Política
8 de Abril de 2026Ricardo Neumann, diputado UDI: “La crisis que estamos viviendo es un problema cultural, se perdieron valores y principios, el respeto básico a la autoridad”
El parlamentario señala que el Gobierno busca instalar un debate cultural para restablecer "valores y principios" que estaban perdidos en la sociedad. Por eso es que valora las propuestas planteadas en el plan "Escuelas protegidas", que contempla el fin a la gratuidad universitaria para los estudiantes que se vean envueltos en conflictos violentos en colegios, y que había sido promovida por la UDI en el pasado. A su vez, es de los que cree que la coalición de Chile Vamos es parte del pasado y que una nueva alianza con los partidos oficialistas ocurrirá tarde o temprano.
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“Escuelas protegidas” es el nombre con el que el Presidente José Antonio Kast llamó a la agenda educativa que presentó esta semana, y que considera una serie de iniciativas a ser visadas por el Congreso Nacional, las que el diputado Ricardo Neumann (UDI) recibirá sin problemas.
El parlamentario, integrante de la comisión de Educación, señala en esta entrevista que el postergar el Plan Nacional de Reconstrucción fue una buena idea, si se tiene presente los episodios de violencia ocurridos en los colegios, donde el caso más visible ocurrió en Calama con la muerte de una inspectora. En todo caso, considera que se puede “caminar y mascar chicle al mismo tiempo”.
A su vez, valora que el Presidente haya contemplado una propuesta proveniente de la UDI: quitar el beneficio de la gratuidad a los estudiantes que se encuentren vinculados en eventos violentos, medida que genera resistencia en la izquierda.
—¿Cómo ha sido convertirse en diputado? ¿Es cómo lo esperaba?
—Tuve una experiencia intensa siendo constituyente en la Convención. La verdad es que tenía la vara bien baja sobre qué esperar en este tipo de instancias. La formalidad, la institucionalidad y el ánimo republicano de la Cámara de Diputados se nota mucho más de lo que era en el primer proceso constituyente. Ha sido una buena experiencia e instalación.
—Un trabajo más serio, dice.
—De todas maneras. Se nota que es una institución que está dentro del marco de las reglas básicas y republicanas de la democracia.
—Usted integra la comisión de Educación en la Cámara. ¿Fue un paso correcto que el Gobierno priorizara su agenda educacional por sobre el Plan Nacional de Reconstrucción?
—Sí, se puede caminar y mascar chicle al mismo tiempo, y la educación es el motor de movilidad social de los países. Si no se aborda con sentido de urgencia un problema que de por sí es de largo plazo, por supuesto que la reactivación económica, la capacitación para el empleo y su auge, son cosas que se hacen más difíciles. No veo oponibles la agenda educativa con la de reactivación y reconstrucción. Justamente lo que hay que reconstruir es la educación. Veo que esto es un todo integral.

Neumann: “La crisis es de valores, de principios y actitudes de relacionamiento humano”
—¿Consideró que las propuestas eran suficientes? ¿No quedó alguna en el tintero?
—Valoramos que el Gobierno haya acogido una propuesta de mi partido, la UDI, que venía desde el 2019: que personas que estén condenadas por actos de violencia no puedan gozar de beneficios como la gratuidad. Son medidas que tienen que ver con algo que va más allá de la prevención y lo punitivo. Ahora, eso será siempre insuficiente si no se aborda el problema desde el trasfondo más profundo, que es el cultural. Ahí tenemos que seguir avanzando y complementando estas medidas.
—¿Qué quiere decir?
—Que lo preventivo y punitivo tiene que ir orientado a algo mucho más de fondo: que la crisis que estamos viviendo es un problema cultural, se perdieron valores, principios, el respeto básico a la autoridad. Ahí es donde las medidas más prácticas tienen que anclarse en medidas de fondo, que son culturales. Hablo del respeto a la autoridad de los profesores, el empoderamiento de los apoderados, y por supuesto la crisis grave de salud mental que hay en Chile que se expresa en los colegios.
—Dice que más allá de medidas punitivas y preventivas, se tiene que dar una batalla cultural para cambiar el cómo se entiende la sociedad hoy en día.
—Exactamente. Insisto: aplaudo los proyectos y las iniciativas que se están dando porque justamente tienen una vocación de abordar el problema de forma integral. Tienen un enfoque que cuando se previene o castiga, hay una conciencia de cambio de actitudes.
—¿El Gobierno debiera seguir una senda así, de dar esta batalla?
—No sé si lo plantearía como batalla cultural. La crisis es de valores, de principios y actitudes de relacionamiento humano. Eso hablo cuando me refiero a cultura. El problema que vivimos tiene que ver con códigos de relacionamiento humano que hemos perdido como país: principios, valores y respeto a la autoridad. Lo preventivo y lo punitivo tiene inherentemente de fondo lo cultural. Cuando uno previene y castiga hay un impacto en los códigos de relacionamiento.
—La izquierda podría considerar un círculo vicioso el recortar la gratuidad para quienes estén involucrados en eventos de violencia, teniendo presente que quienes reciben el beneficio son personas de menores ingresos.
—Ahí le diría a los colegas de izquierda que se lean bien el proyecto, porque para no caer en ese círculo vicioso se considera que aquellas condenas en actos de violencia, cuando las acciones judiciales tengan medidas de rehabilitación y reinserción social, justamente se convierte en una excepción a la pérdida del beneficio a la gratuidad. Se consideran esos escenarios en el proyecto de ley.
Las críticas de la izquierda demuestran el desconocimiento que tienen del proyecto. El trasfondo de estas medidas tienen una vocación y conciencia profunda en que hay un problema de fondo cultural y que elementos como la reinserción están considerados en el proyecto.

“Decir que esto se aleja de las prioridades del Gobierno es no entender nada ni captar el matiz cultural de todo esto”
—¿Considera que el Gobierno ha promovido una agenda como la denomina, cultural?
—Exactamente, y eso es lo que aplaudo, por el enfoque integral que tienen estas medidas. Ahora, siempre serán insuficientes si no se considera el trasfondo de que aquí hay que hacer una intervención de largo plazo para recuperar valores y principios, como el respeto en la sala de clases.
—Ahora, en la derecha hay quienes han dicho que el Gobierno debiera enfocarse en el concepto del “gobierno de emergencia”, o sea, en medidas concretas, y no en la denominada “batalla cultural”. ¿No se pierde el foco del Gobierno?
—Al contrario: cuando el respeto se pierde en aula, se pierde en todos los niveles de convivencia de Chile. Si queremos recuperar la seguridad y reactivar al país, tenemos que partir recuperando los valores y principios como el respeto en el aula. Es un error ver esto en compartimientos distintos. Esta todo interconectado porque hablamos de educación. El espacio escolar no solo transmite conocimiento, forma personas.
El respeto y la responsabilidad son valores que se fueron perdiendo después de la ley de inclusión de Michelle Bachelet. El mérito y el esfuerzo también, porque fueron reemplazados por una tómbola. Esos son atentados culturales que afectan en la seguridad y la economía.
Decir que esto se aleja de las prioridades del Gobierno es no entender nada ni captar el matiz cultural de todo esto, porque si queremos reactivar la economía y darle seguridad al país, tenemos que reactivar principios que parten en la sala de clases.
—Uno podría pensar que esta forma de actuar del Gobierno en el ámbito cultural que menciona responde a que hay un sector de la derecha más dura, como los libertarios que presiona con estos temas, ¿no?
—No creo que recuperar valores como el mérito, el esfuerzo y el respeto en los colegios sea algo que pueda tildarse de posiciones extremas. Es el punto de partida que complementan medidas de mediano y corto plazo. Pero no lo veo para nada así. Que se haya reemplazado todo por una tómbola, que en los últimos 3 años aumenten las denuncias por violencia escolar o que en los últimos 10 años aumenten en un 400% las denuncias por porte de armas en contextos escolares, y hacer frente a eso me parece que no es algo que sea digno de asignar a un sector. Al contrario. Lo cultural, que es de largo plazo, debió partir ayer para que veamos el resultado en 10 años más.
—Es crítico con la ley de inclusión de Bachelet.
—La mal llamada ley de inclusión, porque eliminó los incentivos para que existan proyectos educativos diversos, pero esa ley además remplazó valores culturales como el mérito y el esfuerzo por una tómbola. ¿Cuál es la señal cultural que 10 años después nos damos cuenta? Nos damos cuenta 10 años después que bajaron los rendimientos, la calidad de la educación bajó… pero no solamente baja el rendimiento escolar, sino que las conductas de convivencia se destruyeron por completo. Eso vemos con las bombas molotov, con inspectores rociados con bencina. Las políticas en educación tienen en su esencia el valor cultural.
—¿Tiene expectativas con que el nuevo oficialismo sea una nueva coalición?
—Sí. En política, la muerte y los nacimientos de coaliciones no se declaran, se constatan. La primera constatación que podemos hacer es que Chile Vamos murió, que ya cumplió su ciclo electoral. Hoy vivimos otro momento político donde los centros de gravedad propios de las coaliciones cambian.
Ahora, sobre una nueva coalición, por más de que la gente lo declare, hay que constatar que en los hechos hay una coalición funcionando, sectores que van desde el centro hasta la derecha de libertarios o social cristianos, que queremos que a este Gobierno le vaya bien, de que Chile recupere su senda de seguridad o de crecimiento económico y que en 4 años, más allá de tener una marca de coalición, José Antonio Kast sea capaz de pasarle la banda presidencial a alguien del sector. Eso es una coalición que en los hechos ya está funcionando, basta con mirar las votaciones en el Congreso. Tarde o temprano se va a formalizar.
—¿Por qué cree que los republicanos se resisten más a la idea de la coalición?
—Ellos son cautos. Una coalición, para que efectivamente tenga éxito, tiene que nacer en los hechos antes que en las declaraciones, en los titulares y en el nombre de la coalición. Teniendo menos de un mes de rodaje de un gobierno con situaciones complicadas, es en los hechos donde primero tiene que instalarse el orden de su coalición para después formalizarla. No es una resistencia de fondo.
Los republicanos me imagino que son los primeros interesados en que a su presidente les vaya bien, y por eso son también los primeros interesados en que el sector funcione bien como coalición. Si eso termina luego en una formalización, me perece que es por consecuencia de lo primero, de un orden natural de las cosas y estamos en ese tiempo de rodaje; se tiene que mostrar quiénes de los que somos de derecha estamos por apoyar que este gobierno le vaya bien o no. Ahí se va a notar en los hechos quiénes están en la coalición y quiénes no, y de ahí derivará la formalidad.



