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Casa Conejo: el bar de Ñuñoa para adultos entre 35 y 45 años que busca revivir la bohemia del barrio y reunir a desconocidos

Inspirada en la imagen de un conejo blanco que la persigue desde su infancia, María José Manríquez levantó Casa Conejo en el corazón de Ñuñoa: un bar que busca revivir la vida nocturna de la comuna y, sobre todo, convertirse en un espacio donde desconocidos se crucen y conversen. Con un público que ronda entre los 35 y 45 años, y un diseño pensado para obligar a circular por el bar entre neones, música en vivo y coctelería de autor. Casa Conejo se proyecta como un club social que quiere devolverle a Ñuñoa sus noches de antaño.

Por 31 de Agosto de 2025
Casa Conejo
Casa Conejo
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María José Manríquez tiene una obsesión por los conejos. Cuenta que una vez un conejo blanco le rozó la pierna, y desde ese momento emprendió una misión por seguir a este animal, que en Alicia en el país de las maravillas aparece murmurando que siempre llega tarde a su destino, dejando atrapada a la protagonista.

De ahí surge el nombre de “Casa Conejo”, el bar de Ñuñoa que busca revitalizar las noches del barrio, que antaño gozaba de buena salud, pero que en los últimos años ha visto reducirse su oferta nocturna.

Pero la popularidad de Casa Conejo se remonta a antes de la pandemia. En 2017 abrió su primer local en Pedro de Valdivia, donde estuvo cerca de tres años y medio. La pandemia obligó a cerrar ese centro, pero pese al descalabro económico, María José nunca pensó en abandonar la marca. Durante ese tiempo, caminando por Ñuñoa, encontró la casa que ahora funciona como bar. Se dedicó a pintarla y a reunir la decoración que le da vida al local: neones, plantas, imágenes de conejos y frases en inglés.

En palabras de su dueña, sobre el primer local: “Teníamos harto público, el bar siempre se llenaba, pero la pandemia me pilló. No podía pagar los arriendos como correspondía y me tuve que ir. Cuando abrí por primera vez quería tener un bar y que se llamara así. Un día, caminando por Pedro de Valdivia, vi la casa —que además es blanca— y pensé que sería perfecta. Este era mi colegio blanco, y tenía muchas ganas de hacer un bar. Con mi socio trabajamos muchos años organizando eventos con música en distintos lugares, como la discotheque Subterráneo”.

Hoy, Casa Conejo está ubicado en Brown Norte y, más que un bar o un restaurante, sus socios —María José Manríquez y Ricardo González Villablanca— han buscado darle al lugar un sentido de club social, donde suceden diversas actividades como presentaciones de músicos en vivo o sesiones de DJs por la noche. Además, tienen un concepto claro: no quieren que los clientes estén atados a sus mesas; la gracia está en que puedan moverse libremente por el local de Ñuñoa.

La experiencia de trabajar de noche les dio el roce necesario para conocer a distintas personas del mundo de la gastronomía y del ambiente nocturno. Ahí se fueron enamorando de la coctelería de autor e incluso han intentado mantener una especie de “familia” con quienes trabajan, como el caso de Camilo, el bartender que los acompaña desde el primer día. La idea es poder crear un ambiente cercano y conectar con las personas que forman parte del equipo.

La competencia en Plaza Ñuñoa

Sebastián Sichel, alcalde de Ñuñoa, afirmó en enero de este año que había sostenido reuniones con la Cámara de Comercio y que, durante su mandato, buscaría convertir a la comuna en la capital gastronómica de Chile, dejando de lado los estereotipos sobre la comida vegana. Incluso fue más allá:
“Quiero que Ñuñoa sea como Palermo, que sea una ciudad viva, porque eso es lo que le da seguridad, y además creo que el futuro de Ñuñoa está en el comercio“, dijo Sichel en conversación con Radio Pauta, justo cuando cumplía un mes en el cargo.

Sin embargo, esa aspiración está lejos de cumplirse. Caminar por el sector de Plaza Ñuñoa después de las 21 horas puede ser desolador: muchos bares están vacíos, apenas hay un puñado de personas adentro y son pocos los que se arriesgan a abrir hasta entrada la madrugada. En ese panorama, bares como Casa Conejo reavivan la llama bohemia que alguna vez caracterizó el corazón de la comuna.

A pesar de la competencia en el sector, la dueña de Casa Conejo asegura que no lo siente así:
“No creo que sea competencia. La verdad es que siempre hemos tenido nuestro propio público y no apuntamos directamente a todo el público; hemos tratado de segmentar un poco a nuestros clientes”.

Esa clientela se ha construido de boca en boca, gracias a celebraciones de cumpleaños, música en vivo y DJs. Hoy, el público ronda entre los 35 y 45 años. “No tenemos un público juvenil; no hago reservas de menores de 30 años, y si llegan, son muy pocos”, explica. Esa decisión responde también a la idea de que la gente pueda socializar con pares. “Muchas veces alguien va a un bar y quiere conocer otras personas, conversar. No siempre se da la oportunidad entre un adulto y alguien de 21 años. Por eso diseñamos el lugar de modo que la gente pueda encontrarse y moverse”.

La socia agrega que muchos clientes llegan solos y terminan sintiéndose en casa. El espacio está diseñado justamente para propiciar esos encuentros. “Por ejemplo, tenemos un sector llamado Under. Cerramos la entrada por abajo y así la gente se ve obligada a recorrer toda la casa. Me encanta que el público se mueva; nunca me ha gustado la idea de sentarse en una mesa y después irse a la casa”.

Una decisión clave fue cerrar el baño del primer piso para obligar a los clientes a circular y descubrir el salón donde se puede estar y bailar. Además, el DJ está ubicado frente a la barra, lo que genera un ambiente de baile espontáneo. “Eso a veces nos estresa un poco, pero la gente lo disfruta mucho y reconoce que ahí pasan cosas”, dice la dueña.

Pero no todo es entusiasmo. Las patentes son un tema en Ñuñoa, al igual que en comunas como Providencia. Con la intención de mantener el orden y garantizar el descanso de los vecinos, las autoridades han restringido la entrega de patentes de alcohol y han intensificado la fiscalización de los locales nocturnos. Ese fue el caso de Mito Urbano, la clásica discotheque de Providencia, que tras ser clausurada se trasladó a Plaza Ñuñoa, pero duró poco: también fue cerrada bajo la administración de la alcaldesa Emilia Ríos.

En la comuna vecina, Providencia, también se produjo el cierre de un clásico local: Santo Remedio, que bajó la cortina tras 28 años de funcionamiento. En noviembre de 2024, el Concejo Municipal decidió revocar la patente de alcoholes del bar, y en febrero de este año rechazó el recurso de reposición, luego de varios meses sin actividad.

Desde Casa Conejo señalan que, para evitar problemas, se apegan estrictamente a la normativa. “Nos apegamos a todas las reglas. Por ejemplo, si bien tengo un valle espontáneo, no contamos con una pista de baile”, aclara su socia.

El futuro de Casa Conejo parece prometedor. Se mantiene como un lugar donde las personas pueden conocerse de manera espontánea, y aunque a la socia le han propuesto abrir un nuevo local, asegura que, por ahora, su espacio en el mundo está en Ñuñoa.

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