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Alejandra Acosta

Editorial

21 de Junio de 2026

Editorial/ Vacaciones de invierno: el lujo de estar

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Cuando todo parece exigir planificación, gasto y movimiento, la novedad en las vacaciones de invierno podría ser que descansar no siempre signifique salir, comprar entradas, llenar la agenda o transformar cada día libre en una experiencia digna de ser fotografiada. A veces, descansar es bastante más simple y difícil a la vez.

Bajar el ritmo y recuperar tiempo en familia es un lujo que muchas veces no tenemos y, otras veces, no lo valoramos.

Por un lado, algunos padres y madres, que siguen trabajando mientras los hijos están de vacaciones, no tienen la posibilidad de dejar espacio para el disfrute y es ahí donde podríamos hacer un esfuerzo para que en esta época se contemple la flexibilidad laboral como una alternativa.

Y por otra parte, hay muchos que de tanto autoexigirse terminan asociando las vacaciones con la idea de hacer algo extraordinario, lleno de actividades para los niños, aprovechar cada hora, cada minuto como si el mundo se fuera acabar o como si el descanso también tuviera que rendir.

Pero hay otro camino, que invita a mirar las vacaciones de invierno como una oportunidad para hacer algo distinto y lo distinto no tiene por qué ser grande, caro, ni radical. Lo distinto puede ser interrumpir la velocidad, cambiar el modo automático y abrir espacio para lo que casi siempre queda postergado: conversar, cocinar, leer y simplemente estar juntos.

Hay una pobreza invisible, que no siempre aparece en las cifras, la pobreza de tiempo. Tiempo para mirar y escuchar a nuestros hijos, sin estar pensando en el próximo correo que debo responder, la próxima cuenta o la lista de pendientes.

Según el último informe de UNICEF, que compara el bienestar infantil en 36 países, Chile ocupa el último lugar. Por eso las vacaciones pueden convertirse en un momento propicio para lograr vincularnos desde otro lugar.  Uno de los indicadores que el informe asocia con mayor satisfacción vital es la frecuencia con que los adolescentes hablan con sus padres.

Una familia necesita momentos de ocio y descanso para fortalecer lazos y establecer mecánicas de convivencia y entendimiento. Esto se logra estando presentes, pasando tiempo juntos, tiempo de calidad, sencillo, sin distracciones.

La experiencia familiar no se mide por el precio de una entrada ni por la distancia recorrida. Muchas veces, lo que queda en la memoria de un niño no es el lugar más espectacular, sino el día en que alguien tuvo tiempo para escucharlo o para compartir, en cuerpo y alma, en alguna actividad fuera de la rutina.

Vale la pena mirar estas vacaciones con nuevas expectativas. Por supuesto no todas las familias descansan igual, no todas tienen las mismas posibilidades, pero sin duda tener tiempo de calidad es un lujo trasversal.

En una sociedad acostumbrada a medir el bienestar por lo que se consume, estas vacaciones pueden recordarnos que también hay bienestar en lo que se recupera. Recuperar una conversación, una tarde lenta, un juego, un recuerdo.

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