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Opinión

12 de Octubre de 2025
Carlos Montes
Carlos Montes
Ilustración: Sandro Baeza.

Perfil de Carlos Montes: el Mapu Boricista

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

Dicen que el titular de Vivienda es el más frenteamplista de los socialistas, pese a las diferencias generacionales: por primera vez desde la vuelta a la democracia un ministro podría ser el papá del Presidente. Aunque forma parte de los cuadros encumbrados de la Concertación, contó, como pocos, con el respeto de los novísimos ¿Qué une a Montes con el Frente Amplio? ¿Por qué pese al caso Convenios y su inédito misil contra la candidata Jara permanece ahí incólume?

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¿Dónde habría militado Gabriel Boric en los 70 si hubiese tenido 27 años? “En el MAPU o en el MIR”, me dice un histórico del PS. 

¿Dónde habría militado Carlos Montes si hubiese tenido 30 años en 2020? “En el Frente Amplio”, responde.

Un militante socialista me dice que el actual ministro de Vivienda es el más “frenteamplista del PS”. “Junto a Bachelet”, señala. “Por eso está en el gabinete”, agrega. 

Montes tiene poco que ver con la camada que llegó intempestivamente a La Moneda: tiene 79 años. Supera por décadas a los consulares del FA. Algo inédito en la historia de los gabinetes: por primera vez hay ministros —no uno— que podrían ser el papá del Presidente. 

Es el caso de Montes.

Uno “no es del MAPU”; es MAPU

Montes es un animal político con todas las rayas del tigre que ostenta un militante que jugó desde los 15 años en las filas de las izquierdas chilenas de la guerra fría: izquierda castrista, juvenil y revolucionaria. 

Tiene cuna del Saint George, de la Universidad Católica y de la Democracia Cristiana. Estudió ingeniería comercial. Es uno de los fundadores del MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria), un grupo de ex falangistas que endurecieron su discurso en la medida que los días de la UP transcurrían. Mezcla de católicos-progres-feligreses de curas obreros, marxistas y jóvenes universitarios de la élite capitalina. Fueron críticos de la timidez revolucionaria de Allende.

¿El elenco? Enrique Correa, Eugenio Tironi, Rafael Guillisasti, José Miguel Insulza, Jaime Gazmuri, José Antonio Viera-Gallo, Óscar Guillermo Garretón y Montes.

Entre otros.

Tal como el Frente Amplio renegó del progresismo timorato concertacionista, el MAPU hizo de las suyas con Frei Montalva y Allende. Querían, como todo el ultrismo izquierdista, avanzar sin transar. Y rápido. La revolución no podía entramparse en los rituales de la democracia burguesa.

Finta a la banda presidencial

Tras el golpe, Montes pasó a la clandestinidad. Dirigió el MAPU hasta que la Central Nacional de Informaciones (CNI) lo detuvo a fines de 1980. Sufrió un mes en el cuartel de calle Borgoño, sometido a interrogatorios y torturas. Luego pasó a la cárcel pública. 

En 1981 partió al exilió en México. Fue profesor en la Universidad Autónoma de Puebla. En 1985 retornó a Chile. Fundó el PPD y en 1988 se hizo cargo de la campaña del NO en la Región Metropolitana.

Desde 1992 que milita en el Partido Socialista. Fue diputado (1990–2014) y senador (2014–2022).

También fue, según sus pares, un excelente parlamentario. Sonó como presidenciable, pero sufrió la maldición MAPU: la banda presidencial les hizo la finta. O más bien ellos —Insulza también— le hicieron la finta a la banda.

En el PS me dicen que Montes no es de “los orgánicos”; o sea, tiene poca vida partidaria. “Pesa más fuera del PS que dentro. Su influencia está en el Parlamento”. Sectores del partido le dicen “el pino”: nada florece a su alrededor.

Un ministro de Piñera, que negoció con él, me dice que era un factótum. “Cuando Elizalde era presidente del PS consultaba todo con Montes”.

Su vivencia con él, en todo caso, no fue de las mejores: “Por lo menos a mí me tocó relacionarme con un senador influyente e inteligente, pero poco jugado, muy preocupado de no quebrar huevos, poco autónomo. Para el estallido, fue de los más duros, muy en la línea del Frente Amplio, a diferencia de Jaime Quintana que optó por la sensatez”.

Los autoflagelantes

Carlos Montes podría ser el último ministro MAPU. Se extingue así la historia de un experimento político de minoría con vocación de mayoría, que tuvo mejor vejez que juventud: una acumulación de poder —Estado y mercado— pocas veces vista.

¿Pero qué llevo a Montes a ser ministro de Boric?

Desde la socialdemocracia me dicen que lo que amalgamó este pacto inter-generacional tiene que ver con el pasado mapucista de Montes

Muchos creen que vivió una proyección positiva —Carl Jung— por los novísimos. Idealización y admiración.

Carlos es de los más izquierdistas —dentro de la moderación por cierto— del PS”, me dice un socialista. Ese mundo —Bachelet incluida, no así Ricardo Lagos— siempre vio con buenos ojos la irrupción del nuevo progresismo, pese a que éstos durante una década trapearon el piso con la izquierda de la transición.

En 2013, Montes apoyó con entusiasmo las primeras candidaturas al Parlamento de Camila Vallejo (PC) y Giorgio Jackson.

“Camila Vallejo y también Giorgio Jackson tienen que ser diputados en este periodo, porque el Parlamento requiere a estos jóvenes que fueron líderes de un movimiento que puso un hito en nuestra historia. Es muy importante que esa energía y vitalidad se exprese en el Parlamento”, dijo.

Muchas de las críticas de Boric, Jackson y Vallejo le hacían sentido a un grupo de centro-izquierda que había chistado a fines de los 90 por el achunchamiento de la clase gobernante post dictadura.

Montes formó parte de ese grupo, el primero que puso en entredicho la primera década de la Concertación. 

Los llamaron los autoflagelantes.

Aquello fue más un estado de ánimo que un movimiento orgánico. Surgió a fines de los 90:  los autoflagelantes argumentaban que la población ya no se tragaba la pusilanimidad de la Concertación y su falta de arrojo para superar la creciente desigualdad y superar la arquitectura institucional de Pinochet.

Y lo peor (mismo discurso de los frenteamplistas una década después): muchos en la centro-izquierda se sentían muy, demasiado cómodos con el statu quo

A esos los llamaron los autocomplacientes.

En el libro  “Enrique Correa. Una biografía sobre el poder”—-biografía no autorizada del ex ministro escrita por los periodistas Andrea Insunza y Javier Ortega— reviven esos días:

“El debate partió en mayo de 1998 con el manifiesto ‘Renovar la Concertación. La fuerza de nuestras ideas’. Lo firmaron, entre otros, Correa, Edgardo Boeninger, José Joaquín Brunner, José Miguel Insulza, Eugenio Tironi y José Antonio Viera-Gallo. La réplica vino un mes después, con el documento ‘La gente tiene razón. Reflexiones sobre las responsabilidades de la Concertación en los tiempos presentes’, suscrito, entre otros, por Jaime Gazmuri, Isabel Allende, Juan Enrique Vega, Jaime Estévez, Carlos Montes, Ricardo Núñez, Ricardo Solari y Carlos Ominami”.

Ese inconformismo con el pasado y con ese “transar sin parar” —como escribió el historiador Alfredo Jocelyn-Holt— podría explicar la estima de Montes hacia los novísimos.

En el fondo, en cada “autoflagelante concertacionista” habitaba un “prematuro frenteamplista”.

Contra Jara

A muchos históricos del socialismo les cuesta entender por qué aceptó un ministerio en el remate de una carrera política que tiene muchos más azules que rojos.

“No había estado en el Ejecutivo. Me parece que en su reflexión estuvo presente el interés de unir a las izquierdas de ayer con las de mañana”, me dice un cercano en el PS.

“Es más simple: existe una generación que no se resiste a dejar la política”, retruca un cuarentón del PS.

El riesgo era hacerlo mal y así contaminar una biografía con escaso tiempo para enmendar.

Esa aversión se cumplió el 16 de junio del 2023, cuando estalló el caso Convenios, que involucraba al ministerio y al partido más relevante del Frente Amplio: Revolución Democrática.

A Montes el enrostraron el desconocimiento de este “negocio” disfrazado de asistencia social. La pregunta era cuántos del Minvu y desde cuándo —incluido Montes— sabían del caso. De hecho, el affaire se llevó consigo a la subsecretaria de la cartera, Tatiana Rojas (ex RD).

Ese caso ha permeado la gestión de Montes. En La Moneda nunca dudaron en darle apoyo, incluso cuando en enero del 2024 fue presentada una acusación constitucional en su contra. El fracaso de la presentación, lo blindó aún más.

La reconstrucción de la zona afectada por los incendios forestales es otra roca en el zapato para el ministro. La lentitud del proceso irritó a la candidata del gobierno, Jeannette Jara (PC).

Francamente no encuentro que haya nada que lo justifique. Yo por cierto he escuchado y leído un montón de razones que tienen que ver con los títulos de dominio, con los ejecutores de las obras, pero no hay nada que lo justifique. Yo creo que evidentemente en el Ministerio de Vivienda está la responsabilidad, ellos son los responsables de la reconstrucción”, dijo.

El ministro montó en cólera. Y enojado es bravo. Conocido es su mal genio en tiempos de paz: imaginen en conflicto.  “Es el político más mañoso y mal genio que conozco”, dice un correligionario.

La vuelta de mano era predecible pero nadie pensó que sería de tal magnitud: en el programa Estado Nacional de TVN dijo que un asesor muy cercano del dueño de los terrenos de la megatoma en San Antonio era miembro del comando de Jara.

—Yo le puedo decir que el dueño del… del… del… no lo debería decir… 

—Ya, pero lo voy a decir…

—El dueño del terreno de San Antonio, una de sus manos derechas está en el comando de la señora Jara.

—Me lo contó el propio señor dueño del terreno…

La alusión es de fácil interpretación: involucra a Jara en potenciales conflictos de interés en una negociación que está abierta entre el Estado y los dueños del terreno.

Algo pocas veces visto en campañas presidenciales: ministros del gobierno atacando de esa forma a la candidata de gobierno. Relacionándola con los propietarios del terreno que “quieren lucrar a costo de los pobladores sin casa”.

El acto comunicacional de Montes —ese titubeo de que lo digo y no lo digo sólo es presagio de un ataque letal— parece dar cuenta de una desafección con Jara

El ministro había sido particularmente cariñoso con Tohá en las primarias, lo que molestó a Jara, que lo llamó a ser cuidadoso. 

Si Jara estuviera peleando voto a voto la presidencial con Kast, ¿Montés se hubiera aventurado a generar una sospecha sobre Jara? ¿Lo habría hecho en un eventual final fotográfico en la segunda vuelta?

En el comando y en el gobierno fueron cuidadosos de no escalar el conflicto. 

En privado, los que siguen confiados que pueden ganar, estaban furiosos.

Montes dio por cerrado el capítulo.

En el Ejecutivo aplauden que Montes esté a punto de cumplir la meta de 260.000 viviendas en el periodo. A agosto-septiembre de 2025, el Minvu reportó 80% de avance y 214.000 viviendas entregadas o terminadas. 

Check list para el ministro y para el Ejecutivo. Pocos confiaban en que el número se cumpliría por el desgaste que significó el caso Convenios, la reconstrucción de Viña y problemas familiares —la muerte de una hija en 2025— que afectaron a Montes.

Nadie estaba acostumbrado a ventilar así sus diferencias

Sobre el carácter difícil de Montes, muy invocado por todas las fuentes con las que conversé para este perfil, otra cita del libro de Insuza y Ortega:

El apoyo de (Enrique) Correa a Marcel para contener el gasto fiscal se mantuvo aun después de que esa postura generara una fuerte pelea con el titular de Vivienda, el también economista Carlos Montes, del PS e histórico cercano a Correa. El choque entre Montes y Marcel fue a gritos durante un consejo de gabinete. Un testigo relata que Montes argumentó que había un margen para aumentar el gasto público en rubros como vivienda, lo que podría ayudar a reactivar la economía. Pero Marcel no se movió de su posición. Molesto, terminó abandonando la sala en medio del estupor de un equipo varios años más joven en promedio, donde —afirman— nadie estaba acostumbrado a ventilar así sus diferencias”.

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