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Opinión

23 de Enero de 2026

Reseña al Soundcore AeroFit 2: un intento convincente del formato open ear

Los Soundcore AeroFit 2 apuestan por un formato de oído abierto que prioriza comodidad y conciencia del entorno, pero sin resignar del todo el golpe en los graves. Con un sistema de ajuste más flexible y una arquitectura pensada para mejorar el bajo —uno de los grandes talones de Aquiles de este tipo de audífonos—, Anker intenta pulir las debilidades de su primera versión y posicionarlos como una alternativa real para el uso diario.

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Durante mucho, los audífonos de formato open ear han vivido en una especie de limbo. Prometen comodidad, conciencia del entorno y libertad, pero casi siempre fallan en lo mismo: el sonido. Especialmente en los graves. Por eso, cada vez que aparece un nuevo modelo que intenta corregir ese talón de Aquiles, vale la pena mirarlo con un poco más de atención.

En ese contexto llegan los Soundcore AeroFit 2 de Anker, una evolución directa del modelo original que no busca reinventar el formato, sino afinarlo. Y ese matiz es clave.

No estamos frente a un producto que quiera competir con los in-ear tradicionales, sino a uno que asume sus límites y trabaja mejor dentro de ellos.

El primer gran acierto está en algo tan simple como poco común: el ajuste. Los ganchos no son rígidos ni fijos; permiten mover el ángulo del altavoz y acercarlo o alejarlo del canal auditivo sin bloquearlo. Esto, que parece un detalle menor, termina siendo fundamental. No todas las orejas son iguales, y acá esa variabilidad se aborda de manera inteligente.

El resultado es inmediato: mejor proyección del sonido y, sobre todo, una sensación más presente en los graves.

Ese trabajo se refuerza con la arquitectura BassTurbo, que utiliza drivers grandes —20 x 11,5 mm— y una estructura acústica diseñada justamente para combatir la pérdida de bajos, un problema crónico en los audífonos abiertos. No hace milagros, pero sí logra algo poco habitual en este formato: que los graves se sientan.

Otro punto interesante es la carga inalámbrica Qi, todavía rara en esta categoría y más aún en el rango de precio en el que se mueven los AeroFit 2. No es esencial, pero suma conveniencia y habla de un producto que quiere ofrecer algo más que lo básico.

A ello se suma la certificación IP55, suficiente para entrenamientos, sudor y lluvia, aunque aquí hay un pequeño retroceso respecto al modelo original, que era IPX7 y permitía mayor tranquilidad frente al agua.

Soundcore AeroFit 2 de Anker. Foto: Pedro Díaz / The Clinic

En lo técnico, el conjunto es sólido: compatibilidad con LDAC, AAC y SBC, cuatro micrófonos con inteligencia artificial para llamadas más limpias y una autonomía que ronda las 10 horas por carga, extendiéndose hasta 42 horas con el estuche. Además, la carga rápida cumple lo que promete: diez minutos enchufados entregan varias horas de uso.

En uso real, el balance es claro. Para ser open ear, el sonido sorprende, especialmente en bajos. Pero conviene ser honesto: esto no aísla, no cancela ruido y no pretende hacerlo. Es un diseño pensado para convivir con el entorno, no para desaparecer en él.

Quien busque inmersión total, simplemente está mirando el producto equivocado.

Debo agregar que en un primer uso me resultaron incómodos. ¿La razón? Uso lentes, y sentir dos elementos apoyados en la oreja era molesto. Sin embargo, esa sensación fue desapareciendo con los días. El ajuste progresivo de las bocinas —que puede sonar extraño— no solo mejoró la calidad del sonido, sino también la comodidad general del uso.

Donde sí aparecen los tropiezos es en los controles táctiles. Son algo erráticos, poco intuitivos, y el hecho de que funciones como el cambio de pista estén limitadas a un solo lado no ayuda demasiado. Se puede personalizar desde la app, sí, pero igual hay momentos en que el gesto no entra a la primera. En esos casos, usar el celular —o mejor aún, un smartwatch— termina siendo la solución más simple.

Con precios en Chile que fluctúan entre los 80 mil y 130 mil pesos, los Soundcore AeroFit 2 se mueven en un terreno competitivo, donde cotizar es casi obligatorio. Pero más allá del valor puntual, el mensaje de fondo es otro: el formato abierto ya no es solo una alternativa de nicho o de compromiso. Cuando se diseña bien, puede ser una opción válida y cómoda para mucha más gente de la que creemos.

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