Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad
Reportajes

La historia de Dayana Muñoz: la trabajadora de casa particular que fundó Stop Bullying, el equipo de fútbol donde todos son bienvenidos

Hace cuatro años, Dayana Muñoz armó una comunidad de amantes del fútbol de todas las edades y géneros, que tenían una cosa en común: querían juntarse a jugar y pasarlo bien en la cancha. Se reúnen semanalmente en el Club Oriente de Las Condes, cerca de donde Muñoz trabaja, momento que se ha transformado en un refugio para cada jugador. "Stop Bullying es un lugar seguro para todos los que vienen, personas más adultas, mamás con hijos, matrimonios. La idea es que todos vengan con ganas a jugar", cuenta a The Clinic.

Por 1 de Noviembre de 2025
Felipe Figueroa/The Clinic
Compartir

Son cerca de las 20:30 de un día martes y el cálido atardecer de Santiago acompaña una nueva jornada de fútbol en el Club Oriente, en Las Condes. Al borde de la cancha 13, el equipo Stop Bullying, que reúne a personas de todas las edades, se prepara para el cambio de turno y pisar el pasto sintético. Entre risas y camaradería, Dayana Muñoz Belmar (43), recibe los cariñosos saludos de sus compañeros. Todos la conocen. Ella es el motor del equipo, la fundadora y quien organiza partidos casi todos los días de la semana bajo una regla de oro: jugar en un ambiente sano y libre de discriminación, una instancia que se ha transformado en un refugio para la gran comunidad que armó. “Grande Dayita”, le dicen antes de saltar a la cancha.

“Estas tú no las tiene”, bromea Muñoz -haciendo referencia al meme-, al preguntarle por sus zapatillas bordadas con legos. Vestida con el uniforme oficial del equipo -negro con detalles azules, rosados y con el siete en la espalda-, está feliz por empezar el partido después de su jornada laboral. “Daya” es trabajadora de casa particular puertas adentro en Las Condes, y su lugar de trabajo está a solo 10 minutos del club que le llena el corazón.

Stop Bullying en la cancha.

Esta vez, 28 personas se separan en dos canchas; equipos de blanco y negro. Dependiendo de quienes asistan, “Daya” ordena los planteles para que sean parejos. La idea es que después vayan rotando, y así todos se conocen. “A mí me dicen la jefa“, afirma entre risas.

Macarena Roco lleva dos años jugando partidos mixtos en el Club Oriente. Para ella, como para todos en el equipo, Stop Bullying se ha transformado en un espacio único para disfrutar del fútbol. “Ha sido una experiencia extraordinaria ser parte de Stop Bullying. En el equipo son todos muy amistosos, es entretenido y he aprendido muchísimo. Tengo la suerte de tener compañeros que te ayudan a seguir mejorando, el ambiente es muy grato. Yo lo paso muy bien, juego cada vez que puedo“.

Felipe Sandoval, que pertenece hace tres años a Stop Bullying, coincide plenamente con su compañera. “Estoy súper orgulloso de pertenecer a este grupo, que motiva a compartir a hombres y mujeres este deporte, que es una pasión para nosotros. Nos motiva a poder compartir y disfrutar de este hermoso juego. Todos son bienvenidos acá, hay personas de todos los niveles“, dice.

Hoy en día, Dayana Muñoz maneja dos grupos en WhatsApp: uno femenino con 210 personas y otro mixto con 170. Incluso gestiona un equipo que entrena todos los miércoles. Y la esencia es la misma. “Stop Bullying es un lugar seguro para todos los que vienen, y te lo puede decir cualquiera. Cuidamos mucho el ambiente del grupo, sobre todo cuando entra gente nueva. Entonces los antiguos nos encargamos de decir ‘baja las revoluciones’. Aquí vienen personas más adultas, mamás con hijos, matrimonios. La idea es que todos vengan con ganas a jugar”, cuenta a The Clinic.

El apoyo de su segunda familia y el nacimiento de Stop Bullying

A Dayana Muñoz siempre le gustó el fútbol. Creció en Los Ángeles, y en su juventud se unió a un grupo llamado Los Leones, que se juntaba en la cancha de tierra de su población.

Cuando llegó a Santiago a trabajar, no la pasó bien en un principio, hasta que llegó al hogar que la ha acogido por más de 16 años. “Es mi segunda familia, mi segunda casa. Mis jefes son un amor, me han dado las posibilidades y me han apoyado en todo. De hecho, ‘Joaco’ que creció en la casa, también viene a jugar en Stop Bullyng“, recalca.

Muñoz es técnica en Imagenología, pero nunca ejerció su profesión. “Tuve que elegir entre la familia que me apoyó cuando mi mamá se enfermó y mi carrera. Yo me titulé y mi mamá falleció. Si trabajaba en lo que estudiaba no me iba a alcanzar para vivir. Ellos me dan todas las facilidades para que pueda viajar. Yo soy el apoyo de mi padre. Soy soltera y no tengo hijos, pero soy el apoyo monetario de mi padre, que vive en Los Ángeles”.

Justo antes de la pandemia decidió reencontrarse con el fútbol. Y encontró una escuelita femenina -que ya está extinta- en el Colegio SEK. Así conoció el futbolito y las canchas sintéticas. Pero con el paso del tiempo, algunas compañeras no se sentían cómodas en un espacio tan competitivo. “Me dijeron: ‘Daya, por qué no armas un grupo nuevo y te seguimos'”.

En febrero de 2021, con un grupo de 12 personas, nació Stop Bullying. “Buscábamos disfrutar, que no nos sintiéramos incómodas jugando. Que una persona que estaba recién empezando podía jugar de lo más bien con las personas que tuvieran un poco más de técnica y que no se sintieran mal por eso. O que tuvieran más edad, o que fueran extranjeras; que no existiera bullying era lo importante. La idea era buscar un espacio más integrativo”, destaca Muñoz.

SANTIAGO (CHILE) 29/10/2025 Dayana Muñoz, equipo de futbol Stop Bullying. Felipe Figueroa)

Una pasión que transformó una comunidad

En un principio, Stop Bullying jugaba en la ex Ciudad Deportiva de Iván Zamorano, pero después se cambiaron al Club Oriente -a solo unos metros-, donde arriendan varias canchas seis días a la semana. A cuatro años del primer partido de Stop Bullying, Dayana Muñoz asegura que mueve 120 personas a la semana. “Es mucha gente y nunca hemos parado. Hasta en los feriados se motivan. La idea es sacarlos de la casa y que hagan deporte“.

“En el verano llegó un minuto donde arrendamos diez canchas. Toda la gente que viene es muy buena gente, es una comunidad muy linda”.

Mario tiene casi 40 años y es arquero de Stop Bullying. Para él, ir a jugar los días martes es una desconexión casi necesaria de su rutina. “En lo personal es una instancia muy rica, puedes compartir con gente de todas las edades. Más que competitivo es una instancia para compartir, para tener un break de la semana. Se agradece tener estas instancias que son amigables, para conocer gente y estar activos”.

Hace unas semanas el equipo jugó frente a la Selección de Fútbol Amputado y también jugaron hace poco con un equipo de personas sordas. “Nos dieron una clase de fútbol y de cómo enfrentar la vida. En lo deportivo era un equipo de par a par. Nos ganaron incluso, eran muy buenos. Fue una muy linda experiencia en todo sentido, se sintieron muy integrados y respetados por nosotros”, comenta Mario.

Y agrega: “La integración que promueve es lo más especial de Stop Bullying. Todos son bien acogidos. No es necesario poner normas claras, todos entienden el espíritu del equipo“.

El partido de Stop Bullying frente a la Selección de Fútbol Amputado.

En paralelo, Dayana Muñoz también gestiona y es parte del equipo femenino que todos los miércoles entrena bajo la supervisión de Ignacio Lobos, hijo del exfutbolista Frank Lobos. “Al profe Ignacio lo conocí cuando jugaba en un equipo que se llamaba Pioneras, cuando empecé a ser arquera. Y le dije cuando lo conocí: ‘cuando tenga mi grupo yo lo voy a buscar. Cuando las niñas quisieron entrenar lo busqué, y me costó un mundo porque no ocupa mucho las redes sociales”.

Las chiquillas lo aman, tiene un tacto muy especial y es el espíritu de Stop Bullying. Tratamos de sobrevivir con el entrenamiento porque pagarle al profe y arrendar las canchas es súper difícil. Siempre llegamos rasguñando para hacer los pagos. Pero llevamos dos años con los entrenamientos, y lo disfrutamos mucho”, asegura Muñoz.

“Stop Bullying es como un sueño, un sueño que cumplí”

Dayana Muñoz sabe que creó una comunidad única, un espacio que acoge a todos sin importar su procedencia, género y edad. “Stop Bullying no genera dinero, solo buena onda. El sello del equipo es su ambiente. Se pagan las canchas y eso es todo. Yo nunca he estado fuera de Chile. Me gustaría algún día, pero prefiero que los chicos vengan a jugar sin tener que pagar, solo para el arriendo de la cancha”.

Aunque sostiene que, si tuviera la posibilidad de vivir Stop Bullying, lo haría. “Es lo que me gusta. Considero que soy justa al armar los equipos, soy ordenada, tengo chispa de traer gente buena onda y le puedo decir a la gente que le baje las revoluciones en los partidos para que todos la pasemos bien. Al otro día siempre recibo whatsapps de gente agradecida por jugar. Es para la salud mental”.

Mi sueño es tener unas canchas de futbolito para que los chiquillos puedan jugar“, resalta Dayana.

“Stop Bullying es como un sueño, un sueño que cumplí con algo que me gustaba, con un deporte que me gustaba. Soy muy feliz. Es como mi hora de felicidad después de un día de trabajo. Llegar aquí y saber que me voy a juntar con los chiquillos es genial. Y me voy feliz, en mi trabajo soy feliz, me levanto y me acuesto feliz. Stop para mí es felicidad, y eso se lo he transmitido a todos. Los chiquillos se van felices, eso es lo más lindo de Stop Bullying“.

Notas relacionadas