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Julio César Rodríguez y su primera entrevista como director de programación: “Le podemos meter un relato a Chilevisión y ser canal de todos los chilenos de verdad, no solo decirlo”

En su rol de director de programación de Chilevisión, el periodista y comunicador Julio César Rodríguez afirma que su tarea es darle una épica a esa estación, pero no encargarse de números ni contrataciones. Aunque lleva solo dos meses en el puesto, hay un riesgo importante de que ese sueño suyo tenga corta vida: el canal está a punto de ser enajenado por el actual propietario, Paramount Skydance Corporation. Es un asunto sobre el que “JC” se resta de hablar para esta entrevista. Sí admite que está durmiendo muy poco con tantas funciones que cumplir. Entre otras, conducir el matinal y hacerse cargo de todos sus emprendimientos de streaming.

Por Jimena Villegas 26 de Octubre de 2025
Julio César Rodríguez
Julio César Rodríguez
Fotos: Felipe Figueroa/The Clinic
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Catorce días antes de tomar asiento en un local para realizar esta entrevista, el periodista y comunicador Julio César Rodríguez Sierra (56) hace por WhatsApp un apunte clave: serán sus primeras declaraciones como director de programación de Chilevisión. Su determinación y foco hacen muy difícil sacarlo de ese guion. Esencialmente, quiere hablar como ejecutivo de TV. Ni empresario, ni rostro, ni periodista: “Me gustaría instalar que mi sueño es que CHV sea el nuevo TVN. Realmente el canal de TODOS los chilenos”, escribe pocos días después. 

Es, sin embargo, un momento muy incómodo para dar alas a ese sueño. La estación que hoy dirige otro periodista, Juan Ignacio “Iñaki” Vicente, está una vez más a la venta y se le ha pedido a “JC”, como se conoce popularmente a Rodríguez, que por razones corporativas no aborde el asunto. Paramount Skydance Corporation, el conglomerado dueño de CHV, una multinacional de medios con sede en Los Angeles (California), quiere deshacerse de este activo chileno, que alguna vez perteneció a la Universidad de Chile y al expresidente Sebastián Piñera. También a Warner Media y al grupo venezolano Cisneros.

Ya es conocido que, para esta venta, hay dos oferentes al borde de la meta. Uno es TVI America, del que forma parte la señal de cable Vía X y que pertenece al empresario Luis Venegas. El otro es Jorge Carey Carvallo, actual dueño de CNN Chile, quien ya pasó por CHV entre 2017 y 2021 como presidente ejecutivo y ahora corre en asociación con el empresario y exvicepresidente ejecutivo de Fox Edgar Spielmann. 

El proceso parecer estar tan avanzado que -se señala en la industria – podría ser incluso que, de aquí a fin de este mes, el nombre del nuevo propietario esté sellado. Esta semana se confirmó que Paramount ya enajenó Telefé de Argentina, a cambio de US$ 104 millones, y -según medios especializados- quiere estar fuera de CHV a más tardar a fin de este año. Aquí, igual que pasó al otro lado de la cordillera, el canal volverá a manos locales.

JC, el director

“JC” Rodríguez fue oficialmente confirmado como ejecutivo de Chilevisión el 1 de julio pasado. Cuenta que sólo pudo asumir “en plenitud” un mes después, porque debía acomodar sus cosas; es decir, organizar un poco y lo que se pudiera su muy apretada e imposible agenda de actividades profesionales y personales. De lo que arroja la breve experiencia previa para esta entrevista puede decirse que corre el día entero y que parece ir a palos con el reloj.

En este momento, está dedicado a surtir de contenidos a una serie de productos. En lo más tradicional, figuran el matinal “Contigo en la mañana”, que conduce junto a la periodista Andrea Arístegui, y el estelar “Primer Plano”, ambos para Chilevisión. También lidera el programa franjeado “Podría ser peor” en la radio Bío Bío, que se emite en vivo desde las 16:00 horas y que debió acortar un poco. 

Además, conduce y gestiona una serie de espacios propios de streaming por YouTube. Por ejemplo, “La Junta”, con la productora High y del que lleva un pequeño tatuaje en un brazo. Y -entre otros- “Por qué tenía de que decirlo”, “Seré Weón” y “Somos o no somos amigos”, que se emiten a través de su emprendimiento Somos Yuly, en YouTube. También hace publicidad: en la previa a este encuentro planificaba un comercial para la marca Quix. Y además trabaja desde 2020 para Arsmate, una plataforma local de venta de contenido digital en la que suele haber personas con poca ropa. Él explica que realiza entrevistas una vez al mes a creadoras de contenido.

Como ejecutivo de Chilevisión es de los que elige estar metido en el switch a horas que no se usan y celebrar con los equipos: “Necesito que me vean ahí, que estoy con ellos. Yo creo que ellos se sienten apoyados por mí”. Medio en broma comenta que está la idea de que le tengan una cama en el canal. La noche antes de este encuentro festejó el regreso a pantalla del clásico programa de concursos “Cuánto vale el show”, esta vez bajo la conducción de Julián Elfenbein.   

–¿A qué hora duerme usted? Su ritmo no es normal.

–Estoy durmiendo poco, unas cinco horas diarias y a veces duermo una siesta en la tarde. Pero tampoco va a ser así todo el tiempo. Hay que ir soltando.

–¿Cómo definiría en corto su propuesta para Chilevisión?

–Me gustaría que la gente viera a Chilevisión como un canal popular, diverso y emocional, que combina noticias, coyuntura, nostalgia, humor y cercanía. Ser el canal de todos los chilenos de esta época.

–Tradicionalmente se entiende que el ejecutivo no es rostro. El último que fue la dos cosas es Antonio Vodanovic en TVN, en los años 70. ¿Cómo convence a la gente que usted sí se toma en serio el puesto?

–Bueno, porque yo tengo la capacidad de desdoblarme, de hacer varias cosas al mismo tiempo y siempre lo he hecho. Siempre he sido dueño de mis propios medios y he sido ejecutivo de mis propios canales. Yo gestiono el canal de cable Vive, que es mío, desde hace 10 años. Y también gestiono Somos Yuly y otras productoras y el programa de radio. Siempre he sido serio a la hora de diseñar proyectos, de generar ideas. Lo que más me gusta es generar contenido y he tenido que estar acá, en esta doble posición, con estándares súper claros. Yo no negocio con los rostros. Eso lo ve Andrea Dell’Orto (la directora de operaciones y producción) y no yo. Lo mío es crear, proponer, generarle un relato al canal. En eso, Iñaki me ha dado la carta ancha. Yo sé que hay muchas cosas que hemos hecho que a él no le gustan, pero valoro que me apoye.

–¿O que lo tolere?

–Ya se va a aburrir. Pero, ahora que nos ha ido bien, yo creo que ya está un poco más relajado. Lo entiendo, porque también el mundo de la tele es súper formal, bien cuadradito, y nosotros hemos chasconeado un poco la situación.

–¿Por qué aceptó este puesto? No será por la plata, ¿verdad? 

Nopo. Aceptar ser director de programación era aceptar un desafío de una épica, de un canal que quiero mucho, con gente con la que me relaciono desde hace muchos años. El canal tiene una vida interna que es muy particular, es bien distinto. Todos se conocen muy bien, como que está el pasilleo. Yo tenía una oferta muy buena de Mega, que agradezco hasta hoy, porque me valoraba mucho. Ponía en perspectiva mi trabajo como animador. También como realizador, por mi trabajo con Yuly, mi canal de streaming. Y también como una persona que iba a opinar de televisión. En la decisión final de quedarme operó este cariño por mis compañeros y por esta épica que podíamos tener. Tenía mucha fe en que le podíamos dar una impronta distinta al canal.

–¿En qué consiste esta impronta distinta?

–En generar contenidos que realmente hagan eco en la gente más sencilla de Chile. Creo que la televisión es para gente sencilla, y no hablo de plata. Me voy a pegar una pelada, pero con altura de miras. De repente, en la televisión, yo veo que hacer televisión es trabajar para las marcas, para los avisadores o para los gustos personales, que son mucho más sofisticados. Pero yo sí creo en una televisión con vocación popular, sencilla, entretenida, llena de color y que sea muy heterogénea. Teníamos, según los estudios que había en la mesa, un canal muy prestigioso. 

–Por el trabajo de prensa, ¿verdad?

–Claro. Teníamos un canal que la gente respetaba mucho, pero con poco color. Nos veían como un canal muy de noticias, muy de actualidad. Éramos respetados, con un departamento de prensa muy prestigioso y con un matinal ganando seis años de corrido, con una programación muy ancha, desde las seis de la mañana hasta casi las siete de la tarde. Son más de doce horas, pero de información noticiosa. En eso vi una oportunidad de ponerle color al canal. Yo vengo de un TVN en que nos paseábamos por el pasillo y nos chocábamos con la Mane Swett. Íbamos para allá y Camiroaga estaba comiéndose un completo. Y más allá estaba el Rafa Araneda llegando en su auto. Y estaba la Yamna Lobos, y todos bailando. Era un canal lleno de color y de entusiasmo.

–Y eso ya no es así.

–Yo veo que la televisión chilena en general, a través de su tercerización, ya no es así. Y Chilevisión que tiene esa épica, que tiene ese color, tampoco estaba siendo así. Entonces, tú caminabas por un Machasa, que es un edificio gigante, vacío, con eco. Y hoy día a poco andar de mi proyecto…

–¿Pero en qué consiste su proyecto?

–Mira, en “Fiebre de Baile”, en particular, les pedí que creyeran en mí y que no compráramos un formato, hablo de formatos como “Got talent” o “The Voice”, sino que hiciéramos un programa primero en vivo y segundo lleno de color y de alegría. Que viéramos a mucha gente metida en el canal, con bailarines, con talento, con gente del espectáculo, con jurado. Y le dimos un vuelco, con las redes sociales adentro del canal. Tú ves en la noche “Fiebre de Baile” y está lleno de tiktokers, lleno de youtubers, lleno de canales alternativos, lleno de portales. Están todos metidos ahí, como reporteando un partido de fútbol, pero es un programa de televisión. Y tienen su espacio y están transmitiendo en vivo. Lo que yo quería era un 360, que le diera color a la pantalla, con un programa muy familiar, y que al mismo tiempo nos diera una épica a los trabajadores.

–Algo caro de hacer, ¿no?

–Mucho más barato que un reality show.

–¿Y “Cuánto Vale el Show” sigue esa misma lógica?

–Sí. Lo estamos empezando a hacer grabado, para ver cómo va el formato. Pero queremos hacerlo en vivo también. En “Cuánto vale…” está ese artista que todos llevamos dentro. No es el que va a “The Voice”, sino el que puede estar aquí en la esquina de Providencia con los palitroques o en la casa. Son las gracias de la gente, y quise llevarlo a un formato alegre, divertido, chistoso, multi representativo. Que también tenga gente joven del mundo digital integrada, como Alejandro de la Cruz o la Fran Maira, en un formato muy divertido. Si tú me pides que lo defina, yo diría que es un programa de humor y no de talento. El talento es la excusa. Queremos que la gente se siente a las siete de la tarde y se destornille de la risa.

–Con este programa, además, sacó del congelador a Julián Elfenbein.

–Con Julián me junté aquí mismo, para pedirle que hiciera este programa. Él estaba con un tema de salud y, finalmente, eso fue bien manoseado. Son problemas muy privados, que le impidieron tener una estabilidad para poder subirse a un nuevo proyecto. Yo creo que él estaba muy temeroso y el canal estaba temeroso, porque no lo veían bien. Pero lo vi justo en un momento y le dije: “Te necesitamos para este proyecto”. Él estaba en un proceso de dejar algunos calmantes y lo metimos en esta idea familiar y se sumó. Lo veo contento. Estamos con todos talentos operando al cien, al mil, y estamos haciendo ya la parrilla del 2026, con algunas ideas que esperamos que sean también del gusto de la gente.

–Una de las cosas que se le han criticado que sus apuestas han sido recuperar viejas glorias, como “Cuánto Vale el Show”.

–¡O sea, no! “Fiebre de Baile” tiene un nombre viejo, pero es un programa absolutamente moderno. Con el 360 que tiene es un programa mucho más moderno que todos los realities, que todo lo que hay, porque cruza todos los segmentos, todas las plataformas y todas las energías. Está en vivo y los influencers son dueños del spin-off. Después tienen un programa, que se llama “El Bar”, y ahí no están ni los de la tele ni los comentaristas ni los del canal. Están puros cabros de medios digitales.

–Lleva poco más de dos meses. ¿Cómo los evalúa?

–De aprendizaje, de crecimiento personal. Yo no sé ser ejecutivo, no tengo esa expertise. Soy malo para las reuniones, soy malo para los comités, soy malo para los Excel de platas. O sea, en ese sentido, Iñaki me empoderó. Dividió mi cargo en tres, para que una persona tomara la parte de los números y otra persona tomara la parte de las reuniones.

El competitivo Julio César

Puede que -como dice él- Julio César Rodríguez no sepa ser, al uso de la tradición, un ejecutivo de aquellos que van a comités o a reuniones eternas en mesas enormes. Pero sí vive, al uso de la tradición, colgado del rating online. Es competitivo y quiere ganar. Manda pantallazos con cifras. Batalla por la décima y las entregas horarias. Revisa el tren programático. Se queja de la competencia. Es, en ese sentido, un clásico del estilo chileno de hacer pantalla abierta. 

Pone en el asunto tanta pasión como la que describe de él Mirko Macari Squella, en su libro de memorias “Señor director” (2023). Macari, quien lo cita todo el tiempo como Julito, cuenta en un entretenido capítulo sobre las vicisitudes, aventuras y decepciones de su trabajo juntos en La Nación Domingo, como subeditor y editor respectivamente. Se conocen desde 1995, cuando Rodríguez y él coincidieron en una protesta en la Universidad Andrés Bello. “JC” venía de dejar cuatro años de Medicina y era el presidente del Centro de Alumnos. Su amigo lo define como generoso, divertido, creativo, inteligente, capaz de caerles bien a moros y cristianos, muy bueno para el carrete: “La pasión de Julito no era la política, sino el espectáculo. La cultura en general. Hasta hoy es un consumidor voraz de películas, libros y discos”.

Para Rodríguez, la pasión por la calle, que se advierte en la gente que lo detiene a pedir fotos o autógrafos, es su gran valor añadido como ejecutivo de TV: “Soy una persona que piensa fuera de la caja. Yo no llevo años en un cargo donde se viven en una serie de situaciones que finalmente te moldean. Porque estás ahí, sentado en esa silla, no sé, recibiendo gente todo el día, aplicando números, usando una serie de términos en inglés y viendo los presupuestos”, afirma. Una de sus apuestas para 2026 son los festivales de verano y dice: “Para mí es clave, es vital. Es un proyecto editorial”. 

–¿Y en qué consiste? 

–Como primicia, esto parte el 30 y 31 de este año, transmitiendo desde Valparaíso las fiestas de fin de año, los fuegos artificiales desde la Plaza Sotomayor. Y de ahí no paramos más hasta marzo. Vamos a tratar de tener seis o siete festivales, la mayoría de los fines de semana del verano. Todos, a excepción del que licitamos, que es el de Las Condes, son de regiones. Vamos a ir a Chanco, a la Patagonia, ojalá a Limache, ojalá al norte. En esos seis fines de semana vamos a mostrar la verdad de lo que pasa en Chile. 

–Está lleno de entusiasmo y de planes, pero no es posible evitar esta pregunta. ¿Está consciente de que el canal va a cambiar de propietario?

–No tengo nada que decir de eso.

–De acuerdo, pero puede ser que al nuevo dueño no le interesen estos planes.

–Yo hablo de mis planes. Las propiedades son las propiedades, pero yo estoy aquí por mis sueños. Creo que hoy día estoy desarrollando un relato colectivo con mis compañeros, que no es solamente con mi equipo de programación, sino que es con todo el canal. 

–Como ejecutivo de TV, ¿está consciente de que esta industria es muy competitiva? Un canal, que es Mega, tiene como objetivo sacar a todos demás de la cancha.

–Bueno, yo respeto todos los objetivos de los canales. No soy quién para decir si eso está bien o está mal. No sé si ese será el objetivo de Mega, pero sí entiendo que Mega es un canal bastante agresivo en esta materia. Pero es una planificación más. Yo creo que el estándar de la televisión tiene todavía un espacio mágico, como el fútbol, donde no está todo contado. Todo hacía presagiar que quizá este iba a ser un año en que Mega, con dos teleseries y un reality, nos hundiera a todos los demás en el prime y no ha sido así. Nosotros estamos viviendo nuestro mejor momento. La semana pasada ganamos lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y domingo el prime.

–Hay una verdad nunca asumida en esta industria: los números, desde hace décadas, no dan. No hay espacio para tanto canal en Chile. El modelo no sirve.

–Creo que el modelo no da por cómo es el modelo hoy. Pero creo que, si hay cuatro canales que son centrales de contenido, que son plataformas de contenidos, sí daría. Lo que pasa es que en la sumatoria que siempre he visto en los paneles de conversación o en los estudios todo es súper lineal: tele abierta y avisaje. 

–Siempre ha sido así…

–Pero no tiene por qué ser así. O sea, un canal de televisión abierta puede ser multiplataforma, multi contenido. Puede ser un hub de producción, puede vender contenido, puede tener 360. Pero hay que quererlo hacer y tener la disposición de decir: “No soy solo un canal de tele abierta, yo soy mucho más”. Y tener un espíritu multiplataforma de contenidos y, en este espíritu, ir a buscar esas lucas que están hoy día en lo digital, en las redes sociales. Se las voy a quitar a YouTube, se las voy a quitar a los gringos que son dueños de la mitad o del 80% de avisaje digital que meten en sus páginas. Entonces, también los ejecutivos de televisión tienen que ponerse más firmes con las repeticiones de YouTube y con su contenido.

–Ahí hay una batalla que dar.

–Sí, hay una batalla ahí, que está partiendo. Pero, claro, si tú me dices: “Julio, no hay espacio para cuatro como está la cosa”. Evidentemente que así no. Pero es que evidentemente no podemos quedarnos así. Tenemos que estar vivos. Si nosotros explotamos este producto bien, le vamos a sacar muchas lucas. Y eso es lo que quieren algunos, ¿lucas? Bueno, las lucas vienen a partir de un proyecto, de un relato que hicimos, de una historia que armamos, y no de comprar un formato. Tampoco de decir: “Oye, fui a la feria de Cannes y estaba el game show número uno de la televisión mundial, Bolas de Plástico, y lo tienen la NBC y todos, y entonces yo lo también lo compro y salgo primero”. Eso a mí no me motiva, y no es lo que me mueve. Y tampoco creo que nuestra gente quiera eso. 

–¿Habla de ser más locales?

–Sí, profundamente locales. O sea, tener la audacia de llegar a un señor de Chanco y de llegar a un señor de Talca pa’dentro, de que nos estén mirando en Ovalle. Pucha, no con un formato gringo, que está adaptado. Nuestra realidad es otra, nuestro sentir es otro. Y ese es mi sueño, porque tampoco soy pretencioso: es mi sueño. Creo que le podemos meter un relato a Chilevisión y ser canal de todos los chilenos de verdad. No solo decirlo.

–¡Eso es un palo para TVN!

–¡No! Mira, ser el canal de todos los chilenos no significa equiparar gente en el directorio, equiparar gente en los programas de política o equiparar minutaje en las noticias. Eso es una cosa muy noventera. Ser el canal de los chilenos es identificar sus gustos y sus dolores, identificar qué están sintiendo, identificar cuáles son sus carencias, identificar cómo les gusta entretenerse. Y es difícil, porque Chile es variopinto, gigante. Pero hay un sentimiento común. Y, con estos programas, estamos tratando de ir por esa historia. Creo que nos puede diferenciar, que nos puede sacar del catálogo de lo serial. Y creo que esa dinámica no la podemos perder en el ejercicio editorial del canal, porque esto es editorial. Cuando tú te plantas frente a un grupo de colegas y dices “oye, ¿sabes? Lo que tenemos que hacer esto”, yo sé que la mayoría está pensando que es ordinario.

–¿Usted sabe eso?

–Sí, lo sé. Porque también quizás yo si estuviera en otra posición lo pensaría. Porque no es lo mismo que yo a ti te venda un programa de baile con, no sé, dos personas del mundo del espectáculo a que te venda un programa de canto con dos rockstars de jurado. Entonces, si yo voy a una marca equis no es el mismo empuje que le tengo que poner. 

–Mirko Macari dice que a usted siempre le gustó más el espectáculo que la política. ¿Tiene razón?

–Es que es siempre me gustó comunicar. La política tiene por qué ser fome. Cuando hicimos “La Nación Domingo”, todos nuestros amigos leían “Le Monde Diplomatique”. Y yo le decía: “Mirko, está wea no se puede leer”. La letra es chica, no hay blanco, está todo junto, ¡no tiene una foto! Entonces, era un muy buen contenido, pero no se podía ver. ¿Qué tiene de malo que me gusten las cosas bonitas? ¿Qué tiene de malo que me gusten las cosas equilibradas? ¿Qué me tiene malo que me gusten los colores? Si todo puede tener profundidad, todo puede tener un sentido. Lo interesante, lo atractivo, incluso lo intelectual no tiene por qué ser fome, aburrido, descolorido, deslavado, incluso depresivo. No tiene por qué ser así.

–Volviendo a la tele, que tiene una regulación y una ley. ¿Qué le provoca a usted como ejecutivo que haya un propietario, Ángel González, que sea dueño de dos canales? 

–¡No puede!

–No, pero en este país se ha tolerado eso por décadas.

–La política tiene que hacerse cargo. Yo le pregunté a un parlamentario en la radio cuando llegó el canal ruso (Telecanal arrienda su espacio a la cadena de noticias RT): “¿Pero usted sabe de quién es el canal? Si usted es parlamentario, ¿cómo no va saber tampoco de quién es La Red?”.  Yo creo que hay muchas cosas con las que el poder se hace el loco, pero yo creo que hay que dejar de hacerse el loco. Hay que ser honesto, hay que ser sinceros, no cuesta nada.

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