Carta a la directora: Accidentes y convivencia vial en el San Cristóbal: Aprendizajes más allá del viral
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Un video publicado recientemente en las redes sociales de Parquemet acumula más de 3 millones de visualizaciones y supera las 200 mil reacciones. El mensaje es claro: en los últimos dos años se han registrado cerca de 400 accidentes de ciclistas en el Cerro San Cristóbal, de los cuales un 40% requirió atención médica y un 8% tuvo consecuencias graves. Estas cifras importan, la preocupación es legítima y la invitación al autocuidado —usar casco, revisar frenos, respetar la señalética y mantener velocidades prudentes— es un mensaje que compartimos plenamente.
Ahora y en adelante, tenemos la oportunidad de ir más allá del viral. La experiencia comparada en gestión de la convivencia vial muestra que las campañas centradas exclusivamente en la responsabilidad individual rara vez logran reducir la accidentabilidad de manera sostenida. En este caso, la iniciativa de prevención se viralizó a través de registros de accidente, pero genera el riesgo de que la conversación pública se desplace desde el aprendizaje hacia una lógica de entretenimiento. Basta revisar los comentarios en el video para advertir que muchos no derivaron en una reflexión sobre convivencia o seguridad, sino en burlas, caricaturas y descalificaciones entre distintos tipos de usuarios.
Aunque el video ilustra muy bien los peligros de las prácticas irresponsables de algunos ciclistas, podría tener un efecto preocupante en el clima general de convivencia. Este tipo de contenido podría a profundizar la distancia entre usuarios, reforzar prejuicios y dificultar la construcción de códigos compartidos para el uso de un espacio público complejo y masivo como el San Cristóbal. Una persona que no sube regularmente al cerro en bicicleta no necesariamente sale de la sección de comentarios del video con más herramientas para convivir en este espacio compartido.
Las cifras también requieren contexto. Se estima que el Cerro San Cristóbal recibe cerca de 160 mil visitas mensuales en bicicleta, es decir, alrededor de dos millones al año. En ese marco, los accidentes registrados representan una fracción muy pequeña del total de usuarios. No se trata de minimizar el problema, sino de comprenderlo correctamente para abordarlo de manera adecuada. Porque los accidentes no ocurren en el vacío ni son atribuibles a un solo tipo de usuario. El cerro es un espacio simultáneamente deportivo, recreativo, turístico y comunitario, donde conviven ciclistas de ruta, ciclistas urbanos y de montaña, pero también peatones, familias, corredores, mascotas y turistas, todos con distinto nivel de experiencia y habilidad. La accidentabilidad emerge muchas veces de esa interacción compleja, y reducirla exige comprenderla esa complejidad.
El uso del casco es indispensable, pero insuficiente como respuesta sistémica. Los accidentes también se concentran en puntos específicos del cerro, por lo que se relacionan con infraestructura limitada, espacios diseñados originalmente para usos diferentes los actuales, falta de señalización, cruces entre usuarios con velocidades distintas, además de la ausencia histórica de una cultura compartida de convivencia vial. Existe además una distinción importante que no podemos pasar por alto: muchas de las personas que protagonizan estos accidentes son ciclistas con poca experiencia, no usuarios temerarios. Y esa diferencia cambia el diagnóstico. Un principiante que se cae en una bajada pronunciada no representa necesariamente un problema de actitud; muchas veces evidencia la necesidad de contar con mejores condiciones para circular y aprender de manera progresiva y segura.
La evidencia internacional en gestión de parques urbanos muestra que las comunidades de usuarios organizadas son uno de los activos más valiosos con que cuenta una institución como Parquemet para estos fines: conocen el territorio, detectan riesgos, generan cultura de uso y aportan en el monitoreo y mantenimiento de la infraestructura. Es un momento propicio para que el Parque aproveche este capital social y ponga en valor a las comunidades ya comprometidas con la seguridad, la convivencia y la conservación del parque. Esta sería una decisión de política pública tan importante como cualquier inversión en señalética o infraestructura.
Desde la Mesa de Ciclistas estamos convencidos en que podemos seguir trabajando para transformar juntos esta preocupación legítima en una agenda compartida: mejor señalización, clasificación de rutas según dificultad y perfil de usuario, educación vial para distintas comunidades, gestión de velocidades en tramos críticos y mecanismos estables de participación, tanto para quienes usan y cuidan el cerro diariamente, como para quienes se aventuran en él por primera vez. La convivencia vial que queremos en el Cerro San Cristóbal podemos construirla mediante corresponsabilidad, infraestructura adecuada, educación y gobernanza compartida. Ese es el camino que creemos necesario seguir construyendo junto a Parquemet.



