Opinión
23 de Mayo de 2026
Columna de Danilo Herrera: Kast, el autócrata
Por Danilo Herrera
El columnista Danilo Herrera escribe sobre los últimos movimientos del Presidente Kast y el cambio de gabinete. "A 69 días de asumir, Kast realizó el ajuste ministerial más rápido desde el retorno a la democracia. Salieron las dos ministras peor evaluadas y entró una nueva fórmula: los biministros. Eso sí, lo que no cambió fue el diseño de fondo, dejando fuera a los partidos en el esquema de decisión. El círculo de confianza eligió, el resto se enteró", analiza.
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Desde el retorno a la democracia, el poder Ejecutivo en Chile siempre se distribuyó. No porque los presidentes fueran generosos, sino porque gobernar exige negociar con los partidos que te respaldan, con los aliados que votan en el Congreso, incluso, con los propios ministros. Eso generó tensiones ya conocidas. Boric y el Socialismo Democrático, Piñera y sus ministros “políticos”, Lagos e Insulza. Los roces eran parte del sistema, la manera en que la democracia se hacía carne dentro del poder. Kast, en cambio, decidió otra cosa.
Trump y Milei ya le dieron el manual, porque ambos construyeron gobiernos que operan con la misma lógica. El líder en el centro, un círculo de hierro, instituciones tratadas como obstáculos y el relato oficial como única verdad admisible. Lo que la experiencia comparada enseña es que las democracias rara vez mueren de un golpe, se erosionan desde adentro, paso a paso, decisión a decisión, hasta que el sistema ya no reconoce al que lo habita. Kast no tiene ni los recursos ni el margen para ir tan lejos, al menos todavía. Pero la dirección es la misma, y el cambio de gabinete de esta semana así lo demostró.
A 69 días de asumir, Kast realizó el ajuste ministerial más rápido desde el retorno a la democracia. Salieron las dos ministras peor evaluadas y entró una nueva fórmula: los biministros. Eso sí, lo que no cambió fue el diseño de fondo, dejando fuera a los partidos en el esquema de decisión. El círculo de confianza eligió, el resto se enteró.
El dato más revelador no es quién salió, sino quién llegó a dónde. Martín Arrau, republicano del núcleo duro de Kast, asumió Seguridad, la cartera más sensible del gobierno. No llega por su trayectoria en la materia, sino por su cercanía con el Presidente. Y Claudio Alvarado concentra ahora Interior y la vocería del gobierno. El problema práctico es evidente. Alvarado y su subsecretario Pavez concentrarán también las vocerías nacionales, los mismos que llevan la agenda migratoria, otra de las prioridades declaradas del gobierno.
Para gobernar con este diseño, Kast también eligió sus cortesanos. Alejandro Irarrázaval, amigo personal desde la universidad, articuló la idea de que el Presidente definiera su gabinete sin que imperara el criterio político. El resultado fue una estructura donde el segundo piso pretendía mandar sobre el gabinete sin piso legal ni credibilidad para hacerlo. Eso no es una disfunción, es el diseño premeditado por el Presidente.
El otro cortesano es Cristián Valenzuela, director de Comunicaciones. Elaboró un protocolo que convirtió a la Secom en el filtro obligatorio de prácticamente toda interacción con la prensa, bajo un esquema de disciplina interna, uniformidad del mensaje y subordinación de los ministerios a la estrategia presidencial. Su primer gran producto fue declarar al Estado chileno en quiebra, una frase derechamente falsa que derivó en un oficio de Contraloría. Un error gravísimo que debiese haber supuesto una expulsión inmediata, pero Valenzuela, como si nada, sigue en su cargo.
Y luego está Jorge Quiroz, el ministro de Hacienda que diseñó una megareforma tributaria que el oficialismo critica por “falta de calle” y por proponer recortes que contradicen promesas de campaña. Quiroz no cedió ante el FMI, el Consejo Fiscal Autónomo ni los exministros de su propio sector. Siguió adelante, y cuando le preguntaron qué pasaría si el Congreso no aprobaba su proyecto, respondió que seguirían gobernando igual, porque también están los decretos. Un ministro que describe gobernar al margen del Legislativo,está delineando otro tipo de poder.
El problema de los autócratas no es precisamente lo que hacen con el poder, es lo que le hacen a quienes los rodean: los vuelven ejecutores, no contrapesos. Un gabinete sin frenos internos, un Segundo Piso que manda sin legitimidad, una comunicación centralizada que fabrica realidades, y la promesa de los decretos si el Congreso no obedece. El cambio de gabinete más rápido de la democracia chilena no corrigió nada de eso. Fue otra prueba más de que el autócrata José Antonio Kast, acompañado de sus cortesanos, sigue más vivo que nunca.



