Ciudad
11 de Febrero de 2026La confesión del “Chico Ignacio”, el reo acusado por canibalismo: “Comencé a desesperarme por lo que había hecho y empecé a comer partes de su cuerpo”
El interno que habría matado a su compañero de celda en el módulo 91 en la cárcel de La Serena relató a Gendarmería el paso a paso de lo que sucedió esa noche. Manuel Fuentes indicó que se defendió de un ataque con cuchillo y que al darse cuenta que le había quitado la vida al otro recluso, decidió realizar las acciones de canibalismo.
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Eran cerca de las 9 de la mañana del domingo pasado cuando el gendarme Jonathan Pradenas iniciaba la revisión de los reos en el módulo 91 de la Cárcel de La Serena. Al llegar a la celda 20 notó algo extraño. Uno de los internos estaba en el piso y no respondía a los llamados.
Al ingresar, se percata que estaba sin vida y con evidentes lesiones en su cuerpo y rostro. Todo eso, mientras el otro reo dormía tranquilamente en la cama. Al despertarlo, lo primero que dice fue: “Lo maté, jefe”.
Se trataba de Manuel Ignacio Fuentes Martínez, un reo conocido en el centro de reclusión, por su constante mal comportamiento. Según reveló The Clinic, el condenado por asaltos y porte de armas, había sido trasladado de módulos en 12 oportunidades el último año y había sido llevado al área 91, porque había sido aprobado su ingreso a la cárcel de Rancagua, unos días antes.
Con el paso de los minutos, los gendarmes se dieron cuenta de la escena. No se trataba sólo de un homicidio, sino que esta muerte tenía ribetes de canibalismo.

El “Chico Ignacio” fue trasladado de inmediato a una sala de seguridad, cuyo resguardo también estuvo asociado a terapeutas del penal serenense. Es ahí donde decidió romper su silencio y tratar de relatar el sangriento episodio nocturno.
Según el reo todo ocurre porque él trató de defenderse de un ataque armado de su compañero de celda, identificado como Felipe Sepúlveda Ramos, conocido como “Pipe” y “Sonrisa” en esa cárcel.
“Se abalanza sobre mí con un arma blanca. Yo igual tenía un arma blanca y lo agredí primero antes que él, esquivando la puñalada que me dio”, fueron las primeras palabras, las que finaliza confesando: “La puñalada se la pegué en el cuello y empezó a convulsionar”.
Después, dice que le tomó los signos en la zona herida y el corazón con lo que notó que estaba muerto.
Lo que vino después, dejó impactados al equipo multidisciplinario que tomaba nota de la declaración del interno.
“Después comencé a morder partes de su cuerpo, quitándole un ojo y me lo comí. Luego, le comí un pedazo de la mano y en el cuello donde le pegué la puñalada. Luego, de eso me comí una oreja y al pasar el rato lo tapé y me dormí a su lado”, describió crudamente el “Chico Ignacio”, que justificó todo por “defensa propia”.
“Comencé a desesperarme por lo que había hecho y empecé a comer partes de su cuerpo”, finalizó el imputado, cuya confesión fue firmada por su puño y letra, además de estampar su huella dactilar. Una vez finalizada la diligencia, ese mismo día, fue derivado a la cárcel de máxima seguridad en Santiago a la espera de lo que determine el Ministerio Público.



