Carlos Cabezas celebra cuatro décadas con Electrodomésticos a sus 70 años: “No tengo sueños, sueño con el trabajo”
El fundador de Electrodomésticos alista un concierto en el Teatro Municipal de Santiago, donde celebrará su diverso y largo recorrido. En conversación con The Clinic, analiza su rupturista trayectoria, aborda su mirada política y entrega las claves de su prolífico y multifacético presente. “El trabajo creativo te da vitalidad”, asegura.
Por Raimundo Flores S. 23 de Agosto de 2025
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Ovalle. Fin de la década de los 60. Un adolescente Carlos Cabezas, impulsado por una curiosidad intrínseca por la música y lo electrónico, se decide a construir unos parlantes para el tocadiscos Winco que tiene en su casa, desde donde escucharía una y otra vez álbumes de Led Zeppelin, Jimi Hendrix y Cream. Años después, haría un ejercicio similar con su primera guitarra eléctrica, poniéndole una cápsula y armando un sistema de distorsión con una radio a pilas.
“Cuando amaneces en el mundo desde una región sabes que las cosas sorprendentes pasan en otro lugar, en la capital o qué sé yo. Como que sabes que hay un viaje que puedes hacer hacia cosas más novedosas, hacia cosas que te sorprendan”, reflexiona Cabezas. Luego agrega: “Desde ahí que ya venía una curiosidad por el mundo de la electrónica y todo lo fantástico, todo lo ciencia ficción que suponía esto, que son cosas que a esa edad te mueven”.
Esa inquietud se mantuvo con el paso del tiempo e incluso se potenció con la aparición de los sintetizadores y de otras máquinas que permitían llevar la imaginación a resultados sonoros inéditos. Así, Cabezas, luego de trabajar nueve años como controlador de tránsito aéreo en los aeropuertos de Pudahuel y Cerrillos, y motivado por una viaje a Inglaterra donde se sorprendió con la cantidad de gente común y corriente que tenía bandas, decidió darle una oportunidad a la música.
En 1984, junto a los estudiantes de Arte Silvio Paredes y Ernesto Medina, crearon Electrodomésticos, una banda que desde la experimentación generó una propuesta totalmente atípica para la escena que había en el Chile de esa época. Así lo corroboraría “¡Viva Chile!”, su álbum debut de 1986, donde tomaron distancia de las estructuras pop convencionales y construyeron canciones en base a grabaciones de voz sacadas de radio y televisión.
“Todo esto parte desde la carencia y es bien significativo eso, porque de alguna manera esa carencia te da herramientas distintas a las que hay en un contexto social más normal, más estable. Considerando siempre el contexto en el que partimos, en la dictadura, como que a todo el mundo se le activan otros instintos como medio de supervivencia. Entonces es interesante entender que desde la carencia se activa este ‘chasquillismo’ del chileno, que para nosotros es como medio parte de nuestro folclore. Pero claro, en ese contexto, los músicos y los artistas en general, aprendimos a hacer de todo”, recuerda Cabezas.
Ahora, las cuatro décadas que han pasado desde el inicio de esa carrera son la explicación para “Mil Cabezas”, el espectáculo que liderará el músico el próximo 18 de octubre en el Teatro Municipal de Santiago. Ahí, convergerán en escena varios de los proyectos más destacados de Cabezas, desde la actual formación de Electrodomésticos, pasando por sus discos solistas de boleros y su trabajo con La Banda del Dolor, hasta llegar a Cordillera, su dúo junto a Angelo Pierattini.
Sobre el concierto, Cabezas dice: “Son iniciativas que normalmente a uno lo ponen nervioso, el autohomenaje y todo eso, no te sientes tan cómodo ahí. Pero esto está visto como una retrospectiva de todo el trabajo y sobre todo mostrando lo que significa el trabajo colectivo en la música, que ha sido un poco lo que ha sucedido en mi caso. Porque está el trabajo de los Electrodomésticos, que desde ahí partió todo, después el trabajo solista, el trabajo en música de películas, y el trabajo en otros ámbitos y otros géneros también diversos”.
—Electrodomésticos ha hecho conciertos importantes en el Teatro Municipal. ¿Qué es lo que tiene ese escenario?
—Es un lugar que es significativo en términos culturales. La idea de tocar en el Municipal pasa harto por darle a la música popular un escenario que normalmente está asociado a cosas más de élite y porque es un lugar donde se pueden hacer buenas puestas en escena, que es lo que estamos intentando hacer al mostrar todos estos ámbitos. Tiene que ver con que le demos un valor a la música que hacemos acá y que los lugares hablen del valor que le damos y que sintamos eso. A los chilenos nos cuesta en general ver el valor de lo que hacemos. Pasa mucho que nos soplan desde afuera el buen trabajo que hacen tales o cuales artistas acá.
Me ha tocado ver la reacción de gente afuera con nuestros músicos, con bandas de acá y realmente a nosotros nos cuesta eso. Fuimos educados culturalmente con que estamos al final del mundo, que todo lo mejor siempre viene de afuera, entonces nos cuesta reconocernos entre nosotros.
—Cuando partieron hace 40 años fueron parte de un circuito súper underground. ¿Estar tocando ahora en el Teatro Municipal es un giro en 180º o significa poder plasmar inquietudes que tenían desde el principio?
—Yo creo que las ideas de fondo son las mismas. Matucana 19 era un lugar súper alternativo y marginal pero lo que intentábamos montar ahí era como una experiencia que tiene mucho que ver con lo que intentamos hacer ahora, cuando vamos al Teatro Biobío, en Concepción, o lo que hemos hecho en el Municipal, que es compartir la experiencia con el público, de una puesta en escena que te haga sentir desde distintos lados la música y lo que significa, con un trabajo audiovisual importante.

Creación en defensa propia
Planeando la sesión de fotos para esta entrevista, Carlos Cabezas dice que prefiere no posar con una guitarra, que no se siente cómodo con aquella clásica imagen del músico porque él no es un instrumentista.
Aquella declaración de principios tiene que ver con una visión que ha acarreado casi toda su vida, probablemente desde que su madre, viendo la inquietud musical de su hijo, lo puso en clases de violín, aunque la incursión duró poco porque la profesora castigaba sus equivocaciones golpeando sus manos con el arco del instrumento. “El estudiar música era como entrar a la iglesia, una cosa así como un acto de rendición a un poder superior”, recuerda.
Esa misma sensación fue la que en su momento lo alejó de dedicarse a la música y la que se terminó sacudiendo en el mencionado viaje a Inglaterra donde vio que el ejercicio de hacer canciones podía ser algo más amigable.
“El haber aprendido sin tener la academia detrás y todo eso te da una amplitud porque no te guías por los parámetros normales, porque no tienes guía la verdad, sino que eres súper visceral para todo. Las estructuras académicas de alguna manera te limitan. Te dan unas herramientas increíbles, y a mí me encanta trabajar con gente que tiene todas esas herramientas, pero el aprendizaje que tuvimos te da una amplitud mucho más distinta con respecto a lo que significa la expresión musical, entonces te atreves a meterte en muchos lados”, señala.
Después agrega: “Es un impulso que es súper desde la curiosidad, tiene mucho que ver con el juego también, con todos estos aspectos humanos que están muy claros en la infancia, pero que después se pierden en el tiempo. Entender de vuelta la curiosidad, la experimentación, la búsqueda del asombro y todas esas cosas que te mueven de cabro chico, que si se mantienen en la expresión artística te dan mucha vitalidad y es como terapéutico. A esta altura lo haces en defensa propia”.
Esas ganas de explorar distintos ámbitos han convertido a Cabezas en un artista prolífico y multifacético. Más allá de los proyectos que lidera, ha aparecido en los créditos de destacados trabajos, como productor o ingeniero de sonido, con varios de los nombres más destacados del rock nacional, como Jorge González, Los Tres y Los Bunkers.
Del ex Prisionero, recuerda sus jornadas mezclando juntos en los estudios de Peter Gabriel en Londres y lo clasifica como “patrimonio nacional”.
De Los Tres, recalca que el aporte fue bidireccional. “Aprendí mucho de ellos y eso fue súper nutritivo”.
De Los Bunkers, recuerda que “cuando llegaron de Concepción, todos modestos y humildes, traían un trabajo súper claro, entonces daba gusto”.
—De una u otra manera, has estado presente en muchos momentos que terminaron siendo históricos en la música popular chilena.
—Me siento afortunado. Cuando se produjeron esas colaboraciones, yo no me daba mucha cuenta porque estábamos todos en lo mismo. No estás pensando en algún tipo de reconocimiento, lo haces naturalmente. Y no es solamente un tema de aprendizaje musical, sino que un aprendizaje de vida, lo que significa compartir momentos con estas personas con las que compartes ciertos impulsos básicos, existenciales por decirlo, de qué es lo que significa la música para ti.

Su mirada política
Actualmente, una de las mayores ocupaciones de Cabezas es como compositor para películas y series, ámbito en el que empezó a desenvolverse en los 90 con su trabajo en títulos como “Takilleitor” o “El chacotero sentimental” y más recientemente en producciones como “El club”, “No”, “Algunas bestias”, “42 días en la oscuridad” o “Vencer o morir”.
En ese contexto, recuerda con particular importancia su trabajo en “Negocio redondo”, donde le pidieron componer un bolero. El encargo le generó nerviosismo porque era meterse “en un lugar sagrado” pero terminó saliendo airoso y acercándose a un género que ha seguido desarrollando desde entonces, con dos discos dedicados a esos sonidos.
“Ahí empieza a aparecer esta idea de que al parecer todo lo que escuchaste en tu vida es tu identidad musical, no solamente la música con la que te enamoraste de la música. Entonces todo lo que escuchaste cuando no eras consciente, de alguna manera es quizás más importante porque eso hace la diferencia. Cuando fuiste a un matrimonio a los siete años con tu padre, lo que escuchaste en los bailes, en la cocina, en la micro. Todo eso queda en tu ser y es parte de tu identidad. Entonces el cine te hace ir a lugares que tienen que ver, que son parte tuya, de tu cultura, de tu territorio y aparecen desde ahí porque normalmente no llegas a eso. Entonces estoy súper agradecido de todo el espacio que ha abierto eso”, valora.
En paralelo, Cabezas no ha detenido su producción discográfica y el año pasado publicó dos álbumes, el debut de larga duración de Cordillera, su proyecto junto a Angelo Pierattini, y “Mirar la luz”, sexto disco de estudio de Electrodomésticos, que hace unas semanas se llevó el Premio Pulsar a Mejor Álbum de Rock y quedó como finalista en la categoría Álbum del Año.
—En “Mirar la luz” uno de los temas presentes es la reflexión sobre lo comunitario, algo que ya estaba en “Ex la humanidad” (2017). Aunque el estallido y la pandemia esbozaron el regreso de un sentido de comunidad, da la sensación de que en el presente eso ya se esfumó.
—Las ideas que aparecían en términos de comunidad y colectividad en la pandemia y en el estallido social son ideas que son muy bellas en términos de estructura social. Todo el trabajo de la gente de salud, las ollas comunes, te dan una esperanza de una sociedad distinta a la en que hemos venido conviviendo, que tiene que ver con la competitividad, con que para que te vaya bien a ti, tiene que irle mal a otra persona. Y puede ser que las proyecciones que aparecieron desde estas situaciones, más comunitarias, más colectivas, más solidarias, sean cosas que buscamos tanto que, al no cuajar tan claramente, ahora pensemos que todo esto se pudrió.
Es un tema más amplio porque el mundo está medio curioso en esos términos. Vemos lo que está pasando en Estados Unidos, donde se ha reactivado toda esta cosa que no tiene nada que ver con la solidaridad, sino que solamente con el beneficio personal y el individualismo. Y de repente eso nos permea a nosotros también. Igual creo que los mejores aspectos del ser humano en términos sociales no salen a la luz porque no venden bien, no coinciden con el modelo de negocio de las comunicaciones. Lo que vende en los medios de comunicación es lo perverso, lo violento, todo lo que hable mal del ser humano. Pero de que suceden cosas buenas, siguen sucediendo. No están en la visión de la sociedad en general, pero siguen sucediendo.
—Y en ese contexto. ¿Cómo ves el clima político y social en Chile de cara a las elecciones? Una de las palabras más usadas en los medios es polarizado.
—Sí, se ve complicado. Si uno tuviera confianza en que toda la gente va a votar tomando opciones de acuerdo a datos y propuestas concretas y reales, uno podría estar más confiado. Pero como lo que sucede es que el manejo de las nuevas tecnologías permite la desinformación y permite modificar la percepción de las personas con respecto a la realidad, te da susto que pueda pasar algo como en Estados Unidos. Se supone que es un país que tiene una buena educación, que era el sueño de tanta gente, pero sin embargo eligen a Trump.
Yo tengo confianza en que la gente cada vez más puede, desde la realidad cercana, entender cuáles son las propuestas de fondo que hay en los dos ámbitos, la derecha y la izquierda. Se están polarizando demasiado las cosas, hay un extrema derecha que está copiando el manual de Trump, de Milei. Pero siento que la gente probablemente ya puede entender más. Si vas al hospital ahora y tienes copago cero, eso es algo que nadie te tiene que explicar, son hechos concretos. Entonces creo que de acuerdo a eso, la gente tiene una interacción social que le permite darse cuenta de cuáles son los logros que tiene una visión con respecto a la otra visión.
Hay una visión que es individualista y otra visión que es más comunitaria, más colectiva y que se preocupa más del bien social de todas las personas. Entonces, confío en que la gente ya pueda distinguir eso, más allá de todas las campañas de fake news y desinformación que están instaladas.
—En su momento escribiste un jingle para el proceso constituyente del segundo gobierno de Bachelet y también una canción para ella. ¿Volverías a trabajar para alguna campaña política?
—Yo creo que si puedo aportar en algo a que salga una propuesta que nos dé una esperanza como país, una esperanza de funcionamiento de una sociedad más justa, más equitativa, lo voy a hacer.
“Estoy disfrutando la vida”
Sumado a sus últimos discos y composiciones para producciones audiovisuales, en los últimos años, Cabezas también creó el proyecto “Transmisiva”, miniserie musical donde interpretaba canciones desde su estudio; realizó el diseño sonoro de la audioserie “Quemar tu casa”; y estrenó el concierto inmersivo “Sensus vitae”, en el que trabajó codo a codo con su hija Clara. Además, adelanta que ya tiene material para un próximo disco de Electrodomésticos.
Con 70 años cumplidos en febrero, Cabezas está más activo que nunca. “Creo que se han dado las circunstancias y como que te entusiasmas. El trabajo creativo en general te da mucha vitalidad, te dan ganas de despertarte más temprano para meterte en la cosa. Por eso, la expresión artística debería ser algo más doméstico en las personas a distintos niveles. No es necesario estar haciendo un trabajo así pero tener alguna posibilidad de expresión artística, creo que le da vitalidad a las personas. Yo ya tengo sus años pero el entusiasmo crece más que nada”, dice.
Cabezas cuenta que se mantiene siempre estimulado y aunque, admite que no escucha mucha música, sí destaca que le han llamado la atención últimamente las lecturas de “La luz negra” y “El nervio óptico”, de la argentina María Gainza.
También dice que a estas alturas ya dio con la rutina diaria que potencia su creatividad. Se levanta temprano, camina y hace ejercicio, trabaja el resto de la mañana, almuerza, duerme siesta y trabaja el resto de la tarde. La mañana es su momento creativo por excelencia y, lo que mezcla en las noches, hay que volver a escucharlo al día siguiente, con la oreja descansada.
—Es como el dicho de que la inspiración te tiene que pillar trabajando.
—Totalmente. Es que la inspiración es como una postal del trabajo creativo, pero realmente lo que aparece en los momentos creativos es todo lo que tú absorbes, todo el interés que tú tienes naturalmente en la humanidad, aparece toda tu experiencia de vida. Entonces, uno de los factores importantes en términos creativos es pensar qué hay para decir. Se puede hacer una canción a partir de herramientas académicas, pero tienes que tener algo que decir, que es lo que le va a dar el contenido real a la canción
—Pensando en la relación de tu música con la tecnología. ¿Ocupas inteligencia artificial para trabajar o en el día a día?
—No la he ocupado. Entiendo las aprehensiones que hay con eso. Tiendo a pensar que la música, siendo una expresión de emociones, de sensaciones profundamente humanas, puede que haya cierto ámbito en el modelo de negocio de la música en que la inteligencia artificial pueda funcionar, pero no entiendo cómo podría comunicar esas emocionalidades y esos sentimientos tan profundos del ser humano.
—Cumpliste 70 hace poco. ¿El cambio de folio significa algo para ti? ¿Te puso reflexivo?
—Me encantaría ponerme más reflexivo, pero no. Definitivamente los 70 años son bastante distintos a lo que uno pensaba en el colegio que iban a ser. Pero no sé, estoy disfrutando la vida y estoy muy agradecido de todo lo que está sucediendo. En algunos minutos pienso que soy medio lento y que me encantaría haber sabido 10 años antes lo que sé ahora o lo que entiendo ahora, pero probablemente es un pensamiento que no es muy real.
—¿Hay algún sueño pendiente por cumplir?
—No creo. No tengo sueños. Sueño con el trabajo del día.



