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Cristóbal Palma - Premio Pritzker

Ciudad

12 de Marzo de 2026

Smiljan Radic, el arquitecto chileno del Teatro Biobío y de la Viña Vik gana el Premio Pritzker, conocido como el “Nobel de la Arquitectura”

El Premio Pritzker honra a lo mejor de la arquitectura desde 1979; es considerado el "Nobel" de esa disciplina. Por segunda vez el galardón recae en un chileno: Smiljan Radic, quien ha creado edificios emblemáticos como el Teatro Biobío. El premio, que hace diez años se llevó Alejandro Aravena, incluye cien mil dólares y una medalla de bronce.

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El arquitecto chileno Smiljan Radic ha sido nombrado el ganador del Premio Pritzker 2026, el honor más grande para arquitectos vivos en el mundo, también conocido como el “Nobel” del oficio.

Radic (1965), es arquitecto de la Universidad Católica, con estudios en Italia, quien ha sido destacado internacionalmente por edificios emblemáticos como el Teatro Biobío en Concepción (inaugurado en 2018) o la Viña Vik, en la región de O’Higgins.

Cortesía Premio Pritzker

El Premio Pritzker se entrega desde 1979, a través de la Fundación Hyatt, a arquitectos “cuya obra arquitectónica demuestre una combinación de talento, visión y compromiso, y que haya producido contribuciones consistentes y significativas a la humanidad y al entorno construido a través del arte de la arquitectura”.

Exhibición “Guatero”. Cristóbal Palma – Premio Pritzker

Además del honor, se entregan cien mil dólares y una medalla de bronce. Solo un chileno lo había ganado anteriormente, justo hace diez años: Alejandro Aravena en 2016.

Entre otras descripciones de su trabajo, el jurado del Pritzker explicó: “Si la arquitectura moldea la forma en que las personas viven, la obra de Radić produce experiencias espaciales que resultan sorprendentes y completamente naturales. Sorprenden por su capacidad flexible para combinar, cuestionar y desmantelar las tipologías establecidas; naturales porque surgen tanto de su historia personal como de la de quienes finalmente habitarán sus edificios. Si bien responde plenamente a su función, cada proyecto contiene un elemento inesperado: experimentar los edificios de Smiljan Radić es despertar y alimentar la curiosidad”.

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