Entrevistas
24 de Mayo de 2025Clara Budnik, cofundadora del Día de los Patrimonios: “Con ProCultura, la conclusión de la gente es que el mundo de la cultura no trabaja”
Quien fuera directora de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM), fue, junto a la filósofa Marta Cruz-Coke, una de las pioneras en instaurar el Día de los Patrimonios. Sobre su primera versión, en 1999, cuenta que fue un absoluto fracaso: junto a Cruz-Coke lanzaron globos desde el balcón de la Biblioteca Nacional, no se abrió ningún edificio al público y la actividad pasó totalmente desapercibida. Fue entonces cuando comprendieron que debían replantear la iniciativa desde otro enfoque. Hoy, el evento es todo un hito para el país, que reúne a millones de personas en torno a edificios patrimoniales, archivos y lugares que forman parte del patrimonio nacional. En esta entrevista Budnik analiza los avances de su obra y también la actualidad de la gestión cultural manchada por el caso Procultura.
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Este fin de semana se celebra el Día de los Patrimonios, una iniciativa cultural que abre espacios que a menudo se encuentran cerrados a la ciudadanía, poniendo en valor la historia del país. En la edición del año pasado, más de 1,6 millones de personas participaron en más de 3.000 actividades realizadas en cerca del 90% del territorio nacional.
El éxito de este evento cultural se ha forjado gracias a la consistencia de un proyecto que comenzó a fines del siglo XX, cuando Marta Cruz-Coke empezó a idear la jornada. “Era una mujer capaz, inteligente y perseverante, y cuando quería algo, de alguna manera lo conseguía”, dice Clara Budnik, bibliotecaria que ingresó a la DIBAM cuando Cruz-Coke ejercía como la primera mujer directora, y que luego la sucedió en el cargo entre 2000 y 2006. Hoy la familia de su ex colega está involucrada en el caso procultura, la nieta de Cruz-Coke, Josefina Huneeus es la ex pareja de Alberto Larraín uno de los principales implocados en el caso convenios.
Budnik fue una de las trabajadoras de la DIBAM que organizó ese primer Día de los Patrimonios, en 1999, el cual considera un total fracaso, ya que no logró generar interés en la ciudadanía. Ese primer año, Cruz-Coke y Budnik iniciaron una campaña para que los ministerios se sumaran a la iniciativa. La recepción fue de indiferencia, excepto por el Museo San Francisco, que colocó una bandera chilena en lo alto de su torre.
Pese al fracaso inicial, en el año 2000, el presidente Ricardo Lagos apostó por la iniciativa y firmó en Valparaíso el decreto supremo que declaró el último domingo de cada mayo como el Día del Patrimonio Cultural. Budnik terminaría luego trabajando con el expresidente en proyectos ligados a la cultura. Además, la bibliotecaria —que estuvo 17 años exiliada en Venezuela— hoy forma parte del directorio del Museo Precolombino, uno de los más relevantes de Santiago.
—¿Cómo se gestó la idea de hacer un Día de los Patrimonios?
—Marta Cruz-Coke era una mujer capaz, inteligente y perseverante, y cuando quería algo, de alguna manera lo conseguía. Estuvo mucho tiempo con el tema del patrimonio. Y el primer Día del Patrimonio, diría que fue el peor de los fracasos. Marta estaba feliz. Pero me río, porque éramos dos locas tirando globos desde la terraza de la Biblioteca Nacional. Otros compañeros que trabajaban con nosotros fueron con globos a la calle Ahumada. Ese fue el primer Día del Patrimonio, porque a Marta le habían ofrecido tirar cosas desde un helicóptero… todo falló. Entonces lo único que quedó fue eso. Y de ahí nos dimos cuenta de que había que empezar de otra manera.
—¿Y ese primer Día del Patrimonio, qué espacio se abrieron?
—No se abrió nada. Nosotros abrimos las ventanas del pasillo de la Biblioteca Nacional y tiramos globos a la calle, pero no se abrió nada. O sea, en ese minuto no. Ya después, en el segundo año sí.
—¿De dónde se inspiró Marta Cruz-Coke para crear por este día?
—Yo creo que lo vio en otro país, porque en otros países se hacía y ella había viajado. Yo estaba metida en otras cosas. Quería ampliar el mundo de la cultura, las comunidades, etcétera. Y Marta quería que se destacaran los patrimonios. Fundamentalmente, empezaron con la idea de los edificios, y yo me negaba un poco, porque para mí el patrimonio es muchísimo más amplio, lo que ahora ya es así, felizmente.

—¿Qué significa para usted esta fecha? Ahora incluso se hacen filas para entrar a ciertos lugares
—Es una maravilla. Es una maravilla integrar a la comunidad y reconocer que el patrimonio no son solo los edificios, sino que son los bailes populares, son los espacios, son los parques. Me gusta que la comunidad se mueva. A veces me da risa, porque se pelean por ir a lugares que están abiertos todo el año. Si tú vas a la Biblioteca Nacional mañana, vas a ver que está llena. El Archivo Nacional está lleno, y son lugares abiertos. O sea, tú puedes ir en cualquier momento. Incluso al Palacio de La Moneda, que antes no se podía… también, si pides hora, puedes ir cualquier día. No tienes que esperar el Día del Patrimonio.
—Juntar a gente de distintos lugares de la ciudad también es un éxito del Día de los Patrimonios
—El segundo o tercer año del Día del Patrimonio, el embajador de Brasil me invitó a la embajada que era uno de los edificios que estaba abierto. Fui pero no quise avisarle, y me puse en la fila. Y encontré una cosa maravillosa, ¿sabes qué? Que en esa cola había gente de todos los lugares de Chile, y había gente de todo tipo. Y lo que nos cuesta a los chilenos, porque somos más clasistas que no sé qué, nos cuesta mucho juntarnos. Y creo que una de las ventajas del Día del Patrimonio es esa: juntarse, encontrarse.
—¿Qué tipo de patrimonio cree que aún está invisibilizado?
—El primer Día del Patrimonio que no me tocó trabajar, me quedé en cama, y fui feliz. Yo dije: “¿Cómo voy a celebrar el Día del Patrimonio? Quedándome en cama”. Y fui feliz. No lo he seguido en detalle, pero siempre hay cosas que sacar a la luz. Hay lugares escondidos que uno no tiene ni idea, que de repente van a aparecer. Hay bailes típicos de algún lugar, hay tanta cosa. En este minuto, nosotros decimos “somos chilenos y somos uno”, pero eso no es así. Si tú has viajado al norte o al sur, te das cuenta: llegas al norte y te encuentras con un tipo de gente, y vas al sur y te encuentras con otro tipo de gente.
—¿Hay una identidad que está en construcción?
—Puede haber muchas cosas en construcción. Te pongo el ejemplo de nuevas comidas, por ejemplo, que antes no existían y que empiezan a ser parte del patrimonio. O lugares, por montones. O sea, la naturaleza te entrega muchas cosas: las aves, los animales… hay mucho que todavía no se ha explorado. Hay, por ejemplo, bailes, danzas en lugares pequeñitos, y que son desconocidos. Y ahí hay una riqueza profunda. Pero una de las cosas que yo destaco del Día del Patrimonio es la riqueza del encuentro, porque eso es muy bueno. A los chilenos nos cuesta mucho encontrarnos, porque estamos divididos por cosas como “es del barrio tal” o “es del colegio tal”, cosas que son espantosas, pero que son así. Entonces, esto ayuda a encontrarse.
—¿Cuál es el rol que juega el patrimonio en cómo nos miramos como chilenos, en esta construcción de identidad?
— Primero que todo nos enriquece. Nos enriquece mucho porque, como te decía, nos miramos como chilenos y nos miramos todos. Y nos miramos también en nuestras diferencias, y eso es muy enriquecedor.
Clara Budnik: “ProCultura afecta a la confianza de la gente”
—¿Usted considera que los casos que han salido últimamente en la prensa, por ejemplo el caso Procultura afectan a la confianza que pueden tener los ciudadanos con respecto al financiamiento de la cultura?
— Sí, afecta a la confianza de la gente. Me da mucho pena porque hubo muchas fundaciones que trabajaron muy bien. Entonces aquí se echó al saco todas las fundaciones. Incluso la Fundación Procultura. Yo los conocía desde el comienzo, y en ese momento pensé que eran buenos. Efectivamente hicieron cosas positivas, lo que pasó después no tengo el detalle. Pero eso de decir que los que trabajaron con Procultura son sinvergüenzas, yo no creo. Las las fundaciones pueden servir mucho. Pueden apoyar mucho. Imagínate que tú estás construyendo casa. No tienes capacidad. Y te sale una fundación y te dice: bueno, yo por tanto le construyo tanto. O sea, puede servir. Ahora, yo de esta fundación Procultura no sé mucho más.
—Se genera una desconfianza peor por tener el nombre Cultura
— Claro. Porque las otras no llevan el nombre cultura. Entonces, se cree que en las culturas son todos los sinvergüenzas y que se roban la plata del Estado. Con ProCultura, la conclusión de la gente es que el mundo de la cultura no trabaja. Esa es la conclusión que saca la gente que no entiende mucho.
—¿Cuáles son las amenazas que hoy en día tiene el patrimonio chileno?
—Uf, hay tantas amenazas. Desde los edificios… tenemos terremotos, y aunque ahora tenemos unas muy buenas construcciones, igual hay terremotos. O sea, los edificios se van dejando, o se declaran patrimonios y después nadie más los cuida. En esa parte, en la parte material, es muy fácil que algo desaparezca muy fácil. Y en la otra parte, en la parte de la historia, yo creo que mucho se destruyó con la dictadura, por ejemplo. Nosotros no pensamos nunca en todo lo que se destruyó: se destruyeron libros, se destruyeron creencias, se destruyeron muchas cosas. Entonces, uno siempre está sometido a que cosas de ese tipo puedan suceder.
—¿Qué piensa de las propuestas políticas de algunos sectores que han planteado reducir los financiamientos en cultura?
—Yo te confieso que no he escuchado discusiones sobre cultura. Eso me ha faltado en esta etapa pre presidencial. Ahora, hay candidatos que, porque los conozco, sé que tienen claro que la cultura está ahí. No es por hacer propaganda, pero por ejemplo con Carolina Tohá me tocó trabajar cuando era alcaldesa de Santiago e hicimos un montón de cosas juntas. Entonces, yo sé que ahí hay interés en la cultura. Pero discursos así, específicos… no ha habido. Espero que aparezcan. Hay un ministerio, pero es difícil de llenar. Y eso trae dificultades también.

—¿A qué se refiere con que es difícil de llenar?
—Porque son muchos cargos, y nunca hay plata para tanto. Piensa tú que la Dibam, que era una cosita pequeña, se transformó en el Ministerio de las Culturas. Yo siempre le digo al exministro que creó el ministerio: “no te lo voy a perdonar nunca”, porque creó muchos problemas. No facilita las cosas. Ernesto Ottone me dice: “¿Hasta cuándo me lo vas a decir?” Y yo le respondo: “Lo mismo, te lo digo a ti y a quien quiera oírlo: creaste más problemas”. Porque hacer el ministerio fue como crear un elefante blanco. Entonces hay que mantenerlo. Tiene que tener cuatro puestos en regiones, otros cuatro no sé dónde, y a veces se justifica… pero no siempre. Y tampoco tenemos tanta gente preparada para tanto.
—¿Se necesita mucha gente a nivel país en cada región?
—Sí, pero no necesariamente la gente se quiere ir a regiones, no necesariamente se encuentra gente preparada. Pero bueno, si lo logramos, sería fantástico.
—¿Y qué le ha parecido el trabajo del ministro de las Culturas, teniendo en cuenta que el presidente Boric, dentro de sus promesas de campaña, incluyó aumentar al 1% el presupuesto para cultura?
—Encuentro que él, cuando puede, habla de cultura. Es un presidente que lee. No todos los presidentes que hemos tenido han leído… o pueden haber leído economía, pero no sé. El presidente Boric es capaz de leer poesía, lo que para mí habla muy bien de algo. Pero eso no se ha visto reflejado. No es lo que yo esperaba. Yo esperaba más. Creo que también le tocó todo este proceso de nueva instalación, y esta instalación no ha sido fácil.
—A pesar de todo eso, se ha empujado por llegar al 1%. ¿Pero es ese 1% suficiente, cree usted?
—Mira, yo creo que el 1% no es suficiente. Pero también creo que se podría hacer más de lo que se está haciendo. Pero ese “hacer más”, no tiene que nacer necesariamente del Ministerio de las Culturas. Eso hay que conversarlo. Eso tiene que inculcarse a los niños desde chiquititos.
—¿Hay que entender que el Ministerio de las Culturas no se mide en una retribución económica para el país?
—Claro, no es tan fácil que la gente lo entienda. Por eso, hay que formar a los niños, para que entiendan qué es la cultura. Y que la cultura no es solo música clásica, no es solo teatro, no es solo una obra de arte. No hay que esperar que venga Cézanne para pensar que eso es arte. Pero eso es parte de la educación. Y ahí hay dos fuentes fundamentales: los padres y el colegio.
—¿La clase alta está conectada con la cultura?
—Yo no me atrevería a decir si está o no está. Yo creo que hay de todo. Hay clases altas que están súper conectadas con la cultura, súper. Y otras que no. Piensa en el Museo Precolombino. Todas sus primeras piezas fueron donadas por un señor que tenía mucho dinero, pero que amaba la cultura y se dedicó a eso. Y hay mucha gente como esa.



