo y los arreglos. Pero claro, yo creo que va a pasar un tiempo —no sé si nunca—, pero un gran tiempo en que no lo vuelva a tocar entero.
—¿Te agota tocar esas canciones 30 años después?
—No, no me agota. De hecho, como que me reencanté con varias canciones, y volví al lugar de por qué las elegí. Y otras que compuse en ese disco: Dame Luz, Va a llover, Mundo perdido, Con este sol, son canciones que me hicieron sentir: sí, puedo componer algo que me gusta. Como que me dieron ese impulso y esa seguridad. Y claro, Con este sol no la he tocado hace mucho tiempo, Va a llover, Mundo perdido, y al volver a ellas me acuerdo por qué me sentía tan bien cantándolas. Al revés, fue como: ¿por qué no las he cantado más?
—¿Cómo definirías tú al público que te sigue?
—Es súper diverso el público, y eso es algo muy bonito. En ese tiempo no había redes, no había nada, entonces no cachaba bien a quién le gustaba mi música. Solo lo podía ver en los conciertos. Iba desde discotecas hasta festivales, y en regiones había mucho festival municipal, entonces también había mucha familia, como siempre. Al principio no lograba ver claramente a quién le podía gustar este disco. Y ahora veo a toda una familia: los papás de mis contemporáneas que acompañaban a sus hijas cuando eran chicas, cuando yo también era más niña y cantaba, y luego esas mismas niñas —mis contemporáneas— con sus propios hijos. Ese traspaso ha sido un súper regalo. Yo creo que es el mejor regalo que me ha dado la gente en todos estos años de música, porque ese traspaso es invaluable.

—¿Esperas que sea un álbum que dure otros 30 años?
—Uno va a dejar de estar acá en algún momento, pero la música va a seguir dando vueltas, para quien le haga sentido, para quien la quiera escuchar. Y eso ha sido muy bonito, porque he visto a niños emocionados. Una niña, por ejemplo, cantando una canción súper emocionada… como lo que a mí me hacía sentir esa canción cuando la cantaba más adolescente. Que eso le haga sentir algo a alguien de una generación completamente distinta ha sido muy removedor.
—¿En algún momento de tu vida tuviste ese síndrome del impostor? Eso de decir: “No sé si soy tan importante en la música chilena, no sé si me lo merezco”. ¿Te pasó eso alguna vez?
—Por supuesto. Las inseguridades son parte de todos los seres humanos, y siempre están. Obviamente hoy tengo inseguridades distintas a las que tenía a los 20 años, pero siguen ahí. Siempre está esa pregunta: ¿podré hacer algo mejor? ¿Podré escribir mi mejor canción? Y justo eso lo hablamos mucho con mi hijo León, que también escribe y hace música. Sacó su primer disco con su banda —él es baterista, pero también compone—, y siempre me pregunta: Mamá, la composición… ¿cómo voy? Y yo le digo: Me sigo preguntando lo mismo, porque no hay una sola forma.
— ¿Y cómo se supera?
—Me di cuenta muy chica —porque me relacioné desde niña con adultos que trabajaban en esto— que más que quedarme pegada en el ¿soy o no soy?, había que hacer. Intentar. Sentarse a escribir, a cantar, ir a clases, estar con otra gente. Colaborar, incluso en tiempos donde no se colaboraba tanto.
—¿Por qué crees que tu primer Movistar Arena llega en este momento de tu carrera y de tu vida? ¿Tiene más que ver con una apelación a la nostalgia o con la vigencia de tu trabajo?
—Creo que tiene que ver con un proceso natural, con cómo se ha dado mi historia musical, que nunca se ha detenido. He pasado por distintas etapas de la industria, los primeros años dentro de un sistema más tradicional y luego muchos otros de forma independiente, lo que me permitió observar, trabajar distinto y bajar la ansiedad con la que partí a los 20 o incluso a los 30. Con el tiempo me fui enfocando en hacer los discos que realmente quería, en cómo hacerlos, con quién, y en armar equipos sólidos. Eso ha sido clave: construir un equipo humano y técnico fuerte, sobre todo en vivo. Este concierto en el Movistar Arena no lo veo como algo nostálgico, sino como una celebración del camino, de la constancia, de seguir vigente con la misma pasión por la música.
—Este año hay otros álbumes chilenos que también cumplen 30 años y que tendrán su propio Movistar Arena, como el caso de Joe Vasconcellos y Lucybell. ¿Te parece que hay un reconocimiento algo tardío a los artistas nacionales y que estos conciertos vienen a saldar esa deuda?
—Puede ser, pero también creo que depende mucho de en qué esté cada artista. Lucybell, por ejemplo, ha estado de gira, haciendo conciertos increíbles, y este Movistar viene a reforzar todo ese trabajo. Joe no ha parado de hacer música, quizás estuvo más enfocado en la composición o en otras cosas, pero cada músico tiene su proceso, y eso es lo bonito: estos conciertos reflejan distintas trayectorias. Treinta años no es menor, son tres décadas en las que seguimos haciendo música con la misma pasión e ilusión. Creo que eso es valioso también para quienes están comenzando, ver que uno puede seguir, sonar bien, seguir dándolo todo como hace treinta años. Hay una pasión real por la música, y ese debiera ser siempre el motor. Como en toda carrera larga, han habido momentos estelares, otros más complejos, más introspectivos o personales, pero seguimos aquí, y es bonito poder celebrarlo y que también se valore ese trabajo en un espacio tan grande e importante como el Movistar.
—Muchos artistas se mantienen vigentes lanzando singles constantemente, pero en tu caso, ha sido más una carrera basada en álbumes y con un ritmo más pausado. ¿Fue una decisión consciente o hubo factores externos que influyeron en este enfoque?
—Fue una mezcla de todo. En lo personal, ahora mis hijos tienen 16 y 12 años, y aunque nunca dejé de cantar, especialmente en vivo, hubo muchos momentos en los que mi enfoque estaba en mi familia. Me apoyaron mucho mis padres, y como madre, también me tocó cuidar de mi abuela hasta los 105 años, y como muchas personas que cuidan a sus mayores, esos tiempos son fundamentales. No he sentido esa ansiedad de sacar y sacar música por presión; prefiero no hacer algo que no me represente solo por cumplir. Creo que la música tiene que fluir de una manera auténtica. Hace poco vi una entrevista de Rosalía en la que decía algo similar, y pienso lo mismo. Me gusta la energía que hay, pero si las canciones no me representan, no las hago.
—¿En algún momento tuviste que elegir entre los cuidados familiares, como los de tu hijo o tu abuela, y tu carrera musical? ¿Hubo un momento en que tuviste que tomar una decisión tan difícil?
—Sí, varias veces a lo largo de los años. Hubo oportunidades, como la posibilidad de irme a México, y siempre tuve que evaluar lo personal. Pero nunca sentí esa sensación de duda de abandonar mi carrera. En lugar de eso, seguí profundizando en la música, en los conciertos en vivo, en cantar con otras personas, en cantar en mi casa con mi familia y crear los discos que vinieron después. Como en todo en la vida, uno va tomando decisiones. Recuerdo cuando tenía 13 años, y mi mamá y yo estábamos en una comida con la familia, y vinieron representantes de la agencia William Morris, de Estados Unidos, con la idea de que me fuera a vivir con mi mamá allá, me iban a poner profesores, todo para darme un empuje en la música porque creían que tenía potencial, ya que estaba vendiendo discos aquí en Chile. Fue un momento de sorpresa, todos quedamos impactado. Pero al final me dejaron la decisión a mí, y decidí que no iba a ser yo quien separara a mis padres. Fue una decisión difícil, pero lo recordamos con mi mamá, y fue clave para mi camino: elegir estar cerca de mi familia en ese momento, mientras la música seguía siendo parte de mi vida.
—En estos más de 30 años de carrera, ¿cómo ha influido la televisión en mantener tu vigencia? ¿Te sientes querida también como un personaje televisivo?
—La televisión, definitivamente, ha sido una herramienta importante para mantener mi vigencia. Estuve en The Voice en 2016, y ahí conocí a Ana Torroja, lo que fue súper bonito. Ese tipo de experiencias me ha permitido conectar con mucha gente, incluso con imitadores, lo que es algo muy bacán. El estar en televisión también me ha dado la oportunidad de acercarme al público de una forma más directa. Aunque a veces me da un poco de cringe —como dirían los jóvenes—, porque fui creciendo dando opiniones y compartiendo mi vida, me ha permitido estar cerca de la gente. Además, he estado en programas de música, como Vía X, cuando estaba embarazada de León, e incluso hice radio en la Paula y en Rock and Pop. Todo eso me ha permitido comunicarme más profundamente con la gente. La radio, especialmente, fue una experiencia muy bonita e importante. Y cuando la gente me saluda en la calle, me siento como una hermana o prima para ellos, lo cual es algo realmente bonito. Es un orgullo ser parte de la vida de las personas a través de canciones que los acompañan.
—¿Considera que trabajar con Gustavo Cerati fue un hito en tu carrera? ¿Qué rescatas de esa experiencia?
—Por supuesto, fue un hito. De hecho, fueron varios hitos, pero más que eso, fue encontrarme con uno de los grandes maestros musicales de mi vida. Gustavo no solo fue una figura pública admirada, sino que también tuvo un impacto profundo en mí a nivel personal. Su música sigue inspirándome hasta el día de hoy, y trabajar con alguien a quien realmente admiro fue un regalo. Para mí, más allá de lo público, fue un hito personal, porque tuve la oportunidad de compartir mucho con él, más allá de la música.
—¿Tuvo la oportunidad de conversar con él más allá de la música en esos momentos de trabajo juntos?
—Sí, absolutamente. Hubo muchas conversaciones que siguen resonando conmigo hasta hoy. Gustavo tenía una manera de exigirme mucho, lo cual fue muy enriquecedor. Siempre me decía que “la inspiración te tiene que encontrar trabajando”, y eso me quedó grabado. Estábamos en un momento en que él estaba separándose de Soda Stereo, viajando constantemente, y aun así nos encontrábamos en distintas ciudades, ensayábamos juntos y conversábamos sobre la vida. Fue muy distinto para mí porque, cuando grabamos Sueño en tránsito, él me propuso ensayar con la banda antes de entrar al estudio, algo que nos permitió llegar con las canciones ya muy trabajadas. Esto hizo que la grabación fuera más fluida y nos permitió hacer una gira con muy pocos ensayos, porque ya sabíamos las canciones. En ese proceso, también estuvimos en Londres, lo cual fue una experiencia increíble. Después, con el tiempo, seguí viéndolo y siempre me daba consejos muy valiosos. Era una experiencia única, tanto en lo musical como en lo personal.

—¿Sentiste alguna vez presión por parte de los medios o de la industria para explotar más tu figura que tu talento musical? ¿Y alguna situación incómoda?
—Sí, siempre sentí un poco el prejuicio, especialmente por ser mujer joven, adolescente, en un medio que, en su momento, era bastante machista. Siento que tenía que demostrar el doble para que me tomaran en serio como música, pero también me gustaba verme bien, como cualquier chica. Aunque rápidamente aprendí a abandonar esa idea. En mi caso, además de ser mujer, era muy joven, entonces tuve que lidiar con el hecho de que, en un mundo adulto, muchas veces me decían: “espérate a que decidamos por ti”. Me costaba que se reconociera mi punto de vista, ya que yo estaba al frente del escenario y, al mismo tiempo, tenía que aprender a sintetizar mis ideas y expresarlas claramente, algo que fue muy útil más adelante.
—¿Y en su adolescencia?
Durante mi adolescencia, tuve que asistir a reuniones, lidiar con opiniones de adultos, y recibir recomendaciones sobre “hacia dónde debía ir”, muchas veces con comentarios superficiales sobre mi imagen. Aunque debo agradecer que estuve en un entorno relativamente protegido, mi mamá siempre estuvo muy atenta y me apoyó, lo cual fue fundamental. Ella era una mujer con mucha personalidad, dulce pero clara, y eso me permitió observar sin vivir situaciones demasiado graves. Sin embargo, sí veía que en ese tiempo había pocas cantantes, y las pocas que estaban en la escena, como Miriam Hernández, Gloria Simonetti, y Cecilia, fueron grandes referentes. Verlas cantar en vivo fue increíblemente inspirador para mí, porque me enseñaron a emocionarme con mi propia música, a emocionarme por lo que estaba cantando y transmitirlo al público.
— ¿Y otras artistas mujeres que la inspiraron?
También, en esos años, comenzaron a aparecer más mujeres en las bandas, como la Javi de Los Imposibles, Anita, y la Colombina Parra, lo que fue muy enriquecedor para mí. De alguna manera, esto hizo que entendiera que, en Chile, siendo un país relativamente pequeño, había muchos músicos y músicas increíbles, pero también que nos faltaba valorarnos más, especialmente las mujeres.



