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Opinión

9 de Agosto de 2026

Columna de Kike Mujica: La luna de miel de Squella

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

En 150 días de gobierno, el presidente del partido del Presidente ha levantado la voz con vehemencia contra La Moneda. Toda una sorpresa. ¿Por qué?

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Hace una par de semanas le pregunté al senador Arturo Squella si el Presidente había entendido las tempranas y vehementes críticas -destempladas para La Moneda- que lanzó contra el “segundo piso”.

Fue el 30 de abril de 2026. Apenas un suspiro de mandato.

“No… al principio seguro que no”, me respondió sonriendo.

“Pero después sí”, agregó.

Fue el primer encontrón entre Squella y La Moneda. Algo impensable para un partido ordenado y monolítico. La molestia del presidente de Republicanos -valga decir el conglomerado que fundó en soledad el mandatario- tenía que ver con la filtración a la prensa de un documento interno de la Dipres en el que evaluaban la opción de recortes a programas sociales.

Squella, para que no quedaran dudas de su molestia se dio un rally de 24 horas por diversos medios de comunicación. En radio Duna dijo: “Esto es un error, y esos errores comunicacionales se tienen que corregir. Sería bueno que se revisara quiénes los cometieron esos errores… llamaría al Segundo Piso a que tomara las riendas de esas correcciones, para que no se vuelva a repetir… tienen que revisar quién fue la persona que tomó malas decisiones en cuanto a comunicar algo que se podía prestar para los malentendidos y echar a andar rumores totalmente absurdos”.

El misil apuntaba a Alejandro Irarrázaval, el factótum del segundo piso, el primer círculo del círculo de hierro de JAK.

Squella no rehuyó el tema en la reunión del comité político ampliado que realizó luego de las declaraciones. El tensionado cónclave se filtró a la prensa con distintas versiones. Ahí frente a Irarrázaval, el senador conminó a los asistentes, muchos de los cuales preferían -o se hacían los que preferían- mirar el techo, a debatir de sus dichos. “Eso nos preguntará la prensa cuando salgamos de acá”, opinó. Hubo intercambio de pareceres, con tensión, con Irarrázaval. Entonces Squella dijo la frase que quedó: “Quien concluya que es parte del problema, tiene que dar un paso al costado”.

Máximo Pavez y Arturo Squella

Dos meses después

Squella vuelve a disparar contra el corazón de La Moneda. Ahora es Interior. Esta vez por el despido ipso facto del subsecretario de Hacienda, Juan Pablo Rodríguez, tras conocerse el resultado de un examen de drogas que resultó positivo. Sin esperar la contramuestra, el Presidente le pidió la renuncia. Rodríguez jura que es falso positivo.

Squella le cree. Y montó en cólera. 

La mira la puso en Max Pavez, el subsecretario de Interior. Un viejo conocido: todos UDI, gremialistas, guzmanistas. Una pelea de familias distanciadas, pero familias al fin y al cabo.

ExAnte filtró un chat donde Squella escribió:

“Sería bueno que Máximo Pavez le pidiera perdón a Juan Pablo por el desdén frente al caso, por los ‘trascendidos’ maliciosos que circulan contra JP y por la irresponsabilidad frente a todo el proceso”. 

Además -aún no precisa a qué y a quiénes se refería- criticó la moralidad de ciertos personeros de gobierno: “Si no sale esa gente inmoral del gobierno, nunca se podrá despegar”.

Esta semana, Squella y Pávez hicieron las pases. Ambos se acompañaron hasta la puerta de La Monedacon la pipa de la pea humeando como fogón.  “Hay una amistad de muchos años trabajando juntos y vamos a seguir haciendo mucho”, dijo el senador. “Buena conversación. Seguimos adelante”, acotó el subsecretario.

Todo en paz hasta nuevo aviso.

¿Por qué? 

Dentro del oficialismo, el senador goza fama de hábil, prudente y con oficio político. Quienes lo conocen analizan -son hipótesis no exentas de buenos datos- que su conflicto con el poder paralelo del segundo piso no se ha apagado. Pero no les calza el fuego contra Pávez y tampoco, para alguien racional y frío, la batalla fervorosa que dio por Rodríguez, que no forma parte del tronco republicano defendible a ultranza.

“Para ejemplificarlo en simple: el manejo político del Gobierno reside en dos equipos que han ido armando, a veces a contrapelo, a veces conversando. Por un lado, está el Segundo Piso y por otro el de los ministros Alvarado, García Ruminot y Pávez. Podría asegurar que Squella se alinea con el segundo equipo. Por eso, no entiendo sus dardos contra Pávez”, me dice un importante dirigente de la UDI.

Sobre todo, me dicen, porque Squella lleva una buena relación con los  presidente de los partidos de lo que fue Chile Vamos. 

Squella ve en Alvarado, me dicen, la política profesional, la de kilometraje, la de pasillo y café en el parlamento. Hay políticos que no resisten la improvisación o la impulsividad. Squella parece ser uno de esos. 

Le pregunto por qué fue tan duro con el Segundo piso al principio del Gobierno.

“Traté de levantar una bandera de alerta temprana”, me responde. De sus palabras se puede desprender que cuadros del gobierno necesitaban comprender “que hay que sacar adelante la responsabilidad que tenemos”.

Desde antes de la instalación del Gobierno, Squella, sin pelos en la lengua, abogó por política y más política. En público. No como RN y UDI que se cuidaron de no parecer aportillando. “A ellos les acomoda que el francotirador sea él”, me dice un republicano.

Esta frase de Squella me llamó la atención: “Lo que uno pretendía al hacer la crítica es que se le generara más espacio al Messi que tenemos dentro del gabinete que es el ministro Alvarado; y también su dupla, el ministro García”

Enojado 

“Squella tiene un problema: se enoja, patalea, se mosquea y critica duramente, pero a las 48 horas su molestia se disipa con fotos o filtraciones de comidas con el Presidente para darse la paz. A la próxima pataleta no llamara la atención”, me dice un parlamentario UDI.

“Nadie sabe quién ganó el gallito de abril: si Squella o Irarrázaval. Ese es un conflicto de largo aliento”, me dice un parlamentario republicano.

Políticos que lo conocen me dicen que sus diferencias con el círculo de asesores del Presidente se mantienen. No ventiladas como en abril. Pero ahí, a flor de piel. 

Irarrázaval seguirá siendo un factótum. El Presidente le ha confesado a políticos oficialistas que en su vida ha cultivado sólo “dos grandes amistades”: una es la de su asesor.

Squella, me dice un UDI, “hoy vive y puede sufrir la misma encrucijada con los libertarios que la que nosotros tuvimos con ellos, con los republicanos: que te pasen por la derecha”.

La senadora Vanessa Kaiser y Johaness Kaiser me han dicho que ellos buscan recordarle a los republicanos sus promesas. Pepe grillo. La parlamentaria es rotunda: “Entendemos el gobierno de emergencia, pero eso no quita que no asumamos la agenda de nuestro sector”.

Squella, según sectores oficialistas, navega entre dos aguas: “Dice que no a las discusiones valóricas porque existen otras prioridades, pero tampoco puede evitarlas, porque el corazón tira y los votos también”.

Un ejemplo: libertarios presentó el polémico proyecto de ley “Escucha su corazón”. Le pregunté a Squella qué pensaba. Me dijo lo que fue el mantra de la campaña: Chile tiene otras urgencias. Pero también me aseveró que si se presentara, republicanos lo apoyarían.

¿Será presidente?

Me dicen desde La Moneda que JAK le pidió a Squella que se repostule a la presidencia del partido. 

También me comentan, desde palacio, que sectores del partido evalúan levantar otra lista.

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