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Opinión

7 de Septiembre de 2025
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic

Perfil de Jorge Desormeaux: El hombre de Matthei

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

Kike Mujica, columnista de The Clinic, perfila al marido de Evelyn Matthei, Jorge Desormeaux, quien apareció la semana pasada en la opinión pública para opinar sobre la elección presidencial y cuestionar el programa de José Antonio Kast.

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Hasta la semana pasada, Jorge Desormeaux era un rumor. Periodistas y políticos murmuraban sobre su salud mental, al igual como la de la candidata, Evelyn Matthei. 

“No, si es ella, no, si es él”, era el cotilleo. Las versiones, morbo y drama, hablaban de la gravedad de Desormeaux -de ahí, deducían, la ausencia en la campaña- y la tensión y el desgaste de la candidata por eso. 

“Está pensando en bajarse”, me dijo alguien de Chile Vamos. 

A Desormeaux, hace tres años, le diagnosticaron Parkinson.

El sábado pasado en La Tercera, desoyendo rumores sobre tu interdicción, irrumpió: dijo que el plan de Kast de un ajuste fiscal de US$6 mil millones en 18 meses es “absolutamente inviable”. “Este país, con un ajuste de esa naturaleza, no va a tener paz social, que es algo fundamental”, agregó.

Y sumó: 

“Creo que vamos a tener menos paz social en un eventual gobierno de Kast que en un gobierno de Evelyn Matthei. Es el enemigo ideal para la gente de extrema izquierda”.

La frase se instaló en la agenda. Esa semana, los republicanos sufrieron embates de lado y lado por su idea de “reformar la reforma de pensiones”.

La estrategia de Chile Vamos es relevar que la experiencia y la gobernabilidad está en su lado, no en el lado de Kast.

“La opinión de Desormeaux es peligrosa y errónea, porque cancela la opción de otro gobierno de derecha que no sea el de Matthei. O sea, es Matthei o el caos. Es una campaña de terror y una especie de superioridad moral y ya sabemos en qué terminan esos aires”, me dice un republicano.

“Fue una intervención inteligente porque Jorge es un economista de renombre y su crítica fue muy precisa y técnica, dura, pero no ad hominem contra Kast”, me dice un miembro del comando de CHV.

“Los mejores cuadros técnicos y políticos están en Chile Vamos, no están en el Partido Republicano… el programa de Kast es un prólogo de un programa”, opinó Desormeaux, quien entró en la refriega electoral como pocas veces lo ha hecho en su vida junto a Matthei.

Piano y teatro

Jorge Desormeuax nació en 1950. No en cuna de oro como se piensa. Su padre, de origen francés, y su madre, Nora Jiménez, fueron dueños de una panadería en Buin. Familia de clase media en un país pobre.

En 1955, Roberto padre murió y el negocio se hizo inabordable. Entonces, Nora y los dos hijos partieron a Valdivia, ciudad natal de la madre, por techo y trabajo.

Vivieron con lo justo y necesario. Jorge estaba becado en el colegio, pero en 1960 las calamidades del terremoto de Valdivia los obligó a retornar a Santiago. Desormeaux tenía 10 años.

Entonces se cruzaron. Desormeaux ingresó al Deutsche Schule de Santiago. Matthei, también. Tenían tres años de diferencia, así que se conocían, mutuamente, solo de oídas: él sabía que ella tocaba el piano; ella sabía que él era actor del club de teatro del colegio.

Casi dos décadas después, se volvieron a cruzar. Esta vez en la Universidad Católica, en Economía.

“Después de que regresé de mis estudios en Estados Unidos, ella estaba en el último año en la universidad y fue alumna mía. Ahí comenzó el pololeo, mientras yo era su profesor. Hubo muchos que no lo vieron con buenos ojos. No pasaron seis meses antes de casarnos”, recordó él en La Tercera.

El matrimonio no se pensó dos veces.

Yo soy muy tradicional. Evelyn me dijo para qué vamos a pasar las vacaciones separados. Nos casamos en una iglesia muy bonita con un tío de ella que es monje benedictino, en septiembre de 1979. Fue muy lindo, aunque nos llovió ese día. Fue harta gente, ella era hija de un hombre importante en ese momento. Todos se embarraron. Sebastián Piñera me dijo que le íbamos a tener que comprar otro par de zapatos”, contó a La Tercera.

Con Piñera fueron cercanos. Aquí y en Estados Unidos cuando se toparon estudiando. Luego, Matthei trabajó con Piñera en Bancard. La relación se rompería por el Kiotazo en 1992 y no se retomaría hasta 2009, dicen cercanos a la familia.

Los cinco

La pareja tiene 3 hijos. En 1982 nació Jorge Ignacio; en 1985, Roberto; y en 1991, Antonia. 

“La política no respeta fines de semana, los almuerzos familiares, las fiestas de graduación de los hijos. Ninguna de esas cosas. Todas las urgencias del mundo político están sobre lo personal”, ha dicho Desormeaux.

Los hijos han reconocido que tener dos padres profesionalmente exitosos y sobre demandados acarreó largas ausencias. Pero los tiempos del padre fueron menos acuciantes que los de la madre. Desormeaux, por ejemplo, acompañó a su hija a comprar el vestido de graduación. Evelyn no pudo llegar.

Ni hablar de reuniones de apoderados, eventos deportivos o cumpleaños de amigos.

Matthei se lanzó al tobogán político cuando Jorge Ignacio tenía seis años y Roberto, tres años e Ignacia aún no nacía.

En 2013, en una entrevista en La Tercera, la periodista Karla Mandiola le pregunto a Roberto si “la figura paterna estaba más presente que la materna”

-Sí. Era un sacrificio que mi madre tuvo que hacer. No pasó mucho tiempo con nosotros de ahí en adelante, pero el tiempo que sí pasó fue bueno. No sentí que me haya abandonado. Siempre asumí el costo del trabajo de mi mamá y lo encontraba perfectamente razonable. No sólo la comprendía, sino que sabía que eso era lo correcto de hacer. Creo que en ese tiempo mi papá estaba comenzando su trabajo en el Banco Central.

—El también tenía un trabajo exigente.

—Sí, pero por último llegaba a la casa todos los días.

Desormeuax no se hace el leso con los costos que tiene transitar por el infierno de la política.

Es sincero.

“Cuando Evelyn es invitada a la política por Andrés Allamand me preocupé porque no era el tipo de vida que yo tenía prevista para nosotros como familia. Yo tenía la sensación de que la política era dura y exigente. La verdad, me quedé corto: fue mucho peor. Los desagrados por los que hemos tenido que pasar, francamente, hubiera preferido no vivirlos”, dijo en La Tercera.

Ha dicho, además, que de no pasar a la segunda vuelta —cosa que no cree— piensa que sería lógico que fuese la última batalla presidencial.

El estudioso

Desormeaux es uno de los más destacados economistas chilenos de los últimos 30 años. “Podría haber sido ministro de Hacienda sin problema”, me dice un ex miembro del gabinete de Piñera. 

Una economista de la plaza que lo conoce muy bien lo describe: “Muy estudioso y muy inteligente. Es una persona respetada y consultada”.

Ha sido y es asesor de empresas nacionales e internacionales y director de compañías. Su especialidad es la macroeconomía. En 1999 fue designado consejero del Banco Central, elegido por el entonces Presidente Eduardo Frei. El Senado lo ratificó con 33 votos a favor, seis en contra y tres abstenciones.

Entre 2007 y 2009 fue elegido vicepresidente del Banco Central y entre 2019 y 2022 fue presidente del Consejo Fiscal Autónomo (CFA).

“No te retires Evelyn”

Cuenta Cristián Bofill en su libro “Los Muchachos Impacientes” (1992) —un relato notable del Piñeragate— que el debut en la política de Evelyn Matthei fue visado en 1988 entre su padre Fernando —entonces comandante en jefe de la FACH y miembro de la junta militar—; su hombre de confianza, Ramón Vega ——que luego fue comandante en jefe—; el ex canciller Hernán Cubillos —padre de Marcela—; y Jorge Desormeaux.

Con el ok del grupo, Matthei concurrió en representación de RN al programa “De Cara al país” de canal 13. Fue su ingreso al duro ruedo de la política.

Entró como un vendaval. Era la cara nueva de la derecha: joven, profesional y talentosa. Por eso, a poco andar, se convirtió en presidenciable. La historia es sabida: una grabación contra Piñera conseguida por un espionaje ilícito de los militares, Matthei involucrada en su divulgación, la radio Kioto en Mega y el escándalo telúrico que condenó a la derecha a esperar dos décadas para llegar a La Moneda.

Desormeaux vivió el calvario puertas adentro. Participó en ásperas reuniones y negociaciones y tuvo que contener a su mujer, que estaba en medio de una de las guerras más fratricidas que la derecha recuerde. Se enteró antes de lo oscuro y debió ser frío en medio de la hoguera del infierno.

Matthei negó y negó hasta que no pudo más: la confesión auguraba el fin temprano de una carrera deslumbrante. Y con escándalo. Jaque mate.

Matthei pensó en la retirada. Pero Desormeaux estaba en contra, pese al debut doloroso.

“Ella esa vez quiso renunciar a la política. Y cerrar la puerta. Eso es lo que sus adversarios esperaban. Fui yo el que le dijo que no, por ningún motivo, eso era aceptar todas las acusaciones que se entablaron en contra de ella. Los vencedores son los que escriben la historia. Ella me escuchó”, relató en La Tercera.

En perspectiva, el consejo de Desormeaux fue certero, pese a lo contraintuitivo: capear la ola y continuar. Matthei, en sus 37 años de vida política, ha sido dos veces candidata a la presidencia, diputada, senadora, alcaldesa y ministra. 

Es el liderazgo femenino de la derecha más potente desde la vuelta a la democracia.

Un piano desde el piso 12

Por infortunios varios, a Matthei, en 2013, le cayó encima una candidatura que era como un piano lanzado del piso 12.

Los candidatos, en su momento, eran Golborne, Allamand y Longueira. 

Uno a uno fueron cayendo.

Los Desormeaux Matthei relataron a la periodista Karla Mandiola que el día de la renuncia de Longueira, 17 de julio del 2013, los tres hombres de la familia visitaban Nueva York. Ahí se enteraron de la noticia cuando revisaban su celular.

A usted esto no le va a tocar… el candidato va a ser el que salió segundo (Allamand)-, le dijo Desormeaux a su mujer cuando lograron comunicarse por móvil.

—No me parece que sea tan claro, le respondió ella.

Peligro de gol.

Pasaron pocos días para que Matthei lo sincerara a su familia: pese a todo sería candidata.

Tarea de titanes. Poco tiempo, poca plata y Bachelet, casi invencible, al frente. Todo para perder por goleada y, nuevamente, sufrir un jaque mate terminal.

Desormeaux, azuzado por la contienda desigual, entró a la batalla con todo. La tríada de confianza de Matthei fue el economista Felipe Morandé; Joaquín Lavín, jefe de campaña; y Desormeaux, quien ha contado que en esa campaña Matthei fue dejada a la intemperie. “Estábamos huérfanos”, ha recordado.

“Quiero agradecer especialmente a Jorge por su ayuda en conformar este equipo”, dijo Matthei en 2013, cuando presentó a su equipo programático, que trabajó contra el tiempo y contra las encuestas. 

Desormeaux trabajó en las propuestas programáticas y también en convocar y —lo más complejo— entusiasmar cuando ganar era casi imposible.

Todo esto en el living de la casa de los Desormeaux-Matthei en Las Condes.

En ese momento, el economista rompió con su habitual discreción. “Es de los que siempre se pondría atrás, al final en la foto”, me dice una amiga de la pareja. En el comando se sorprendieron que este reservado personaje hubiese decidido meter las manos en la masa.

Jorge 2026

Desormeaux ha decidido, hasta ahora, estar en segunda fila. Mucho más fuera que dentro. En lo público. En lo privado, siempre será vital para Matthei.

“Es para tenerlo cerca y, por su lucidez, preguntarle siempre”, me dice una cercana a la pareja.

“Estoy prácticamente fuera de todas las decisiones que tiene el comando… son los partidos los que están manejando las cosas y yo por ser el marido de la candidata no puedo llegar e imponer decisiones o puntos de vista”, le dijo el sábado pasado a la periodista Olga Bustamante en La Tercera.

Ha leído los programas presidenciales y sus análisis económicos son insumos permanentes —así lo ha sido siempre— para Matthei. “Si llega a jugar algún rol de consejería política en la casa, eso nunca se va a saber”, dijo alguna vez la candidata.

Desormeaux, como buena parte del comando, reconoce que los juanes —Sutil y Coloma— han ordenado el derrotero de la campaña y que hubo errores internos que afectaron el desempeño, además de los ataques por redes. Ahora, la candidata estaría apañada y tranquila.

El economista sigue siendo un observador lúcido de la realidad. En La Tercera, no dudó en alabar el desempeño de Mario Marcel, contra lo que opina buena parte de la derecha.

—Él tiene razones personales que hay que respetar, pero el ideal sería que no hubiese renunciado, porque ha sido clave para que el país recuperara la normalidad en temas económicos. Ha tenido una disposición para explicar la necesidad de los ajustes que se han hecho, incansable. Y creo que cuando él ha tomado decisiones que nos disgustan, muchas veces fueron presiones del mundo político las que explican eso. Es un hombre que fue providencial para nuestro país. En un momento de problemas muy graves, pasó del Banco Central al Ministerio de Hacienda y terminó de estabilizar el país.

Alabó, además, la reforma de pensiones —vilipendiada por el kastismo—, se manifestó “tranquilo” por el presupuesto 2026 que presentará el gobierno y le puso fichas al nuevo ministro, Nicolás Grau, también muy cuestionado por la oposición:

“Creo que lo va a hacer bien. Estoy con Sebastián Edwards, que plantea que este Nicolás Grau es muy distinto del que entró al gobierno”.

El parkinson lo obliga a practicar rutinas de ejercicios, pero, contra lo que se expandió como rumor, sigue absolutamente inmerso en su mundo laboral. “Desde hace años que nos asesora. Tenemos reuniones mensuales y presenciales con él”, me dice un director de una empresa.

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