Buscar
Entender es todo
cerrar
Avión Cerro Moreno

Tiempo Libre

15 de Septiembre de 2025

La historia del libro que inspiró a un grupo de exploradores a investigar el “Triángulo de las Bermudas” de Antofagasta y hallar un avión perdido hace casi 50 años

La novela "El triángulo de Cerro Moreno", de Hugo Riquelme, despertó la memoria de un explorador que años atrás había visto restos de un avión en Antofagasta. Esa pista llevó a un grupo de montañistas a encontrar la aeronave perdida hace más de cuatro décadas en la zona conocida como el “Triángulo de las Bermudas” chileno.

Por
Compartir

Tal como en el Triángulo de las Bermudas, el Triángulo del Cerro Moreno se ha convertido en una franja del cielo de Antofagasta marcada por misterios aeronáuticos sin resolver. La historia llamó la atención del autor Hugo Riquelme, quien escribió un libro al respecto, y además motivó a un grupo de jóvenes a realizar una expedición en búsqueda de lo que se relata en el thriller, lo que lograron con creces, ya que encontraron los restos de un avión perdido en 1977, hace 48 años

Fue en agosto de este año cuando un grupo de excursionistas dio con los restos del avión, todo a partir del libro de Riquelme. Héctor Dalmazzo ofició como líder de la exploración, una operación que se coordinó a través del grupo Exploradores del Desierto, un conjunto de amigos unidos por la pasión por los cerros. Dalmazzo había leído recientemente El triángulo de Cerro Moreno, de Riquelme, y eso provocó que un recuerdo apareciera en su cabeza.

“Esos restos yo los vi hace 11 años y no les presté mayor atención, pero luego de leer la novela me di cuenta de que eran parte de alguna desaparición y fui por ellos”, cuenta sobre ese momento previo a la expedición.

La novela, de 240 páginas y publicada este año por la editorial Suma de Letras, explora a través del piloto Carlos González una serie de misteriosos acontecimientos registrados durante décadas en la zona de Cerro Moreno, en Antofagasta.

El autor cuenta a The Clinic que decidió escribir este libro por la mezcla entre la necesidad de rescatar el imaginario colectivo del norte y su cercanía con el mundo de los aviones, ya que durante mucho tiempo vivió en la Base de Cerro Moreno de la Fuerza Aérea de Chile. “De alguna manera, con este libro quería poner en el sitial que corresponde una zona tan misteriosa, fascinante y fantástica como los cielos de la Segunda Región de Antofagasta”, explica Riquelme, quien creció escuchando las historias relatadas en el libro directamente de los aviadores.

Los casos que se presentan en la obra —y que motivaron a los exploradores— corresponden al periodo comprendido entre 1955 y 1981. En esos años se contabilizan al menos ocho incidentes en un área que no solo incluye el Morro Moreno, sino también el océano hacia el oeste (Fosa de Atacama), Cerro Coloso, la quebrada de La Chimba y Hornitos.

El autor distingue entre accidente e incidente, aclarando que los primeros no siempre pueden atribuirse al fenómeno del Triángulo, pues la falla humana escapa a lo extraño de la zona. Con ese punto en claro, Riquelme señala que pueden mencionarse cuatro accidentes: el primero en 1962, cuando un avión 26 Invader matrícula 838 se estrelló en la ladera oeste del morro; en 1977, un Grumman HU-16B Albatross que se accidentó cerca de la cumbre; en 1978, un Cessna T-41, que también se estrelló en la zona.

Además, el autor menciona un cuarto avión que no pertenece a la Fuerza Aérea de Chile: “Hay que hablar de un avión de la Armada de Estados Unidos, modelo Neptune P2V, que se estrelló en la ladera sur del Morro Moreno durante la década de los 70, en el marco de los ejercicios UNITAS, de los cuales Chile participa desde 1960”.

El hallazgo

Marcelo Franco Herrera también es escritor. En la última edición de la Feria Internacional del Libro Zicosur Antofagasta (Filzic) lanzó la novela Semillas del tiempo, publicada por Ediciones Fercé. En ese evento invitó a Héctor, a quien no veía hace más de 30 años. Ambos comparten el amor por subir cerros y hacer recorridos los días domingo explorando los alrededores de la ciudad.

“El día del lanzamiento, él compró el libro El triángulo de Cerro Moreno. En la ocasión no pudimos conversar mucho, pero al pasar los días, él me escribe para contarme que, a propósito de la lectura del libro mencionado, Héctor recordó que hacía unos 12 años había andado de excursión por ahí y había visto algo que podría ser parte de algún motor. Así es como organizamos una excursión junto a otros amigos de trekking, éramos 8 en total, creamos un grupo de WhatsApp que bautizamos como ‘En busca del B-26’”, cuenta Franco.

Mauro Gómez Faundes formó parte de ese grupo de WhatsApp. Aunque aún no ha leído el libro, la importancia del hallazgo hizo que el texto esté ahora en su lista de lo próximo por leer. El propio Faundes cuenta que el hallazgo se dio como un “accidente”, justo en el momento en que ya pensaban que no había nada. “Fue gracias a una de las compañeras que tropezó y cayó al lado de un resto de fierro oxidado”.

Dalmazzo, líder de la expedición, agrega: “Después de haber caminado unas cinco horas, mayormente de subida y en un terreno complejo, yo sugerí no seguir subiendo la quebrada, pensando en que ya no lo habíamos encontrado y que debíamos regresar a Juan López. Justo en ese momento, Susan, una de las chicas que integró la expedición, me dice: ‘Héctor, acá hay óxido’”.

Con esa primera pista comenzaron a escarbar y pudieron ver la primera pieza que sospechaban era de un motor. Al ver esas piezas, el líder de la expedición pensó: “Traté de imaginar cómo pudo ser el momento en que se estrelló la aeronave para seguir su trayectoria y así buscar más piezas. Era en lo único en que pensaba”.

Gómez dice que encontrar esos restos les dio ánimo y empezaron a explorar los alrededores hasta dar con el lugar del impacto. “Fue emocionante”, agrega a su relato.

La ruta planificada era de 29 kilómetros, hasta el punto donde Héctor había hecho el descubrimiento más de una década atrás. “No sabíamos si realmente era un avión, pero nos parecía una bonita aventura. Al cabo de 11 kilómetros de caminata nos encontramos con restos de lonas y aluminio esparcidos por la quebrada”, recuerda Marcelo Franco.

El viernes 22 de agosto, la Fach comunicó que aunque inicialmente los fragmentos metálicos encontrados fueron asociados al bombardero Douglas B-26 Invader, desaparecido el 10 de mayo de 1962 durante un vuelo de instrucción con tres tripulantes a bordo, eso no fue lo que encontraron los expedicionistas.

La declaración institucional de la Vª Brigada Aérea señaló que, tras un trabajo minucioso en terreno, se logró recuperar restos de una aeronave que pertenecerían al Grumman HU-16 Albatross, avión anfibio bimotor que se accidentó en la cumbre de Cerro Moreno el 4 de septiembre de 1977. En el mismo sector se encontraron restos óseos, los cuales fueron entregados —por disposición de la Fiscalía de Aviación de Antofagasta— al Servicio Médico Legal (SML).

Las hipótesis sobre estos accidentes son muchas. Para el autor, estas van desde “la realidad política hasta eventos paranormales. Lo cierto es que los accidentes aéreos son más propensos a ocurrir en lugares donde hay mayor actividad de vuelos”, dice Hugo.

“El Morro Moreno ofrece condiciones climáticas complejas, con mucha presencia de camanchaca, lo que ha permitido su diversidad ecológica, pero a su vez dificultaba la búsqueda mediante vuelos y sobrevuelos de la zona, que se basaban en el avistamiento ocular de los restos”, agrega sobre las hipótesis.

Además, no descarta la “hipótesis ufológica”, la que define como la más llamativa y que forma parte de la “cultura pop”. “Lo cierto es que durante los años noventa era común escuchar que los minerales del morro (no olvidar el Ojo de Mar Rojo del sector La Rinconada) funcionaban como un imán gigante que distorsionaba los instrumentos de los aviones, provocando que muchos de ellos se estrellasen”, explica sobre esta hipótesis.

Este enigma también es compartido por los exploradores. “Soy un visitante recurrente en las noches y he sido testigo de luces que cruzan los cielos a grandes velocidades”, dice uno de ellos. “Aparte de ser un sector cargado de muchas energías, es un lugar enigmático, con muchos avistamientos de luces y una nube que está 24/7 en el cerro, lo que lo hace único”, agrega otro de los exploradores.

El líder de la expedición añade: “Pienso que existe ahí algún tipo de campo electromagnético o similar que causa la desorientación, tanto física como de brújulas e instrumentos”.

En cuanto a las conclusiones sobre estos accidentes, el autor reconoce que es complejo aventurarse: “El poder de una historia no radica en su verdad, sino en cómo moviliza, encanta y da vida a una comunidad”, reflexiona.

“Respecto a los restos hallados por este grupo de exploradores, puedo decir que el triángulo está hablando, está contando su historia y hay que ponerle atención. De igual forma, hay que seguir mirando al cielo, porque a veces, el cielo te mira de vuelta”.



Temas relevantes

#Antofagasta#Cerro Moreno

Notas relacionadas

Salir de la versión móvil