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Tiempo Libre

10 de Enero de 2026

Bad Bunny en su mejor forma: arrasó en su primera noche en el Estadio Nacional, pasó de la salsa al trap sin escalas y encantó a un encendido público

El puertorriqueño regresó a Chile con un show dividido en actos, marcado por la salsa, la intimidad y una conexión total con el público en el inicio de su “Debí Tirar Más Fotos World Tour” en el 2026.

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El verano de Santiago se encendió aún más con el regreso de Bad Bunny a Chile. El puertorriqueño agregó un nuevo capítulo a su historia con el país, iniciada con su primera gira nacional en 2017. Hoy, convertido en la estrella latina más importante del mundo, volvió a presentarse en el Estadio Nacional, esta vez en el marco del Debí Tirar Más Fotos World Tour”, que recién comienza tras una extensa residencia en Puerto Rico y un paso por México hacia el cierre de 2025.

El concierto comenzó pasadas las 21 horas, con un video protagonizado por dos jóvenes chilenos sentados en la calle, a modo de introducción al cantante. Vestido impecablemente con traje, al estilo de las grandes glorias de la salsa —un legado que se siente en cada nota de la banda que lo acompaña en la primera parte del show—, Bad Bunny dio inicio a la noche con “La mudanza”, “Calladita” y “Pitorro de coco”, las primeras canciones de una velada que el propio artista anunció como una fiesta sencilla y hecha para bailar.

“Estaba esperando Chile para arrancar el año. No fue casualidad que quisiera cerrar en México, ni tampoco que quisiera empezar el año nuevo en Chile”, lanzó el puertorriqueño, que desde un principio tuvo al público de su lado.

La primera de las tres partes del concierto estuvo acompañada por su banda, una fiesta salsera que se tomó el reducto de Ñuñoa. Un Bad Bunny más adulto —un crecimiento no solo en edad, sino también en lo artístico— ya no necesita saltar por el escenario durante todo el show para captar la atención del público y transmitir energía. Basta con ponerse frente al micrófono: su figura resulta hipnótica, una luz que lo acompaña desde que inició en la música, pero que ahora explota al tomar las raíces de los artistas que él mismo nombra en sus canciones, como el maestro Willie Colón.

El primer acto estuvo plagado de éxitos de su trabajo más reciente, como “Pitorro de coco”, “Weltita”, que cantó junto a la artista Chuwi, “Baile inolvidable” y “Nueva Yol”. El público chileno, uno de los que más escucha a Bad Bunny en el mundo, acompañó cada coro, mientras la cancha se transformaba en una gran salsoteca al aire libre.

A diferencia de la gira de “Un Verano Sin Ti”, que emulaba una playa y en la que el cantante incluso volaba por los aires, esta puesta en escena fue minimalista: una tarima y una gran pantalla que apenas mostraba visuales digitales. El propio artista le dijo al público que lo importante del concierto era la música, volver a lo sencillo y a las raíces.

El interludio estuvo marcado por un video de Concho, un sapo endémico de Puerto Rico. El personaje animado alabó a Chile, se sorprendió de que en pleno verano hubiera una cordillera con nieve y lanzó varios modismos y platos típicos chilenos, lo que hizo reir al público mientras se preparaba el segundo acto de la noche, uno de los más comentados por romper con lo establecido en los conciertos.

Por cerca de 40 minutos, Bad Bunny ya no estuvo cerca de quienes pagaron las entradas más caras, sino de la galería norte, en “La Casita”, un ícono de su larga residencia en Puerto Rico que atrajo a famosos de todo el mundo y que se convirtió en uno de los símbolos de esta gira. En esta segunda parte, el cantante apareció vestido completamente de Adidas, marca con la que ha colaborado, luciendo un outfit casual que emulaba a la perfección una fiesta en casa.

Una de las grandes interrogantes era quiénes serían los invitados en “La Casita”, considerando la larga lista de famosos que aparecieron en México y Puerto Rico. Sin embargo, la nómina no brilló por grandes rostros. Se vio al DJ norteamericano Diplo, quien en la gira pasada abrió varios shows de Bad Bunny, y también apareció Pablo Chill-E a través de la pantalla gigante ubicada en el sector sur del Estadio Nacional.

En esta segunda parte sonaron éxitos de “Un Verano Sin Ti” como “Neverita” y “Tití Me Preguntó”, ya no en formato salsa, sino con los ritmos discotequeros que han convertido al puertorriqueño en un artista imprescindible en cualquier fiesta latina. Durante todo el concierto, Bad Bunny destacó la música y la cultura de Puerto Rico como una forma de conectar a distintas naciones.

Como en cada show de esta gira, Bad Bunny incluyó una canción sorpresa, anunciada en pantalla como exclusiva para el público presente esa noche. La elegida para Chile fue “Soy peor”, uno de sus primeros éxitos, publicado en 2016 y parte de su etapa más dura ligada al trap. La elección no parece azarosa, luego de que el propio artista agradeciera en varias oportunidades a Chile por apoyarlo desde el primer momento.

“Ustedes siempre creyeron en mí”, reconoció el cantante, que se ha presentado en escenarios que van desde la medialuna de Rancagua hasta el Estadio Nacional, pasando por el Teatro Caupolicán, el Movistar Arena y el Festival de Viña del Mar.

Con Bad Bunny aún sobre el techo de “La Casita”, solo, lanzó una seguidilla de éxitos bailables como “Bichiyal”, “Yo Perreo Sola”, “Efecto” y “Safaera”, repasando lo que han sido sus últimas producciones. Con “Café con ron” volvieron los sonidos más puros de la isla.

Tras la participación de sus músicos, que animaron al público en la parte final de “La Casita”, Bad Bunny se preparó para el tercer y último acto del show, el más introspectivo e íntimo del concierto. Vestido con el gorro que se hizo popular en su video “Yonaguni”, volvió al escenario principal con “Ojitos lindos”, canción en la que colabora con los colombianos de Bomba Estéreo. En el mismo tono melancólico siguió con “La canción”, para luego repasar su trabajo más reciente con “KLOuFREN$”, continuar con “Dakiti” y cerrar con “El apagón”, su canción más política, una denuncia social sobre la crisis en Puerto Rico, los apagones constantes producto de la privatización energética y la gentrificación que desplaza a los locales en beneficio de extranjeros.

Ya en el final del concierto, Bad Bunny volvió a dedicar palabras cargadas de emoción sobre la importancia del amor, de disfrutar lo sencillo y de aprender de los errores. El público escuchó atento cada una de sus reflexiones, mientras el artista agradecía nuevamente a Chile. Finalmente, la canción que da nombre al álbum y a la gira desató otra vez la fiesta, mientras en la pantalla se proyectaban imágenes de los asistentes a la primera de las tres jornadas en el Estadio Nacional.

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