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Elizabeth Caballería, encargada de proyectos en Biblioteca Central para Ciegos / Foto: Francisco Paredes, The Clinic

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17 de Febrero de 2026

Biblioteca Central para Ciegos: la fundación con más de medio siglo que busca reinsertar a personas ciegas y expandirse a regiones

Desde una casona en Providencia, la Biblioteca Central para Ciegos impulsa desde hace casi seis décadas el acceso a la lectura, la educación y la autonomía de personas con discapacidad visual. Con la producción de audiolibros, textos en braille, una variedad de talleres gratuitos y proyectos de inclusión como lo es el Sello Naranja, la fundación busca ampliar su alcance a nivel nacional, contando con una creciente red de voluntarios.

Por Alejandra López Díaz
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“Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos” es una de las icónicas frases en “El Principito”, que se eleva como un lema en la Biblioteca Central para Ciegos (Bibliociegos), entre sus banners y los productos que ofrecen dentro de su tienda solidaria.

Se trata de una fundación que, ubicada en una casona en la calle Rafael Cañas 165, Providencia, inició en 1967 buscando trabajar dos tareas fundamentales: consolidar una audioteca y una imprenta especial para textos en braille.

Con esos motores presentes a lo largo de los años, el objetivo se mantuvo en llegar a que “todas las personas con discapacidad visual tengan acceso a la información y logren reinsertarse en la sociedad con un mayor grado de autonomía”, según menciona Ian Sánchez, subdirector ejecutivo en la biblioteca. Una intención no menor, considerando que en Chile hay más de 600 mil personas ciegas, de acuerdo a información de Bibliociegos.

Aún así, es innegable que la biblioteca ha avanzado considerablemente en sus propósitos. Hoy, cuenta con una extensa colección de audiolibros en cassette, comprendidos en un patrimonio de 3.500 títulos. Todos grabados por voluntarios, suponiendo una curiosa y valiosa preservación de voces chilenas de hace más de 50 años.

Parte de la colección de audiolibros en cassette de Bibliociegos / Foto: Francisco Paredes, The Clinic

Asimismo, cuentan con un catálogo digital de audiolibros en colaboración con QRT Solutions y Microsoft, que les permite disponer de más de 600 títulos, tanto de literatura nacional como universal.

Por otra parte y sobre la segunda tarea abocada, Bibliociegos se posiciona hoy como una de las instituciones más relevantes en el país en cuanto a la producción de material en braille, enfocándose en la inclusión educativa y cultural. Desde 2019, colaboran con el Ministerio de Educación en la adaptación y elaboración de textos escolares en braille y macrotipo para llegar a “niños y jóvenes a lo largo de Chile que tengan alguna discapacidad visual”, detalla Sánchez.

Pero la labor de la Biblioteca Central para Ciegos ha ido incluso más allá.

“En la Biblioteca Central para Ciegos se les abre un mundo”

Elizabeth Caballería es trabajadora en la biblioteca desde hace más de 30 años. Se desempeña como coordinadora de proyectos, instructora de informática, y mediadora háptica, siendo un importante nexo entre la institucionalidad y la comunidad que asiste a la fundación.

Diseña una extensa red de talleres gratuitos -tanto de formación y capacitación laboral, como recreativos- junto al equipo de Bibliociegos, que incluye a educadoras diferenciales y a personas ciegas o de baja visión. “La idea es tener personas de la comunidad que hagan las clases”, explica Caballería a The Clinic. “Es importante generar puestos laborales para la misma comunidad; que sean competentes y que cumplan los requisitos”.

Patricio Paine, productor de sonido en proyectos de Bibliociegos / Foto: Francisco Paredes, The Clinic

En específico, ofrecen cursos para aprender a leer y escribir en braille, dactilografía, inglés, Internet y uso de programas, como Word, Excel, y lectores de pantalla, así como clases de coro, guitarra, e incluso de stand up comedy.

En cuanto a la comunidad, Caballería cuenta que “cuando llegan acá, llegan con mucha pena, muy tristes y con poca esperanza, porque creen que no pueden hacer nada y que la vida se acabó porque ya no van a poder estudiar o trabajar”. A esto agrega que “acá se les abre un mundo, porque yo les digo ‘sí vas a poder andar solo’, ‘si vas a poder trabajar’, ‘sí vas a poder estudiar’, ‘sí vas a poder cantar’, sí vas a poder volver a hacer lo mismo que antes, solo que de toda otra manera”.

Bajo estos incentivos y las mismas iniciativas personales, Bibliociegos ha forjado visitantes fieles en el transcurso de los años. Algunos de ellos participaron en “Autorretrato ciego”, un proyecto a cargo del fotógrafo Raúl Charlín, y que supone uno de los últimos más significativos para la comunidad.

Se expuso en Matucana 100 desde finales de 2025 hasta enero de 2026, proponiendo una experiencia multisensorial. Junto a retratos analógicos de personas con discapacidad visual -donde ellos mismos presionaban el disparador y tomaban sus fotos-, se presentaba un texto en braille y audios donde cada retratado narraba su historia, además de una impresion 3D de sus caras.

Así, la exposición permitía integrarse a través de la escucha, el tacto y la vista.

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El Sello Naranja y el vistazo al futuro

Hace poco más de un año, la biblioteca comenzó a implementar el Sello Naranja, un distintivo “que se le entrega a diferentes instituciones públicas o privadas que estén haciendo acciones concretas en pro de la inclusión”, según menciona el subdirector.

En específico, brindan servicios de asesorías y entregan materiales accesibles a organizaciones, en vías de que implementen acciones inclusivas hacia personas con discapacidad visual. Con la integración de estas orientaciones, cada entidad logra una certificación que, hasta el momento, ha sido entregada a nueve de ellas, incluyendo McDonalds, el MIM, la Biblioteca de Pudahuel y la Embajada de España en Chile.

Elizabeth Caballería leyendo un protipo del menú en braille para McDonalds / Foto: Francisco Pares, The Clinic

La aspiración con este proyecto es que pueda “estar en muchísimas instituciones, en muchas empresas, no solamente en Santiago, sino a lo largo de Chile“, dice Sánchez. “Tenemos la meta y la misión clara de que las personas con discapacidad visual puedan ser independientes y puedan realizar sus trámites, o algo tan simple como elegir qué hamburguesa quiere comer o qué bebida quiere tomar, sin necesidad de tener un acompañante”.

Las intenciones por expandirse en el país también considera a sus talleres. Actualmente, cuentan con cursos online, donde se unen personas desde distintas ciudades. Al respecto, Caballería menciona: “No somos un equipo tan grande, entonces siempre falta mano. Pero estamos tratando de capacitar a la gente, no solamente de la región Metropolitana, sino que de regiones, para tener un mayor alcance donde no hay nada”, explica.

Asimismo, reconoce que el alcance “es una barrera, pero ahí vamos sembrando semillas para en un futuro tener otros lugares u otras sedes”.

Vale mencionar que en los últimos meses han alcanzado mayor radio. Hace aproximadamente seis meses, publicaron un video en redes sociales buscando voluntarios que prestaran sus voces para producir audiolibros. El resultado fue una viralización traducida en miles de likes y comentarios, que convocaron a más de 5000 interesados. Gracias a ello, en el presente trabajan con más de 600 personas voluntarias.

La invitación de Bibliociegos al público es a que “si conocen a alguna persona con discapacidad visual y que quiera participar de los talleres o tener acceso a la biblioteca digital, es 100% gratuito”.

“El único requisito que pedimos es tener las ganas”, concluye Sánchez.

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