Mariana Derderian a dos años del fallecimiento de su hijo: “Aún no he podido soñar con él”
Durante mucho tiempo, dice, esperó encontrarse con Pedro en sueños. Todavía no ocurre. A dos años de la tragedia que marcó su vida, Mariana Derderian conversa sobre el duelo, la maternidad, los recuerdos de su hijo y la decisión de hablar públicamente sobre la muerte en "Hay un después", el nuevo podcast de La Funeraria Hogar de Cristo y The Clinic. En una conversación íntima, la actriz reflexiona sobre cómo seguir adelante cuando el dolor permanece y sobre la forma en que busca mantener viva la memoria de Pedro: "No sé si es absurdo decir esto, pero quiero que él viva a través de mí".
Por Sebastián Palma 6 de Junio de 2026
Compartir
Los días posteriores a la muerte de su hijo Pedro (6), ocurrida en un incendio en su casa el 8 de mayo de 2024, Mariana Derderian no podía dormir. Su equipo médico –preocupado de que enfermara– le sugirió que tomara medicamentos que la ayudaran a conciliar el sueño, pero ella se negaba sucesivamente
El insomnio era una tortura. Estaba cansada, pero no quería que ningún fármaco alterara su conciencia. Quería conectar con sus sentimientos, con su luto. También quería soñar con Pedro. Volver a verle su cara, tocar sus manos.
—Uno alberga una pizca de esperanza al principio, de que esto no haya ocurrido, como en un mundo de fantasía. Hay que aprender a vivir con ese mundo nuevo.
Los meses pasaron y el sueño con Pedro no llegaba. Mientras seguía esperando, escuchaba cómo otras personas de su familia sí soñaban con él. Su hija. Su madre. Los relatos le provocaban una mezcla extraña entre dulzura, curiosidad y envidia.
Con el tiempo, las horas de descanso se hicieron cada vez más escasas. Finalmente tuvo que ceder. Empezó a tomar las pastillas porque necesitaba estar bien para su hija, Leticia. Han pasado más de dos años desde entonces y todavía no ha podido encontrarse con Pedro en sueños.
–Tengo un familiar que también perdió a un hijo y estuvo muchos años sin soñarlo. ¿Cómo vives tú esa experiencia?
–Qué heavy que somos tan parecidas todas las dolientes. A mí me pasó exactamente eso. No quería tomar las pastillas porque quería soñar con él. Pero al final tenía que hacerlo, porque si no me iba a enfermar.
Aún hoy, dice, cada vez que se queda dormida alberga la misma esperanza.
–Qué ganas de que hoy sí. Uno hasta trata de empujar el sueño, de manipularlo, de imaginar lo que quiere soñar, pero no puedo.
–¿Por qué crees que no ocurre?
–Quizás es un mecanismo de defensa. Hoy trato de tomármelo de buena manera. Pienso que tal vez todavía no estoy en la etapa del duelo en la que pueda sostener algo así.

Mariana Derderian y la importancia de hablar sobre la muerte
Mariana Derderian era una joven estudiante de Ingeniería Comercial cuando llegó casi por casualidad a un casting de televisión. Su debut en la teleserie “Brujas” la llevó rápidamente a encadenar proyectos, pero fue en 2006 cuando alcanzó la fama al protagonizar “Floribella“. La teleserie, adaptación de la argentina “Floricienta”, se convirtió en un fenómeno juvenil y transformó a Derderian en una suerte de princesa contemporánea. Para muchos adolescentes ella fue el rostro del primer enamoramiento.
De eso ya pasaron dos décadas. Hoy cuenta que a veces fantasea con volver a interpretar a Floribella, pero desde otro lugar.
—Me imagino una Floribella ojerosa, con penas, una Floribella real.
Aclara que no es más que una idea. Actuar sigue siendo algo que le gusta, pero hoy sus prioridades son otras. Su tiempo está concentrado en su hija y en proyectos que le permitan estar más conectada con la realidad que con la ficción.
En esta entrevista, Mariana Derderian se ríe al recordar a Pedro y también lo llora.
No pelea contra las lágrimas, dice que es normal, que por mucho tiempo batalló contra ellas y que utilizó la palabra retroceso cuando se sentía mal, pero hoy usa otro concepto: incorporar. Incorporar la ausencia de Pedro, incorporar el dolor, incorporar una vida que cambió para siempre.

–Me di cuenta de que el viaje del luto no es lineal. Cuando creo que estoy retrocediendo, en verdad estoy incorporando.
Hablar de la muerte, dice, es algo que jamás se le habría ocurrido antes del incendio. Hoy, en cambio, cree que es una conversación necesaria. De esa necesidad nació la idea de comenzar el nuevo pódcast Hay un después realizado por La Funeraria Hogar de Cristo y The Clinic, dedicado precisamente a hablar sobre la pérdida y el duelo.
Se ha informado sobre el tema. Cuenta que en Chile mueren cerca de 300 personas al día y que detrás de cada una de esas muertes hay familias, amigos y comunidades completas intentando comprender una ausencia.
–¿Por qué te parece importante hablar de esto?
–Hay 300 familias sufriendo. Hay 300 grupos de personas sin entender nada, sin poder creerlo.
Derderian no pretende tener respuestas. Tampoco recetas. Lo que sí ha descubierto es que el dolor suele parecerse más de lo que imaginamos. Que detrás de historias distintas pueden esconderse experiencias comunes, como dos madres que esperan soñar con sus hijos y no pueden hacerlo.
–¿Qué has aprendido de otras personas que han pasado por experiencias similares?
–Yo creo que lo único que puedo hacer a partir de esto es crecer, compartir y aprender de los que están más adelante, de los que saben más que yo y son maestros.
Para ella, el duelo no se vive en solitario. Cree que escuchar las historias de otros puede aliviar, aunque sea un poco, la sensación de aislamiento que suele acompañar a las pérdidas.
–¿Y qué te gustaría aportar tú a esa conversación?
–Si tengo algo que pueda compartir con otras personas, me interesa hacerlo. Creo que nos vamos acompañando. Tratamos simplemente de que el otro no se sienta solo y de nosotros no sentirnos solos también.
–¿Qué tan importante es poder hablar de la muerte?
–Hablar de la muerte es algo que a mí nunca se me hubiese ocurrido hasta después del accidente, pero me parece profundamente necesario, me parece importante, que se debería enseñar en los colegios y naturalizar. Entender que no hay un orden lógico y que no sabemos qué hacer y no sabemos qué decir y no sabemos enfrentarlo y todo lo que imaginamos de cómo sería “si yo viviese esto”, no alcanza.
–¿En qué sentido?
–No eres capaz de vislumbrar lo que es perder a un ser querido y cómo te cambia la vida y cómo te cambia la percepción de todo. Y me parece tan importante poner el tema encima de la mesa, me parece tan importante valorar la vida a través de la muerte

Una cita con Pedro
Pedro tenía seis años cuando murió. A diferencia de otro niños de su edad no le llamaban tanto la atención los dinosaurios ni los Legos. Había sido diagnosticado con trastorno del espectro autista, Mariana recuerda que era obsesivo y meticuloso, como un viejo chico y que esa obsesión siempre terminaba en la música.
Pese a su corta edad le gustaban Los Beatles y Manuel García.
–Él era muy adicto, melómano, era como un viejo chico. Cuando era más niño yo le ponía el “Cantando aprendo a hablar” y decía por favor que le guste, pero le gustaba otra musica. El tenía su diagnóstico y de ahí sus obsesiones con la música. Terminó con Daft Punk y Gorillaz.
–Parecen gustos de alguien mayor.
–Veía esta película “Sing”, él sacaba unos comentarios. Decía: “en la escena que el koala se cae a la piscina aparece una canción de Elton John”. Se sabía las escenas en virtud de la música. Me decía que en el Álbum Blanco de Los Beatles, la canción dura no se cuánto y fue remasterizada tal año. Estaba con la música todo el día, quería una batería, un micrófono y un teclado.
–Tienes algún rito para recordar
–Con mi hija siempre hay una invitación a agradecer lo que sí existió y más, más por sobre lamentar lo que no fue. Es lo que sí fue. Lo vamos a agradecer y lo vamos a celebrar. Y podría no haber existido nunca. Todas las noches decimos buenas noches en voz alta y cantamos canciones que le encantaban.
–¿Cómo es tu relación con tu hija?
–Procuro estar con ella desde que sale del colegio. Todas las tardes con ella, acostarla, levantarla. Hay trabajos que no te lo permiten, porque si tienes que estar a las ocho en un lugar, para estar grabando a las nueve y el lugar te queda lejos, la verdad es que no alcanzas a dejarla en el colegio y para mí el tiempo es el nuevo dinero, es la nueva riqueza y quiero compartir la mayor cantidad del tiempo con ella.
–Debe ser difícil vivir tu duelo y acompañarla, porque el duelo de hermanos es bien terrible, ellos son como el espejo de uno.
–Lo he presenciado en hermanos que pierden a sus hermanos. Dicen que sienten una suerte de culpa por no haber sido ellos los que partieron. Hay muchas cosas que son inherentes, pensamientos que no son racionales, que sabes que no tienen sentido, pero afloran.
–¿Cómo ha sido acompañar a Leticia en eso?
–Acompañarla en su duelo es otro duelo.
– En las familias cada uno tiene su personalidad y llena un espacio. Hay hermanos más chistosos, otros más serios. Cuando se pierde un elemento se genera un vacío.
–Y no hay nadie que lo llene. No es responsabilidad de nadie llenar ese aporte que hacía esa persona que enriquecía. Ella no tiene que llenar ningún espacio, no tiene nada más que saltarse ninguna etapa. Le digo que tiene que sentir su dolor, no evadirlo. Eso es triste, lento, incluso eterno. Hay veces que se asimila, se digiere mejor, pero para mí con mi hija siempre está esta invitación a agradecer.
–Es lindo tener esa música como un rito de agradecimiento ¿No?
–Exactamente, yo voy a tomar clases de piano, quizás antes nunca lo hubiese hecho, pero yo sé que él sí. No sé si es absurdo decir esto, pero quiero que viva a través de mí.
–Me acordaste de un libro que leí, que tenía una frase similar, cómo que nuestros muertos vivan a través nuestro. Decía: “El duelo es el fin de la soledad“.
–Eso es verdad, es verdad porque uno se siente acompañada, porque hay un deseo de sentirse acompañada y yo no sé si eso es espontáneo, pero nunca más te sientes sola. Si yo canto, el canta en mi cabeza y si yo pierdo algo, le digo yapo Pedro ayúdame a encontrarlo. Le digo buenos días antes de abrir los ojos, buenas noches también. Y te extraño, te extraño, te extraño. Gracias por haber estado conmigo, yo creo que agradecer es lo que nos queda.
–¿Qué te gustaría soñar con Pedro?
–Me gusta imaginar que va a llegar el día en que yo pueda soñar con él. Me gusta imaginar que va a ser cómo tener una cita cada noche. Encontrarnos. Sería la mejor cita que pudiese llegar a tener, es el hombre de mi vida.



