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Sello Naranja
Biblioteca Central Para Ciegos

Tendencias

13 de Abril de 2026

Solo diez instituciones tienen el Sello Naranja: cómo la Biblioteca Central para Ciegos busca mejorar la inclusión en Chile

La Biblioteca Central para Ciegos impulsa el Sello Naranja para reconocer a instituciones comprometidas con la inclusión de personas con discapacidad visual. La iniciativa busca ampliar oportunidades en un contexto marcado por barreras de acceso.

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Cerca de los 60 años de funcionamiento se encuentra la Biblioteca Central para Ciegos (BCC), institución sin fines de lucro que busca entregar herramientas a todas las personas con discapacidad visual para facilitar su desarrollo en un mundo tan poco amigable como el que estamos viviendo.

Dentro de sus iniciativas se encuentra el Sello Naranja, con el que las empresas, instituciones y fundaciones, entre otras, pueden obtener un distintivo en donde se reconoce su compromiso por la inclusión y la accesibilidad.

En conversación con The Clinic, Ian Sánchez, subdirector ejecutivo de la biblioteca explicó “somos una institución que lleva casi 60 años desarrollando herramientas para las personas con discapacidad visual y buscando que puedan reinsertarse en la sociedad. En base a eso, el Sello Naranja surge porque nos dimos cuenta que la inclusión quedaba como en nuestros muros, por decirlo así. Aún existe mucho nivel de desempleo, una estigmatización sobre las personas con discapacidad visual, de que no pueden usar un computador, un celular, de que no puedan ser funcionales y por eso creamos el Sello Naranja”.

Las empresas del Sello Naranja

La Embajada de España en Chile, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, la Biblioteca Pudahuel, el Centro Médico Tobalaba, el SPA +Mund, el Conservador de Bienes Raíces de Santiago, el Centro Cultural La Moneda, el MIM, la Sociedad Chilena de Oftalmología, la cafetería Conectar y McDonald’s. Son un grupo que parece no tener nada en común, sin embargo comparten su idea de jugar un rol clave en la inclusión y todas ellas tienen el Sello Naranja.

Al respecto, Sánchez detalla que “es una iniciativa que tiene menos de un año de funcionamiento, partió en mayo del año pasado. Ahí agradezco al Centro Cultural de España que fue la primera institución que creyó en este sello. Hasta ahora, con casi un año de trabajo, llevamos 10 instituciones“.

Sobre cómo se puede acceder al sello, explica que “el primer punto es tener las ganas. Es clave el querer ser una organización más inclusiva, independiente si eres un museo, una organización, una empresa vende algún servicio, algún producto. Siempre se puede ser más inclusivo. El sello no es como el final del trabajo, sino que el inicio de este proceso en donde nosotros con un acompañamiento y una asesoría vamos guiando a esta institución durante un periodo de 12 meses“.

“Nosotros estamos acreditados por la Fundación ONCE, que es una fundación gigantesca referente a nivel mundial. Es una fundación española que tiene más de 3.000 empleados y ellos tienen una subdivisión que es la FOAL, acá en América Latina y nosotros estamos acreditados por ello. No es tanto como otorgar el sello y chao, sino que hay un seguimiento, hay un acompañamiento. Todos estos servicios los vamos implementando y obviamente después de los 12 meses, si la institución quiere renovar este sello, nosotros evaluamos de que la institución realmente haya realizado acciones concretas hacia la instrucción y no simplemente como el pegado del sello“, añade.

“El sello es muy personalizado”

Con respecto al proceso de implementación del Sello Naranja, Sánchez reflexiona que “hay cosas que se pueden hacer en un modo general, pero el sello es muy específico para cada institución. Por una parte, tenemos el Centro Cultural de España, pero a la vez el Centro Cultural de la Moneda y el MIM, que son museos y lugares donde se expone arte. Pero cada uno muy distinto en sí. Entonces, el sello es muy personalizado para cada institución para poder alcanzar la máxima inclusión que nosotros podemos en términos de discapacidad visual”.

“Cada año tenemos más de 25 talleres, los cuales son todos gratuitos. Enseñamos y apoyamos a más de 250 personas. También tenemos una biblioteca digital para que los usuarios puedan escuchar audiolibros, préstamo de material en braille. También creamos documentos para niños que están en colegio y nos piden que podamos realizar documentos en braille o en otro tipo. Entonces nuestro futuro es no perder ese foco“, destaca.

Sobre si a Chile le faltan más políticas públicas, es enfático en responder que sí. “Por ejemplo, no todos los semáforos son inclusivos o hay muchas calles que tienen hoyos. Faltan muchas políticas públicas para que la persona con discapacidad visual pueda realmente ser independiente. Hay unas máquinas para pagar que ya no tienen teclas, son touch. Antiguamente tenían números, la verdad las que tenían con estos números de goma eran mucho más inclusivas que una máquina touch. Le he preguntado a los usuarios y a nuestros trabajadores cómo lo hacen y me dicen que si no están acompañados prácticamente es confiar en que el vendedor. Que la cajera te marque monto y te cobre lo que corresponde”.

“Hay muchas pequeñas dificultades. Entonces sí, faltan muchas políticas públicas. Al final la inclusión va mucho más allá que simplemente en el ascensor estén los números en braille, que son muy positivos, pero lo que hay que realmente entender es que una persona ciega o con discapacidad visual puede ser autónoma y las políticas públicas tendrían que ser en base a eso, no quizá el mínimo, sino que una persona realmente que pueda ser autónoma”, reafirma.

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