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Opinión

20 de Noviembre de 2025
Imagen: Sandro Baeza/The Clinic

Ludopatía infantil: cuando el juego se disfraza de entretenimiento

Foto autor Maribel Vidal, directora ejecutiva de Conar Por Maribel Vidal, directora ejecutiva de Conar

Maribel Vidal, directora ejecutiva de Conar, cuestiona el acceso de niñas y niños a casas de apuestas online y la adicción al juego entre menores de edad. "La ludopatía digital no es un juego, es un problema de salud mental y de convivencia que impacta en el bienestar presente y condiciona el futuro, por lo que actuar ahora es un deber ético y legal que interpela a toda la sociedad y si logramos alinear esfuerzos, reglas y convicciones en torno a la protección de la infancia, habremos dado un paso decisivo para que el mundo digital vuelva a estar a su servicio", escribe.

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Muchas familias conviven con la inquietud de que niños, niñas y adolescentes pueden pasar de la curiosidad a la obsesión con las apuestas en línea, arrastrados por dinámicas y estímulos que no están diseñados para su bienestar. Lo que se convierte en una realidad que golpea con fuerza a los hogares y a los establecimientos educacionales, y que confirma que estamos atravesando una ola preocupante de ludopatía infantil y juvenil ligada a las apuestas online.

El reciente estudio “Pantallas que Atrapan”, realizado por CJR Corporación de juego responsable y la Red Preventiva Copreventive, afirmó que uno de cada cuatro estudiantes apostó en línea en el último año, con una edad promedio de inicio de 15,5 años. En el mismo estudio, se revela que casi todos han visto publicidad de apuestas en redes sociales, y más de la mitad sigue a influenciadores que las promueven. Son cifras que hablan por sí solas y que deberían encender alarmas en los hogares, colegios y, por supuesto, en la industria del entretenimiento y de la publicidad, ya que nos estamos  enfrentando a un fenómeno sostenido que exige reacción y corresponsabilidad.

¿Por qué esto preocupa tanto? Porque la etapa formativa de los menores de edad es especialmente vulnerable a los entornos digitales y los sistemas de recompensa inmediata, las notificaciones constantes y los mensajes como, “gana fácil”, “hazte experto” o “no te quedes fuera”,  se encuentran en un ecosistema que puede empujar a conductas compulsivas, más aún, cuando esos mensajes se disfrazan de entretenimiento y se mimetizan con contenidos de humor, deporte o estilo de vida. 

Frente a este panorama, la respuesta no puede recaer únicamente en padres y educadores. Las familias requieren herramientas y acompañamiento, las escuelas, formación en ciudadanía y alfabetización digital y la industria, marcos claros de responsabilidad. Por eso es relevante la reciente actualización del Código de Autorregulación y Ética Publicitaria de Conar, que incorpora principios específicos para proteger a niños y adolescentes de mensajes que puedan inducir al juego compulsivo, con énfasis en los entornos digitales donde la publicidad se camufla como contenido. 

En esta línea, hay que tener claro que la autorregulación es un compromiso que se prueba en la práctica e implica revisar creatividades y formatos, ajustar segmentaciones y limitar mensajes que, aun siendo legales para adultos, pueden resultar nocivos para audiencias jóvenes. Por ejemplo, hay plataformas, agencias, anunciantes y creadores de contenido que activan filtros, verificación de edad y políticas claras de exclusión de menores, ya que no basta con poner un “+18” en la esquina, más bien, se requiere coherencia entre la intención del mensaje, su alcance real y los efectos probables en audiencias en desarrollo.

Los influenciadores tienen una responsabilidad proporcional a su llegada, ya que la confianza que construyen con sus comunidades es un activo valioso y por lo mismo, no puede promover conductas de riesgo entre quienes aún no cuentan con herramientas para discernir. La transparencia en las colaboraciones pagadas, la selección cuidadosa de marcas y la decisión de no orientar contenidos de apuestas a audiencias jóvenes son deberes éticos, tal como se menciona en el Código Chileno de Ética Publicitaria realizado por Conar. 

La clave es entender que esta tarea no es de unos contra otros, sino como bien dice un proverbio africano, “se necesita toda una aldea para criar a un niño”, en este desafío, esa aldea está compuesta por familias, comunidades educativas, medios, plataformas, marcas, agencias, creadores de contenido y organismos de autorregulación. 

La ludopatía digital no es un juego, es un problema de salud mental y de convivencia que impacta en el bienestar presente y condiciona el futuro, por lo que actuar ahora es un deber ético y legal que interpela a toda la sociedad y si logramos alinear esfuerzos, reglas y convicciones en torno a la protección de la infancia, habremos dado un paso decisivo para que el mundo digital vuelva a estar a su servicio.

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