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La oposición debate sobre si logró o no capitalizar el cambio de gabinete del Gobierno. Foto: Agencia Uno.

Política

20 de Mayo de 2026

¿Exitoso o fallido? El intento de la oposición por capitalizar el cambio de gabinete de Kast

Aunque desde el PC hasta el PDG salieron a endurecer el tono contra La Moneda tras la salida de Mara Sedini y Trinidad Steinert, en el oficialismo y entre analistas apuntan a que el ajuste respondió más al desgaste interno acumulado por errores no forzados que a una ofensiva exitosa de la oposición. Sin embargo, en la izquierda el debate está abierto.

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Pasadas las 22:00 horas, la ahora exministra vocera, Mara Sedini, se dirigía al subterráneo de La Moneda, flanqueada por la Guardia de Palacio, para abandonar la casa de Gobierno tras el cambio de gabinete realizado por el Presidente José Antonio Kast y que también dejó fuera del equipo ministerial a la exministra de Seguridad, Trinidad Steinert.

Con este movimiento, el mandatario rompió un récord: realizó un ajuste ministerial en menos tiempo que cualquier otro presidente desde el retorno a la democracia. Además, dejó caer a Sedini, integrante del comité político, y a Steinert, quien era considerada la principal apuesta de Kast para sacar adelante una serie de promesas de campaña en materia de seguridad.

En política, mencionan parlamentarios y exministros, los cambios de gabinete suelen ocurrir cuando un gobierno necesita descomprimir la agenda tras algún escándalo o crisis que no fue conducida oportunamente y cuyo desgaste termina siendo capitalizado por las fuerzas opositoras.

A pesar de que efectivamente la izquierda y las fuerzas de oposición salieron a criticar en masa al Gobierno y habían ejercido presión previa, existen dudas internas sobre si lograron capitalizar políticamente el costo que implicó para La Moneda el cambio de gabinete.

Pesaron más los errores del Gobierno que la presión opositora

Un ejemplo de un cambio de gabinete que buscó descomprimir la presión opositora ocurrió durante el segundo gobierno de la expresidenta Michelle Bachelet, cuando pidió la renuncia a todo su gabinete tras el estallido del caso Caval, escándalo que involucró a su hijo, Sebastián Dávalos, y a su entonces esposa en un negocio de compra de terrenos que luego aumentaron su plusvalía producto de un cambio de uso de suelo.

En el caso de Sedini y Steinert, en cambio, no hubo un escándalo o una crisis puntual que funcionara como antesala del ajuste. Más bien, reconocen en el oficialismo, fueron una serie de errores no forzados los que terminaron pesando y cuya continuidad complicaba la agenda próxima del Ejecutivo, considerando que hoy se aprobaría la megarreforma que impulsa el Gobierno y que el 1 de junio será la Cuenta Pública, instancia que en Palacio no querían opacar con los flancos abiertos que mantenían ambas ministras.

De hecho, entre dirigentes de oposición se comentó en más de una ocasión, previo al cambio de gabinete, que para ellos era conveniente la permanencia de ambas ministras, pues impedían que el Gobierno pudiera desplegar adecuadamente su diseño comunicacional, obligando a otros ministros, como el titular de Interior, Claudio Alvarado, quien hoy además asumume la vocería, a salir constantemente a explicar las polémicas originadas tanto en Seguridad como en la Secretaría General de Gobierno.

El Presidente de la República, José Antonio Kast, encabeza la ceremonia del Cambio de Gabinete Ministerial, en la que las ministras de Seguridad, Trinidad Steinert, y de la Segegob, Mara Sedini, dejan su cargo. Foto: Lukas Solis / Agencia Uno.

El intento de capitalizar el cambio de gabinete

A pesar de que dentro de la oposición reconocen que la permanencia de Steinert y Sedini les resultaba conveniente en términos comunicacionales, también admiten que era difícil sostenerlas en el cargo. En el caso de Seguridad, por ejemplo, avanzar en la agenda legislativa se había vuelto complejo luego de que Steinert se ausentara en más de una ocasión de las comisiones de Seguridad del Congreso.

De hecho, en Radio Pauta, el jefe de bancada de los diputados socialistas y miembro de la comisión de Seguridad de la Cámara, Raúl Leiva, sostuvo: “Valoro la decisión del presidente Kast de asumir, a 69 días de gobierno, un fracaso en materia de seguridad. Efectivamente es un fracaso. Durante 60 días no hubo absolutamente nada y esta es la prioridad número uno de la ciudadanía. Lamentablemente fueron tiempos perdidos, pero valoro que el Presidente haya tomado una decisión”.

La diputada Tatiana Urrutia (FA), también integrante de la comisión, fue crítica del ajuste ministerial. “Ahora sí estamos frente a un gobierno en emergencia: no había plan en seguridad y queda demostrado que tampoco hay plan para gobernar”, dijo a The Clinic.

Para Urrutia, la salida de las ministras y el hecho de que este sea el cambio de gabinete más rápido desde el retorno a la democracia demuestra que “no es un ajuste normal, es una crisis”.

En la línea de Leiva, la parlamentaria aseguró que “a la oposición no nos alegra que al gobierno le vaya mal en seguridad; nos preocupa profundamente. Pasamos dos meses levantando alertas desde todos los sectores y la respuesta fue este cambio abrupto y de última hora”.

La diputada comunista Irací Hassler sostuvo, por su parte, que “lo que estamos viendo no es una metáfora ni una hipérbole: es un diseño de Gobierno que fracasó”.

Sobre eso, aseguró que “este cambio de gabinete refleja improvisación, desorden y falta de conducción. Es la evidencia de un proyecto que prometió certezas y hoy transmite incertidumbre económica y política”.

Debate abierto entre expertos

pesar de que desde la oposición endurecieron el tono tras el ajuste ministerial y acusaron improvisación y falta de conducción en La Moneda, en el oficialismo y entre analistas existe consenso en que el desgaste que terminó empujando la salida de Mara Sedini y Trinidad Steinert se incubó principalmente dentro del propio Gobierno. “Las presiones que terminaron empujando este ajuste no provinieron solo de la oposición. Lo más relevante políticamente es que el desgaste cruzó hacia el propio oficialismo”, sostiene Marco Moreno, decano de la Facultad de Economía, Gobierno y Comunicaciones de la Universidad Central.

Eso sí, Moreno advierte que la oposición sí logró instalar presión política y amplificar el costo comunicacional de los errores del Ejecutivo. “La oposición sí logró instalar presión, especialmente amplificando errores y debilitando la capacidad defensiva del gobierno. Pero más que una victoria completa de la oposición, lo que terminó precipitando el ajuste fue la pérdida de respaldo interno y el impacto que eso comenzaba a tener en la opinión pública”, explica.

Rodrigo Arellano es Vice Decano Facultad de Gobierno de la Universidad de Desarrollo y coincide con Moreno en que las presiones para un cambio de gabinete provienen de varios frentes. De hecho, dastaca al mismo oficialismo que “venían cuestionando desde hace un tiempo a la fecha el modelo, la gestión y el diseño estratégico en las comunicaciones y particularmente en un área muy sensible para quienes forman parte de ese corazón que es el tema de seguridad. Era un reclamo de pasillo, era un diagnóstico bastante compartido”.

Es ahí, dice Arellano, en donde proviene “el origen de este gran cambio”. En ese sentido, el académico indica que el Gobierno, considerado los errores no forzados de las ministras y la probable aprobación de la megarreforma el Presidente Kast buscó marcar un punto de inflexión y “despejar cualquier ruido que pudiese entorpecer el viento a favor que pueden tener este tipo de noticias”.

Ahora bien, si bien cree que la oposición logra llevar adelante una interpelación que pudo haber influido y empujado al Gobierno para sacar a Steinert, “capitalizar es otro concepto que significa convertir el desgaste del adversario en ganancia propia. Y yo creo que ahí el cuento es muy distinto. La oposición no propuso un relato alternativo de gobernabilidad, no instaló su oferta programática yo ha logrado instalarla”.

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