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Manuel Baquedano

Tiempo Libre

4 de Marzo de 2026

Historiador chileno y la tensión por estatua del General Baquedano: “No es solo un tributo a Baquedano como individuo es un homenaje a la nación chilena”

El regreso del monumento a Manuel Baquedano hace algunos días volivó a encender la discusión sobre memoria e identidad nacional. Parte de esa controversia es abordada por el historiador Gabriel Cid en su libro La Esparta Americana, donde analiza cómo la Guerra del Pacífico moldeó el imaginario chileno y por qué ese relato hoy aparece tensionado.

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148 años después del fin de la Guerra del Pacífico, sus símbolos siguen siendo materia de discusión. Hace algunos días, el alcalde de Providencia, Jaime Belolio, destacó el regreso de Manuel Baquedano a la plaza que lleva su nombre: “Lo que se aprobó hoy, gracias a la petición de la Municipalidad de Providencia, es que Baquedano vuelve al lugar de donde nunca debió irse”. Es otro capítulo desde que la figura fue retirada, luego de las constantes vandalizaciones al héroe nacional.

Su figura se volvió eje central de una discusión sobre cómo el país dialoga con personajes que pueden ser controversiales, héroes forjados en la guerra y en épocas de sangrientos conflictos. ¿Qué lugar tienen esos nombres en el país? No solo los mártires chilenos, sino también conquistadores como Pedro de Valdivia o Cristóbal Colón.

Gabriel Cid, doctor en Historia, no le hace el quite a esta reflexión. Justo en las semanas previas a esta noticia sobre el regreso de Baquedano, el autor de La Esparta Americana (Planeta), que indaga cómo la Guerra del Pacífico trascendió el campo de batalla para instalarse en el corazón de la memoria colectiva, habla sobre la discusión en torno a la figura.

“En algún momento, a propósito de 2019, la discusión propiamente histórica sobre las virtudes y rasgos de Baquedano terminó transformándose en una disputa, a ratos bizantina y a ratos muy predecible, entre izquierda y derecha”, analiza Cid.

La discutida instalación

Para el autor, lo interesante de reflotar a propósito del libro recientemente publicado es que el monumento a Baquedano es el último que se construye dentro de este gran ciclo de monumentalización luego de la Guerra del Pacífico y, precisamente, el más debatido.

“Fue el más discutido porque no todos concordaban en que la forma de homenajear al Ejército —que hasta ese momento no tenía un monumento propio, a diferencia de la Armada, que sí lo tenía en Valparaíso— fuera exaltar a un único jefe militar”, cuenta el autor.

Cid explica que en la época algunos proponían algo mucho más colectivo; otros pensaban en un homenaje al soldado desconocido.

“Incluso hubo diputados comunistas que impugnaron la idea de erigir un monumento a un militar en un contexto en que los valores castrenses, según planteaban, debían ir a la baja. También surgía la pregunta de por qué el dinero recaudado para el monumento no se distribuía entre los veteranos que aún vivían en condiciones precarias”, reflexiona Cid.

Para el autor, esa discusión revela un elemento que, a su juicio, “es clave y recurrente cuando se habla de monumentos: su simbolismo excede el homenaje concreto. No es solo un tributo a Baquedano como individuo; es un homenaje a la nación chilena. Esa es la idea estética que concibió Virginio Arias”.

“A veces convendría preguntarse qué tenía en mente el artista y cuál era la idea que albergaba en función de lo que le encargaron sus comitentes, es decir, quienes financiaron y solicitaron la obra. En ese sentido, el monumento a Baquedano es una obra muy bien pensada y diseñada como exaltación de la nación chilena”, dice Cid.

La Esparta Américana

Más allá de la discusión de Baquedano. En su librno, Cid explora el concepto de “La Esparta Américana”, el autor asume que el título es provocativo. Además, en la portada no aparecen comillas; solo al abrir el libro se advierte que sí están,

“Lo que indica que no se trata de una frase mía, sino de una expresión tomada de distintas fuentes. Sin embargo, muchas personas asumen, a priori, que estoy reivindicando la idea de Chile como una suerte de enclave europeo en América”, explica.

En cuano al concetpo Cid dice en el libro lo que hace es describir cómo los chilenos de 1879 se percibían a sí mismos. Hecho ese matiz —que es muy necesario y que me ha tocado aclarar hasta el cansancio—, insistiría en que los espejos en los que Chile se ha mirado a lo largo de su historia han ido cambiando. Esos espejos son funcionales al tipo de identidad que el país quiere construir y, sobre todo, proyectar al mundo.

En el período colonial predominaba la idea de finis terrae imperial, el último rincón del mundo. A mediados del siglo XIX surgió la noción de ser “los ingleses de Latinoamérica”, un país donde las instituciones funcionaban. Pero en un contexto bélico fue necesario recurrir a otro espejo, uno que subrayara la grandeza guerrera.

En ese sentido es que aparece el concepto del autor, pero a ” a ciento cuarenta años del último gran conflicto bélico —la Guerra del Pacífico—, ese espejo ya no interpela de la misma manera. Parece lejano, distante, y en ocasiones incluso provoca comentarios cínicos o irónicos”.

El futuro de mla guerra del pacífico en la meomira colectiva

En cuanto al futuro del simbolismo de la guerra, el autor dice “creo que en algún momento la Guerra del Pacífico pierde fuerza en términos de su capacidad de interpelación emocional con las audiencias. Para mí, esa fuerza fue muy marcada durante los primeros cincuenta años de la posguerra, que es precisamente el período histórico que estudio”.

“Tengo la impresión de que la experiencia de Pinochet le hizo un flaco favor a esa memoria. Al exacerbar el vínculo entre identidad nacional y militarismo, terminó tensionando un imaginario que hasta entonces había sido más bien transversal. Pinochet era un gran conocedor de la Guerra del Pacífico: escribió sobre ella y le correspondió encabezar su centenario en un contexto, además, de cuasi guerra con Perú”, dice también sobre el lugar de la memoria durante la dictadura militar.

“Sin embargo, al reivindicar ese pasado como fuente de orgullo nacional desde una lógica asociada al régimen, ese imaginario se volvió partidista. Lo que hasta entonces había sido un espacio relativamente consensual —uno de los pocos momentos del pasado en que parecía no haber conflicto— comenzó a dividir. El uso y abuso de ese pasado durante la dictadura terminó por asociar el conocimiento o la valoración de la Guerra del Pacífico con posiciones de extrema derecha”, agrega.

Para Cid que nación en época de dictadura dice que “creo que esa identificación entre patriotismo, identidad nacional y militarismo le hizo un flaco favor al debate histórico. Se produjo una suerte de mímesis entre nacionalismo y militarismo que valdría la pena desmontar”.

Finalmente, el autor refelixona: “Esa confusión ha impactado también en el desconocimiento creciente sobre el conflicto: salvo el caso de Arturo Prat, muchos chilenos tienden a ignorar otros episodios relevantes de la Guerra del Pacífico”.

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